lunes, 30 de abril de 2012

Una educación saludable

El 23 de noviembre del año pasado, sólo tres días después de las elecciones generales, escribí un artículo que, por su rabiosa actualidad, recupero hoy.


Hablaba de sanidad y de educación, anticipando los derroteros por los que, rápidamente, se ha decantado el actual Gobierno.

"Lápices" Foto: fdecomite


Otro capítulo de la serie “Ya te digo”.

domingo, 29 de abril de 2012

Destacados 29/04/2012

"Leer" Foto: Daquella manera

1 - A fondo

David JiménezSexyperiodismo [en Jot Down]
Planteando allternativas a lo que parece una deriva preocupante en el tipo de artículos que llenan hoy periódicos y revistas (en papel o digitales).
Los periódicos han sido poco a poco parasitados por naderías, ampliando su cobertura de noticias que no lo son, sucesos del quinto izquierda —“era un señor muy normal”—, 
frikis de oficio, famosillos sin mérito y un hooliganismo en la cobertura deportiva que haría recomendable ampliar las pruebas antidoping a los enviados especiales al fútbol”.
[Periodismo]

Guillermo LópezDecálogo de buenas prácticas en la política española [en Chapapote discursivo, LPD]
Explicando las interioridades de un sistema que apesta.
En un sistema de opinión pública que funcione razonablemente bien, los medios son intermediarios entre el público y el poder desde una posición autónoma, el público vota siguiendo criterios de racionalidad e interés y los políticos rinden cuentas y son castigados electoralmente si no alcanzan los objetivos prometidos”.
[Política]

Guillermo OrtizArvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar [en Jot Down]
Uno de los mejores pivots europeos: el lituano Sabonis.
De nuevo, Sabonis había conseguido que lo difícil pareciera fácil, esa fue siempre su principal virtud. Su falta de aparatosidad, su dominio del juego en lo colectivo y en lo individual. Un hombre que te ganaba con un mate, un rebote, un tapón, una asistencia o un triple”.
[Arvydas Sabonis]

Joseba ElolaPerfiles con muchos ‘huevos’ [en El País]
No es la popularidad o la audiencia, es la influencia y la reputación.
“...el comprador de seguidores en Twitter puede encontrarse de la noche a la mañana con un montón de seguidores sin foto; cuando un usuario no pone su fotografía en esta red social, aparece un huevo con fondo de color; por eso se habla de perfiles llenos de huevos”.
[Repercusión]

Pepo JiménezChocolate, lechugas y cine quinqui [en Jot Down]
“Deprisa, deprisa”, “Perros callejeros”, “Navajeros”, “El pico”, “Colegas”, “La estanquera de Vallecas” y “Yo, ‘el Vaquilla’”, siete películas para comprender el cine de extrarradio.
A uno de los padrinos del cine quinqui le gustaba emborracharse de realidad para repartir personajes en sus películas. Esa realidad de cucharas ennegrecidas, elásticos mohosos y pelotillas de papel de plata. Las papelinas como papel protagonista. Un cine profético que condenaba a los actores a interpretarse a sí mismos a ‘caballo’ del guión-oráculo y la jeringuilla compartida”.
[Cine quinqui]

100 historias apasionantes en la cuenta atrás de los últimos 100 días antes de las Olimpiadas.
[Olimpiadas]

2 - Comentarios

Pesimistas existencialesSoñando con la crisis [en mal día para dejar de fumar]
Demoledor.
De crisis llevamos...”
[Crisis]

Antonio RicoManipulación en TVE [en 625 ranas]
Argumentar, ¿para qué?
La lógica y las matemáticas fracasan en una discusión que acaba discurriendo por el terreno de la casuística y cada ejemplo es respondido con un contraejemplo. Es una tarea tan inútil como hacerle entender el método científico a Íker Jiménez o a Belén Esteban: cada uno va a lo suyo y sanseacabó”.
[Manipulación]

Carlos Pérez CruzCarne cruda [en El club de jazz]
Con motivo del editorial de Javier Gallego en Radio 3, valiente reflexión sobre la independencia.
La falta de pragmatismo de Javier es tan insólita en nuestro tiempo que a su vez pone en evidencia la actitud mayoritaria entre la profesión periodística (que servidor conoce de primera mano). La solidaridad por la injusticia se consuela en privado y se calla en público. El ejercicio del periodismo incisivo se sustenta en el interés comercial o político del medio. Hace mucho que la lucha por la conservación del puesto de trabajo se desentendió de injusticias y amigos”.
[Independencia]

