viernes, 19 de diciembre de 2014

Motivos personales

Somos meteóricos adaptando nuestro nivel de exigencias, siempre que lo que se esté valorando es el comportamiento ajeno; para lo propio, seguimos siendo comedidos.

Llevamos tanto tiempo reclamando que se asuma la responsabilidad (y entendemos con ello abandonar un puesto) que, cuando dimitir se ha convertido en un verbo de uso corriente, empezamos a plantear condiciones para aceptarla o cuestionar cómo se argumenta una renuncia.

Aceptamos que la singularidad de determinados próceres requiera una denominación específica (Benedicto XVI se retiró y asumió la condición de emérito; JC I abdicó para conservar vitaliciamente el tratamiento de Rey).

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Ayer, 18 de diciembre de 2014, la Fiscalía general del Estado, por mediación de su Gabinete de Prensa, emitió una escueta Nota de Prensa:

“El Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, ha presentado su renuncia al cargo por motivos personales. Ha comunicado su decisión al ministro de Justicia.

Torres-Dulce regresará a su plaza en la Fiscalía ante el Tribunal Constitucional”.


"Me voy. No pregunten más"

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Era fácil entrar a valorar los motivos que se encontraban detrás de esta decisión.
No es lo que yo voy a hacer: carezco de elementos de juicio para iniciar esa aventura.

Pero he leído (y escuchado) un montón de análisis sesudos, de un signo y del contrario, entrando al fondo del asunto y explicándolo con metáforas tan suculentas e imaginativas como la esgrimida por Manuel Jabois, en El Mundo:

“Debió de recordar que en el plato de huevos con bacon la gallina colabora, pero quien se implica es el cerdo”.

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Motivos personales, una forma de irse sin echar más leña al fuego.

Motivos personales, una decisión cauta, incomprensible en una escena pública caracterizada por el ruido, la descalificación y, muy notablemente, la celeridad para expresar juicios.

Motivos personales, inexplicables para los que reclaman que se vaya dando un portazo (y aireando trapos sucios) y a continuación quejarse de que, en los debates, los contertulios sean tan maleducados como para interrumpirse y gritarse.

Motivos personales, los que olvidan que la película (“No es nada personal, sólo negocios”) sintetizaba la novela de Mario Puzo y la cita, al acortarse, vio que su sentido se trastocaba ligeramente:

    Mira, Tom, no te equivoques. Todo es personal, incluso el más simple y menos importante de los negocios. En la vida de un hombre todo es personal. Hasta eso que llaman negocios es personal. ¿Sabes quién me enseñó eso? El Don. Mi padre. El Padrino. Si alguien perjudica a un amigo suyo, el Don lo toma como ofensa personal. Mi alistamiento en la Marina lo tomó como una cuestión personal. Es ahí donde reside su grandeza. El Gran Don. Para él todo es personal. Lo mismo que hace Dios. Sabe cuanto sucede, es dueño de las circunstancias. ¿No es así? ¿Y tú? ¿Sabes algo? A las personas que consideran los accidentes como insultos personales, no les ocurren accidentes. Me he dado cuenta tarde, pero al final lo he comprendido. Por eso, el puñetazo en la mandíbula es un asunto personal, tanto como los disparos que Sollozzo efectuó contra mi padre.

Motivos personales; quienes le alaban por su “autonomía e independencia de criterio”, le censuran por escudarse en ellos.

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Que Torres-Dulce haya visto la película, o que entienda las razones de Michael Corleone, no implica que se le deba hurtar la oportunidad para reservarse la posibilidad de tener que exponerlas.

Lo que viene a significar que, tras dejar un cargo, bien sea por voluntad propia (renunciando) o ajena (siendo destituido), se pueden optar por dos actitudes diferentes:

a — Tirar de la manta (como bravata, de boquilla, con ánimo pendenciero o suponiendo una amenaza soterrada; pueden darse juntas o por separado).

b — Mantener una actitud discreta, reservada, silenciosa. Una convicción de que, habiendo aguantado estando dentro, no compensa un desahogo lento.

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Yo, al margen de otras consideraciones, sé apreciar una postura elegante.

¿Ja QUÉ?

De joven, leía las tiras de Mafalda. Quino siempre mostraba situaciones con las que podía identificarme.

Recuerdo cómo, siendo niño, me retaba andando por la calle.

