sábado, 31 de enero de 2015

Yes Men al ataque

The Yes Men son dos activistas (Andy Bichlbaum y Mike Bonanno) que emplean el humor como modo de denuncia de situaciones injustas.

Algunos critican su metodología, por considerar que incluye la farsa o la sátira entre sus modos de actuación, pero nadie se ha tomado demasiado en serio el esfuerzo de presentar argumentos que rebatan sus denuncias.

El documental "The Yes Men Fix the World" (2009) presenta cuatro proyectos y sus desarrollos:
  1. Dow Chemical y la tragedia de Bhopal
  2. ExxonMobil y la energía Vivoleum
  3. Halliburton y la estrategia de supervivencia Survivaball
  4. Departamento de Vivienda en las acciones posteriores al Katrina
  5. New York Times, edición especial para un futuro lleno de esperanza




El humor es un arma de destrucción...



...de falsedades y engaños.

jueves, 29 de enero de 2015

Cara o cruz

Tengo una importante decisión que tomar.
Se presentan ante mí dos alternativas.
He analizado las posibilidades.
Hice una lista de “pros” y “contras” de ambas opciones.

Pero sigo sin tener ni idea de qué debo hacer.

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He pensado: ¿qué tal si lo decido lanzando una moneda al aire?
A cara o cruz.
Va.
Venga.

"Espero no perder la moneda"

Cuando se trata de una decisión de índole personal, emplear una moneda implica adoptar una doble dosis de humildad. La primera, procede del gesto anticipatorio de aceptación del resultado, sea el que sea, provocado por el pulgar que queda extendido. La segunda, a la obligación de agacharse a recoger la moneda, en un mudo humillado.

Se desconoce la fiabilidad del procedimiento —que se intuye nula, por su talante azaroso—, pero se reconoce la eficacia de la acción combinada de aceptación y humillación.

*****

El método “cara o cruz” también se emplea para dirimir diferencias: quién saca y quién elige campo en una contienda deportiva; la asignación de turnos en el uso de un objeto compartido entre hermanos; la elección de la lista de reproducción que sonará en el coche —programada en orden aleatorio, en todo caso—.

En estas ocasiones, el azar es un buen predictor y libera al árbitro, padre o chófer de tener que entregar todo su crédito (la auctoritas romana) en procedimientos rutinarios; permite reservarlo para asuntos de enjundia.

*****

— Me toca a mí montar primero en la bici.
— No. Me toca a mí.
— A mí.
— Que no. Me toca a mí.
(((Cualquier padre asume que este soniquete se prolongará hasta la próxima glaciación)))

— Me toca a mí.
— No. Tú fuiste primero la última vez.
— Que no. Me acuerdo perfectamente.
— Yo sí que me acuerdo perfectamente.
— Me toca a mí.
— A mí.
— A mí.
(((Los casquetes polares empiezan a notar los efectos del deshielo)))

— ¿Qué tal si lo echáis a suertes?
— Jo. Yo siempre pierdo.
— Vale. Lo echamos a cara o cruz.
— Pido cara.
— No vale. La última vez pediste cara.
— Sí. Y perdí.
— Pues no pidas cara.
— Me da suerte.
— La última vez, no. Perdiste.
— ¿Ves cómo la última vez montaste tú primero?
(((Un amigo holandés me llama para avisarme que en Grecia están con el agua al cuello)))

*****

Tras este interludio, no necesariamente breve, decidimos usar una moneda.
Que, no es necesario explicarlo, debo aportar yo (y que, el que pierda, pretenderá quedársela, a modo de compensación).

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Busco en el bolsillo y encuentro una moneda de 1 €.


Los europeos son unos tipos precavidos. Asumiendo la posible inconveniencia de que las monedas de todo el continente incluyeran un símbolo religioso —pero incapaces de predecir el alcance del cambio en los límites del territorio interior— decidieron sustituir la tradicional cruz por un mapa, que colocaron en el lado al que llamaron reverso. Determinaron que esa imagen fuera común para todo el sistema monetario, permitiendo que en el otro lado, el anverso, cada Estado eligiera la imagen que considerara más representativa.


