lunes, 31 de octubre de 2011

Liderazgo

Nos encontramos ante una habilidad: es decir, una capacidad para hacer algo de una determinada manera.

Foto: Chris JL
Se manifiesta en un contexto social; necesita de la interacción.

Es una habilidad finalista y, debido a ello, puede analizarse o describirse conforme a los resultados que posibilita alcanzar.

Es determinista: su presencia implica la sutil distinción entre grupos y equipos. También es determinante: condiciona el establecimiento de relaciones sociales, establecidas dentro de grupos que actúan como equipos, orientados a la consecución de resultados.


No es, por el contrario —pese a que es una creencia extensamente generalizada— una característica de personalidad. No se explica por la aparición de un carácter dominante que subyuga a los demás y les obliga a hacer —contra su voluntad— cosas que, por si solos, nunca hubieran hecho. No es sugestión, ni tampoco carisma. No es un poder omnímodo. No deviene de la tenacidad de su poseedor, ni está codificado en el ADN. No es una cualidad innata, ni una forma de deslumbrar a incautos o no iniciados. No es necesario ejercerlo entornando los ojos en una torva mirada, ni hace falta poner la voz grave.


Ésta puede ser la buena noticia del día:
Se puede liderar sin parecer siniestro


La principal conclusión, por ahora, es que el liderazgo no se posee, sino que se ejerce.


Los humanos nos asociamos en grupos, de diferente naturaleza, atendiendo a diversos focos de interés. Los grupos se dotan —o poseen— un grado de complejidad interno que depende de su estructura y de las reglas por las que se rigen.

Una empresa es un grupo, como también lo es la familia, la cuadrilla de amigos, un Estado, un Gobierno o un club deportivo.

Existen grupos formales, con estructuras claras y definidas y que poseen algún tipo de organización funcional jerarquizada.

También existen grupos NO formales, en los que, pese a plantear objetivos comunes —el principal factor de cohesión—, no existen reglas ni jerarquías sistematizadas.

Foto: rogilde - roberto la forgia
Los grupos se transforman en equipos cuando sus miembros actúan de forma coordinada y subordinan sus objetivos particulares a la consecución de los objetivos comunes.

Cuando los equipos se constituyen de forma organizada y se orientan hacia la consecución de sus objetivos comunes, necesitan de la intervención de sus líderes.


Debe considerarse la existencia de distintos tipos de líderes y diferentes formas de ejercer el liderazgo.

Debe distinguirse también entre líderes formales y NO formales. La diferencia se establece por la naturaleza de la asignación del papel de líder. Hay situaciones en las que un líder recibe explícitamente el papel que debe representar para el equipo. Todos los participantes del grupo conocen —y deben reconocer— la asignación del liderazgo. Pero en otras ocasiones se desarrollan líderes no formales: son quienes desempeñan esa función de forma tácita. No han recibido un nombramiento, no todos los miembros perciben esa realidad, pero realmente sucede: hay quienes, por encima de su responsabilidad nominal, ejercen su positiva contribución sobre el grupo.

Ésta es la característica fundamental del liderazgo: la contribución. Y ésta es la definición que aquí proponemos sobre el líder:

“Toda persona que contribuye activamente
a la consecución de los objetivos comunes

domingo, 30 de octubre de 2011

Las nueces

Agitas el nogal y las nueces que están maduras terminan cayendo. A veces, las que están secas y casi muertas, caen sin necesidad de agitarlo.

Foto: flydime
En esta época de cambios que, necesariamente, suceden a los tiempos de crisis, ocurre lo mismo en todos los sectores, para que todos parezcan llenos de nogales.

Pero todo tiene su excepción y la gran salvedad que encuentro está protagonizada por la Formación. Ahora, cuando muchas nueces secas se han visto desubicadas y han tenido que buscar otra ocupación, parece que han mutado en hongos y aparecen y proliferan, como plagas, extendiéndose por todas partes. Todo aquel que, sin percibirlo siquiera, ha visto como movían su silla y le desarraigaban, encuentra, cómo bálsamo salvador, la posibilidad remota de enseñar a otros lo que cree que sabe, lo que barrunta que, en sus años de experiencia, ha terminado aprendiendo.

Y desde la relativa comodidad de su propia casa, explicar a los demás lo que deben hacer para enfrentarse al presente.

Yo, el primero.

sábado, 29 de octubre de 2011

Jà vérais vu

Fenómeno paranormal, afortunadamente más bien escaso, consistente en experimentar la sensación de haber visto algo antes de que realmente haya ocurrido. No es una premonición, sino que se produce después de que el suceso realmente sucediera. Es como un déjà vu, pero, a posteriori, se explica de forma anticipatoria.

