sábado, 30 de junio de 2012

Soy la bomba: me río de las meteduras de pata de Sara Carbonero y de lo mal que se expresan Bibiana Aído y Ana Mato.


"Una pregunta" Foto: marsmet552

Trabajo como periodista; asisto a la rueda de prensa que, los viernes, tras el Consejo de Ministros, concede Soraya Sáenz de Santamaría para ¿explicar? las ¿medidas? que ¿ha tomado? el ¿Gobierno? para ¿afrontar? la CRISIS. Hoy me han dejado hacer una pregunta. Ésta es (ver el vídeo aquí):

“...Eeeh, sí. Eeeh. Yo sólo una única pregunta. Eeeh. Ji, ji. Estábamos, hemos hablado de una semana muy complicada, eeeh, según algunos analistas, la peor de toda, eeeh, y lo cierto es si lo hemos eh, ah, ha surgido en algunas preguntas que, eeeh, la ciudadanía, los españoles, llegan a tener temor, miedo, a unas circunstancias que muchas veces no entendemos que se escapan de las manos, ¿no?, incluso a veces lo pongo en primera persona del plural: yo lo que, eeeh, analizado todo lo que se ha analizado, no sé si, el Gobierno está en la posibilidad de decir hoy que España va a salir de ésta, que no nos vamos a caer de un precipicio, lo digo porque leemos, vemos titulares y hay a veces que dices ¿en qué situación estamos?, ¿vamos a salir de ésta?, ¿no estamos en un precipicio gracias? Eeeh.”

“Usted pregunta por la España real y creo que de esa España



Naturalmente, una pregunta de estas características se incluye dentro de la categoría “me alegro que me haga esta pregunta”. En este caso, por partida doble. Primero, por la aparente afinidad del preguntador (y del medio al que representa) a las tesis del Gobierno —es entendible y se puede asumir que, en una rueda de prensa bien dirigida, haya preguntas orientadas—. Y segundo, porque a la vista de la vacuidad de contenidos de la propia pregunta (reflejo de la vida interior del postulante), permite a la vicepresidenta contestar lo que le dé la gana.

No es nuestro objetivo, ahora, analizar la respuesta que Soraya se sacó de la manga y que empieza a partir del segundo cincuenta: encontrarán muchos lugares donde se muestran argumentos, tanto contrarios, como favorables. Les dejamos que busquen.

Pero, apasionados de las preguntas, queremos analizar la que consideramos pregunta del mes.

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Se incluyen errores en la misma que nos abochorna destripar en solitario, así que contaremos con una colaboradora de primera fila, Sara Carbonero.

Preguntador Pro PP: “Yo sólo una única pregunta”.

Sara Carbonero: Redundante. Mejor: “Una pregunta”.

Común Sin Sentido: Gracias, Sara.

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PPPP: “Una semana muy complicada [...], la peor de toda”.

SC: Falta de concordancia. Mejor: “la peor de todas”.

CSS: Gracias, Sara.

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PPPP: “...en primera persona del plural: yo”.

SC: Error. Mejor: “primera persona del singular”.

CSS: Gracias, Sara.

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PPPP: “...nos vamos a caer de un precipicio”.

SC: Incorrecto. Mejor: “nos vamos a caer A un precipicio”.

CSS: Gracias, Sara.

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PPPP: “...hay a veces que dices”.

SC: Mal. Mejor: “hay veces que dices”.

CSS: Gracias, Sara.

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PPPP: “...estamos en un precipicio”.

SC: Incorrecto. Mejor: “estamos AL BORDE de un precipicio”.

CSS: Gracias, Sara.

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El panorama que nos encontramos es desolador: en este frenesí dominado por los titulares, se saca punta —infinitamente— a detalles pueriles y se dejan pasar groserías de profundo calado. ¿Cómo será la información que nos llega si el encargado de diseccionarla, analizarla y cribarla es un completo merluzo?

Nuestra recién fichada colaboradora, la Carbonero, se ha tenido que tragar un montón de críticas por despistarse y olvidar que Iniesta había tirado un penalty. ¿Es posible imaginar la tensión a la que tiene que estar sometida una persona a quien, todo lo que hace, es analizado con lupa? ¿Cómo se puede fijar tanto la vista en un detalle ocurrido sobre la marcha y pasar por encima de los detalles de fondo de medidas transcendentales y resumir toda la cuestión en si se trata de un rescate o de un préstamo, atendiendo exclusivamente a la etiqueta que se le adjudique?

