jueves, 31 de octubre de 2013

Hell or Win

Lo que nos espera este (largo) fin de semana.




Si me preguntan, me quedo con Otis Redding, permitiendo escoger: ¿Truco o trato?



No podrás esconderte.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Aretha

Si me viera forzado a tener que elegir una artista, no tendría demasiadas dudas. Descartaría escritoras, bailarinas, actrices, escultoras, arquitectas, locutoras, cocineras, comentaristas, cineastas, echadoras de cartas, nudistas, sociólogas, fotógrafas, escaladoras, magas, deportistas e incluso masajistas.

Me quedaría con una cantante; una de esas mujeres totales, con un legado tan fácilmente identificable que, para mencionarla, no se precisan apellidos.



Una mujer con una voz extraordinaria, dotada de un talento mayúsculo, que fue capaz de alcanzar el triunfo (y el reconocimiento), antes de que se le ofreciera un repertorio acorde a su sensibilidad y atributos.

Empezó cantando gospel en la comunidad en la que su padre, el famoso reverendo C. L. Franklin, lanzaba sus incendiarias arengas, llenas de pasión, plegarias y ritmo. Por allí pasarían figuras legendarias de la comunidad negra americana: Mahalia Jackson, Clara Ward, James Cleveland, Jackie Wilson o Sam Cooke. Y todos enmudecían, oyendo cantar a una cría tan precoz, bendecida con un talento (sobre)natural.

Cumplió 18 y quiso emanciparse, alentada por el éxito de Sam Cooke —que pasó de cantar a Dios, para hacerlo a las mujeres—, atraída por la oferta de John Hammond, de Columbia Records. Allí grabó, con desigual éxito, Today I sing the blues, Won’t be long, Operation heartbreak, Don’t cry baby, Try a little tenderness, Say it isn’t so, Runnin’ out of fools o You made me love you. Era evidente que las canciones escogidas desaprovechaban el enorme potencial de una Aretha que, en todo caso, nunca defraudaba.


En 1967 decide no renovar su contrato, descontenta con la pobreza del material que se le ofrecía. Ficha por Atlantic Records, se deja aconsejar por Jerry Wexler y se va a grabar a Alabama, en el sur más profundo, en una pequeña población, Muscle Shoals, acompañada por los músicos blancos del pequeño estudio Fame. La canción, I never loved a man (The way I love you), redefine el soul —y toda la música popular— y eleva a la artista a una nueva posición, ostentando desde entonces, ya para siempre, el título de Reina del soul.

Una pelea de su marido, en los descansos de la grabación, obliga a un cambio de escenario. Se llevan músicos y atrezzo, trasladando el montaje a New York.

Allí la lista de temas que interpreta (y compone) constituye el edificio sonoro más sólido que una mujer haya construido nunca. Vean:


Ya se ha convertido en una diva. Decide cambiar de aires y ficha por Arista.

Entre tanto, se refugia en Chicago, monta un restaurante de comida para el alma y, dejando que John Lee Hooker se ponga a quejarse a la puerta del establecimiento, da galones a Matt “guitarra” Murphy para hacerse pasar por su marido, cambia el saxo de Lou “blue” Marini por un mandil y una escoba y atiende a los parroquianos en persona, dejándose sorprender en ocasiones por las rarezas de los visitantes, que, vistiendo como propietarios de un negocio de pompas fúnebres, encargan comandas atípicas, descriptivas de su atormentado carácter: el alto pide un par de tostadas de pan blanco, sin acompañamiento ni bebida; el bajo encarga cuatro pollos fritos y una coca. Son Jake y Elwood, empeñados en reclutar a su antigua banda, en la que también andan mezclados Steve Cropper y Donald “Duck” Dunn. A Aretha no le hace ni pizca de gracia y, acompañada como siempre por sus hermanas Carolyn y Erma, le pide a su marido que piense, sin mostrar ningún reparo en cantar llevando bata guateada y zapatillas de felpa.


Think [“The Blues Brothers” (“Granujas a todo ritmo”) es una película dirigida en 1980 por John Landis, con John Belushi y Dan Aykroyd como los hermanos azules. La BSO más recomendable que pueda imaginar].

Una interpretación para quitar el hipo, eternamente imitada.

Think

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A partir de ahí, el acierto de Aretha encoge, a la par que su figura crece y adquiere mayor dimensión. Es un verdadero pilar de la comunidad. Cualquier presidente, más si comparte origen racial, hubiera querido tenerla cerca en un día relevante.

