sábado, 12 de septiembre de 2015

USA is: Maryland

Quizá resulte inevitable.

Nos embarcamos y, en ese instante, perdemos la perspectiva.

Puede que en el camino nos olvidemos de los motivos que nos impulsaron y, mirando hacia atrás, tratemos de buscar una explicación alternativa, nueva, diferente. Nos parece cierta, pero está condicionada por los resultados que alcanzamos.

Puede que nos veamos iguales que siempre y, pese a que ojos de cualquiera resulta evidente, no percibamos cómo nos hemos transformado.

Puede que tendamos a pensar que los viajes sean un conjunto de estampas, una serie de etapas inconexas que debemos ir superando. Pero, más que un inicio (o un final), en el viaje cobra importancia el tránsito.

No se puede caminar sin cambiar.

Los planes se establecen con antelación, en calma, desde un lugar en el que, con comodidad, tenemos la apariencia de controlar la situación. Pero deben ser alterados, moldeados, adaptados a las circunstancias que se presentan sin avisar.

Ningún plan es válido si no deja cabida a una pizca de improvisación.

Las cosas no son siempre sencillas. Las explicaciones simplistas no resultan suficientes (y son, por tanto, innecesarias).

Las líneas que se dibujan en un papel no son vistas desde el lugar que representan.

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Un viaje a USA, para conocer todos sus estados, lleva tiempo. Hoy es momento para Maryland, una de las Trece Colonias establecidas en América que se rebelaron contra el dominio británico en la región. La relación de colonias sublevadas, de norte a sur, era:

  1. New Hampshire
  2. Massachusetts (más tarde, Massachusetts y Maine)
  3. Rhode Island
  4. Connecticut
  5. New York (más tarde, New York y Vermont)
  6. New Jersey
  7. Pennsylvania
  8. Delaware
  9. Maryland
  10. Virginia (más tarde, Virginia, Kentucky y West Virginia)
  11. North Carolina (más tarde, North Carolina y Tennessee)
  12. South Carolina
  13. Georgia (más tarde, Georgia, algunas partes de Alabama y Mississippi)

El primer asentamiento de colonos británicos en América del Norte fue en Jamestown, Virginia. La película “El nuevo mundo” (2005) de Terrence Malick es un acercamiento libre a esa historia, prestando atención a la relación entre John Smith (Colin Farrell) y Pocahontas (Q’Orianka Kilcher).

En territorio de lo que más tarde sería Maryland William Clairbone establecería el primer puesto comercial, en 1631, año en el que George Calvert, lord Baltimore, solicita a la corona los derechos de propiedad y gobierno de la región de la bahía de Chesapeake. Su intención era mantener un reducto católico, en el que otros correligionarios pudieran establecerse y mantener su independencia del credo protestante que la mayoría inglesa profesaba en América. El rey Charles I aceptaría, antes de perder la cabeza, Cecil Calvert (hijo de George) heredaría tierras y títulos, siendo segundo lord Baltimore y primer propietario de la provincia, una vez dirimidas las diferencias con el plebeyo Clairbone.

En agradecimiento, Cecil nombra la colonia Maryland (“la tierra de María”) homenajeando a la reina Henrietta María de Francia, esposa de Charles.

Un estupendo follón, pues no debe olvidarse que la región estaba ocupada, desde unos diez mil años antes, por nativos algonquinos. Los colonos eran tipos que pretendían encontrar Eldorado, o eludir cuentas pendientes. Tratar de imponer una civilización, a quienes tenían una propia, sólo podía conseguirse a la fuerza, con estratagemas o con subterfugios.

Aquella debió ser una época fascinante.

Condados de Maryland

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Has llegado a la tierra de María.

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Old line state

“Fatti maschii, parole femine”
(Los hechos son masculinos; las palabras, femeninas)

El apodo es un homenaje a sus tropas de línea, elogiadas por George Washington en la guerra de la Independencia.

La bandera está compuesta por las de la familia de George Calvert. Los cuadros con el diseño en amarillo (oro) y negro (sable) fueron dados a Calvert, por su gesta en una batalla, tras asaltar una fortaleza (las barras verticales asemejan una empalizada). El diseño en rojo (gules) y blanco (plata) es el de la familia de su madre, los Crossland (de ahí la cruz). Todo queda en casa. En todo caso, es la única bandera que USA la heráldica británica.

El motto o lema era el de la familia Calvert. A la vista de la controversia que ocasiona tan desactualizado motivo (en italiano antiguo, no latín), hoy se expresa con un más aceptable “Firmes acciones, suaves palabras”. A Dios orando y con el mazo dando, que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda, más daño hace una pluma que una espada, mano de hierro en guante blanco, si no puedes reducirlo intenta seducirlo, son otras interpretaciones que podrían argüirse para terminar comprendiendo que, en el escudo actual del estado —donde aparece el motto, un texto en latín, “Scuto bonæ voluntatis tuæ coronasti nos” (“Un escudo de buena voluntad tuya, Señor, bendice y corona al justo”), un granjero (con pala y botas de caña alta) y un pescador (mostrando una pieza cogida por su cola) apoyados en el escudo familiar cuatricolor y, en tiempos, una leyenda que indicaba que “la industria es el medio, la prosperidad el resultado”—, ese conglomerado, digo, forma el anverso ya que, por si todo eso fuera poco, el reverso esconde el antiguo escudo en el que un caballero, con armadura y espada desenvainada, monta a una caballo rampante, pese al peso, con una orla en la que se lee, traducido del latín, “Cecil, señor absoluto de Maryland y Avalon, lord Baltimore”. No se andan con chiquitas.


