En
las comunidades virtuales,
especialmente en aquellas que han tenido un origen anterior a la conexión vía WiFi y cuya vinculación se asienta en la
existencia de intereses comunes, es
el encargado de animar el cotarro.
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Pongamos
que hablo de una asociación gremial, o de una comunidad (in)formativa. Lleva ya
tiempo en marcha, con incremento de la participación y del aprovechamiento
compartido. Hasta ahora, el responsable era un experto en el tema de referencia.
Tenía criterio, fundamentado en la experiencia, para filtrar lo relevante de lo
que carecía de interés.
El
aumento de usuarios y del uso que se daba a la plataforma, requería mayor atención: se buscó para ello a un CM.
Dado su desconocimiento del sector —y su consiguiente falta de juicio—, optó
por la más fallida de las estrategias de comunicación (la saturación), en la
arriesgada apuesta de que fueran otros
los encargados de seleccionar (y terminaron cerrando
el grifo).
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Recuerdo
cuando, trabajando en una gran empresa, las noticias circulaban por Radio Macuto. Con la llegada de las
privadas a la TV, se transformó en Radio
patio. Las Supernenas eran las
tres que alimentaban el intercambio (no siempre deseado) de información. Tuvieron que adaptarse
(reinventarse en neolengua).
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En
el convencimiento de que los extremos se tocan.
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Hoy,
sintiéndome un testarudo Community
Manager —un paria—, anuncio una nueva estrategia para suscriptores y
seguidores:
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