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Antes de terminar con ella, quiero recuperar un concierto espectacular, cuando más en forma se encontraba.



Y recordar también que ya hablé de ella, y de sus once etapas esenciales.


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Dio nombre a una gata siamesa.

"Arethina" Foto: diegoperez74

Una visita al albergue y, la que era entonces una bolita de pelo, se hizo querer, acercándose a unas piernas, frotándose contra ellas, diciendo claramente que quería que se fueran juntas.

A una le sirvió para salir de un abandono injusto, al que un desalmado la había condenado.

A la otra le valió de compañía y le permitió sentir que lo que hasta entonces sólo había sido una casa, empezaba a convertirse en un hogar; nada menos que el suyo.

Se adoptaron y se aceptaron. Ambas se acogieron, alimentando un vínculo que tuvo cabida para otros, los que aparecieron más tarde, haciéndose grandes, entregando y recibiendo cariño, formando esa cosa tan antigua, pero tremendamente necesaria, que constituye una familia.

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Estuvo 17 años con nosotros.

Hoy está tranquila: ha vuelto a juntarse con Otis.

sábado, 12 de octubre de 2013

Mentalidad de grupo

Los humanos nos organizamos en grupos para alcanzar objetivos compartidos.
Eso nos describe como animales sociales.
No somos la única especie que merece esa consideración.
Abejas, simios, hormigas o delfines también se articulan en torno a estructuras grupales.
Pero el entramado tejido por el hombre, alcanza mayor complejidad.


"The smokin' chicken flew to the kitchen's floor" Foto: dhammza

Tres características singulares definen a (algunas de) las agrupaciones  humanas:

Plasticidad. Las estructuras se modifican, adaptándose a las circunstancias concurrentes.

Movilidad. La pertenencia a un estrato social no es permanente. En ocasiones, los individuos pueden alterar su status.

Multiplicidad. Cada individuo pertenece a grupos que atienden a diferentes focos de interés.

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En su configuración interna, cada grupo se organiza de formas específicas.
Las relaciones que se establezcan condicionan el desarrollo de determinados grupos prototípicos.

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Hoy quiero detenerme en los grupos excesivamente cohesionados, en los que se desarrolla lo que se denomina el “pensamiento grupal”, o “mentalidad de grupo”, un síndrome descrito por Irving Janis, caracterizado por un conjunto de síntomas, concretamente ocho:

1 – La ilusión de la invulnerabilidad

“Si nuestro líder, y todo el mundo en el grupo decide que está bien, el plan tiene que dar resultado; aún cuando sea muy arriesgado, la suerte está de nuestro lado”.

“Los adeptos no ejercen su juicio crítico para darse cuenta de las mentiras de sus dirigentes”.

2 – Racionalizar para desechar las advertencias

“Buscar argumentos para justificar su conducta, por muy ilícita e irracional que sea”.

“Quienes padecen este síntoma, quieren demostrarse a sí mismos que están haciendo lo correcto y por eso encuentran razones para justificar una posición ya tomada. Estas razones, sumadas a las de otros compañeros, aumentan la autoestima”.

“Pueden existir muchas prohibiciones. Llama la atención la falta de fundamento racional con que se justifican”.

3 – Creencia incuestionable en la moralidad inherente al grupo

“Este síntoma lleva a ignorar las consecuencias éticas de sus decisiones”.

“Se tiene mucho miedo a llevar la contraria”.

“Se imponen prohibiciones inmorales, encaminadas a romper los lazos primarios sociales y a impedir el desarrollo del pensamiento crítico”.

4 – Ver a los enemigos del grupo mediante estereotipos

“A los que no sean como ellos se les ve con un sentido puramente maniqueo: o demasiado malos como para realizar intentos genuinos por negociar, o demasiado débiles y estúpidos”.

”Si te muestras sincero, empiezan a sospechar de ti; si ven que empiezas a ceder algo, te ven como débil o estúpido”.

5 – Ver fácilmente deslealtad y traición

“Cualquier miembro que razone contra las ideas fijas del grupo, incurre en deslealtad”.

6 – Autocensura

“Para evitar que los demás los rechacen, quienes padecen de mentalidad de grupo, se autocensuran, quitando importancia a los argumentos y dudas que puedan tener en contra”.

“Surge al estar aislados los sujetos de su ser íntimo y de los juicios sensatos de otras personas ajenas al grupo”.