En España se optó por la efigie de un rejuvenecido JC.

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Las alternativas por las que debemos optar, a la hora de realizar un sorteo, se han transformado.

Ya no se debe elegir a “cara o cruz”; ahora se trata de “cara o mapa”.

El cambio ha sido cosmético: no es que permitan decidir a quién poner en su lugar (o la necesidad de sustituir el sistema político, o económico, por uno nuevo); ni siquiera se considera un acto verdaderamente subversivo nombrar al titular como “cara”.

La consecuencia más relevante es que, recurriendo al azar, se invoca de forma diferente.

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Nuestros vecinos del norte, acostumbrados a las Revoluciones, huyen de la imagen de una cabeza que les recuerda al cesto que ponían a los pies de la guillotina. Su sangrienta historia, que ensalzan cuando la rememoran, les ha hecho cautos, cuando menos. En su lado, en el anverso del que eligen motivo propio, han colocado un árbol y el lema que les hace ponerse firmes.

"Literal: Liberté, Egalité, Fraternité. Árbol hexagonal. RF"
"Interpretación canónica: Lema nacional. Forma del territorio (continental). República Francesa"
"Interpretación icónicaRousseau, Montesquieu, Voltaire. El árbol del ahorcado guillotinado"

Tras la Revolución Francesa y el derrocamiento de Luis XVI en 1789, el terreno quedó abonado para la llegada de un iluminado corso, con nombre de cognac. Empleó como estrategia de reparto la auspiciada por su apellido.

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Los franceses no aprendieron la lección. Casi 200 años después alentaron una nueva revolución, alimentada con ideales de cambio en un mes de mayo del año 1968 que, si se hace caso de las batallitas narradas por españoles, extraña que no se popularizara el flamenco en las calles de París. Todo el que se opusiera al régimen que imperaba aquí, debía acudir a la ciudad de la luz para pedir, comme il faut, que pararán el mundo para poder apearse.

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Me he ido.

Lo sé.

En 2015, año de cambios (todos lo son), debo decidir algo importante. Emplearé mi moneda francesa de 1 € y elegiré entre mapa y árbol. Si lo hiciera optando entre anverso y reverso nunca sabría cuál es cuál.

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Aquí, en España, en 1987, Radio Futura describió la necesidad de buscar alguna luz.

Pongamos la cosa clara
Busquemos alguna luz
Lo echamos a cara o cruz
O lo hacemos por la cara



Creo que en los pasillos del Congreso han escuchado una copia pirata de “La canción de Juan Perro”.


domingo, 25 de enero de 2015

sábado, 24 de enero de 2015

Un cómodo descenso

Como cualquier día: todo comienza con una ducha.



Supongo que quizá no sea necesario precisar que el descenso fue cómo para mí (como pasivo espectador); no para Candide Thovex (su intrépido protagonista).

También es cierto que él lo disfrutó infinitamente más que yo.

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Visto en Meridianos

viernes, 23 de enero de 2015

Nine to Tim

Tim Minchin es un artista, nacido en Northamptom, Inglaterra.
Nacionalizado australiano.
En sus actuaciones mezcla música y humor de una forma muy particular.
Un favorito personal desde que tuve ocasión de descubrirlo.


El 17 de septiembre de 2013 fue invitado a impartir el discurso de graduación de la Universidad de Western Australia (UWA), en la que él mismo había estudiado.

Es un género que va arraigando; una derivación visual de la literatura de autoayuda, con muchas mayores posibilidades de éxito, gracias a su brevedad y a que, como recuerdo haber leído, en el juego de piedra, papel y tijera del nuevo orden global, un vídeo siempre ganará a un libro, sea del tipo que sea.

Lo cierto es que la oratoria es una disciplina que ha caído en desuso, sustituida por la charlatanería o el aburrimiento: un desequilibrio entre los que no tienen nada (nuevo) que decir, y los que se convierten en verdaderos plomazos.