Foto: monteregina

Por ejemplo, ir con ella y escuchar repetidamente que vio un edificio caído a las 11, cuando el edificio no se derrumbaría hasta las 12.


Foto: loops

El caso más conocido y extendido ocurrió el 11–S. Muchas personas, que rememoran ese día y pretenden recordar “qué estaban haciendo cuando se enteraron de la noticia de los atentados”, afirman, plenamente convencidos, que vieron en directo por TV cómo el primer avión se estrellaba contra las torres gemelas. Naturalmente, es imposible: la TV empezó a emitir en directo, después del primer impacto, por lo que nadie pudo ver, en directo por TV, cómo se producía el primer impacto.

Es una evidencia de que la autosugestión existe.

domingo, 23 de octubre de 2011

Los librepensadores

La libertad es la capacidad de elegir. Tener alternativas y, entre ellas, optar por la que, cada uno, considere más adecuada a sus circunstancias particulares.

Foto: Maja_Larsson
Los librepensadores piensan por sí mismos: son independientes de los criterios de orden general; no siguen consignas y valoran las cosas según su juicio personal.

Parte de la libertad está condicionada por la asunción de responsabilidades: soy libre para decidir lo que quiero hacer, pero asumo responsablemente las consecuencias de mis actos.

Ser un librepensador no es una muestra de rebeldía; es una manifestación de responsabilidad.

Los librepensadores son seres eminentemente sociales: comprenden las consecuencias que sus propios actos acarrean sobre los demás; sufren en ocasiones la inconsecuencia de los que, ajenos a los que les rodean, se comportan de manera egoísta, atendiendo únicamente a sus deseos y pervirtiendo el sentido comunitario de la convivencia.


El librepensamiento se fundamenta en tres patas que le prestan su apoyo y fortalecen su firmeza:

ü      Libertad
ü      Raciocinio
ü      Responsabilidad


Es un camino en ocasiones solitario: supone una búsqueda de la propia identidad y la voluntad de afirmarla frente a quien quiera combatirla.

Es peligroso: convierte a sus practicantes en seres independientes, no alineados, difícilmente manejables e imposibles de encasillar.


El librepensamiento no es un fenómeno político, ni religioso, ni sectario: es un acto —simple y llanamente— humano.

jueves, 20 de octubre de 2011

Alineados

La alineación es la primera etapa de la alienación.

Foto: nataliej

miércoles, 19 de octubre de 2011

Juicio

Capacidad para discernir sobre un asunto;
en la práctica, habilidad para hacerlo.

Foto: mdezemery

Las ideas


Foto: Tiago Daniel

En el proceso de elaboración de pensamientos propios —esa actividad tan humana y, últimamente, tan infrecuente— cobra protagonismo el afán del interesado de señalar su propia identidad. Tiene uno la sensación de que hay quienes no se sienten cómodos identificando sus necesidades particulares si, para hacerlo, tienen que encontrase a solas. En este mundo, tan asocial como socializado, nos cuesta asociarnos con nosotros.

La creatividad, definida como la “capacidad para aportar respuestas nuevas que contengan valor”, implica la superación del miedo a la equivocación: buscar —en ocasiones por medio del método de ensayo y error— soluciones personales. Ésas son mis ideas.

A veces están en el aire, pero, por lo general, suelo encontrarlas en mi interior.

martes, 18 de octubre de 2011

Multitarea

Capacidad para hacer —mal— más de una cosa al mismo tiempo.

Foto: Paul Mayne
Ahogarse en los detalles y perder la capacidad de contemplar —y comprender— el conjunto.

Atender a todo, no entendiendo nada.

Disolverse al instante.

Imponer la descentración a la concentración.

Emplear más tiempo para ocuparse de lo mismo.

Priorizar alternando (prioridad entre paréntesis).

Relativizar lo prioritario.

Simultanear errores.

Multiplicar los riesgos.

Someterse a la prisa.

Urgir lo importante, importar lo urgente.

Enfatizar la irreflexión.


He tratado de resolver, un único problema, de múltiples formas (no necesariamente simultáneas).

sábado, 15 de octubre de 2011

Borja Vilaseca: El sinsentido común

Carta abierta a Borja Vilaseca:

La publicación de su reciente libro —octubre de 2011— reclamó mi atención al verlo en los expositores de una de las librerías que frecuento. Su lectura ha provocado que me sienta afectado, de lo que expondré aquí algunos motivos.