En el mapa se ve la ubicación del estado, enclavado entre Delaware, Pennsylvania y las dos Virginias. La bahía Chesapeake y la desembocadura del Potomac (río arriba se encuentra la explicación al cuadrado que se adentra, entre los condados de Montgomery y Prince George, para dar cabida a la capital del estado, Washington, DC) marcan los límites para el puntal en que remata el condado de St. Mary.

Capital y ciudades

La capital del Estado es Annapolis. Enclavada en el condado de Anne Arundell, llamado así en honor a la esposa de Cecil Calvert, lord Baltimore, fundador y primer propietario de la provincia. Tras el tratado de París de 1783, que puso fin a la Guerra de Independencia, Annapolis fue capital USA durante un breve periodo de tiempo, en el que George Washington presentó su renuncia como comandante en jefe del ejército y se dieron los primeros pasos, en una convención que trataba de regular el comercio en todos los estados, anticipando la de Philadelphia en la que, en 1787, se firmaría la Constitución de los Estados Unidos.

La ciudad más poblada del estado es Baltimore. Otras ciudades con más de 50.000 habitantes son: Frederick, Rockville, Gaithersburg y Bowie.

Canción

Eva Cassidy nació en Washington, DC, en el hospital al que su madre acudió a parir, el 2 de febrero de 1963. La familia vivía en Oxon Hill, Maryland. Más tarde establecerían su residencia en Bowie, el lugar que Eva consideró siempre su casa.

Desde pequeña mostró interés en la música. Su padre le enseñó a tocar la guitarra.

La proximidad con el núcleo de la capital de la nación hizo que Eva empezara a frecuentar el circuito de Washington, donde inició su trayectoria musical. Los comienzos son difíciles y Eva trastabillaba. No le importaba en exceso, porque no mostraba esa taimada ambición que hace claudicar a algunos, sometiéndose a los deseos de los intermediarios o los gustos del público.

Ella, por su parte, era firme defensora de un estilo propio, de una forma particular de afrontar su carrera como cantante.

Ecléctica a la hora de elegir los temas que interpretaba, dotaba a su repertorio de un sello característico que, de manera sucinta, se resume en una explosión de sensibilidad. Se atrevió con los más grandes. Versionó a Billie Holiday, Ray Charles, John Lennon, James Carr, Judy Garland, Peggy Lee, Little Willie John, James Brown, Bill Withers, Paul Simon, Box Tops, Cyndi Lauper, Joni Mitchell, Fairport Convention, Patti Page, Dolly Parton, Aretha Franklin, Patsy Cline, Willie Nelson, Fred Astaire, T-Bone Walker, Simon & Garfunkel, Al Green, Curtis Mayfield, Fleetwood Mac, Sting o Louis Armstrong.

Su criterio selectivo es una muestra definitiva de su exquisito gusto.

En todo caso, su independencia fue una traba para un reconocimiento acorde a su espléndido talento. Todos los que le escuchaban se quedaban fascinados. Uno de ellos fue Chuck Brown, un veterano del funk, que se empeñó en grabar un disco junto a Eva, “The other side” (1992). La buena acogida hizo que surgieran ofertas para grabar como solista. Eva las rechazó todas. Las discográficas querían que se centrara en una colección de temas más uniforme y que modulara su estilo para darle un aire pop —entendiendo aquí el término como la metáfora de una burbuja, inconsistente y efímera, que desaparece sin dejar rastro—, algo a lo que Eva no mostró la menor disposición.

Siguió actuando en la escena local, asombrando a los privilegiados que pudieron verla en directo. Dos incondicionales, Chris Biondo (ingeniero de grabación, bajista, amigo y amante ocasional) y Al Dale (su manager desde que fueron presentados por Biondo) se convencieron de que debería publicar las canciones que interpretaba en directo. Programaron dos sesiones en Blues Alley (un club de Washington, DC) para el 2 y el 3 de enero de 1996. Un problema en la grabación, el primero de los días, hizo que las tomas no fueran aprovechables para su posterior edición. El segundo día, Eva tuvo problemas de salud, desconocidos entonces, que afrontó con entereza. Eso hizo que reconociera que “no estaba satisfecha con cómo sonaba su voz ese día”, pero, al ser el único material disponible, el disco se publicó en mayo con las grabaciones del día 3.

Un mes después, durante la promoción del disco resultante, “Live at Blues Alley”, Eva empezó a notar fuertes dolores en la cadera. Se le diagnosticó un cáncer de piel, en fase terminal. El agresivo tratamiento al que se sometió no resultó efectivo y fallecería el 2 de noviembre, con 33 años, en su residencia familiar, en Bowie, Maryland.

En su última actuación, para un grupo de amigos, interpretó “What a wonderful world”.


“He visto árboles verdes, y también rosas rojas
He visto cómo florecían, para ti y para mí
Y he pensado, ¡qué maravilla de mundo!

He escuchado a bebes llorar, y luego los he visto crecer
Ellos aprenderán mucho, más de lo que yo sabré nunca
Y he pensado, ¡qué maravilla de mundo!

Los colores del arco iris, preciosos en el cielo
También están en las caras de las personas que veo pasar
Veo amigos estrechándose la mano, diciendo: “¿qué tal?”
Cuando en realidad lo que dicen es: “te quiero”
Y he pensado, ¡qué maravilla de mundo!

*****

Tras su muerte, y conforme a sus deseos, fue incinerada y sus cenizas esparcidas en una reserva natural cercana a Callaway, en el condado de St. Mary, en Maryland.