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No sé si somos lo que nos merecemos, pero nos merecemos lo que somos.

sábado, 16 de junio de 2012

Deportes de contacto


Siempre me han gustado los deportes de contacto.

Empecé con el rugby.

"Demasiada gente" Foto: darkmatter

Me pasé al karate.

"Mucha tensión" Foto: agioele

Lo intenté con la esgrima.

"Excesivo aislamiento" Foto: griangrafanna

Ahora soy feliz con el aeromodelismo.

"Maqueta" Foto: Francisco Javier Argel

Santi y Santos me ayudaron con la idea (aunque nadie debería culparles).



viernes, 15 de junio de 2012

Depilación brasileña


AVISO

Esta entrada puede herir su sensibilidad, incluso siendo mayor de edad.
Se incluyen textos e imágenes que pueden ser considerados como no aptos.
La responsabilidad es exclusiva del que quiera seguir leyendo.

“Hay otros mundos (...pero están en éste)”

Foto: Chema
  
Me gusta la sensación de haber sido atrapado en el espejo, viendo mi reflejo (y el del autor de la fotografía) mientras documentábamos la imagen que, para ambos, resultaba tan exótica como ver a una pitón engullendo a un cocodrilo.


Dejaré el titular para el final y me entretendré en otros detalles del cartel.

— No se ve bien, pero, debajo de ENTERAS, pone: “9 € Ingle Brasileña”. Eso me puso sobre la pista del lugar del los hechos.

— La gradación de precios me confunde: quiero entender que no trabajan los sábados y comprendo el motivo de que el viernes sea un poco más caro. Lo que me desconcierta es la razón de que los jueves tengan un precio diferente. ¿Aluvión de enemigas del mato-grosso, especialmente los jueves? ¿Qué tiene ese día de especial?

— Los topos festivos que amenizan el anuncio me dejaron fascinado: imagino la mano temblorosa que, armada de una tijera de punta redondeada, recortaba, en papel payaso, circulitos de colores sabiamente elegidos: verde, amarillo —los colores de la bandera nacional—, rojo —anhelamos la pasión— y rosa —hablamos de feminidad íntima—.

— Me sorprendió descubrir “depilación” correctamente escrito: los carteles suelen olvidar las tildes —máxime si van en mayúsculas—, pero un examen más minucioso me llenó de desencanto al descubrir el huérfano “miercoles”.


Y, ahora, al tema:

Tecleo en google y, rápido, encuentro esto, que dejo tal cual porque no se me ocurre nada que se pueda añadir.

¿Depilación: Sinónimo de higiene sexual o símbolo de vanidad porno?

Muchas mujeres se mantienen depiladas como forma de higiene íntima, manteniéndose limpias y lisas, primero para sí mismas, pero con un componente más esperado, que es estar plenamente preparada para vivir los momentos de intimidad con su compañero. Es de gran importancia todo ese cuidado consigo misma, influye en la autoestima de la mujer, que al mirarse al espejo, debe gustarle lo que ve.

Y en cuanto a los hombres, ya que el sentido más aguzado es el de la visión para ellos, ver a su compañera de forma lisa y principalmente con autoconfianza en cuanto a su imagen corporal, se vuelve irresistible para ellos que se deleitan al vislumbrar todas las partes del cuerpo femenino que consiguen ver ya que se sienten totalmente excitados cuando pueden ver todo aquello que imaginan cuando su compañera aún está vestida. ¿Y si pensamos en la depilación de los vellos pubianos, o sea, dejando todos los genitales con ausencia total de vello? Algunas mujeres que experimentan ese tipo de depilación, obtuvieron éxito en sus relaciones, porque puede ser considerada como una forma de innovación a los ojos de su compañero. Esa innovación a la que me refiero puede ser explicada, tomando como ejemplo las relaciones sexuales de muchos años, y hasta los matrimonios (ya un tanto desgastados por la rutina).

El hecho de la mujer en ese tipo de relación, depilar los vellos pubianos, podrá hacer que su compañero despierte nuevamente al sexo, ahora mirando a su compañera con otros ojos, y hasta podrá tener una visión diferente, contemplando toda la genitalia femenina, una visión general de la vulva, de los pequeños labios y del clítoris, haciéndose todo eso una nueva faceta que llevará al hombre a una nueva etapa de su vida sexual. Ese método de depilación puede proporcionar la práctica del sexo oral, más conocida como cunilingua, donde el hombre usa su boca para tocar, besar y acariciar los genitales femeninos y que a veces puede quedar más adormecida en las prácticas sexuales de una pareja por falta de estímulos visuales que ese tipo de depilación puede ofrecer. Un local limpio, bien “liso”, y bien iluminado (así nos podemos referir), se vuelve altamente excitante y deseoso de ser tocado y acariciado, influenciando asi un lado totalmente nuevo y positivo en los momentos de intimidad.