Así que, un poco de humor, y bastantes gotas de sensatez, se condensan en los 9 mandamientos de Tim:

"Tim planeando sobre UWA" Foto: Ron D´Raine

1 — No necesitas un sueño.
2 — No busques la felicidad.
3 — Recuerda: todo es suerte.
4 — Haz ejercicio.
5 — Sé exigente con tus opiniones.
6 — Sé profesor.
7 — Defínete por lo que amas.
8 — Respeta a los que tienen menos poder que tú.
9 — No te apures.

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jueves, 22 de enero de 2015

Urraca, O.N.G.

Entre las excentricidades que se despliegan con el ajetreo matinal de una familia de siete miembros, que se despereza y se despierta; que trata de ponerse en marcha para afrontar el trajín diario; algunas de esas singularidades, por llamarlas de algún modo, cobran un cariz reiterado que, precisamente por ello, alcanzan el carácter de idiosincrático.

La somnolencia habitual no facilita prestar atención al conjunto de detalles, ocultos tras el velo legañoso, su adaptación mimética y su asimilación por la vía de la costumbre.

Percatarte de que algo lleva tiempo sucediendo —y dotarle de una explicación— resulta gratamente sorprendente. Como si pudieras observarte a ti mismo.

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"Supervisados"
El último miembro en incorporarse a la troupe, es una gata tuerta, recogida en el albergue de ADAGA —gracias a Marichu y María, entre muchos otros, por su extraordinaria labor—, a la que llamamos Xika.

Luce un pelaje blanquinegro que haría que, si fuera una vaca, sería lechera; si fuera una perra, sería dálmata; siendo una gata, debe conformarse con ser del tipo “europeo común”, una forma de no decir nada, diciéndolo todo.

Ha desarrollado un gusto por practicar extraños deportes, de los que nos cuesta identificar su procedencia, disimulados en ese momento del día en que, los demás, nos comportamos como si fuéramos zangolotinos.

Empieza con el curling: hace deslizar los tapones de los envases de leche o zumo —que, distraídamente, tras haberse servido, alguien olvidó volver a colocar en su sitio— hasta dejarlos justo en el borde de la barra, como si fueran las piedras del juego de origen escocés. Cuando nadie mira, aprovecha para dar un ligero toque con su pata derecha, propiciando su caída al abismo.

Una vez en el suelo, el tapón se convierte en disco —con propiedad, un puck— y se abalanza, a lo largo del pasillo, empleando su pata derecha a modo de stick de hockey sobre hielo, esquivando en slalom contrincantes que sólo ella puede ver.

Como colofón de su triathlon personalizado, prueba su temple en las imaginarias troneras en que convierte cualquier recoveco que encuentra, en una interminable partida de snooker. Manifiesta querencia por el hueco que queda debajo del piano, donde se acumulan sus múltiples trofeos.

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El ruido que hace, mientras ejercita su precisión, su velocidad y su puntería —ese fis, ploc, tac, zuk— es imperceptible para unos sentidos (todavía) atontados. Pero el resultado se muestra como un evidente axioma: “todo lo que quede olvidado encima de cualquier mesa, es susceptible de convertirse en ganancia obtenida al descuido”.

Su predilección por la recolección de tapones —y su venida desde un hogar comunal— nos ha hecho pensar que replica las actividades altruistas de los generosos humanos solidarios que la acogieron. Nosotros, su nueva familia, hemos decidido nombrarla presidenta de honor de una ficticia “Urraca, O.N.G.”; su capacidad para rebañar la faculta para esa tarea.

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Como contraste a su ánimo benefactor, que queremos intuir, se opone su enemistad natural hacia los roedores. Ayer mismo, arrebató a Pérez (ratón) el último presente que había madurado en la boca de MC, justo antes de que pudiera envolverlo en un pañuelo y dejarlo bajo su almohada.

Tras una búsqueda en el nido favorito de Xika...


…bajo el piano, hubo suerte y …


…no encontramos una esmeralda, pero, sí, marfil.