Una cadena de acontecimientos —en que se incluye una cantante folk local, el propietario de un sello discográfico, el productor y el presentador de un programa de la TV británica, algunos críticos musicales con gusto y olfato, relevantes cantantes famosos que se declararon rendidos ante su calidad como intérprete, una patinadora sobre hielo que incluyó un tema suyo como banda sonora de su rutina en los juegos Olímpicos de invierno de 2002 y, con mayor desvergüenza, una cantante británica de origen georgiano y un cantante americano con escaso talento y ánimo rapiñero, empeñados en hacernos creer que Eva hubiera consentido cantar junto a ellos unos dúos en los que lucen palmito mientras ella se muestra en plenitud— llevaron al éxito post-mortem y a la triste reflexión de que, quien era rechazada por mantenerse fiel a sus ideas artísticas, alcanzaría el reconocimiento worldwide y, muy en concreto, en UK, donde 3 de sus discos —“Songbird” (1998), “Imagine” (2002), “American tune” (2003)— alcanzarían el #1.

Una historia que sólo puede terminar caminando en campos de cebada.

Libro

Ebenezer Cooke es un poeta y virgen. Poeta, antes de haber escrito. Virgen, por no haber consumado.

Aristóteles no aprobaría esta forma de entender potencia y acto. Pero disfrutaría leyendo “El plantador de tabaco”, de John Barth.

Una novela publicada en 1960, ambientada a finales del siglo XVII, cuando el protagonista es enviado a los territorios de ultramar, con dos proyectos en los que se desenvuelve con desigual fortuna: preocuparse de la plantación de tabaco de su padre y ocuparse en escribir un poema épico sobre la vida en las colonias, la Marylandíada:

"¡La Marylandíada! Una obra épica que acabará con todas las obras épicas: la historia de la casa principesca de Charles Calvert, lord Baltimore y lord propietario de la provincia de Maryland, en la cual se refiere la heroica fundación de dicha provincia. El valor y la perseverancia de sus colonos, batallando contra la naturaleza bárbara y los temibles salvajes, para rescatar su territorio inculto y transformarlo en un paraíso terrenal. La majestad y discernimiento de sus propietarios, quienes, cual jardineros reales, mimaron las tiernas semillas de la civilización en tan rudo suelo plantadas, tratándolas y cultivándolas para que fructificara una Maryland de belleza que no cabe describir: verde, fértil, próspera y culta; poblada por hombres valerosos y mujeres virtuosas, por gentes sanas, hermosas y refinadas: una Maryland, en fin, de pasado esplendoroso, presente majestuoso y futuro glorioso, la joya que más reluce en la bella corona de Inglaterra, poseída y gobernada, para beneficio de ambas, por una familia que nada tiene que envidiar a ninguna otra de las que figuran en los anales de la historia del mundo universal, todo ello, en rima heroica, impreso en lino, forrado en piel de becerro, estampado de oro... -al llegar aquí Ebenezer se inclinó, dando un sombrerazo- y dedicado a Vuestra Señoría".

  
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Una delicia de lectura, colosal en sus dimensiones y en la ambición de su autor, un extraordinario narrador.

Otra forma de ver un nuevo mundo, incluyendo la historia de Pocahontas y John Smith en territorio virgen, antes de que la factoría Disney o Terrence Malick quisieran dar una versión alternativa.

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Las aventuras de un pícaro para recuperar su legítima herencia.
El empeño de un manchego en busca de entuertos que desfacer.
Un narrador enredado, incapaz de avanzar en la explicación de su vida.

Tom Jones, Quijote o Tristram Shandy son referentes que uno (yo) imaginaba en una lectura inolvidable. Un libro que, según mi amigo Tongoy, hace que el mundo sea un poquito mejor, constituyente del más eficaz remedio contra el tedio.

Tantas idas y venidas, tantos cambios de personalidad, tantas cosas que aparentaban ser de una forma y terminaban siendo de otra distinta, tantas peripecias hacen del libro un prodigio divertido y erudito.

El estrecho margen que delimita lo que es real y lo que es ficticio es tan estrecho que, en realidad, carece de importancia.

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Un dicho inglés sostiene que no se debe juzgar un libro en función de su portada. Quizá fuera George Eliot quien se atreviera a afirmarlo, amparada su figura bajo el nombre de un varón. Aunque nadie haya afirmado nada sobre juzgar un libro por su grosor, quizá pensando que podía no hacer falta.

Valorar una obra artística por el esfuerzo (léase tiempo) que conlleva acabarla es un enfoque mezquino. Quizá la satisfacción que produce sea más adecuado.

Y las que supone contemplar las intrincadas relaciones entre personas que mudan de apariencia, sentido ético y continente en el que residen, adoptando nuevas personalidades o matizándolas, participando en tal cantidad de singulares requiebros en los que resulta fácil perder el resuello, tratando de comprar un cuaderno o formando parte de un atípico y definitivo juicio.

Una verdadera delicia, sin duda. Un tiempo bien empleado.

Edita Sexto Piso.

Película

Dicen que los finales de siglo provocan en la humanidad respuestas irracionales, premonitorias de un pretendido fin del mundo. Cuando se trata de finales de milenio, se alcanzan niveles de brotes psicóticos, demenciales, al borde del delirio, a los que resulta difícil sobreponerse.

Ahora suena a coña pero, en 1999, la idea de que el efecto 2000 acabaría con la civilización (la occidental, entendíamos) alcanzó una notable extensión y un grado inesperado de credibilidad.