Javier GallegoVenceréis pero no convenceréis [en Carne cruda]
Brillante alegato en defensa de la independencia, no sólo informativa.
Nosotros no somos de nadie. Somos de todos. La radio y la televisión públicas no tienen un solo dueño, tiene más de cuarenta millones de dueños. Y usted, señor presidente, es sólo uno de ellos”.
[Independencia]

3 - Noticias

José Luis AmoresPálido fuego (Ed.) [en Bolmangani]
Se anuncia el nacimiento de una nueva editorial, Pálido fuego.
Sabemos que habitamos un mundo en el que la curiosidad ha perdido su atractivo en favor de la uniformidad más ramplona, de la comercialidad más barata y del entretenimiento zombie. Pero como no estamos conformes con dicho estado de cosas, hemos querido aportar algo más que protestas, hemos querido aportar acción”.
[Editorial]

4 - Vídeos

[Fútbol australiano]

[Editorial]

[APM]

[Pelea]

ColetoInvencibles
[Unión]

Dumt & FarlightEstupidez a cámara lenta
[Cámara lenta]

elRellano12º aniversario
[Trompazos]

[Michael Jordan]

Frans HofmeesterDoce años de vida
[Time lapse]

Glen MilnerNacimiento de un libro
[Imprenta]

[Fútbol sala]

[Realidad]

[Fútbol]

McDonald’sA mí me lo vais a decir
[McDonald’s]

Montecarlo Masters 1000Escalofriante caída de Benneteau
[Tenis]

MovistarFutbolista
[Deporte, Sacrificio]

[Fútbol americano]

Shawn ReederYosemite. Range of light
[Time lapse]

[Snooker]

[Inventor]

[Esquí]

Stargate studiosVirtual backlot reel
[Realidad]

Uncage the Soul ProductionsFinding Portland
[Time lapse]

5 - Música

Diego A. ManriqueTribus lejanas, tribus cercanas, tribus hostiles [en Planeta Manrique]
Entretenido intento de apatación de una taxonomía de tribus urbanas del Reino Unido, a la realidad patria.
También manifestamos una vergonzante curiosidad por sobrevolar ese territorio remoto que son los jóvenes que obedecen a determinado look, que se agrupan por estilos de vida”.
[Tribus]

Emilio de Gorgot50 motivos por los que deben gustarte los Stones [en Jot Down]
Celebrando el cincuenta aniversario.
“...es momento de elegir cincuenta motivos por los que a todo el mundo deberían gustarle los Stones. En realidad hay tantos (muchos más de cincuenta) que los he elegido más o menos al azar, y probablemente cada cual podría confeccionar una lista diferente. Esta es sólo una de las muchas posibles, pero es tan verdadera como cualquiera de las otras. Son sólo los Rolling Stones, pero nos gustan”.
[Rolling Stones]

R. KellyShare my love
[R. Kelly]

Suzanne VegaLuka
[Suzanne Vega]

6 - Libros

ArrecogiendobellotasEl tiempo es un canalla (Jennifer Egan) [en Atisbos]
Interesante reseña.
Una buena novelista cercana a los cincuenta, los componentes de un grupo de rock, un productor musical, unos estudiantes disolutos y el tiempo, tiempo a espuertas, elipsis van y analepsis vienen. Estos son los ingredientes de esta interesante novela, dicho sea en el aspecto técnico”.
[Jennifer Egan]

¿Cómo hacer para establecer precios razonables en objetos intangibles?
Surgen como setas libros que nunca habrían visto la luz, unos son mejores y otros peores, eso también pasa con los impresos en papel, pero en algunos casos nos encontramos con que la maquetación es muy deficiente, otros están plagados de erratas por doquier y eso por no hablar de otros que dejan muy a las claras que no han sido ni releídos por el propio autor o alguien de su confianza que pudiera señalarle esas incorrecciones que tan desagradables se nos hacen a algunos lectores”.
[Libro electrónico]

Jesús RocamoraStewart Home [en Jot Down]
Presentación del libro “Memphis underground”, entrevista con su autor y con Antonio J. Rodríguez, el traductor.
“’Memphis Underground’ tiene una estructura atípica como novela. Está dividida en cuatro partes, separadas por textos de no-ficción (además del ensayo hay, por ejemplo, una divertidísima auto-entrevista de Home a Home titulada ‘Más funky que el zumbido de un mosquito. Stewart Home entrevistado por El Nuevo Macho’, así como otras reflexiones y experiencias del autor sobre todo tipo de temas), lo que subraya la mezcla de géneros que practica Home, que se mueve entre las ideas, el activismo, la moral, el humor, la poesía, la baja cultura y el pop”.
[Stewart Home]