En la solapa del libro apuntan una semblanza biográfica, de donde entresaco:

“Nació en Barcelona el 4 de febrero de 1981”.
“Periodista […] especializado en […] responsabilidad personal, liderazgo en valores y aprendizaje organizacional”.
“Colabora en “El País Semanal” (EPS) y en el suplemento económico “Negocios”, ambos de El País.
En 2000, “tratando de averiguar el porqué del vacío existencial que suelen experimentar los seres humanos, empezó a interesarse por la psicología y la filosofía occidental”.
“En 2005 asistió a un curso […] que significó un punto de inflexión en su búsqueda. Desde entonces estudió por su cuenta a los grandes maestros de la sabiduría oriental y profundizó sobre cómo experimentar bienestar y plenitud duraderos formando parte de la sociedad actual. Como consecuencia de este proceso de autoconocimiento descubrió su verdadera vocación”.

En el libro no aparece, o yo no he conseguido encontrarlo, pero en su blog personal, explica el objetivo del libro:

“Democratizar los últimos descubrimientos en el campo de la psicología, la filosofía, la economía y la ecología desde una perspectiva escéptica y científica. Es decir, explicar de forma amena y sencilla por qué en general los seres humanos solemos pensar y comportarnos de una misma manera; qué podemos hacer cada uno de nosotros de forma individua para iniciar un proceso de transformación; y cuáles son los resultados que están obteniendo las personas que verdaderamente han cambiado su forma de comprender la vida”.

El libro se inicia con un prefacio que intitula “Verifica que este libro es para ti”. Voy a hacerlo.

Para empezar, muestra su espíritu fusilero: incorpora citas —anticipo, ya, que es lo verdaderamente suculento del menú—, ilustra cuadros o escenas con cuentos extraídos de otros autores —hasta donde he llegado, no he visto ninguno de elaboración propia— y relega la identificación de fuentes —cuando lo hace—, a un apartado final de notas, lo que entorpece el curso de la lectura y dificulta la constatación de que algunas partes están íntegramente extraídas de forma literal, masacradas sin piedad.

En cuanto a los contenidos, el prefacio se divide en cuatro partes:

ü      No pierdas el tiempo
ü      No tengas prisa
ü      No te creas nada
ü      No saques conclusiones precipitadas.

Concediendo tiempo, sin prisa y no queriendo sacar conclusiones precipitadas, voy donde no me creo nada y cito textualmente:

“Si has seguido leyendo hasta aquí, es fundamental que no te creas nada de lo que leas. Ni una sola línea. Desde que naciste te han ido inculcando infinidad de creencias acerca de quién debes ser y de cómo has de vivir tu vida. De ahí que este libro no pretenda imponerte ningún otro dogma. Y mucho menos juzgarte. No tiene nada contra ti. Solo quiere acompañarte en el proceso de cuestionamiento de las creencias con las que has creado tu identidad. De esta manera podrás reinventarte, rompiendo las cadenas mentales que pueden estar limitando tu propio descubrimiento de la vida.

Lo único que necesitas para ir más allá de la tiranía de tu sistema de creencias es entrenar los músculos de la comprensión y el discernimiento. Así es como puedes conquistar tu verdadera libertad. Y para lograrlo, es imprescindible que verifiques toda la información que te llega del exterior, cuestionándola, poniéndola en práctica y analizando los resultados que obtienes de forma voluntaria a través de tu propia experiencia. Por este motivo, es imprescindible que leas las páginas que siguen con escepticismo y pensamiento crítico.

Si bien las palabras, los conceptos y las etiquetas son muy útiles para fomentar el conocimiento, no son la experiencia en sí mismos. El puente entre la ignorancia y la sabiduría es lo que experimentas y comprendes, no lo que te dicen, lo que lees o lo que crees. De ahí que, por favor, no te creas absolutamente nada de lo que leas en este libro. En la medida que puedas y te apetezca, experiméntalo todo. Solo así podrás comprobar empíricamente si la información es veraz y provechosa para ti”.

Sr. Vilaseca: ahora sí que me siento aludido. Es más, me siento impelido. Ahí voy.


El libro está estructurado en tres partes —representando “las tres grandes etapas evolutivas que componen, potencialmente, nuestra experiencia como seres humanos: […] la orientación al propio interés, […] la orientación a la transformación […] y la orientación al bien común”.

Observo que nos transforma en veletas que cambiamos de orientación mientras, potencialmente, evolucionamos.


La portada muestra subliminalmente cómo todos —con los ojos tapados, como gallinitas ciegas—, seguimos un camino que nos lleva a un abismo insondable. Todos siguen la señal impuesta que lleva a la perdición. ¿Todos? ¡No! Un irreductible se ha quitado el velo que cubre sus ojos y resiste todavía y siempre al opresor.