En ese ambiente crédulo Eduardo Sánchez y Daniel Myrick consiguieron que su película fuera un fenómeno paranormal. En esencia: tres estudiantes de cine (Heather Donahue, Michael C. Williams y Joshua Leonard) tratan de hacer su proyecto de fin de carrera, en 1994, en los bosques cercanos a Burkittsville, Maryland, con un documental sobre una leyenda local, la bruja de Blair. Desaparecen sin dejar rastro. Más tarde se encuentra el material que habían grabado, con profusión de primeros planos y aspecto casero. Es la base en la que se apoya una de las películas más rentables de la historia del cine (atendiendo al ratio entre inversión y recaudación), capaz de difuminar los límites entre ficción y realidad, y sustento para la aparición estelar en España de Iker Jiménez, reconocido por sus efectos para alterar el sueño (provocando insomnio o profundo sopor, dependiendo de la persona que esté al otro lado de la nave del misterio).



Serie de TV

El cambio de formato en los productos para TV es harto evidente.
Hemos pasado, en un pispas, de episodios independientes de 20 o 45 minutos de duración (sin soluciones intermedias), a tochos en los que debe completarse el visionado completo del conjunto de una serie (todas las temporadas) para comprender el intrincado nudo de relaciones que se establecen en su desarrollo. Y ni por esas. En algunos casos puedes acabar perdido.

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En fin.

Cada uno se tomará las dosis de la manera que considere más oportuno.

Pero si soy capaz de dedicarme a contemplar los 60 episodios de las 5 temporadas de “The wire”, es evidente que no se trata de falta de tiempo, sino de la forma en que quiero invertirlo.

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Una producción de HBO, emitida en USA entre 2002 y 2008. Creada por David Simon. Narra la vida en Baltimore, la ciudad más poblada del estado de Maryland.

Cada una de las temporadas se centra en un aspecto diferente de la vida en la ciudad: policía, puerto, políticos, educación y prensa.

La sintonía es la misma, con distintas imágenes e intérpretes diferentes para cada temporada: The Blind Boys of Alabama, Tom Waits, The Neville Brothers, DoMaJe, Steve Earle.



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La ficción narrativa ha desarrollado su propio lenguaje. La edad de oro de las series de TV parte de la madurez del público. El claroscuro es un terreno propicio para la ficción, porque es el más parecido a la vida real. La complejidad de los asuntos en que nos vemos envueltos, de las personas que nos rodean, de nosotros mismos, no permite despacharse con etiquetas en las que lo blanco es prístino y lo negro tiene capacidad entrópica para atraer la luz.

Que todo tiene matices, vaya. Que no todo se resuelve diciendo quién es bueno o malo. Que a veces depende de cuándo y de cómo.

No es una serie para quien quiera sesenta horas de desconexión continuada, no sé si me explico.

Visita obligada

La bahía de Chesapeake. Alimentada por los ríos Chester, Choptank, Nanticoke y Pocomoke (en su vertiente este) y Patapsco, Patuxent, Potomac, Rappahannock, York y James (en la oeste) constituye el mayor estuario de los Estados Unidos.

Sobre ella, un espectacular puente conecta ambas vertientes, a la altura de Annapolis, con el Sandy Point State Park a un lado y, al otro, la isla de Kent.



No hay mejor metáfora para describir la vida que un río que fluye, de forma continua, purificando las orillas que encuentra, llevándose las impudicias que vertemos a su paso.

Una frontera natural que delimita márgenes y propicia un final para una entrada que se prolonga en exceso.

Ubicación

Wikipedia

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Otros Estados:

Alabama (Montgomery)
Nebraska (Lincoln)
Ohio (Columbus)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Contadores

El asunto se plantea de la siguiente manera: llego a mi domicilio, a las diez de la noche (del 9/09/15) y, en el portal han pegado un cartel anunciador que no se encontraba cuando salí a las cuatro, tras haber comido en casa.


Lamento la calidad de la fotografía; es la mejor de las (4) que he tomado.

Que me cambian los contadores. Desconozco los propósitos de una Orden con fecha del Día de los Inocentes, pero sé que me costará dinero:

—   Por la sustitución. Que deberé pagar yo.
—   Y por el aumento en la factura. Que también pagaré yo.

No es lo que más me molesta. Digamos que debo aceptar este abuso (en el que participan, en connivencia, el Gobierno y las eléctricas).

Lo que me resulta ofensivo es que, viendo que argumentan que la sustitución resulta necesaria porque deben instalar otros, electrónicos, que
permitan la discriminación horaria
de los consumos y la telegestión (nos controlarán a distancia), sean incapaces de concretar un día (puede ser mañana, día 10, o pasado, día 11) ni, ya puestos, fijar una horquilla horaria menos indiscriminada.
Hora aproximada: 8 a 18 h.

No se me ocurre mayor sinsentido que permitir que unos tíos que no son capaces de fijar día, ni aproximar un horario con menos de 10 horas de margen, sean los que me digan cuánto más voy a tener que pagar.

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Os dejo. Me voy a acostar, a esperar a los de EDP (porque no necesitaré estar presente, pero llamarán a todos los botones del portero automático para que alguien les abra, buenos son ellos).

viernes, 4 de septiembre de 2015

Juegos de verano

Tras una laaaaaaaaaaarga pausa vuelvo para enseñaros mi colección:
palabras terminadas en ancia o encia.

Un día, yendo en canoa, bajando el Eo, algunos amigos me ayudaron a buscar: Yago, Martín, Iñigo, Ian, Luis, Álvaro, Hugo, Miguel, Bea, Álex, Pelayo, Gonzalo, Toñi, Isabelle, Antonio, Ana, Javi, Totó, Jesús, Juliana, Roma.


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He limitado su número a 300.
Más, me parecía un exceso.

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No se incluyen países o ciudades, así que no están Francia o Florencia.
Tampoco Maguncia.

No están Hortensia o Ansia, porque constituyen terminaciones excepcionales.