Maxi RodríguezFeliz día de aquello [en Parando en Villalpando]
El libro, ese objeto en desuso.
-¡Vaya mierda, tío! Va ser un tema de soporte.
-Ya te digo, ya. No sé quién coño lo va a soportar”.
[Día del Libro]

7 - Entretenimiento

André FidusiA história minimalista das Copas do Mundo [en andrefidusi]
Extraordinario resumen minimalista de los Mundiales de Fútbol.
[Fútbol]

JuaneloCacería
[Cacería]

The Big PictureCoachella 2012 [en The Boston Globe]
Galería fotográfica espectacular.
[Conciertos]



Etiquetas
[APM, Arvydas Sabonis, Cacería, Cámara lenta, Cine quinqui, Conciertos, Crisis, Deporte, Día del Libro, Editorial, Esquí, Fútbol, Fútbol americano, Fútbol australiano, Fútbol sala, Imprenta, Independencia, Inventor, Jennifer Egan, Libro electrónico, Manipulación, McDonald’s, Michael Jordan, Olimpiadas, Pelea, Periodismo, Política, R. Kelly, Realidad, Repercusión, Rolling Stones, Sacrificio, Stewart Home, Suzanne Vega, Tenis, Time lapse, Tribus, Trompazos, Unión]



viernes, 27 de abril de 2012

El tiempo que le dedicas al alcohol

Mi único momento dedicado a la TV: Cifras y letras Saber y ganar, en la 2.

Empiezo a cansarme de todos los espacios, con los que rellenan el tiempo, antes de que el programa empiece con retraso. Ya lo he explicado aquí.

Asumo que, por su hábitat (televisión española, donde no se puede emitir publicidad), no se puede tratar de anuncios. Serán otra cosa, aunque tengan la misma apariencia.


"Alcohol"

Hoy han emitido lo que FAD, en su propia página web, califica como spot, en una campaña de sensibilización que ya hace la número 40. El slogan: “El tiempo que le dedicas al alcohol, se lo quitas a todo lo demás”.

Dado que han entrado en mi casa —y puesto que lo han hecho en un lugar donde debería estar vetado—, voy a detenerme a estudiar los detalles del asunto.


Antes de que nadie se escandalice, dejo un par de avisos:

1 — El fin que se persigue es deseable: reducir el consumo de alcohol, principalmente entre los jóvenes, actuando de forma preventiva; esto es, impidiendo que tal práctica se inicie.

2 — Soy abstemio (a pesar de que en algún momento pueda no parecerlo). Intento no convertirme en un hazmerreír público.

Ello no hace que no pueda observar, con ojo crítico, la forma de proceder y que aporte, de forma constructiva, mi valoración personal.


Voy a organizar mi postura, en torno a dos pilares: la campaña y su carácter invasivo.

1 — La campaña

Consta de tres spots:

I (si tú no estás, tu hija tendrá que columpiarse sola)
II (si tú no estás, tu pareja tendrá que ver la TV sola)
III (si tú no estás, tu amigo tendrá que jugar al baloncesto sólo)

Los anuncios se orientan hacia la idea de ausencia y los perjuicios que se ocasionan en las personas más próximas (hijos, parejas, amigos) que son los que, a larga, sufren personalmente las consecuencias del desarrollo de unos hábitos nocivos.

No sé si ha sido provocado por la irrupción no deseada en mi hogar (los otros los he buscado yo), pero el anuncio que me parece más endeble de los tres es el que tenido el infortunio de ver (a la fuerza) y que ha provocado esta pataleta.

Parece razonable que, de modo preventivo, se planteen alternativas saludables al consumo de alcohol. Las dos más importantes se presentan en los spots I (relaciones familiares, el juego, salir al parque) y III (amigos, socializar, el deporte). Sin embargo, en el II, la pareja del joven que dedica su tiempo a beber, da la espalda a la lectura y, armándose de un bol de palomitas, se enfrasca en ver la TV: tres hábitos que no deberían plantearse como alternativa (sedentarismo, alimentación desordenada, ocio pasivo).


2 — Carácter invasivo

¿Cómo es posible que se emitan anuncios en la TV pública —al margen de la naturaleza de sus intenciones— si se aprobó un cambio que impedía su emisión? Es evidente, para cualquiera que vea los canales de rtve, que la publicidad está siempre presente.