El libro se articula en torno a XIV capítulos y 61 artículos. La verdad es que, lo que he conseguido leer, ha ido irritándome de manera creciente. Entre tópicos new age, orientalismo de pacotilla y explicaciones cogidas con palillos, arma un entramado argumental carente de solvencia en el que reduce la compleja existencia humana a un linealismo incontrastable. Yo me pregunto, Sr. Vilaseca, ¿en qué mundo vive usted? ¿Con qué personas se relaciona? ¿De verdad son todas así de uniformes? Si la respuesta es afirmativa, su experiencia debe ser nefasta. Deje de luchar contra corriente, póngase la venda y déjese llevar; al fin y a la postre, la caída será mullidita: tantos le anteceden que verá cómo el golpe no será para tanto.


En el artículo 22 —el poder del statu quo— plantea una situación que copio:

Existen tantas maneras de comprender y de disfrutar de la vida como seres humanos habitan en el mundo. Sin embargo, al haber sido educados para seguir un determinado estilo de vida, se ha consolidado el denominado “pensamiento único”. Es decir, la manera normal y común que tenemos la mayoría de pensar, de comportarnos y de relacionarnos. Prueba de ello es que al entrar en la edad adulta solemos ser víctimas de “la patología de la normalidad”. Esta sutil enfermedad —descrita por el psicoterapeuta Erich Fromm— consiste en creer que lo que la sociedad considera “normal” es lo “bueno” y lo “correcto” para cada uno de nosotros, por más que vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.

Para verificar esta afirmación basta con ir a una cafetería y pedir una infusión. En algunas ocasiones —si el local cuenta con una amplia gama de opciones— el camarero coge una bolsa prefabricada con una mano y un cuenco lleno de ramitas y hojas secas con la otra. Y seguidamente, pregunta:

—¿Normal o natural?

Su perspicacia como fino observador de la realidad cotidiana y su posterior despliegue argumental, choca frontalmente conmigo y me plantea los siguientes inconvenientes, que relaciono:

Tiene la falta de delicadeza de no poner en negrita a los autores que menciona, al menos la primera vez que lo hace.

Comete la grave incorrección de no citar la fuente de la cita, ni siquiera enlazándola al apartado, antes mencionado, de notas. Como estoy animado a dudar de todo y no creerme nada, supongo que no ha leído a Erich Fromm y entresaca la cita de un tercero, lo que dificulta su acreditación. Mal hecho, Vilaseca.

He preguntado a amigos y conocidos —para ampliar el rango de mi propia experiencia— si a alguno le habían hecho la pregunta de “¿normal o natural?”. En todos los casos, la respuesta ha sido negativa. Se me ocurren dos posibilidades:

ü      Mi círculo de amistades es especialmente reducido —o no consumen infusiones en locales públicos—. Si alguien estuviera leyendo esto y le hubieran planteado una pregunta así, que me lo haga saber, suplico.
ü      La anécdota es localista y se circunscribe a su propia experiencia. Nuevamente mal, Vilaseca. Hacer de la parte propia, el todo, es una tentación que sólo los gurús son incapaces de evitar.

La ingenuidad de considerar “prefabricada” una bolsa de infusión —dotándola de las maldades inherentes a la civilización occidental— para enfrentarla a las mismas ramitas y hojas secas, pero ahora presentadas en un cuenco —otorgándoles un poder místico, curativo, sano por su propia naturaleza— raya en la simplicidad extrema. Este defecto de percepción, creciente en parte de la sociedad actual, detectado por los directores de marketing y otros secuaces de similar pelaje, ha hecho que, el proceso productivo continúe igual que siempre, pero termine, ahora, en una bifurcación: en la envasadora A embolsan los productos como venían haciendo hasta ahora, mientras en la envasadora B utilizan una forma de presentación, de aspecto natural, que no aporta valor añadido al producto final, pero encarece notablemente el artículo para el “entendido” consumidor.

Vilaseca, te han pillado.


En la bibliografía recomendada, vuelve a sorprenderme. Al haber visto en su presentación, su intensa dedicación, durante los últimos diez años, a su desarrollo interior y el conocimiento de los hitos de “la psicología y filosofía occidental”, primero, y, más tarde, los de “la sabiduría oriental”, esperaba una lista de referencias más extensa. Me he quedado pasmado: tres libros, una película y dos documentales. Inicialmente sospeché que podía ser una síntesis absoluta, el descubrimiento de un nuevo oráculo, el nuevo súmmum de la sabiduría, la integración de la Biblia, la Torá y el Corán. La trilogía definitiva. Pero, no. Éstos son los elegidos, los que servirían para refundar una nueva sociedad, tras el holocausto nuclear, o sufrir un accidente de aviación y tener que ingeniárselas para partir de cero, como en “El señor de las moscas”, de William Golding —naturalmente, esto era esperable, pasa usted de las convenciones y ordena los libros con un criterio que, sin ser alfabético, supongo será el de su importancia—.