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La lista completa:

Incidencia / Incumbencia / Creencia / Coherencia / Rancia / Docencia / Concordancia / Circunstancia / Equidistancia / Residencia / Indulgencia / Valencia / Vehemencia / Intrascendencia / Beneficencia / Conferencia / Apariencia / Carencia / Exuberancia / Intransigencia / Emergencia / Ciencia / Inmanencia / Incongruencia / Intemperancia / Inteligencia / Complacencia / Piromancia / Evidencia / Magnificencia / Reticencia / Menudencia / Prominencia / Intolerancia / Contingencia / Vigilancia / Coalescencia / Querencia / Inadvertencia / Condescendencia / Deficiencia / Reverencia / Sugerencia / Turgencia / Consciencia / Paciencia / Prudencia / Interferencia / Solvencia / Necromancia / Alternancia / Ambulancia / Pendencia / Cartomancia / Iridiscencia / Vigencia / Gerencia / Conveniencia / Grandilocuencia / Convivencia / Lactancia / Incoherencia / Obsolescencia / Tenencia / Diferencia / Flatulencia / Asistencia / Infancia / Convergencia / Transparencia / Aquiescencia / Redundancia / Presidencia / Asonancia / Inexistencia / Imprudencia / Permanencia / Arrogancia / Injerencia / Recencia / Fluorescencia / Autosuficiencia / Descendencia / Experiencia / Congruencia / Opalescencia / Efervescencia / Petulancia / Inconveniencia / Anuencia / Tendencia / Tumescencia / Providencia / Impaciencia / Interdependencia / Indigencia / Inconstancia / Afluencia / Intermitencia / Sustancia / Indecencia / Perseverancia / Tolerancia / Insistencia / Condolencia / Inapetencia / Contundencia / Inferencia / Ausencia / Pervivencia / Elegancia / Licencia / Connivencia / Tangencia / Desobediencia / Inasistencia / Existencia / Omnipresencia / Relevancia / Refulgencia / Influencia / Malevolencia / Luminiscencia / Adolescencia / Indolencia / Concurrencia / Recurrencia / Regencia / Renuncia / Somnolencia / Fraudulencia / Jactancia / Convalecencia / Excrecencia / Consecuencia / Inclemencia / Jurisprudencia / Delincuencia / Presciencia / Fosforescencia / Reminiscencia / Ponencia / Referencia / Prepotencia / Ascendencia / Clemencia / Violencia / Decadencia / Vagancia / Negligencia / Deferencia / Correspondencia / Ganancia / Dolencia / Protuberancia / Ortodoncia / Preexistencia / Pertenencia / Insolvencia / Subsistencia / Demencia / Conciencia / Vuecencia / Ignorancia / Precedencia / Impertinencia / Procedencia / Adherencia / Dominancia / Temperancia / Insurgencia / Preferencia / Exigencia / Coexistencia / Corpulencia / Consonancia / Renuencia / Desavenencia / Reluctancia / Divergencia / Antecedencia / Opulencia / Impotencia / Predominancia / Transigencia / Inocencia / Abundancia / Pertinencia / Insolencia / Discordancia / Militancia / Confluencia / Ambivalencia / Coincidencia / Avenencia / Insuficiencia / Supervivencia / Sentencia / Sanguinolencia / Disidencia / Transferencia / Constancia / Sinsustancia / Coeficiencia / Resiliencia / Disonancia / Preponderancia / Cadencia / Rimbombancia / Secuencia / Persistencia / Decencia / Instancia / Reincidencia / Insignificancia / Inexperiencia / Equivalencia / Quintaesencia / Provincia / Confidencia / Competencia / Denuncia / Suplencia / Estridencia / Comparecencia / Incontinencia / Excedencia / Resistencia / Trascendencia / Abstinencia / Turbulencia / Extravagancia / Displicencia / Potencia / Benevolencia / Advertencia / Consistencia / Virulencia / Discrepancia / Inconsciencia / Ocurrencia / Obediencia / Herencia / Truculencia / Excelencia / Videncia / Absorbencia / Importancia / Improcedencia / Desinencia / Repugnancia / Resonancia / Mantenencia / Penitencia / Indiferencia / Exorbitancia / Maledicencia / Concomitancia / Flagrancia / Incompetencia / Elocuencia / Apetencia / Clarividencia / Quiromancia / Beligerancia / Dependencia / Fragancia / Omnisciencia / Sapiencia / Suficiencia / Nigromancia / Irreverencia / Circunferencia / Estancia / Concupiscencia / Incandescencia / Vivencia / Diligencia / Frecuencia / Eminencia / Esencia / Independencia / Distancia / Continencia / Rutilancia / Inconsistencia / Audiencia / Comandancia / Presencia / Eficiencia / Preeminencia / Prestancia / Pestilencia / Florescencia / Omnipotencia / Inminencia / Intendencia / Plenipotencia / Impedancia / Agencia

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Propongo dos juegos:

1 - Acertar (y encontrar) las palabras que terminan en incia [1], oncia [1] y uncia [2].
2 - Averiguar cuál no está en el diccionario; que reclamo como aportación propia.

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Otro juego veraniego que resultó un éxito fue el intento de contar, de uno a cincuenta, en números romanos:

Palito / Palito, palito / Palito, palito, palito / Palito, uve / Uve / Uve, palito …

Pruébalo. Es más difícil de lo que parece.

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Y algo relacionado con la edad (incierta), de lo que tendréis novedades más adelante.

lunes, 29 de junio de 2015

Más allá de la tele

Mi amigo José Oso me invitó a participar en su espacio de radio, Asturias X2, que se emite los fines de semana en la RPA.