La enmascaran como patrocinio cultural, deportivo o simple autopromoción. Nada de eso le exime de suponer un incumplimiento. Pero, ¿por qué? ¿Qué se esconde tras esas intenciones que suponemos bondadosas? O, siendo más arriesgado al plantear preguntas: ¿quién está detrás?

La FAD. Da miedo saber dónde me voy a meter (y con quién me voy a encontrar). Allá vamos:

En 2011 se cumplieron 25 años de la fundación de esta Fundación (me costó encontrarlo, pero sus siglas significan Fundación de Ayuda contra la Drogadicción). Se adjunta enlace a un pdf descargable con la memoria de los 25 años de la FAD.

Parece que nació por la iniciativa de Manuel Gutiérrez Mellado, General entonces retirado y ex-vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, valeroso en su enfrentamiento con Tejero, el 23-F.

En la actualidad está presidida por José Ángel Sánchez Asiaín y ocupa la vicepresidencia Eduardo Serra. El patronato está formado por un conjunto de notables que da vértigo verlos en una única lista. Pero, puesto que es una información pública, ahí va la lista de patronos.

Juan Abelló (Torreal)
César Alierta (Telefónica)
Emilio Aragón (La Sexta)
Plácido Arango (A título personal)
Antonio Asensio (Grupo Zeta)
Fernando de Asua (A título personal)
Ramón Baeza (Boston Consulting Group)
Antonio Basagoiti (Banesto)
Emilio Botín (Banco Santander)
Antonio Brufau (Repsol YPF)
Javier Calderón (A título personal)
José Ramón Camino (Alcoa)
Miguel Carballeda (ONCE)
Mauricio Casals (La Razón)
José Celma (Metrópolis)
Rafael Cerezo (A título personal)
Arturo Fernández (Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid)
Antonio Fernández-Galiano (Unidad Editorial: El Mundo)
Javier de Godó (Taller de Imprenta: Grupo Godó)
Manuel Gómez de Pablos (Iberdrola)
Alex Grijelmo (Agencia EFE)
Miguel Heras (Asociación Productoras Vine Publicitario)
Antonio Jara (Caja de Ahorro General de Granada)
José Joly (Federico Joly y Cía: Grupo Joly)
Alfredo Lafita (A título personal)
José Manuel Lara (Antena 3)
Catalina Luca de Tena (ABC)
Carlos Martínez-Cabrera (Asociación Española de Agencias de Comunicación Publicitaria)
Braulio Medel (Unicaja)
Antonio Méndez Pozo (Grupo Promecal)
Javier Moll de Miguel (Editorial Prensa Ibérica)
Ignacio de Polanco (Fundación Santillana)
Rodrigo Rato (Caja Madrid)
Santiago Rey (La Voz de Galicia)
Ángel Carlos Ron Güimil (Banco Popular)
Juan Rosell (CEOE)
Manel Rosell (Catalunya Caixa)
Mateo Ruiz-Oriol (A título personal)
José B. Terceiro (Abengoa)
Miguel Vizcaíno (A título personal)
Pilar de Yarza (Heraldo de Aragón)
Enrique de Ybarra (Fundación Vocento)
Santiago de Ybarra (Grupo Vocento)

Presidente (no especificado en la actualización a 16 de diciembre de 2011) (RTVE)
Presidente (Conrado Canal) (Asociación de Editores de Diarios Españoles)
Presidente (no especificado en la actualización a 16 de diciembre de 2011) (Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos, FORTA) (cambia cada 6 meses).

[He utilizado como única fuente de información wikipedia; no por su fiabilidad, sino por no complicarme, en exceso, la existencia]


¿Queda ya claro? Vista la lista, ¿puedes suponer por qué ponen publicidad dónde quieren —a pesar de estar expresamente prohibido— y consiguen que las agencias de publicidad diseñen las campañas de forma gratuita?

¿O necesitas que alguien te lo diga más claro?


Si el título del artículo es “el tiempo que le dedicas al alcohol”, completando el slogan, obtendrás la solución:
se lo quitas a todo lo demás.

Más claro, agua.

miércoles, 25 de abril de 2012

Yo compro en comercio local [Culturamas ocio]


En el suplemento Ocio de la revista digital de contenidos culturales, Culturamas, incluyen hoy un artículo, Yo compro en comercio local, en mi columna de los miércoles.


A continuación el artículo íntegro:

Aprovecho la oportunidad que se me ha brindado de escribir en un magazine digital (Chus, muchas gracias); una revista en formato electrónico, con contenidos de orientación múltiple —en cuanto a temática, forma de abordamiento y perspectiva de los participantes— que, sin conocer la repercusión, la difusión o el alcance que pueda llegar a tener, me ofrece la posibilidad de ampliar horizontes y llegar un poco más lejos de lo que podía hacer, yo sólo, desde mi blog personal, Común sin sentido.