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La actitud rapiñera de Xika hace que nos planteemos acortar el nombre a la entidad que preside, transformándolo en uno más idóneo, “Urraca, Organización Gubernamental.

Guardaríamos a buen recaudo ese ausente “NO”.

Debajo del piano.

miércoles, 21 de enero de 2015

Encuentra la(s) diferencia(s)

Oído al azar:

— ¿Y cuándo dices que tengo que llamarle?
— Puedes hacerlo luego, o más tarde.
— ¿Y después?

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A veces, resulta complicado encontrar diferencias.


Especialmente, si la fuente de inspiración es Louise Veronica Ciccone.

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Dime si percibes la evolución:

Enero de 2015. Un desayuno informal.



Casi inmediatamente. La secuela.



Unos años antes, en 1992. La precuela.



Una irrupción estelar, en 1984. La fuente de inspiración.



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¿Con cuál te quedas?
Dímelo más tarde…


…o después.


martes, 20 de enero de 2015

La mujer de César

La historia antigua es fuente de entretenimiento y diversión.
Las costumbres romanas están profundamente arraigadas en nuestra cultura.
En ocasiones resulta conveniente seguirles el rastro y no dejarse despistar por sus mutaciones.

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Cuenta Plutarco, en “Vidas paralelas” —una obra que todo dentista romano tenía en la sala de espera de su consulta—, que Pompeya Sila, segunda esposa de Julio César, bodas celebradas en el 68 a. C., residentes en la Vía Sacra desde el 63 a. C. —cinco años después; recuerda que estamos contando en orden inverso—, gracias a que su marido había sido elegido Pontífice Máximo de la Religión romana —un hecho que pone en entredicho levemente aquello de que “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, pero que se obvia porque todavía no se había desarrollado un sistema eficaz que previniese de las incompatibilidades—. El asunto, y no me quiero desviar mucho más de él, es que, en esa casa, Pompeya decidió organizar una jolgorio muy arraigado entonces, precursor de las reuniones de TupperSex por su carácter reservado exclusivamente para mujeres, llamado Bona Dea, al que los hombres no podían asistir, salvo que alcanzaran la condición de eunucos (un buen argumento para mantenerlos al margen).

Pero, hete aquí que Publio Clodio Pulcro, obseso de la limpieza pero con menos apego a las normas que Harry Potter, decide que, puesto que quiere poner a la mujer del jefe mirando a Pompeya, se disfrazará de lírico, instrumento que cayó en desuso por la escasa posibilidad de transmitir su aprendizaje de padres a hijos —los motivos son suficientemente explícitos como para que yo quiera extenderme en mayor detalle—.

Así que nuestro amigo Publio rasguea el instrumento (la lira) intentando ocultar los muy notables efectos producidos en su propio instrumento (ése efecto que imaginas y no voy a mencionar) tras la visión de la mujer a la que deseaba con tanta pulsión, charlando desenfadadamente con otras hembras, conocedora de que su desinhibición no causaría efectos en la tropa de mancebos que les abanicaban y saciaban (casi) todos sus apetitos.

Una inoportuna revisión del garito —realizada por celosos inspectores que buscaban algún incumplimiento de la accesibilidad del recinto, o la existencia de barreras infranqueables para personas con discapacidad— finalizó con Publio apresado, juzgado y encadenado (también condenado) bajo las acusaciones de engaño y sacrilegio. No queda constancia del destino del reo porque, pese a ser expulsado de la casa, todavía no se habían inventado los debates en los que podía volver a aparecer en público, así que hay un cierto acuerdo en sospechar que, muy a la romana, la ejecución de la condena consistió, precisamente, en su ejecución. Mantener la pax romana era más complejo que universalizar el rebozado como forma de presentación del calamar.