Tolle, Eckhart “Un nuevo mundo ahora”. Ni siquiera es la obra fundamental de Tolle. Debería haber reseñado en su lugar “El poder del ahora”. Para quien esté interesado en conocer la obra de Tolle, puede encontrar el curso “Una nueva tierra” junto a la conocida —y garantía de segura solvencia—, Oprah Winfrey, traducido al español.

Khrisnamurti, Jiddu“La libertad primera y última”. Cumple la cuota prometida de orientalismo, pese a que, reducir toda la civilización oriental a un único autor hindú, expresa un reduccionismo absurdo. China, Japón o el mundo musulmán no merecieron una mirada suya, ni siquiera una mención aquí.

Leonard, Annie“La historia de las cosas”. El libro recoge y amplía lo que ya circuló con notoriedad en forma de documental y que se puede encontrar fácilmente en youtube traducido al castellano. Le sirve para armar su artículo 5, “La ecología consumida”.

Estos son los tres libros que recogen la sabiduría destilada en 10 años. Me parece que le dio para poco.

Vamos con los dos documentales:

Joseph, Peter“Zeitgeist: Moving forward”. El no va más de las teorías de la conspiración. Si yo hubiera sido usted, Sr. Vilaseca, hubiera empezando por éste, para continuar con alguno más del asesinato de JFK y los atentados del 11-S. Esto hubiera rematado la posición USA-centrista que condiciona su acercamiento a la cultura humana, además de alentar el clima de terror psicótico que usted mismo critica.

Conners, Leila & Nadia“La hora 11”. El documental alerta sobre el impacto devastador que los seres humanos estamos causando sobre nuestro propio hogar: el planeta Tierra. Vilaseca, si no le importa, me saltaré ver el documental. Me lo permite ¿verdad? ¿No hubiera servido con el de Al Gore, de propósito parecido que, no he visto, pero sé de qué va?

Y finalmente, apoteosis total, la película, la única que aparece recomendada. Cuando vi que sólo había una, me quedé estupefacto con su capacidad de síntesis. ¿Cómo reducir a una única película toda la historia del cine? ¿Será “Lo que el viento se llevó” con su costumbrismo anticuado? ¿Será “El Padrino” y servirá como modelo de iniciación la asociación y el adiestramiento que surge entre Vito Corleone y su hijo Michael? ¿Será “El Padrino II” y la desgarradora muestra de cómo el poder pervierte y corrompe, convirtiéndose así en un antiejemplo? ¿Será “Con faldas y a lo loco” y su espíritu de superación, adaptación y autoconocimiento, condensados en la coda final “nadie es perfecto”? ¿Será “¡Qué bello es vivir!” y su grito al buenismo y a la familia y a la solidaridad y a que la gente es buena y a que todos tenemos influencia y a que…, ¡vaya!, se me llenan los ojos de lágrimas?

No. La película que se salva, la recomendada, la que, siguiendo sus instrucciones, Vilaseca, debería llevarme a una isla desierta y repetir día a día su visionado para, superando la depresión ocasionada por los documentales recomendados y, alternando, como entremeses, con los tres libros citados, es, ran-ra-ta-plán, “Atrapado en el tiempo”, de Harold Ramis. Ya sabes, un hombre del tiempo, Bill Murray,  que va a participar en una retransmisión, en un pueblo perdido de USA, —¿dónde si no?— y se ve atrapado, indefinidamente, en “el día de la marmota”. ¿Esto es todo lo que has aprendido en diez años, Vilaseca? ¿Diez años para dejar como referencia a la posteridad “el día de la marmota, otra vez”?


No es verdad. Un poco más abajo descubrimos que “algunos capítulos corresponden a artículos publicados por su autor”. Es decir, se copia a sí mismo. ¿Para qué volver a trabajar, habiéndolo hecho ya una vez?


Más abajo. “tres ejemplos de proyectos orientados al bien común”.

Esto ya es el colmo, la desfachatez total: los tres proyectos son iniciativas suyas y, se permite, hablar de usted mismo en tercera persona, despersonalizando el relato, como si fuera otro el que hablara de usted y no usted mismo. Porque, en efecto, los tres proyectos son: un Master, una Consultora y una Tutoría —cada uno los etiqueta de formas sutiles y molonas: uno de ellos, por ejemplo, se llama Koerentia, pronunciado “coherencia”, por descontado—. En cada caso, se presentan en soportes independientes. Sólo el tercero corresponde, según sus palabras, a un proyecto sin ánimo de lucro. Me recuerda al cura que vendió su Lamborghini, para escribir un libro criticando el monetarismo y ganar “pasta gansa” contándolo a quien quiso leerlo y haciendo más proyectos y seguir contándolo y ahora ya tiene 24 Lamborghinis.