Admito que el título que encabeza el artículo suena a una “declaración de intenciones”. Mi propósito es aún más profundo; pretendo que, en su desarrollo, se convierta en un “manifiesto”. Yo compro en comercio local.

"Mercado" Foto: jose_gonzalvo


A pesar de que hablaré de los comercios que frecuento por residir en Oviedo, mi pretensión no es hacer publicidad de ninguno de ellos —aunque me honraría que algún amigo se sintiera orgulloso de reconocerse—. Espero no pecar tampoco de un provincianismo excluyente que impidiera que el relato fuera reconocible más allá del entorno que lo propició, pero, tengo para mí, que determinadas características humanas son extrapolables, transportables, generalizables. He sido capaz de identificarme con las motivaciones personales de asesinos sistemáticos, políticos corruptos, hombres de la prehistoria, escarabajos, psicóticos, oficinistas, y tantos otros...

He viajado en el tiempo y he podido sentir como míos, ideas pensamientos y creencias de la época victoriana, del Renacimiento, de la Guerra Civil —o de cualquier otra guerra sobre la que haya leído—, o incluso del año 2.050. El tiempo no supone una frontera que mi imaginación no pueda franquear —hago homenaje, con dos días de retraso, a lectores y escritores, protagonistas principales, mayores en su importancia, que determinados objetos (de) culto—.


Así que, mirando hacia mi interior —a là Montaigne—, podré encontrar claves en mi comportamiento que otros más puedan identificar y comprender, aunque no necesariamente tengan que compartirlas.


Dos claves resultan significativas en mi formación como persona —integrada en una comunidad— y las expongo, sin rubor, orgulloso de sus implicaciones de alcance:

1 – Soy boy-scout. Cuando digo “soy”, no quiero decir que “lo fui”; quiero decir que “lo sigo siendo”. Cumplir la promesa era como ingresar en los marines: se adquiría una condición —así me lo transmitieron— perpetua, que no se perdía, que te acompañaba para siempre.

Entre las múltiples enseñanzas que conllevaba la integración en ese colectivo, la más decisiva —ahora— era la búsqueda permanente, cotidiana, de dejar el mundo un poco mejor de cómo lo habías encontrado, lo que se objetivaba en la buena acción diaria —una receta simple de recordar— y en la implicación, más relevante y revolucionaria, de la importancia de la huella transformadora que cada uno dejamos.

2 – Las meriendas con Barrio Sésamo, un programa contenedor que aunaba episodios extraídos de Sesame street (spin-off deThe Muppets) —en los que destacaban Epi y Blas, Coco, Triki, el Conde Draco o Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, cuando está trabajando— con la ambientación de la vida en un barrio, de producción local, que explicaba las peripecias cotidianas de dos niños: Ruth (acreditada como Abellán, de mayor se convertiría en Ruth Gabriel) y Roberto, hijos de Matilde y Antonio, dueños de la horchatería. En el barrio también echaba tiempo Julián, el quiosquero (cuando todavía no se escribían con “k”), de carácter cascarrabias, y, junto a otros personajes interpretados por personas reales —incluyendo a Cristina Higueras, la amiga hippie, deudora de Julia, la pintora cómplice de Chanquete—, conformaban el coro que daba soporte al verdadero trío protagonista de las aventuras: Don Pimpón, Espinete (el erizo) y Chema (el panadero).

Sucintamente perfilaré sus personalidades: Don Pimpón era un adelanto de Matt, el viajero (tanto del original, como del franquiciado), uno de los primeros en aprovechar al máximo las iniciativas del Inserso (justo tras crearse) para que los mayores —entonces se les denominaba jubilados— recorrieran mundo. Don Pimpón, sin necesitar psicotrópicos, estaba permanentemente de viaje, a pesar que, fatalmente para el resto de vecinos, volvía y no paraba de dar la chapa sobre sus aventuras con su compinche, el Maharajá de Kapurthala. Era una recreación espídica y (entonces) futurista del abuelo Cebolleta.

Espinete era un erizo —de identidad sexual no definida claramente— que, viviendo desnudo, se ponía pijama, zapatillas y gorro para irse a dormir. Tenía un punto de rebeldía comedida que lo convertía en simpático para padres e ídolo potencial de la chiquillería.