En fin, que César —que dicho sea entre nosotros, estaba hasta el gorro de la tal Pompeya— aprovechó para divorciarse de ella, sabedor de que ella no había meado fuera del tiesto, pero había dejado que los geranios transmitieran la sensación de una cierta falta de riego y, él, Emperador y Pontífice Sumo, no estaba para permitir cierto tipo de licencias y comentarios maledicentes de la gente ociosa que lee a Plutarco, se entera de todo, todo se sabe y se comenta y, ya se sabe, o cortas a tiempo las raíces del baobab, o tienes que buscar un planeta más grande al que emigrar para añorar a tu rosa. Lo que vino a significar que César, que ya no era un chaval y sabía de qué iba la vaina, dejó sentenciado que “La mujer de César debe estar por encima de toda sospecha”.

Por descontado, en una época en la que por un “quítame allá estas pajas” te sacaban el trívium —o el quadrívium, bastante peor— y te dejaban con un miembro menos —adivina cuál—, nadie se animó a decirle a JC que, más allá de que esa actuación iba en contra del principio de presunción de inocencia, su esposa era inocente de todo punto, y la posibilidad de divorcio era nula, porque los romanos —un pueblo que comía semitumbado— constituía, por naturaleza, un conjunto de cobardes y vagos.

Como alegato final en defensa de la actitud de JC, adjunto un fotograma del biopic de 1953 (d. C.), dirigido por Joseph Mankiewicz, para que me digan si no son capaces de juzgar las intenciones de los protagonistas del affaire de un simple vistazo.


"¿Cómo te confiesas? - Izquierda
Impulsiva, pecadora, mala. Un bollo. - Derecha
(((Llámame zampabollos))) - Centro

Los tiempos pasan y las costumbres cambian.
Las palabras vuelan; lo escrito, permanece.

Pero, a pesar de ello, los latinajos se vuelven mutantes y se adaptan a los intereses de quienes los adoptan; en ocasiones, de forma sonrojante.

Y así, en esta sociedad enferma, azotada por la corrupción como mal endémico de quienes debían ser modelos a imitar, cada vez que surgen dudas (más o menos fundadas) sobre la conducta de algún personaje público (en función de su cargo, y no de su exposición), las mesas camillas en que se han convertido las tertulias dejan oír su voz a quien se considera cultivado, afirmando que un político debe ser como la mujer del César, “no sólo siendo honrada, sino, además, pareciéndolo”, olvidando que ese principio de escrupuloso comportamiento se daba a las esposas de los servidores públicos.

A éstos, cuando dejaban de servir a los intereses colectivos, sin más contemplaciones, se les ejecutaba.

Digo.

lunes, 19 de enero de 2015

Zeitgeist: Moving forward | 2011

Dirección: Peter Joseph

Parte I - Naturaleza humana
Parte II - Patología social
Parte III - Proyecto Tierra
Parte IV - Alzamiento



Con la participación de: Robert Sapolsky, Gabor Maté, Richard Wilkinson, James Gilligan, John McMurtry, Michael Ruppert, Max Keiser, Berok Khoshnevis, Adrian Bowyer, Jacques Fresco, Roxanne Meadows, George CarlinColin Campbell y Jeremy Gilbert.

*****

Antecedentes:

Zeitgeist (2007)
Zeitgeist addendum (2008)

domingo, 18 de enero de 2015

Nuestro amor empezó con un crac




Hasta que comprendimos las consecuencias.

Una campaña de SumOfUs.

Equilibrio

Esta mañana he madrugado.


Todo estaba tranquilo.

He visto un vídeo.



Es Michael Grab, un artista singular. Da forma al equilibrio.

Más detalles en su página web.


sábado, 17 de enero de 2015

Atrapados en el progreso

Al inicio de la lectura del libro de Nicholas Carr, “Atrapados”, tomé una nota en el margen:

Las explicaciones que elaboramos sobre el mundo (y las cosas que en él suceden) son meras abstracciones: construcciones sistemáticas de los hombres; nos ayudan a comprenderlo, pero no lo definen (o delimitan).