La sección en la que voy a colaborar se ha titulado “Más allá de la tele” y, como si fuera Carol —la niña de la película “Poltergeist” (dirigida por Tobe Hooper y producida por Steven Spielberg) que interpretaba Heather O’Rourke—, me dejaré atrapar por las escenas que emita la TV; muy en concreto la publicidad, intentando rastrear las pistas que, a veces de forma imperceptible, deja en nosotros.

Escucharé el siempre inquietante: “ya están aquí”.


La primera entrega (sábado 27 de junio de 2015), se ocupó de dos anuncios.
Tuvo una cara B, un spin-off (domingo 28 de junio de 2015).

Ambas se adjuntan, gracias a Fernando L-C, radiofonista genial y primo mío.





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La gaseosa siempre fue el complemento adecuado para una cerveza o un vino corriente.
Una entre muchas alcanzó singularidad gracias a un anuncio clásico, en el que se empleaba el slogan: “pídela en cualquier parte” y el recurso que adquirió un soniquete familiar: “si no hay Casera, nos vamos”.

Este verano, su propuesta pasa por familiarizarte con los Sandoval.
Quizá hayas pensado organizar un “barullo con los tuyos”.



El anuncio busca identificarse con el grueso de la población.
Lo más grueso, quizá.
La letra es pura poesía:

Hola buenas tardes, oeo, somos la familia Sandoval.
Hemos quedado por whatsapp para una comida familiar.
Ha venido hasta la abuela, en pareo, eo eo eo.
Y las mil nos van a dar…

La música es reconocible.
Una de las estrategias de los publicistas consiste en tomar un tema antiguo, traducirlo, aplicar un par de tópicos actuales y aprovechar el tirón de una buena melodía (y una patochada a modo de paso de baile).

Una canción con 30 años de antigüedad, incluida en el disco Different light, como otro éxito de la banda (“Maniac monday”).

El grupo femenino que lo interpretaba eran Bangles, liderado por Susanna Hoffs (una belleza con una manifiesta incapacidad para mirar de frente), que lo petarían en 1988 con una llama eterna, destinada a ser incluida en todos los recopilatorios de Kiss FM, “Eternal flame”.

La canción que formaba parte del anuncio de La Casera era la que invitaba a andar como un egipcio. El vídeo original presenta un montón de personas que se apuntaban a hacer el ridículo (incluyendo a iconos de la década, como Lady Di o Gadafi). Es “Walk like an egyptian”.



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En abril de 2014, un tipo, con pelo desaliñado y gafas oscuras, se para en el escaparate de una tienda de animales a leer el anuncio y, con aspecto de haber fumado, deja funcionar la asociación libre para sentirse inspirado.



Recogemos, cortamos el pelo, bañamos y devolvemos a su perro.
KNI 7727.
Cigarrillos y tabaco.
Se venden animales y pájaros a comisión.

Quiero un perro que recoja y limpie el baño…
me devuelva el cigarrillo…
dé tabaco a mis animales…
y dé comisión a mis pájaros…

Busco a alguien que venda mi perro…
Recoja mi corte de pelo…
Compre mi animal…
Y anime a mi pájaro…

Busco un sitio que recoja mi comisión…
Venda mi perro…
Queme mi pájaro…
Y me venda el cigarrillo…

Voy a pajarear mi compra…
Recoger mi voluntad…
…

Las imágenes eran conocidas. Estaban incluidas en el documental “No direction home” (Martin Scorsese, 2005). La secuencia completa se encuentra bajo el título “Burn my bird” (“Quema mi pájaro”).

No lo he dicho todavía, pero las notas de la canción más influyente del siglo XX (y versionada) no necesitan presentación.

Se trata de Bob Dylan.

Alguien que había aprovechado la tradición (folk) para, aprovechando su formato (guitarra acústica y armónica), realizar preguntas incómodas (“Blowin’ in the wind”) o avisar de la llegada de cambios (“The times they are a-changin’”).

Un artista al que se consideró la voz de una generación (algo que él siempre rechazó), que daba la sensación de que podía hacerlo todo solo (porque rechazaba actuar con acompañantes), al que no gustaba la publicidad (y rechazaba cualquier oferta para que sus canciones formaran parte de anuncios, ordenando retirar la publicidad presencial de los lugares en que actuaba), que adquirió con el tiempo prestigio y reconocimientos (como el Premio Príncipe de Asturias de las Artes de 2007, que rechazó venir a recoger, o el Nobel de Literatura al que se le considera candidato sempiterno y que nadie sabe si será capaz de rechazar).

Una piedra fundamental en la construcción de la cultura contemporánea; rodante y esquivo, dotado de una afianzada personalidad; no le atemorizaba provocar conflictos por sus cambios de criterio, como demostró en 1965, grabando Highway 61 revisited (la autopista que le llevó desde su hogar natal en Minnesota hasta New Orleans), enchufando su guitarra y empleando una banda de acompañamiento; entre los temas de aquel notable disco, su canción más memorable, “Like a Rolling Stone”, con el característico sonido del órgano de Al Kooper.



Tras haberse opuesto, de forma radical, a la publicidad, en 2004 da un giro radical. Decide que no hay nada malo en ser el punto (si la contra es Adriana Lima) y protagoniza un spot revolucionario, dejándose seducir por las tentaciones de Victoria’s secret, permitiendo que se le escuche (y se le vea) en “Angels in Venice”; se ha perfilado el bigote, pero sus intenciones distan de ser secretas: el tema empleado, “Love sick” (“Amor enfermo”) da idea de que Dylan anticipa la repercusión; quizá intuya que le vayan a calificar como “vendido” (resulta ingenuo dudar que el mensaje publicitado deba completarse con una venta).