“En lugar de desarrollar un pensamiento propio, asimilan las lecturas dirigidas, para conseguir un verdadero lavado de cerebro”.

7 – La ilusión de la unanimidad

“Nosotros somos un grupo fuerte y, al final, ganaremos. Y nuestros oponentes son estúpidos, débiles y malas personas”.

“Las ilusiones de invulnerabilidad y de unanimidad quedan corroboradas al suprimir las dudas personales, por temor a aparecer ‘blando’ o ‘no viril’, o carecer de la suficiente fuerza”.

8 – Guardaespaldas mentales

“Se dedican a proteger al grupo de la información adversa que podría hacerles despertar”.

“Sin que nadie les nombre, se creen con derecho a reducir al silencio a los disidentes, aquellos que muestran en público sus discrepancias”.

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He seguido el esquema de la lección que, sobre este asunto, Felicísimo Valbuena impartió en la Escuela de Filosofía de Oviedo, en marzo de este año, organizada por la Fundación Gustavo Bueno, de la que se adjunta vídeo.

En ella, utiliza como eje conductor a los Testigos de Jehová, a los que él considera un ejemplo evidente de grupo afectado por el síndrome. Recorre los síntomas, utilizando su comportamiento sectario como ejemplo ilustrador de cada uno de ellos.

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Valbuena analiza también el caso de la CBS, cadena de TV americana, tras la jubilación del legendario presentador Walter Cronkite, a quien sucedió, como presentador estrella, Dan Rather.

Cronkite había conquistado unas cotas altísimas de credibilidad y, tras su sustitución, la cuota de audiencia de los informativos de la CBS (el share) había descendido. Rather, en lugar de afrontar el problema real (no responder a los deseos del público), se dedicó a acusar a todos los directivos de “estar anclados en el pasado”, logrando que fueran despedidos, siendo reemplazados por nuevos directivos, obedientes a él. Su actuación pasó por crear dos tipos de personas, los de ayer y los de hoy, obrando en consecuencia, reduciendo el campo de acción de los primeros y ampliando el de los segundos. Esto acarreó sufrimientos muy profundos.

Rather actuó maquivélicamente, para burlar a “los de ayer”:

— Comenta con ellos los asuntos pero, seguidamente, se reúne con “los de hoy” para expresar sus opiniones más sinceras y mofarse.

— Además, rompe la confianza de “los de ayer”, asegurándoles que no les pasará nada y, rápidamente, los destina a otros lugares o les crea puestos imaginarios.

— Ridiculizaba los formatos antiguos y a las personas con historial.

Puso en práctica una forma de “mobbing”.

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En todas las organizaciones puede desarrollarse el “síndrome de la mentalidad de grupo”.

Pero, afortunadamente, no todas están sujetas a él. Algunas se vinculan de forma plural, asumiendo que la relación con otras personas, con intereses diversos, supone un enriquecimiento del grupo, entendido en su conjunto, y de cada uno de los sujetos que lo conforman.

El primer estadio de la libertad pasa por la capacidad para definir una identidad propia. Esta afirmación choca frontalmente con la concepción acrítica de que todos debamos resultar idénticos.

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viernes, 11 de octubre de 2013

Tú decides

"De ti depende" Foto: Incessant Flux
“Por la calle de después, se llega a la plaza de nunca”.

Luis Coloma

“Por la calle de ahora, se llega a la plaza de siempre”.

Martín Carlos Secades

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Luis Coloma era un jesuita español, escritor y periodista.

A finales del siglo XIX le pidieron que escribiera un cuento para Alfonso XIII, a quien se le había caído un diente, teniendo ocho años. Se le ocurrió la historia del Ratón Pérez, que cambia dientes de leche por monedas.

También dejó la sentencia sobre las consecuencias de posponer las cosas.

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Martín Carlos es mi hijo pequeño, acaba de cumplir siete años y hoy me ha contado la frase de Coloma, que había leído, y la continuación, que él ideó.

El mismo día que tuvo que buscar debajo de la almohada para encontrar un billete de 5 €.


miércoles, 9 de octubre de 2013

La Constitución

Hemos preparado, como novedad para el inicio del curso, una compleja agenda familiar que integra las actividades de todos y facilita la organización conjunta.

Está pegada en la cocina, centro neurálgico de la actividad común.

Hay, también, separatas individualizadas, con códigos de colores, personales y por categorías de tareas.

