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jueves, 7 de febrero de 2013

Por Amor a la Música: José González — “Veneer” (2003)


Hacerse el sueco no implica, necesariamente, un intento de ser extravagante.

2003 — Veneer

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Un pequeño preámbulo.

La conozco de sobra. No porque haya estado allí. Pero la he recorrido. Muchas veces. Es parte de mi vida.


Creo que la primera vez que la visite fue con Steve McQueen, en “Bullitt” (dirigida por Peter Yates en 1968).



Luego se convirtió en el escenario de una serie de TV, protagonizada por Karl Malden y Michael Douglas —mucho antes de que confesara públicamente detalles de sus hábitos íntimos, que nadie necesitaba conocer (yo no, desde luego), pero que ya empezaba a provocar rechazo, con ese aire que siempre gastó y ese apellido que nos impuso; siendo su padre DUglas (Kirk), él era DAglas—. La serie es, por supuesto, “The streets of San Francisco” (emitida entre 1972 y 1977), que, según la fórmula habitual en la época, contaba en cada episodio con artistas invitados: he seleccionado el día en que apareció Robert Foxworth, antes de transformarse definitivamente en Chase Gioberti.


Y la recorrí de cabo a rabo, claro, en la inolvidable escena de “Foul play” (Juego peligroso), cuando Chevy Chase y una joven Goldie Hawn —la película, dirigida por Colin Higgins es de 1978; Hawn tenía ya 33 años pero, aunque siempre aparentó menos edad de la real, su empeño en mantenerse con aspecto juvenil compite en testarudez con el de Olivia Newton–John—, cogen el coche del casero, Burgess Meredith, y se embarcan en una trepidante persecución, tratando de llegar a tiempo al San Francisco Opera House, donde se prepara un atentado, orquestado por un asesino albino (William Frankfather), para acabar con la vida del Papa (Cyril Magnin), que asiste a la representación de una función de la ópera cómica The Mikado (ambientada en Japón, música de Arthur Sullivan, libretto de W. S. Gilbert), en la que el director de la orquesta es un atribulado (y antiguo conocido de Hawn) Dudley Moore. Tras confirmar la “Gran apertura” del escaparate del Uncle Luigi’s Pizza Palace, deben retomar la persecución, empleando primero una caravana (de una sola diligencia) y, tras convertirla en descapotable de forma expeditiva, la reemplazan por una limousine (tamaño medio) que trae, desde el aeropuerto, sin que se hubieran percatado al apropiarse de ella, a un matrimonio japonés que tendrá, para siempre, una historia que relatar acerca de la naturaleza de las relaciones entre los respectivos países, superando por fin el distanciamiento que supuso Pearl Harbour y fundamentadas en un memorable “Kojak, bang!, bang!”.


Hace poco, Ken Block decidió organizar la Gymkhana Five y poner a cualquiera los pelos de punta.


Pero, a pesar de que todo ocurría en el mismo escenario, con el protagonismo ubicuo de una ciudad, San Francisco, que recordaba haber recorrido tantas veces, de mi cabeza no se iban unas pelotas de colores, que, mientras caían en cascada, golpeaban mis sinapsis.


El anuncio de un TV.

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Quise saber quién interpretaba esa música. Supe que la versión original era de un grupo sueco, The Knife.


Y encontré el making of del anuncio.


Y averigüé que el intérprete, a pesar de su nombre, era también sueco: José González.

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El 24 de marzo de 1976 se produjo un golpe de Estado en Argentina y una Junta Militar asumiría todos los poderes, encabezada por el general Videla (al que se nombraría presidente), lo que abriría una página despreciable en la historia del pueblo argentino (de su gobierno, por descontado). No es motivo de este artículo analizar aquellos hechos bochornosos, pero, una de las múltiples consecuencias, es, para nuestro relato, que los padres de José González se verían forzados a huir de su país y establecerse en Suecia.

José nació en Göteborg en 1978 y creció, en un mestizaje productivo, escuchando música latina (especialmente del cubano Silvio Rodríguez), Bob Marley o Michael Jackson. Aunque su primera banda practicaba un hardcore punk, sus variadas influencias no hacían presagiar el aire folk en el que se movería en su trayectoria en solitario.

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2003 — Veneer

Un disco tranquilo, acústico, sin estridencias. Con un tono otoñal y que invita a la relajación y la calma y la escucha serena. Con aires de Nick Drake, o Elliott Smith, o Paul Simon. Una búsqueda de la vuelta a la naturaleza y una invitación al abandono de las prisas.

Un mar de tranquilidad.

Puede que no parezca nuevo y que sea fácil imaginarse a uno mismo intentando replicarlo.

Pero es precioso si dedicas tiempo a escucharlo.


02 Remain


04 Heartbeats


05 Crosses




08 Stay in the shade


09 Hints

10 Save your day


11 Broken arrows


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2007 — In our nature

Su segunda —y, de momento, última— entrega.


02 Down the line




05 Teardrop




06 Abram



09 Fold

10 Cycling trivialities



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En la tercera ronda del juego Por Amor a la Música, Tsi-na-pah propone una nueva clave que, ahora, es geográfica.

Un disco de un país. No es USA, ni Japón, ni Argentina, ni Cuba, ni Jamaica.

Es Suecia. De allí proviene José (aunque sus padres sean argentinos, San Francisco esté en California, los viajeros de la limo fueran japoneses, Silvio, cubano y Marley, jamaicano).

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Dos acentos finales:

Los suecos han exportado un sistema con el que pretenden convencernos que, juntando las piezas, puedes armar un puzzle. Y que hacerlo sea divertido.
Como si no lo supiéramos.

Podía haber dejado que su nombre se convirtiera en Ĵōŝě Ģŏņżǎǐәž, pero se esforzó en mantener las dos “Z” y el acento sobre la é y sobre la á.
Orgulloso de sus orígenes.

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Más detalles:

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...