Chema era la piedra angular del invento: nunca se le veía trabajar (a pesar de que siempre llevaba el delantal puesto y, sorprendentemente, impecable en su blancura, como la camiseta de manga ultra-corta que en ocasiones vestía). Bailaba con estilo, cantaba a la menor oportunidad, lucía un flequillo rubio arrebatador y, visto hoy, contemplando el subidón permanente de sus juergas de barrio, hace sospechar que la harina no era el único ingrediente blanco de su (nunca visto) pan. Descubrir que Chelo Vivares —la actriz que sudaba para meterse, literalmente, en la piel del erizo—, era su pareja tras las cámaras, no hace más que aumentar las sospechas de que su negocio era una tapadera.


Estos son dos de los ingredientes básicos que conformaron mi infancia: la importancia de las relaciones de proximidad, de tu entorno, de tu barrio. La gente que ves todos los días y que te hace desear ponerte a cantar —en un mundo de relaciones personales, de gente que se conoce y se saluda, que protagoniza el ¡Viva la gente! particular de cada uno—.

Y por otro lado, la trascendencia que todos tenemos en relación a los demás, nuestra relevancia.  Entender que el mundo es como es, en parte, por nuestra aportación y, como comprobamos todas las Navidades con James Stewart y ¡Qué bello es vivir!, la huella imborrable que dejamos en nuestro entorno y en los demás. Asimilar para siempre que “el mundo no sería igual si tú no hubieras existido”.


Siempre tuve un claro objetivo personal: convertirme en alguien exótico, que dispone de tiempo para hacer las cosas ordinarias en una dimensión diferente. Hoy me siento rara avis por no visitar los centros comerciales, por frecuentar las tiendas de mi entorno y por buscar profesionales especializados en sus distintas ocupaciones.

Compro el periódico en el quiosco, la carne en la carnicería, las frutas en la frutería y, cuando fumaba, el tabaco en un estanco. No me gustan los comercios que tienen de todo —cuando se junta el concepto “bazar” con el de “país asiático en franca expansión”, se produce una mezcla de complicada digestión— y creo firmemente que las cosas baratas terminan siendo caras a la larga.

Mi suegro siempre decía —y en eso, como en muchas otras, tenía toda la razón—: “no tengo dinero para comprar zapatos baratos”.

Cuando voy a comprar, por lo común, me gusta que me conozcan. Si, por alguna razón, tengo que volver, me gusta que me recuerden.

La mejor forma de animar a que un cliente vuelva —lo que algunos confunden con fidelizar—, es sugerirle productos que se ajusten a sus hábitos de compra. Eso implica (re)conocimiento: la sugerencia bien realizada estimula la sensación de identificación y de pertenencia que todos anhelamos. Las tendencias más novedosas del marketing on-line avanzan en esa dirección: personalizar las recomendaciones que se nos ofrecen (incluyendo en esta directriz a los algoritmos de búsqueda más sofisticados).

El comerciante tradicional (el tendero) atesora esta cualidad que parece telepática y que algunos quieren, ahora, reutilizar de forma telemática.


Compro en una tienda de ultramarinos, cuya dueña ha obtenido merecidamente la medalla al trabajo, por sus muchos años de atención continuada. Llevo legumbres, conservas, embutidos y fruta: siempre me dice el punto y me recomienda la que está mejor. Si alguna vez no está del todo bien, me la deja un poco más barata. Está cerca de casa y, mandando a los hijos, siempre nos saca de un apuro. Sé cuánto la llegaré a echar en falta.

Visito la papelería cercana a mi casa: lo hago porque su dueña tiene mucho gusto y me ayuda a encontrar la solución, para organizarme, que mejor se adapta a mis necesidades y preferencias. Conoce las novedades del mercado y, si no las tiene disponibles, hace todo lo posible por encontrarlas y, si terminara resultando imposible, me ofrece alternativas adecuadas.

Frecuento una carnicería que siempre tiene el pollo del tamaño que yo pido; incluso cuando, a veces, compruebe más tarde que no era “exactamente” pequeño (o grande, o mediano). A veces llega incluso a suponerme una molestia, pero, de momento, sigo aguantando.

Me gustan las tiendas especializadas: tienen todos los artículos que puedo llegar a necesitar de un gremio concreto: voy a una ferretería de mostrador de las de toda la vida (renovada por un traslado forzoso por incendio) y compro allí cuchillos, tijeras, cafeteras y multitud de enseres domésticos; encargo las flores en el mismo sitio que adornó la iglesia para nuestro enlace; a ella le gusta ir a la misma mercería de siempre, que lo tiene todo y con la que compartí tantos desayunos con su dueña.