Es verdad que existen muchas mujeres, principalmente algunas feministas, que no están de acuerdo con esa técnica de depilación de la vulva por creer que las mujeres que lo hacen, lo hacen sólo para satisfacer el deseo de los hombres. En conclusión, la mujer más que parecer limpia usa ese tipo de depilación como una forma más amplia de higiene íntima, pero la usa también para buscar ser más vista y deseada por su compañero, quiere que él la vea con plenitud. Es una forma íntima y muy peculiar de comunicación no verbal entre una pareja, pero que puede traer muchos beneficios para la vida sexual, reflejándose de forma significativamente poderosa.

Ahora la pregunta: ¿Por qué depilarse el pubis?

Según los expertos, éstas y otras modificaciones corporales se deben a cuestiones eróticas. Las mujeres nos depilamos las piernas y lo prolongamos hasta la línea del bikini por cuestión de estética al lucir prendas mínimas. Un pubis totalmente depilado muestra un aspecto infantil que puede satisfacer algunas tendencias pedófilas.


En el mismo foro, se incluyen imágenes de posibles diseños:
  
Pandora abrió una caja y creo intuir lo que debió sentir.


El texto y las imágenes se tomaron de aquí:

jueves, 14 de junio de 2012

Oficial y caballero — El día después



Zack Mayo (Richard Gere) va a buscar a Paula Prokifki (Debra Winger) a la fábrica de papel en la que trabaja. Entra pimpante y, sorprendentemente, a pesar del calor sofocante de las máquinas, todos le miran, aunque nadie se atreve a pedirle un helado de piña.


Años más tarde Gere conocerá a una prostituta, de buen corazón (Julia Roberts), que le ayudará a combatir su miedo a las alturas y le convencerá para que retome sus viejos hábitos como rescatador.

Pero, ahora —cuando evitamos entrar en debates dialécticos sobre si lo que Mayo hizo con Paula fue rescatarla o, de forma evidente, le impelía un deseo de inyectarla apasionadamente, sin necesidad de intervención pactada con anterioridad— queremos fijarnos en el día después, obsesionados por descubrir qué sería de ambos tras su fuga triunfal.

*****

Primera parada: comprarse el single  Up where we belong, interpretado por Joe Cocker y Jennifer Warnes (en la película, la canción no se escucha hasta los títulos de crédito; el final tiene música instrumental y ellos quieren oírla, claro).

Segunda parada: pillan un motel de carretera donde dejan, momentáneamente, la moto aparcada a la puerta, mientras ponen los pistones a trabajar de modo frenético.

“Recuperaremos el tiempo perdido”.

Tercera parada: se ven inmersos en la itinerancia permanente, destino inexorable a que les obliga el trabajo (de) oficial. Con ello logran evitar que la empresa propietaria de la fábrica de papel pueda entregar a Paula la demanda cursada por abandono indebido del puesto de trabajo, sin el requerido preaviso (quince días, por aquel entonces). Con el tiempo transcurrido, la globalización y el consiguiente traslado de la fábrica a Filipinas, la empresa decide archivar el asunto en la papelera, demostrando una inesperada sorna digna de ejemplo.

Cuarta parada: tras descubrir que la escasez de holgura en la ropa interior no es buena para la fecundidad —y menos combinándola con la patada en los mismísimos que le atizó, mientras resolvían sus asuntos personales, el sargento instructor Foley— Zack decide someterse a un tratamiento para mejorar la concentración y actividad de su esperma. El médico le receta una dieta alta en mayonesa que, definitivamente, achina sus ojos. El efecto filipino se completa en una broma privada que los compañeros de las distintas bases navales a las que va siendo destinado, destilan y perfeccionan para él:

¿Cuál de todos los compañeros ha tenido un pasado turbio en Manila?
...
Tranquilo. Ya te lo dirá él.