Intentando evitar citarme a mí mismo (pese a que asumo que claramente lo está pareciendo), me doy cuenta de que la conclusión a la que conduce el propio libro es que, quizá, esa presunción no sea del todo cierta, sino que, más bien, sucede al contrario:

"El ordenador nunca es una herramienta neutral. Influye, para bien o para mal, en la forma de trabajar y de pensar una persona. Un programa de software sigue una rutina particular, que facilita unas formas de trabajar y complica otras, y el usuario del programa se adapta a la rutina. El carácter y las metas del trabajo, así como los estándares por los que se juzga, son conformados por las prestaciones de la máquina. Siempre que un diseñador o artesano (o cualquier otra persona) se vuelve dependiente de un programa, también asume los preconceptos del fabricante de ese programa. Con el tiempo, termina valorando lo que el software puede hacer y descartando como algo secundario, irrelevante o simplemente inimaginable lo que no puede hacer. Si no se adapta, corre el riesgo de quedar marginado en su profesión [...]. El peligro que se cierne sobre los oficios creativos es que diseñadores y artistas, deslumbrados por la velocidad, precisión y eficiencia sobrehumanas del ordenador, acabarán dando por sentado que la automatización es el mejor camino. Aceptarán los pros y los contras que el software impone, sin evaluarlos. Se apresurarán por el camino del menor esfuerzo, a pesar de que un poco de resistencia, un poco de fricción, podría haber sacado lo mejor de ellos".

*****

El libro de Carr ofrece argumentos sobre las consecuencias de la adopción de la automatización (un proceso diferente de la mecanización):

“Cuando las personas abordan una tarea con la ayuda de ordenadores, son víctimas muchas veces de un par de afecciones cognitivas:
1 – La complacencia automatizada: estamos tan confiados que la máquina trabajará inmaculadamente y solucionará cualquier imprevisto que dejamos nuestra atención a la deriva.
2 – El sesgo por la automatización: damos un peso excesivo a la información que aparece en los monitores. La creemos incluso cuando la información es errónea o engañosa”.

Así, en el primer caso, desconectamos, dejando de atender y, en el segundo, terminamos en una zanja porque el GPS nos dice que sigamos una ruta, cuando es evidente que esa ruta no existe.

*****

Desconfiar del camino que está tomando la automatización (que ha reemplazado a la mecanización), no es renunciar al progreso. Quizá sea una reivindicación sobre la necesidad de pararse y ponerse a pensar; tratar de recuperar el control de un proceso que avanza de forma alocada, llevándonos a todos por delante, y que requiere volver a poner de nuevo a las personas en el centro del esquema: como protagonistas y, muy especialmente, como destinatarios de los beneficios que el progreso pueda suponer.

"Los diseñadores de la automatización informática asumen con frecuencia que los seres humanos son 'poco fiables e ineficientes', al menos comparados con un ordenador, y tratan de darles un rol tan pequeño como sea posible en la operación de los sistemas. Las personas acaban funcionando como meros vigilantes, observadores pasivos de pantallas. Ésa es una labor en la que los humanos, con nuestras mentes notoriamente errabundas, somos especialmente malos [...]. Nos aburrimos; soñamos despiertos; nuestra concentración se disipa. Esto significa, en palabras de Lisanne Bainbridge, "que es humanamente imposible desempeñar la función básica de vigilar en busca de anormalidades improbables". Y, dado que las habilidades de una persona se deterioran cuando no se usan, incluso un operador de sistemas experimentado acabará actuando en alguna ocasión como uno inexperto si su trabajo principal consiste en mirar en lugar de actuar. A medida que sus instintos y reflejos se oxiden por el desuso, tendrá problemas para detectar y diagnosticar imprevistos, y sus respuestas serán lentas y deliberativas en lugar de rápidas y automáticas. Combinada con la pérdida de percepción ambiental, la degradación de la experiencia aumenta las probabilidades de que, cuando algo se tuerza (como sucederá antes o después), el operador reaccione con ineptitud. Y una vez que eso ocurra, los diseñadores de sistemas trabajarán para poner incluso mayores límites al papel del operador, sacándole aún más de la acción y haciendo más probable que meta la pata en el futuro. La presunción de que el ser humano será el eslabón más débil del sistema se terminará cumpliendo".