Compro los zapatos en la misma zapatería. Tienen las marcas que calzo (son cómodos, aunque no especialmente baratos).

Encontré hace años una tienda que localiza los vaqueros que me gustan, los que llevo gastando desde hace 30 años y cuando voy, me los llevo por parejas.

Visito siempre la misma farmacia. No explicaré aquí lo que hacen conmigo —porque a lo mejor no es del todo correcto—, pero saben que voy a volver y me facilitan el rato que voy a permanecer allí —uso siempre el banco que todas las farmacias siguen teniendo, por mucho que algunas lo empiecen a llenar de publicidad—.

Compro sombreros, bolsos, macutos, cinturones, tirantes, llaveros, monederos, maletas y guantes en el mismo sitio. Tienen de todo y lo exponen con arte y con gusto. Su dueño ha sido capaz de renovar un comercio tradicional de forma ejemplar. Su escaparate (físico y virtual) está siempre impecable.

Acudo a la colchonería —más que por colchones, que cada vez vende menos— para utilizar las virtudes de su dueño, que parece un genio usando la máquina de coser y que ha demostrado un increíble olfato para adaptar su negocio y hacer lo que ya no hace nadie. Una cuñada viene desde Madrid para plantearle tareas complejas que siempre resuelve con pericia.

Si tengo que comprarme una TV, o una radio, o algún electrodoméstico, o un periférico (no me refiero a un chalet en una urbanización en el campo, sino a una impresora, unos altavoces o un monitor), debo ser rematadamente tonto, porque sé dónde NO voy a ir nunca. Conozco alguna tienda en mi ciudad que sigue abierta, a pesar de las intenciones monopolísticas (oligárquicas, siendo generoso) de algunos. En ellas, me reconocen, saben lo que quiero, me informan de lo que me conviene.

Los productos de higiene personal, para el afeitado o la limpieza, los encuentro en una droguería (perfumería) próxima. Son extremadamente amables y me orientan cuando tengo dudas. Me dejo aconsejar porque sé que saben de lo que están hablando.

Siempre voy a la misma tienda de reparación de calzado. También duplican llaves y son capaces de arreglar un bolso que se ha roto, reparar un remache o parchear los patines de hockey de mis hijos.

Desde que tengo perro, acudo a la misma tienda, tan pequeñita que, para que entre un cliente, debe salir el anterior. A pesar de las dimensiones, tiene una buena selección de artículos y, hasta ahora, siempre he encontrado solución a lo que necesitaba.

Enfrente, hay una tienda “delicatessen” que visito cuando quiero darle una sorpresa a ella, o a alguien que nos venga a visitar. También frecuento otro establecimiento cercano, donde venden una amplia variedad de quesos y embutidos, con una cuidada selección y siempre frescos. Cuando me acompaña algún hijo, les ofrecen una loncha de queso cremoso, recién cortado que mis hijos van aficionándose a tomar.

Me corto el pelo en la misma peluquería desde hace quince años. Desde hace mucho, además de saludar y la charla estimulante entre parroquianos, no tengo nada que hablar; sólo con sentarme, se ponen a trabajar. Saben cómo me gusta el pelo, sin que tenga que volver a repetírselo. Mis hijos se cortan el pelo ahí también; si pasan a saludar les invitan a un puñado de caramelos (a veces me recuerdan a los secuaces de Al Capone).

Cerca hay un supermercado pequeño, en el que compro en ocasiones, y en el que, el segundo de mis hijos, saluda al dueño llamándole “Súper”, a voces, tal y como antes hacía su padre.

Mis hijos van los domingos a gastarse parte de su asignación en la misma tienda de dulces (el tutti). Conocen a los hijos de los dueños y alguna vez jugaron con ellos al fútbol a la puerta de la tienda.


Todos estos locales —y muchos que olvido, espero me disculpen— configuran mi experiencia diaria. Me gusta conocer a los tenderos y comerciantes y saludarlos al paso. Conozco su realidad, como ellos conocen la mía: hacen que me sienta integrado en una comunidad real.

Leo carteles que ponen “Fiamos dos días al año: uno fue ayer, el otro será mañana” y sé que no van conmigo. He podido comprar, tras comprobar que me había olvidado la cartera. Saben que no voy a escapar, que volveré al día siguiente.


Conocen a mis hijos y los ven crecer. Ellos saben dónde acudir si se encuentran en problemas. Sé que muchos pares de ojos les vigilan si los ven pasar.


Todos dejamos huella de nuestro paso; para algunos (los más desafortunados) será efímera y fugaz como una sombra. Los agraciados por su relevancia, dejarán un surco duradero.