En fin, Sr. Vilaseca, me despido públicamente, en esta carta abierta, anunciando mis propósitos:

  1. Evitar que nadie me confunda con Vd. Dada la similitud entre nuestros apellidos y que su libro emula el nombre de mi blog www.comunsinsentido.com —primer artículo de 19 de mayo de 2011—, anterior a la publicación de su libro, me parecía pertinente destacarlo de cara a mis —escogidos y muy queridos— seguidores.
  2. Reseñar, como usted reclamaba, críticamente su libro.
  3. Favorecer el desarrollo de preguntas, más que el establecimiento de respuestas.


Recojo aquí una iniciativa vista en internet que no cito, para no implicar sin autorización a su impulsor.

Éste es un comentario pretendidamente satírico, Sr. Vilaseca. No trato de juzgar la honradez de sus intenciones, pero abordo críticamente sus palabras, utilizando premeditadamente la ironía. Si usted, o su representante legal, dudan de mis intenciones, les ruego dejen sus comentarios en el lugar correspondiente o se dirijan a mí, por medio de mi correo electrónico comunsinsentido@gmail.com

Un saludo

martes, 11 de octubre de 2011

Las cerezas

La metáfora clásica de la media naranja encierra una profunda decepción: comprobar que uno es una parte incompleta de un todo mayor que nos engloba.

Las relaciones de pareja, maduras, se fundamentan en una unión en la que, cada uno, contiene su propia identidad. Están vinculados, pero no limitados. Están pendientes, manteniéndose independientes, mientras anhelan su mutua dependencia.

Foto: chumsdock

En la forma, son como cerezas.

lunes, 10 de octubre de 2011

La actualidad

Foto: flickrolf
Voy a plantear una afirmación rotunda: “La actualidad es irrelevante”. Ya sé que parece difícil de asimilar, que puede entenderse como un contrasentido, incluso intuyo que algunos pensarán que sólo pretendo mostrarme polémico.

Nada de eso: estoy profundamente convencido y, tengo para mí, que, en la raíz de los males de nuestra sociedad, se encuentra el mayoritario convencimiento de la importancia —la relevancia— de la actualidad.

Sé que los postulados que se tienen por ciertos apriorísticamente —salvaguardados de un análisis que los enjuicie individualmente— suelen encerrar una profunda falsedad. El simple hecho de ser tenidos por ciertos, sin posibilidad de ser revisados, tratados como axiomas, falsea su propia condición y los vicia en su esencia.

Así que, rompe tus cadenas, tus esquemas preconcebidos, tus ideas aprendidas y asumidas a la fuerza, para dejar que la duda entre en tu vida y te permita hacerte, a ti mismo, algunas preguntas.


En casa no vemos informativos en TV. Nunca. Sólo rompemos esa regla cuando tenemos invitados residentes. [Por si es preciso aclararlo, no encendemos la TV cuando tenemos visitas]. Pero evitamos ver, en circunstancias normales, los telediarios. No fue una decisión premeditada. El mayor de nuestros hijos cumplió 2 años y nos empezó a dar miedo que viera lo que ponían en los informativos.

En esto estaremos la mayoría de acuerdo: si se siguiera utilizando el antiguo sistema de clasificación de los contenidos de los programas televisivos, los telediarios deberían llevar “dos rombos”. En ocasiones, excepcionalmente, puntualizan que, determinadas imágenes “pueden herir la sensibilidad del espectador”. Ciertas imágenes; nunca etiquetan de esa forma a los contenidos. En esas escasas ocasiones, en que se muestran pudorosos, lo más recomendable resulta —contrariamente a lo que la mayoría hacemos— mirar para otro lado.

El nivel de tolerancia es creciente. Lo que permiten los emisores, los legisladores, los reguladores, los inspectores y los sancionadores. Y lo que toleramos los consumidores. Estamos expuestos a un agua cada vez más caliente, sin saber que nos están hirviendo. Creemos que podemos acostumbrarnos. Pero no necesitamos hacerlo. Desde luego, mis hijos no lo necesitan.


Así que, con pesar, renunciamos en su día a mantenernos informados por medio de los telediarios de TV. Adiós, Matías. Leemos periódicos, oímos la radio. Pero hemos conseguido superar esa sensación de montaña rusa que transmiten los programas de TV, especialmente los informativos. “Esto es de lo que todos hablarán ahora. Superamos el sentido de inmediatez repentina al que obliga la dosis diaria de actualidad informativa televisada.


Quien ya se plantee, junto a quitarse el reloj y desconectar aparatos electrónicos, dejar de ver informativos como parte de la rutina de las vacaciones, que aproveche esa querencia y, dando un paso adelante más, formalice el aislamiento de Matías y sus secuaces en el confín de los olvidados. Ya verás como, además de no pasar nada malo, resulta altamente saludable.