Tratar de alentar debates de este tipo quizá arrojen sobre uno descalificaciones variadas: retrógrado, ludita (en recuerdo de aquellos revolucionarios que, a principios del XIX, quemaron máquinas y telares en Inglaterra, en oposición al maquinismo reinante), reaccionario, atrasado y otros.

"Los ideales democráticos y humanitarios de la Ilustración culminaron en las revoluciones de Estados Unidos y Francia, y aquellos ideales también influyeron en la visión de la sociedad sobre la ciencia y la tecnología. Los avances técnicos eran valorados como medios para la reforma política. El progreso se definía en términos sociales, y la tecnología jugaba un papel secundario".

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Quizá nos demos cuenta de que las herramientas ‘virtuales’ han dejado de ser virtualmente ‘herramientas’ (no sólo por ser etéreas, incorpóreas, intangibles, NO de hierro ni de ningún otro material), sino porque impiden la interacción humana para la realización de cualquier operación.

“La automatización debilita el vínculo entre la herramienta y el usuario, no porque los sistemas controlados por ordenador sean complejos, sino porque exigen muy poco de nosotros. Esconden su funcionamiento en un código secreto. Resisten cualquier implicación del operador más allá del mínimo indispensable. Desalientan el cultivo de habilidades en su uso. La automatización termina teniendo un efecto anestésico. Ya no sentimos nuestras herramientas como parte de nosotros”.

“Los problemas sociales y económicos causados o exacerbados por la automatización no se van a resolver echándoles más software encima […]. Si los problemas han de ser resueltos, o al menos atenuados, la sociedad tendrá que afrontarlos en toda su complejidad. Puede que tengamos que poner límites a la automatización para asegurar el bienestar de la sociedad en el futuro. Puede que tengamos que cambiar nuestra visión del progreso, poniendo el énfasis en el florecimiento social y personal, en lugar de en el avance tecnológico. Puede incluso que debamos valorar una idea que ha llegado a ser considerada impensable, al menos en círculos impensables: dar prioridad a las personas sobre las máquinas”.

Quizá sea el momento de mirar atrás y recordar a Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

Quizá podamos intuir un futuro distópico, no el reflejado en libros, sino el que aparece en películas infantiles.



Quizá sea el momento de levantarnos, de quitarnos de encima la modorra y la pereza, para tratar de vencer el engañoso ensueño que ofrece la comodidad.

“Uno de los aspectos más extraordinarios sobre nosotros mismos es también uno de los más fáciles de pasar por alto: cada vez que chocamos con lo real profundizamos nuestro entendimiento del mundo y pasamos a formar mayor parte de él. Mientras nos enfrentamos a un reto, puede ser que la motivación provenga de la anticipación de los fines de ese esfuerzo, pero es el trabajo –los medios– lo que nos convierte en quienes somos. La automatización secciona los fines de los medios. Hace más fácil conseguir lo que queremos, pero nos distancia de la labor de conocer”.

Quizá sea necesario recordar que la destreza es un camino hacia la(s) virtud(es).

“El talento del virtuoso surge de la automaticidad. Lo que parece instinto es destreza ganada a pulso […]. Sin un montón de práctica, repetición y ensayo de una habilidad en diferentes circunstancias usted y su cerebro nunca serán realmente hábiles en nada, al menos en nada complicado. Y sin práctica continuada, cualquier talento que posea se oxidará”.

“Dar los pasos necesarios para promover el desarrollo de la destreza –restringir el ámbito de la automatización, dar un papel mayor y más activo a las personas, impulsar el desarrollo de la automaticidad mediante el ensayo y la repetición- conlleva un sacrificio de la velocidad y del rendimiento. El aprendizaje requiere ineficiencia. Las empresas, que persiguen una maximización de la productividad y el beneficio, nunca (o muy pocas veces) aceptarían semejante canje. La principal razón por la que invierten en automatización, después de todo, es reducir costes laborales y coordinar operaciones”.

*****

Quizá sea el momento de volver a empezar.



Quizá.


jueves, 15 de enero de 2015

De JP 1931 a UB 2007

No se trata de Morgan, de nombre John Pierpont y oficio recaudador (aunque le perdieran los modos).