No pisar rayas.
Evitar las alcantarillas.
Hacer cuentas con las matrículas de los coches.

Y, muy a menudo, acelerar el paso para llegar a la esquina antes que el gordo.


"Miguelito gana al gordo" Tira: Quino

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Hoy, unos cuantos años después, el gordo soy yo.
Y también llevo sombrero.
Y sé que, aunque los jovencitos me adelanten, en trayectos largos les terminaré superando.
Soy capaz de mantener una constante velocidad de crucero.
Y no me detengo.
Repentinamente.


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Ahondando en mi comportamiento viejuno, sólo cruzo cuando el semáforo lo permite. No aprovecho para mirar mi dispositivo y enredarme en una consulta que siempre dura más de lo que preveía.

Me permite llegar antes.

¡Ja!

¿Ja QUÉ?


Jaque mate

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Gueropa es Aifilgú

Ahora resulta que el género se llama biopic.
Una película biográfica de toda la vida.
Puede que el protagonista sea un músico.
Quizá el género debería conocerse como biomusicalpic.
Demasiado complicado.

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¿Cómo afrontar la semblanza biográfica de un músico?

1.    Intentar dejar satisfechos a sus seguidores, introduciendo los elementos esenciales de su música (canciones o actuaciones emblemáticas).

2.    Buscar un público más amplio y alimentar la película con anécdotas pintorescas que resulten más atrayentes para una mayoría morbosa.

En realidad, ambos enfoques pueden ser contrarios.
Estar interesado en la obra de un artista no requiere saber de sus hitos personales, sus contradicciones o debilidades.
Querer escuchar cantar (y ver bailar) a un tipo, no significa que quieras conocer sus trapos sucios.
O puedes interesarte por sus vicios privados (y traerte al fresco sus virtudes públicas).

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Acabo de ver la película basada en la vida y obra de James Brown, el músico más influyente de la música popular. Un extraordinario talento, lleno de determinación y confianza en sí mismo, capaz de forjar, con tesón y esfuerzo, el edificio sonoro más sólido y duradero de la historia.


Para ser justo, la película recoge todas las canciones y los momentos que un fan de JB quería encontrar. Para el productor, Mick Jagger, todo ello no resultaba suficiente. Tuvo que encargarle al director, Tate Taylor, que deconstruyera su vida, atendiendo a los epítetos por los que fue conocido:

Mr. Please, Please, Please
Mr. Dynamite
The Hardest Working Man in Show Business
Soul Brother #1
Minister of New New Super Heavy Funk
The Godfather of Soul

Y alterar el orden para juntar algunos de sus peores momentos en un anticlímax situado en su detención en 1988, donde recuerda (trastornado por sus excesos) su dura infancia, su empeño, su ambición, su trabajo, la deserción de algunos de sus amigos, los fracasos con sus muchas mujeres. Donde, en una metáfora sonrojante, el JB que baja de la furgoneta es el niño al que su padre azotaba y su madre abandonó.

El colofón de la historia es su redención personal, consistente en recuperar la confianza en su amigo de siempre: Bobby Byrd.

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Son tantas las cosas que pasan, que se pierden detalles. Mirando en los créditos veo que aparecía Sam Cooke, sin que yo me percatara.

Conocía a todos los secundarios —Ben Bart, Syd Nathan, Maceo Parker, Ralph Bass, Little Richard, Yvonne Fair, Vicki Anderson, Pee Wee Ellis, Nafloyd Scott, Bobby Bennett, Lloyd Stallworth— pero todo se perfilaba de un modo tan impreciso que era incapaz de seguir la trama. Imagino lo que podría pasarle a algún novato en música negra.

Al no programarse las canciones en orden cronológico, pues la película avanza sin rumbo fijo, la evolución de su poderoso estilo no queda bien trazado, aunque se apuntan los pasos sucesivos (Gospel, Rhythm & Blues, Soul, Funk, Proto Hip-Hop) y se exponen las claves más relevantes, aunque puedan quedar escondidas (interpelaciones, reiteración de riffs, percusión rítmica, groove, funk como progresión, rutinas escénicas, pasos de baile, coreografías, etc.).

Se admite que tratar de explicar, lo que debe sentirse, resulta una imposibilidad manifiesta.