Foto: flickrolf

“La actualidad es evanescente”. No se puede atrapar. Intentar conseguirlo es embarcarse en un propósito inalcanzable, altamente desequilibrante y potencialmente frustrante.  

Es intentar perseguir algo que necesita escapar de nosotros.

Es un intento de subirse a un tren que, nunca se está quieto, y no lleva a ningún destino.

sábado, 8 de octubre de 2011

Voto accesible

Las Elecciones Generales del 20-N se acercan y el Ministerio del Interior ha iniciado, como es su obligación, una campaña institucional de información de diferentes aspectos del proceso electoral. En esta ocasión me ha llamado poderosamente la atención la denominada “Voto accesible”. A continuación os dejo enlace al anuncio de TV.


Ya lo he visto emitido en diferentes ocasiones, aunque no recuerdo en qué canal. [Supongo que sería en un canal privado; sé que se acordó que la TV estatal no emitiría publicidad. Entiendo la capacidad de cualquier órgano legislativo para interpretar a su antojo las leyes existentes y admito, a la fuerza, que una campaña institucional informativa pueda considerarse “un necesario servicio público”. Así que acepto que es posible que haya sido en La 2].

De todas maneras, creo que la forma de realizar el anuncio merece ser reseñada aquí.


El día empieza con nuestro protagonista, ciego, saliendo de casa acompañado por su perro guía. Por el contexto suponemos que va a votar. Pasa por delante de un bloque de apartamentos cercados por una verja. Atraviesa un parque situado sobre un montículo. Cruza una avenida. En otro parque se cruza con un ciclista. Una chica acaricia al perro guía. Unos jóvenes juegan al baloncesto. Y, tras otra calle más, termina llegando al colegio electoral.

Sin profundizar demasiado, se me ocurren dos posibilidades:

ü      El perro guía le lleva dando un pequeño rodeo

ü      El colegio electoral queda realmente lejos de casa


Tampoco pasa nada por hacer un poco de saludable ejercicio, pero no parece que, el colegio electoral, sea lo que yo llamaría del todo accesible.


He intentado adivinar el propósito de la campaña; antes de rematar el anuncio con el consabido “Ministerio del Interior, Gobierno de España” se afirma con rotundidad “puedes ejercer tu derecho al voto con autonomía y sin obstáculos”. Ésta es la clave de la cuestión: con autonomía. Intentan convencernos que, un ciego —o con discapacidad visual grave—, aunque necesite un perro guía que le acompañe, puede considerarse autónomo, pero si llega a tener que necesitar a una persona que le ayude, dejará de serlo. Adicionalmente, supongo, se podrían considerar mermados sus derechos, al perder la posibilidad de ejercer el voto secreto [ya imagino que no se podrá contar con que haya ni un alma caritativa, que pueda echarle una mano, sin que se le escape una miradita cotilla para ver qué ha elegido].

El procedimiento parece ciertamente absurdo: los electores ciegos, o con discapacidad visual, inscritos en el Censo Electoral, que sepan utilizar braille y tengan reconocido un grado de discapacidad igual o superior al 33% —o sean afiliados a la ONCE— y, naturalmente, deseen utilizar el procedimiento de voto accesible, deben llamar a un número gratuito.

¿En qué consiste el procedimiento? En poner a disposición de los solicitantes del mismo, y que cumplan las condiciones descritas, un kit/maletín accesible [sic] el día de las elecciones, en su Mesa electoral. No te lo envían a tu domicilio. No. Deberás presentarte en tu Mesa electoral y decir algo así:

-          Hola, soy el ciego que solicitó el kit.

En ese momento te entregan el ansiado kit —no un paquete— que incluye:

ü      Material de votación estándar o normalizado
-          Un sobre del Congreso
-          Un sobre del Senado
-          Una papeleta de cada una de las candidaturas al Congreso
-          Una papeleta del Senado

ü      Documentación complementaria en braille
-          Guía explicativa de cómo utilizar la documentación contenida en el kit/maletín —en tinta y en braille—
-          Una plantilla troquelada (por las dos caras), dentro de la cual estará la papeleta electoral estándar correspondiente a las Elecciones al Senado.
-          Un listado, en braille, con los nombres de los candidatos y candidatas al Senado.
-          Un sobre grande que incluirá un sobre pequeño (tamaño cuartilla) por cada candidatura que concurra a las Elecciones al Congreso de los Diputados. Cada uno de esos sobres pequeños tendrá pegada una etiqueta en la que constará, en tinta y en braille, la denominación de la candidatura cuya papeleta electoral (estándar, no en braille) está dentro del sobre.

El sobre grande irá identificado con una etiqueta que tendrá el siguiente texto rotulado en braille e impreso en tinta: “Elecciones al Congreso de los Diputados”.