"Te meto un aval que te avío, pedazo de chusma"
Ni del otro con el que compartía apellido, aficiones y un insaciable apetito.

"Henry, el reclutador"



(((Digo esto por si las iniciales llamaban a confusión))).

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En realidad pensaba en Jardiel Poncela, maestro de la ironía.

"Duda existencial publicada en forma de novela en 1931"

El paso de los años —y el cambio de costumbres— ha hecho que la devaluación del mercado virginal vaya en caída libre.

Uwe Boll dio arranque a su película “Postal” (2007), de forma inolvidable.



Un centenar de ellas ya no significa nada.

*****

En estos días —cuando olvidamos que se asesinó a unos sarcásticos—, la mejor forma de homenajearlos es con humor.

Creo.

*****

Gracias a Thor.


miércoles, 14 de enero de 2015

martes, 13 de enero de 2015

Señales (proféticas)

Ella debe viajar a Madrid y me pide que consulte el tiempo.

"Predicciones para hoy"

— Despejado.
— ¡Qué bien!
— Once grados.
— Seguro que mañana hará más frío.
— Coge la bufanda.
— Sí. Eso haré.
— Yo no me fiaría mucho.
— ¿Y eso…?
— Fíjate. Dice que hay un riesgo de precipitaciones del 0%.
— Eso es bueno.
— ¿En Madrid? ¿Qué en Madrid van a estar sin precipitaciones?
— No empieces.
— ¡Si van todos acelerados!
— Para.
— …
— …
— Juas.

****

Bajo al entreno a L. y de camino escuchamos el delirante Les voy a decir una cosa de Carlos Alsina, sobre los pronósticos errados del astrólogo de confianza de Mahinda Rajapaksa, presidente de Sri Lanka que tuvo que ceder el poder a Maithripala Sirisena el pasado 9 de enero, tras perder en las elecciones que había convocado con dos años de antelación, siguiendo los consejos de un asesor que sólo pudo esgrimir en su defensa un decepcionante “Si se equivocaba Nostradamus, no nos vamos a equivocar los demás profetas”.

Juas.

*****

A la vuelta, encadeno una serie de canciones ofrecidas por la versión random del reproductor que llevo en el coche.

No sé por qué, pero tengo la idea de que un mensaje oculto se encierra en ellas.
Como si fuera un signo que sólo pudieran interpretar los augures.

Un mal presagio.

Deberé de ser precavido. Manipularé todo con sumo cuidado.
No quiero que nada se estropee.

Traveling WilburysHandle with care



Ya sé que parece una bobada.
Pero hay ésa sensación el aire.
Como una adivinación.

Bryan FerrySensation



No quiero obsesionarme.
Nada va a pasar.
No dejaré que me venza la asfixia de la lástima.

Stacey KentIsn’t it a pity



Sólo me causaría problemas.
Y un montón de recurrentes manías.

10.000 ManiacsTrouble me




Me haría sentir como un cobarde.
Despertaría un deseo irrefrenable de echar a correr.
Como si fuera un ladrón.

Bonnie RaittRun like a thief



No quiero eso.
Me apetece olvidarme de esas intuiciones absurdas.
Siempre son signos que interpreto mal, de forma precipitada.
No volveré a caer en esa artera trampa.

Al fin y al cabo, es sólo música.
Más que señales se trataría de sones.

Juas.

*****

Llego a casa y tengo que preparar la cena. Un arroz siempre resulta una opción atractiva.
No hay arroz. Debo bajar al súper. Cojo también unas salchichas; darán una nota de color al plato.

Juas.

*****

Por razones que escapan de mi comprensión la placa de inducción se ha bloqueado. En un recoveco de mi memoria recuerdo haber notado un imperceptible “piiii” mientras preparaba el café que me aticé para dormir la siesta; un ruido al que, entonces, ingenuo de mí, no presté la adecuada atención.

Siempre he pensado que las salchichas crudas están infravaloradas en el mundo gourmet.

Juas.