El anuncio se emitió en abril de 2004, un par de meses después de la edición de la Super Bowl, del año en que es fácil acordarse del pecho fugaz de Janet Jackson, acompañada por un sorprendido Justin (Timberlake).

Visto que, vencida la primera tentación, resulta fácil dejarse llevar por la corriente, Dylan se convirtió diez años más tarde en el protagonista de la publicidad del evento deportivo más importante. En su momento, se hizo una crónica detallada.

Anunciar un banco, tras el despliegue previo de dos meses atrás, tuvo una repercusión restringida. Es la única explicación posible para que pasara desapercibida (para publicistas, anunciantes y clientes) la glosa de un bardo —crepuscular, pero siempre inspirado— en la que describe, con pleno acierto, los objetivos de una entidad bancaria:

Busco un sitio que recoja mi comisión…
Venda mi perro…
Queme mi pájaro…
Y me venda el cigarrillo…

Y eso que, a la vista del nivel de inglés patrio, los holandeses se tomaron la molestia de subtitular en español lo que Dylan decía en 1966, en UK, en Londres, en la gira de promoción de su recién publicado Blonde on blonde.

Ni así fuimos capaces de identificar su declaración de intenciones (comisión, vender, quemar, vender).

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Dylan representa una cara del sueño americano: un varón blanco, de familia acomodada, judío, residente en NY, dotado de talento.

En su canción evoca a una joven que ha pasado por su mejor momento y, a tenor de las vueltas que da la vida, se ha convertido en alguien sin rumbo, en un canto rodado.

Hubo una época en la que te vestías muy bien.
Arrojabas una moneda a los vagos, en tu plenitud.
¿No es verdad?
La gente te advertía: "Ten cuidado, muñeca, puedes caer".
Pensabas que bromeaban.
Solías reírte de los que andaban por ahí.
Ahora ya no hablas tan alto y no pareces tan orgullosa.
Tienes que mendigar tu siguiente comida.
¿Qué se siente?
Estar sin hogar, como una completa desconocida.
Como una piedra rodante.

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Como si fuera un disco de vinilo, darle la vuelta implica encontrar más material, el que conforma la segunda parte de la primera entrega (domingo 28 de junio de 2015).

Y, como en el vaticinio de la película: “ya están aquí”.

El lado tenebroso, oscuro, torturado y magnético que todos tenemos; aquél que configura las señas de identidad de los negros americanos y que alcanzó plena dimensión (y difusión) musical en los años ‘60s y ‘70s: el soul.

Si para un judío urbanita de familia acomodada los desvaríos de una pérdida de rumbo se manifiestan en la condición adquirida de una joven que, habiendo tenido una época de esplendor, sus perspectivas se oscurecen con los vaivenes de la fortuna, para un negro ser una persona sin rumbo es una cuestión de carácter.

El canto rodado que se deja llevar por la corriente se transforma en un trotamundos, una bala perdida; alguien capaz de sentir que el hogar es cualquier lugar donde se deje el sombrero.



Era el 3 de septiembre.
El día que siempre recordaré.
El día en que murió mi padre.

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1972 supuso el advenimiento de la segunda cima creativa del más fantástico conjunto vocal que haya dado el soul. En 1964 alcanzaron la primera de ellas, con la grabación de “My girl”. Por aquel entonces David Ruffin y Eddie Kendricks todavía formaban parte del quinteto. Las diferencias, marcadas por unos egos superlativos, no habían aparecido y Temptations se mantenía como un conjunto cohesionado. La dirección artística, en manos de su compositor y productor principal, William ‘Smokey’ Robinson, garantizaban la validez del apodo por el que serían conocidos siempre: los Emperadores del Soul.

El cambio de década —y de compositor— hizo avanzar al Imperio en nuevos estilos y territorios. Norman Whitfield y Barrett Strong les llevaron a la psicodelia, al desarrollo instrumental de unas entradas que adquirían el empaque de una obertura, mientras continuaban con su coreografía y su vestimenta se mostraba exagerada, acorde a una época proclive al exceso.

El inicio, con el inolvidable riff de bajo de James Jamerson (acompañado por el resto de Funk Brothers, el combo instrumental que aparece en la sombra de muchos de los éxitos de Motown, el guante blanco), continua con el trabajo sobre los platillos, los violines y la guitarra de Melvin ‘Wah Wah Watson’ Ragin.

La entrada da paso a las estrofas, cada una de las cuales cuenta con un liderazgo vocal distinto. Los Temps’ de 1972 (Dennis Edwards, Melvin Franklin, Richard Street, Damon Harris, Otis Williams) se alternan preguntando a su madre sobre las historias que han oído contar de su padre, fallecido el 3 de septiembre. Han escuchado que era malo, que no trabajó un día en toda su vida, que tenía tres hijos con otra mujer, que sermoneaba a la gente intentando salvar almas y vivir del cuento, que negociaba con deudas, que robaba en nombre del Señor, que jugaba a las cartas, que no pensaba mucho las cosas, que gastaba su tiempo persiguiendo mujeres y bebiendo. Un personaje singular, al que hubiera resultado entretenido conocer.

La respuesta de la madre era siempre repetitiva y lacónica:

"Hijo, papá era una bala perdida.
Donde tuviera su sombrero,
Ése era su hogar.
Cuando murió, lo único que nos dejó fue…

Solos"

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El 9 y 10 de junio de 1965 (van a cumplirse 50 años) Otis Redding se encierra a grabar su álbum Otis blue / Otis Redding sings soul en los estudios Stax (la pata negra), en Memphis, Tennessee. Le acompañan Steve Cropper, Donald Duck Dunn, Al Jackson jr, Isaac Hayes, David Porter, The Memphis Horns (Andrew Love, Floyd Newman, Wayne Jackson). Nunca un ingeniero, Tom Dowd, tuvo mejor material a su disposición.