Hemos empapelado el espacio disponible, casi por completo. Aunque hemos reservado un lugar para una serie de directrices que nos sirven de guía y aliciente. Presiden la cena y, en ocasiones, hablamos de alguno de los 20 puntos:

                              1.            Pedimos ayuda, cuando tenemos dificultades.

                              2.            Ofrecemos nuestra ayuda. Aceptamos la que nos ofrecen.

                              3.            Compartimos las cosas que nos pasan: las malas y, especialmente, las buenas.

                              4.            Hablamos con calma, en orden, respetando a los demás.

                              5.            Nos reímos juntos. Ayudamos a que los demás se rían.

                              6.            Confiamos.

                              7.            Nos esforzamos en hacer las cosas lo mejor que podemos.

                              8.            Lo que dejamos de hacer supone una carga para los demás. Intentamos evitarlo. Queremos que, entre todos, todo resulte más sencillo.

                              9.            Somos ambiciosos. Queremos conseguir mucho. Pero entendemos que no siempre se consigue de inmediato. Trabajamos pensando en el futuro.

                         10.            Una tarea no se termina hasta que no se completa.

                         11.            Dividiendo la tarea en partes más pequeñas, resulta más fácil afrontarla. Algunas partes pueden anticiparse. No esperamos: lo hacemos.

                         12.            El orden facilita alcanzar lo que deseamos. Nos permite evitar distracciones que nos alejan del plan.

                         13.            Somos comprometidos.

                         14.            La pereza es un enemigo que se apoya en nuestra debilidad.

                         15.            Las mayores satisfacciones proceden del trabajo bien hecho.

                         16.            El ocio y el descanso son necesarios. Deben estar programados y no depender de las “apetencias” pasajeras.

                         17.            La paciencia es una virtud. Hacemos que resulte más agradable ser virtuoso.

                         18.            Los humanos, hablan. Los trogloditas, gruñen. Los gatos, maúllan. Sé humano.

                         19.            Los privilegios se conquistan.

                         20.            Queremos estimular nuestra imaginación.

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Mis hijos ya la han bautizado.


"La Constitución" Foto: kjd

“Nosotros, el Pueblo, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, ordenamos y establecemos esta Constitución”.

martes, 8 de octubre de 2013

Dieta baja en huevos

Adquieres compromisos y los mantienes, sabiendo lo que implican.

Aunque eso no suponga que no recuerdes a lo que has renunciado (y no tengas claro por qué lo has hecho).



Te haces mayor y los médicos deciden qué debes comer, qué ejercicios debes hacer, qué hábitos son saludables para ti, como si no fueras capaz de imaginar cómo está organizado el sistema.

Samsara


Sientes que formas parte de un grupo de gente que va con chándal y calzado deportivo. Te fijas y te das cuenta que no se trata de una maratón: es una excursión del Imserso.

Y ves a esos jóvenes, que creen que lo saben todo, que piensan que su juventud les durará siempre y que muestran desprecio hacia los que encuentran a su alrededor. En ocasiones, sientes ganas de darles una lección. A uno cualquiera de esos desconsiderados, esos patanes que creen que lo saben todo. Sientes que serías capaz de mostrarle que, a tus años, has tenido que acumular paciencia, teniendo que hacer lo que sentías que debías hacer.

Y para eso hacen falta muchos huevos.

DarondoDidn’t I


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Hall & Oates era una pareja que supo cantar al origen de los sueños. Aparece en 500 days of summer, la película con la mejor banda sonora imaginable.

“Samsara” es un documental que se adjunta completo y del que se ha extraído el corte dedicado a la industria de la alimentación. Merece la pena verlo en la versión íntegra.

David Foster Wallace escribió libros y artículos. Sólo pronunció un discurso, Esto es agua, brillante y esclarecedor.

William Daron Pulliam fue un cantante soul que, en los ‘70s, actuó en el área de la bahía de San Francisco, atendiendo al simple nombre de Darondo. Con un registro vocal similar a Al Green, pasó desapercibido, hasta que Jack Peñate versionó su tema Didn’t I, en una adaptación que se mantenía fiel a la sensibilidad de su intérprete original. En el final del 4º episodio de la 1ª temporada de “Breaking bad”, la canción original pone banda sonora a la frustración de Walt, en un incendiario final, en el que muestra su hartazgo, su desesperación y el desprecio por un imbécil, Ken, que no siempre gana.

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Voy entendiendo las preguntas a las que la serie hace enfrentarse.