Cada uno de los sobres de tamaño cuartilla antes citados contendrá la papeleta normalizada de votación correspondiente a una candidatura proclamada. Con el fin de que el elector pueda conocer el contenido de cada sobre, se adherirá en cada uno de ellos una etiqueta que, en braille y también en tinta, especificará el nombre y las siglas de la candidatura cuya papeleta esté dentro del sobre.


La cosa está así de difícil. Voy a tratar de explicarlo. Llamas a un teléfono gratuito, solicitas el kit/maletín accesible, te presentas en la mesa y te entregan un maletín que incluye el kit descrito con anterioridad. Ahora, puedes solicitar a la Mesa electoral que te faciliten el acceso a un espacio, ubicado lo más cerca posible de la Mesa electoral, para que puedas manejar allí la información contenida en el kit de votación accesible, con garantías de privacidad. Vamos, que te ceden el despacho del decano para poder manejarte a solas. También te dejan llevarte el kit fuera del local electoral y regresar más tarde a emitir tu voto, pero ya hemos visto en el anuncio que tu casa no te queda precisamente a mano. Un poco de ejercicio es saludable, pero tampoco quieren cansarte.


Voto al Congreso

En el sobre grande viene un sobre pequeño (tamaño cuartilla) por cada candidatura que se presente. Cada uno de los sobres llevará pegada una etiqueta que identifique —en tinta y en braille— la papeleta incluida en el sobre. ¿Por qué en tinta? ¿No se supone que todo el proceso era para garantizar la autonomía de una persona ciega o con discapacidad visual grave? Si no va a poder leer la inscripción en tinta, ¿para qué incluirla? ¿O es para ayudar a la persona que acompaña al ciego que, de repente, ha dejado de ser autónomo?

En cualquier caso, el elector elige la candidatura deseada y quiere introducirla en el sobre del Congreso. ¿Cuál? La relación de contenidos del kit/maletín no incluye una pegatina —en braille— que identifique cada uno de los dos sobres —blanco y salmón— correspondientes al Congreso y el Senado. ¿Cómo hará el ciego para distinguirlos? Que avise a alguien de la Mesa electoral.

Voto al Senado

Vistas las dificultades del voto al Congreso y vislumbrando la complejidad del sistema de la plantilla troquelada (por las dos caras), apuntamos aquí la iniciativa que circula, extendida por la red, en cuanto a la votación al Senado:

¿Qué pasaría si, en las próximas elecciones, al abrir las urnas, aparecieran vacíos todos los sobres de los votos para el Senado?

La interpretación lógica sería que los españoles ¡¡¡no queremos senadores!!! y, por lo tanto, desaparecería y nos ahorraríamos el innecesario Senado. 

No es que yo secunde esta idea, pero imagino que, conociendo las dificultades por las que ha tenido que pasar nuestro protagonista, ésta puede parecer una razonable alternativa.


Se incluye una recomendación sobre el material sobrante, que me parece deliciosa:

Después de la votación, se recomienda al elector o electora que se lleve consigo el kit de votación accesible, junto con todo el material sobrante, a fin de asegurar el secreto del voto emitido.

Nada de reciclaje. Sólo privacidad.


La guía explicativa del kit de voto accesible está disponible en la página del Ministerio del Interior en castellano, català, balear, euskera, gallego y valencià. No lo está en otras lenguas locales —bable, leonés, andaluz—, ni tampoco en braille.


La accesibilidad, para el Ministerio del Interior, ha dejado de ser una lucha por la supresión de barreras arquitectónicas. Para que sea más accesible emitir el voto no debe orientar sus esfuerzos para facilitar el acceso a las personas con movilidad restringida, dependientes necesariamente por su edad y condición, colocando rampas o ascensores que faciliten el paso a los discapacitados físicos. Simplemente, con entregar maletines a los ciegos que los soliciten, habrán cumplido.

El anuncio se cierra con la imagen que incluyo:



Derecho al voto
Sin obstáculos

Y el elector se planta delante de una escalera en la que no hay ni una mísera rampa.


Con subtítulos.

¿Para quién? ¿Para el sordo que no puede estar sin saber lo que hace el ciego?

Con intérprete de lenguaje de signos.

¿Para quién? ¿No resulta redundante y confuso para un sordo contemplar a la vez a una intérprete de lenguaje de signos y el texto subtitulado? Si oigo a dos personas leyendo el mismo texto, personalmente me siento confundido; siento una excesiva exposición al ruido. El anuncio tiene el pernicioso efecto de no subsanar ninguna carencia sensorial, pero hace el ruido accesible a los sordos.


¿Se compromete el Ministerio del Interior, Gobierno de España a facilitar, después de las elecciones, el número de ciegos que se acogieron a tan singular iniciativa?