The big O —un tipo al que se conocía así por su enorme talento, y por su envergadura— hace una reivindicación doméstica: tras pasarse la jornada fuera de casa, trabajando para llevar dinero, al llegar a su hogar reclama un poco de respeto. Esa idea (inconcebible hoy) de encontrar una cerveza fría, un aperitivo servido y el asiento preferido reservado para poder ver el partido que programe la TV.



Un mensaje (imposible de imaginar defendido en público en la actualidad), tuvo pronta respuesta.

La reina del soul, no podía ser otra, aprovechó su fichaje por Atlantic (de la mano de Jerry Wexler) para sumergirse y apropiarse de la canción (haciéndola propia y adaptándola a su estilo e intereses) en una fulgurante réplica.

Aretha Franklin nunca hizo las cosas a medias. Su disco de debut en el sello neoyorquino, I never loved a man the way I love you, incluía una extraordinaria y reivindicativa revisión de lo que significa el respeto.



Apoyándose en una de las claves del góspel (las ramas del soul, del que el blues es la raíz y el country el follaje), el estilo de voz solista y respuesta coral característico de los cánticos dominicales en las iglesias baptistas y metodistas, Aretha, con el contrapunto de sus hermanas Erma y Carolyn, deletrea las claves de su petición: R – E – S – P – E – C – T, mientras repiten sin descanso “sock it to me” (“dame el dinero, dame la pasta, dámelo, dámelo, dámelo”).

En la emisión en directo del programa, la brillante intervención de José “el DUE” nos recordó que parecía el estribillo de cualquier alocución de Montoro.

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A partir de ahora, tengo una cita en la radio (y una excusa para ver la TV).


lunes, 15 de junio de 2015

Planear

Nos gusta planear.
Dejarnos llevar por ideas que, sin saber cómo, surgen, nos mecen, nos arropan, nos envuelven, nos mueven y nos confortan.
Nos confortan, porque nos mueven.
Porque nuestros planes siempre implican movimiento.
Nos movemos buscando acción, tratando de alterar una rutina que se nos hace sofocante.

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Nos gusta planear.
Soñamos que cambiamos, que hacemos las cosas de otra forma.
Que escapamos de un destino uniforme y monótono.

"Existe una cierta uniformidad monótona en los destinos del hombre. Nuestras existencias se desarrollan según leyes antiguas e inmutables, atendiendo a una cadencia propia, uniforme y antigua. Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad. En cuanto vemos rotos nuestros sueños, nos consume la nostalgia por el tiempo en que bullían dentro de nosotros. Nuestra suerte transcurre en ese alternarse de esperanzas y nostalgias".

Natalia Ginzburg 

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Nos gusta planear.
En ocasiones, con calma y determinación, realizamos un trazo preciso que fija nuestros sueños o ideas.
Más a menudo, improvisamos un fugaz bosquejo, sin demasiado orden y ningún concierto, que nos lleva errabundos.


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Nos gusta planear.
Dibujamos un nuevo plan que conforme nuestra nueva estrategia, recién descubierta.
O nos embarcamos en un ingenio que nos haga sobrevolar nuestro hastío y nos lleve, planeando, lejos de todos, lejos de todo, cerca de ti y de mí.

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Nos gusta planear.
Pero nos cuesta encontrar el momento para poner nuestros planes en marcha.
Quizá sólo haga falta, como Batman, coger la capa, vestirse con ella y ponerse a volar.

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“Nunca llegarás a un lugar en el que tú no estés. Sería un sinsentido”.

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Referencias:
El fragmento de Natalia Ginzburg se encuentra en el ensayo —‘Infierno en los Abruzos’—
Abre el libro “Las pequeñas virtudes” (Acantilado, 2002)

Geat Cape. Wear Cape. Fly es el nombre de escena empleado por Sam Duckworth
“Find the time” fue su single de más éxito, extraído de su segundo trabajo, “Searching for the hows and whys”, 2007

sábado, 13 de junio de 2015

Un verano en Escocia

Un whisky puede ser de Escocia (y también de Malta).

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Gordie McLeod (Billy Connolly) está a punto de cumplir 75 años.
Vive en Escocia con su hijo mayor, Gavin (Ben Miller), casado con Margaret (Amelia Bullmore), padres de Kenneth (Lewis Davie).
Su primogénito decide organizar una fiesta para celebrar el acontecimiento, lo que obliga al hermano menor, Doug (David Tennant), a llegar a un apaño con su esposa, Abi (Rosamund Pike), para interrumpir su separación y viajar junto a sus tres hijos —Lottie (Emilia Jones), Mickey (Bobby Smalldridge) y Jess (Harriet Turnbull)— simulando que todo continúa en su matrimonio y en su vida como siempre.
Un sinsentido.

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El planteamiento describe la trama de “Nuestro último verano en Escocia” (“What we did on our holiday”).


Una divertida película.
Una reflexión sobre lo complicado de las relaciones familiares.
Un recuerdo acerca de la importancia del amor y la comprensión.


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El protagonismo recae en el paisaje escocés, apuntalado por la banda más consistente que haya salido de allí: The Waterboys.

Dos canciones tienen presencia; una de manera efímera, con el apunte de las épicas notas de “Fisherman’s blues” (que daba título a su disco de 1988) y otra, como cierre, sobre los títulos de crédito: “You in the sky” (incluida en “Book of lightning”, de 2007).





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Las notas musicales me recordaron a JJJ, mi amigo más acuático, con el que pasé un día inolvidable, recién llegado de Malta.


Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...