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Todo tiene arreglo: la música se puede rastrear mejor en los programas que, a modo de guía introductoria, le han dedicado dos maestros: Diego A. Manrique (El amplificador) y Luis Lapuente (Sonideros).

Y los conciertos notables (y sus cameos más célebres) se encuentran fácilmente en YouTube.

The TAMI show (1964)
Sky party (1965)
Paris (1967)
Boston Garden (1968)
Playboy after dark (1969)
The Mike Douglas show (1969)
Black Caesar (1973)
Zaire (1974)
Soul Brother Number 1 (1978)
The Blues Brothers (1980)
Doctor Detroit (1983)
Rocky IV (1985)
CNN interview (1988)
When we were kings(1996)
Blues Brothers 2000 (1998)
The house of blues (1999)
Soul survivor (2003)

O una recopilación de sus apariciones en el mítico programa Soul Train.

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En fin: una película que dejará indiferentes a sus admiradores (me incluyo), pero que no aportará ni un nuevo seguidor a su legión de ahijados.

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Un descubrimiento final: Una de las primeras vocalistas que acompañaron a JB, Yvonne Fair, está interpretada por la espectacular Tika Sumpter.

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PD — La película se titula “Get On Up”. Es la réplica que le da Byrd en una canción que supuso un nuevo avance en su trayectoria. Tras la marcha de la segunda formación de acompañamiento, JB incorpora al bajista Bootsy Collins y una nueva banda. En 1970 graban la que, para muchos, es la cima artística de JB: “Get Up (I Feel Like Being a) Sex Machine”. Es evidente lo que siente JB: es una máquina imparable. En el sexo, en los negocios, en su compromiso con la comunidad negra, en la interpretación de la música como un ritmo infernal, en el que aprovecha todas las influencias que ha ido absorbiendo. Una de las primeras, el diálogo típico del góspel que JB lleva a efecto con su MC, Byrd, es primitivo y tribal:

— JB: “Get Up” (Arriba: se entiende “gueropa”).
— Byrd: “Get On Up” (Levántate: “gerón ap”).
— JB: “Gueropa”.
— Byrd: “Gerón ap”.
— JB: “Gueropa”.
— Byrd: “Gerón ap”.
— JB: “Gueropa”.
— Byrd: “Gerón ap”.
— JB: “Gueropa”.
— Byrd: “Gerón ap”.

No hubo nadie en Roma, el 24 de abril de 1971, que no supiera de qué iba la cosa.

Metes a toda esa gente en una furgoneta, les das combustible suficiente y, mientras viajan a toda caña tocando música como posesos, pasan al lado de un pavo que está pasando la escoba en el local.

Gueropa.



En España, por mor de las traducciones, nos cambiaron el título para rebautizarla como “I Feel Good”. Hace referencia a “I Got You (I Feel Good)”, interpretada con Maceo Parker, Jimmy Nolen, St. Clair Pinckney o Bernard Odum en la formación.

La inspiración para que Robin Williams se pusiera a bailar en “Good morning Vietnam”.

Aifilgú.



Ya lo sé: este repaso duró mucho más que los 139 minutos programados en la película.
Pero seguro que has encontrado motivos para tu satisfacción  personal.


Despertador mágico

¿Qué pasaría si, en un intento novedoso, en lugar de tratar de emocionarnos de forma sensiblera haciéndonos sentir culpables para empujarnos hacia la superstición o el consumismo, los publicistas decidieran hacer anuncios inteligentes?

Buscando la complicidad de los hijos, y no el tormento de sus padres

Y si defendieran algunas señas de identidad de su país de origen (España), como los Reyes Magos, en vez del gordinflón barbudo que hemos dejado que nos impusieran, ¿nos agradaría?

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¿Recuerdas cuando eras niño y la verdadera ilusión se traducía en intentar mantenerte despierto y que nadie se te adelantara?

¿Te hubiera gustado contar con un despertador mágico?

Abre ojos y orejas:


No hay mejor fórmula, para evitar resbalar, que aplicar creatividad inteligente.

martes, 16 de diciembre de 2014

Crecimiento y prosperidad

Asociar crecimiento y prosperidad es la base de todo sistema insostenible.

"Excesivo consumo" Ilustración: Chris Madden

Más ilustraciones en la página de su autor.

Jesse Marchant - Words Underlined