Todos los comercios que frecuento tienen dueños locales. Parece que quisiera fomentar la cerrazón, el asilamiento, el espíritu de un ghetto. Explicaré mi idea: mi barrio es mi casa. No me importa que haya visitas, me encanta que se produzcan; las puertas de casa están abiertas de forma permanente, pero hay momentos reservados para los que son íntimos.

Cuando mis hijos empiecen a salir, no les pondré (demasiadas) trabas: pero me gustará saber con quién lo hacen. No permitiré el acceso de cualquiera al interior de mi hogar. Espero que, para entonces, mis hijos hayan desarrollado su propio criterio y que sepan fundamentar sus relaciones, reservando para los que quieran tener próximos, vínculos profundos, duraderos, basados en la confianza mutua, establecida de forma igualitaria, compartida y recíproca.

Y que, también, aprovechen todo lo que puedan para viajar, conocer mundo, idiomas, culturas y comidas, diferentes y exóticas, variadas y sorprendentes, adquiriendo experiencias inolvidables que me gustaría escucharles narrar a su vuelta.


Apoyarte en tu entorno te permite tener unas bases sólidamente asentadas.

La gente que vive a tu alrededor tiene intereses compartidos contigo. Los comerciantes, —como los que tienen un bar, un servicio de reparaciones, un negocio de albañilería, o de fontanería, o de lo que sea— constituyen el tejido principal de la red social en que nos encontramos inmersos.

Los autónomos nunca podrán ser sustituidos por autómatas. Sus intereses (por mucho que parezcan de pequeña entidad, ámbito o finalidad) nos afectan a todos. Su grandeza es enorme, pese a que sólo se acuerden de ellos cuando ya no están o cuando se les necesita para reafirmar su estatus.


Me gusta dejarme “enredar” por las conexiones que permite la tecnología. (Re)encontrar gente que hacía mucho de la que no sabía nada. Acceder a lugares remotos y encontrar, allí, personas con ideas e inquietudes plenas de interés. Proyectos que me resultan fascinantes y que quiero conocer a fondo.

Pero, para poder ser libre y volar, hay que estar firmemente arraigado, se necesita la fortaleza que se establece en los vínculos, esas relaciones de mutua implicación, basadas en la confianza, que se renuevan todos los días.


La posibilidad de proyectarse viajando a los lugares más remotos carece de interés si no hay un sitio al que volver y contarlo. Otrosí, viajar y descubrir que, en el otro extremo del mundo las costumbres y las comidas son iguales que en tu lugar de residencia habitual, restan entretenimiento a la experiencia. Nadie organiza un viaje turístico para visitar la segunda fase de la urbanización en la que nosotros fuimos pineros. Hay viajes como esos, por supuesto, pero pertenecen a otra categoría y su intención excluye, por antagónica, la condición de social. Viajar y no buscar lo diferente de lo rutinario es viajar “a media pensión”, cuando a todos nos gusta viajar de la forma más exclusiva posible.


Así que esta sociedad aberrante, desequilibrada, injusta, egoísta, anónima, alocada y alienante, esta sociedad basada en un principio funesto —“piensa globalmente, actúa localmente”— cuyo propósito final es convertirnos en marionetas de una uniformidad embrutecida, este mundo donde todo parece cada vez lo mismo, pero no te sientes a gusto en ningún lado, es una sociedad que me disgusta.

Una forma de combatirla es fortalecer las relaciones de proximidad, con la gente que te rodea, y, entre otras cosas, yendo a las tiendas de tu barrio.


Una consideración egoísta, antes de terminar: la implicación del comerciante con su entorno es muy profunda. Se peleará, con uñas y dientes, para defender su negocio y, si las cosas se le tuercen tanto que no pueda aguantar, ni poniendo dinero de su propio bolsillo, echará el cierre notando cómo una parte suya se resquebraja.

Si tiene suerte y le van bien las cosas, sus ganancias se quedarán en el sitio en que vive.

Y todo en una lucha desigual, frente a los que quieren cambiar nuestros hábitos: las grandes multinacionales, impersonales y deslocalizadas, que se llevan sus beneficios y, sin ningún escrúpulo, echan el cierre cuando los balances no acompañan, dejando miseria y penuria a su paso, cual moderno caballo de Atila. En esta tarea son ayudados por los políticos, sus secuaces necesarios en la labor de rapiña.


— ¿Y el pan? ¿O es que coméis sin pan?

— El pan merecería un capítulo aparte.


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