Quinta parada: Con motivo del 25º aniversario de su graduación, se reúnen todos para intercambiar experiencias (y ponerse al día). Así les fue a otros:

Topper Daniels (David Caruso) (ver aquí): compañero de promoción (y de cuarto). Todavía era un pelirrojo barbilampiño incapaz de enfrentarse a situaciones críticas. El simulacro de accidente con inmersión le hizo renunciar a su aspiración de completar la instrucción en la Academia (único caso documentado en la película). Más tarde llegaría a Miami (con etapa intermedia como detective en Nueva York en NYPD Blues) y se terminaría convirtiendo en el implacable CSI Horatio Cane (tener como compañero de habitación a Mayo curte a cualquiera).

Lynette Pomeroy (Lisa Blount) era la “cazadora”, término amable cuya traducción al español meramente apuntaré, indicando que, en sus múltiples variantes, siempre empezaba por “calienta...”. Su codicia y su apego a los símbolos de status fue la causa del suicidio de Sid Worley (David Keith), a quien todos recuerdan como un buen chico, olvidando el dilema al que él mismo se abocó, al tener que optar entre la vida diseñada para su hermano mayor (muerto en combate) y su elegido compromiso con una trepa. Nadie que haya visto la película olvida la imagen del cuerpo exánime de Worley en brazos de Mayo y el pensamiento fugaz y recurrente (“zorra”) que provocaba Lynette. Con 25 años (más) se ha convertido en una mujer ajada y amargada que colecciona minibotellitas de alcohol que succiona de forma voraz y atropellada. En sus escapadas furtivas mantiene la costumbre de rociar sus pechos con sabores de frutas variadas. Últimamente se está aficionando a frotárselos con papaya y mango (incluso careciendo de acompañante).

Emil Foley (Lou Gossett, jr). Tras el combate intelectual fallido con Mayo —a pesar de haberle derrotado en el ring— sufre una crisis interior que logra resolver, aprovechando su talento y dedicándose al coaching. Diversos incidentes le llevan a solicitar su baja en la asociación gremial C&PT —“Coachee & Personal Training”— de Pensacola, Florida, lugar en el que ejercía desde unos años antes. Dejamos volar la sombra de la duda sobre una historia que se vislumbra siniestra y en la que se intuye que gritar mucho y reiterarse en que en el lugar de origen del discípulo sólo hay ganado y maricas no parecen los ingredientes más adecuados para adaptarse a los aires del nuevo siglo. Tras recibir el Oscar de Susan Sarandon y Christopher Reeve, la estatuilla aparece nuevamente en su vida cuando, en 2004, publica “Learning to fly with Oscar”, exitoso libro de autoayuda en el que explica cómo desplazar tus problemas hacia un icono dorado que cubre sus partes pudendas con una espada y, hecho esto, lanzar ambos —icono y problemas— por la ventana, lo más lejos posible. Actualmente se está preparando la 25ª edición en inglés y la obra se ha traducido ya a 17 idiomas (incluyendo el gólgota). La supervivencia se lleva bien portando con garbo el sombrero de la policía montada del Canadá.

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La película tiene un punto de nostalgia retro (con 30 años transcurridos desde su rodaje), que se manifiestan en pequeños detalles:

— Mayo conduce la moto en plan patán —arrastrando ambos pies, que deja sin apoyar en los estribos— y sin casco.

— La amplia camisa de cuadros enfatiza el ideal hogareño de Paula y, a pesar de que el hábito no hace al monje, esa prenda (unida al gorro montañero) la transforman (en un par de secuencias), pasando de ser una casquivana provocadora y promiscua a convertirla en una hacendosa madre de familia (pese a la todavía desconocida escasez espermática de su partenaire).

— La intuición expresada por el sargento Foley —sé por qué la mayoría de vosotros está aquí. No soy estúpido— se ve hoy definitivamente anticuada. Tener que comprometer 6 años para “vender lo que os enseñaremos a la United Airlines”, parece un plazo excesivo. El 11-S nos mostró lo sencillo que parecía obtener una licencia de vuelo y fulminó, también de un plumazo, la posibilidad (que en 1982 se veía como factible) de resolver diferencias por el método tradicional —ni aderezándolas con el sabor, entonces sofisticado, del kárate, antes de la primera entrega de la saga Karate kid: la semilla para el señor Miyagi (Pat Morita) estaba plantada y germinaría en 1984—.

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¿Por qué no se le ocurrirá a nadie adaptar esta historia para hacer un musical?

miércoles, 13 de junio de 2012

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"Elegir" Foto: federico.soffici
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