domingo, 25 de enero de 2015

sábado, 24 de enero de 2015

Un cómodo descenso

Como cualquier día: todo comienza con una ducha.



Supongo que quizá no sea necesario precisar que el descenso fue cómo para mí (como pasivo espectador); no para Candide Thovex (su intrépido protagonista).

También es cierto que él lo disfrutó infinitamente más que yo.

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Visto en Meridianos

viernes, 23 de enero de 2015

Nine to Tim

Tim Minchin es un artista, nacido en Northamptom, Inglaterra.
Nacionalizado australiano.
En sus actuaciones mezcla música y humor de una forma muy particular.
Un favorito personal desde que tuve ocasión de descubrirlo.


El 17 de septiembre de 2013 fue invitado a impartir el discurso de graduación de la Universidad de Western Australia (UWA), en la que él mismo había estudiado.

Es un género que va arraigando; una derivación visual de la literatura de autoayuda, con muchas mayores posibilidades de éxito, gracias a su brevedad y a que, como recuerdo haber leído, en el juego de piedra, papel y tijera del nuevo orden global, un vídeo siempre ganará a un libro, sea del tipo que sea.

Lo cierto es que la oratoria es una disciplina que ha caído en desuso, sustituida por la charlatanería o el aburrimiento: un desequilibrio entre los que no tienen nada (nuevo) que decir, y los que se convierten en verdaderos plomazos.

Así que, un poco de humor, y bastantes gotas de sensatez, se condensan en los 9 mandamientos de Tim:

"Tim planeando sobre UWA" Foto: Ron D´Raine

1 — No necesitas un sueño.
2 — No busques la felicidad.
3 — Recuerda: todo es suerte.
4 — Haz ejercicio.
5 — Sé exigente con tus opiniones.
6 — Sé profesor.
7 — Defínete por lo que amas.
8 — Respeta a los que tienen menos poder que tú.
9 — No te apures.

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jueves, 22 de enero de 2015

Urraca, O.N.G.

Entre las excentricidades que se despliegan con el ajetreo matinal de una familia de siete miembros, que se despereza y se despierta; que trata de ponerse en marcha para afrontar el trajín diario; algunas de esas singularidades, por llamarlas de algún modo, cobran un cariz reiterado que, precisamente por ello, alcanzan el carácter de idiosincrático.

La somnolencia habitual no facilita prestar atención al conjunto de detalles, ocultos tras el velo legañoso, su adaptación mimética y su asimilación por la vía de la costumbre.

Percatarte de que algo lleva tiempo sucediendo —y dotarle de una explicación— resulta gratamente sorprendente. Como si pudieras observarte a ti mismo.

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"Supervisados"
El último miembro en incorporarse a la troupe, es una gata tuerta, recogida en el albergue de ADAGA —gracias a Marichu y María, entre muchos otros, por su extraordinaria labor—, a la que llamamos Xika.

Luce un pelaje blanquinegro que haría que, si fuera una vaca, sería lechera; si fuera una perra, sería dálmata; siendo una gata, debe conformarse con ser del tipo “europeo común”, una forma de no decir nada, diciéndolo todo.

Ha desarrollado un gusto por practicar extraños deportes, de los que nos cuesta identificar su procedencia, disimulados en ese momento del día en que, los demás, nos comportamos como si fuéramos zangolotinos.

Empieza con el curling: hace deslizar los tapones de los envases de leche o zumo —que, distraídamente, tras haberse servido, alguien olvidó volver a colocar en su sitio— hasta dejarlos justo en el borde de la barra, como si fueran las piedras del juego de origen escocés. Cuando nadie mira, aprovecha para dar un ligero toque con su pata derecha, propiciando su caída al abismo.

Una vez en el suelo, el tapón se convierte en disco —con propiedad, un puck— y se abalanza, a lo largo del pasillo, empleando su pata derecha a modo de stick de hockey sobre hielo, esquivando en slalom contrincantes que sólo ella puede ver.

Como colofón de su triathlon personalizado, prueba su temple en las imaginarias troneras en que convierte cualquier recoveco que encuentra, en una interminable partida de snooker. Manifiesta querencia por el hueco que queda debajo del piano, donde se acumulan sus múltiples trofeos.

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El ruido que hace, mientras ejercita su precisión, su velocidad y su puntería —ese fis, ploc, tac, zuk— es imperceptible para unos sentidos (todavía) atontados. Pero el resultado se muestra como un evidente axioma: “todo lo que quede olvidado encima de cualquier mesa, es susceptible de convertirse en ganancia obtenida al descuido”.

Su predilección por la recolección de tapones —y su venida desde un hogar comunal— nos ha hecho pensar que replica las actividades altruistas de los generosos humanos solidarios que la acogieron. Nosotros, su nueva familia, hemos decidido nombrarla presidenta de honor de una ficticia “Urraca, O.N.G.”; su capacidad para rebañar la faculta para esa tarea.

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Como contraste a su ánimo benefactor, que queremos intuir, se opone su enemistad natural hacia los roedores. Ayer mismo, arrebató a Pérez (ratón) el último presente que había madurado en la boca de MC, justo antes de que pudiera envolverlo en un pañuelo y dejarlo bajo su almohada.

Tras una búsqueda en el nido favorito de Xika...


…bajo el piano, hubo suerte y …


…no encontramos una esmeralda, pero, sí, marfil.

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La actitud rapiñera de Xika hace que nos planteemos acortar el nombre a la entidad que preside, transformándolo en uno más idóneo, “Urraca, Organización Gubernamental.

Guardaríamos a buen recaudo ese ausente “NO”.

Debajo del piano.

miércoles, 21 de enero de 2015

Encuentra la(s) diferencia(s)

Oído al azar:

— ¿Y cuándo dices que tengo que llamarle?
— Puedes hacerlo luego, o más tarde.
— ¿Y después?

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A veces, resulta complicado encontrar diferencias.


Especialmente, si la fuente de inspiración es Louise Veronica Ciccone.

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Dime si percibes la evolución:

Enero de 2015. Un desayuno informal.



Casi inmediatamente. La secuela.



Unos años antes, en 1992. La precuela.



Una irrupción estelar, en 1984. La fuente de inspiración.



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¿Con cuál te quedas?
Dímelo más tarde…


…o después.


martes, 20 de enero de 2015

La mujer de César

La historia antigua es fuente de entretenimiento y diversión.
Las costumbres romanas están profundamente arraigadas en nuestra cultura.
En ocasiones resulta conveniente seguirles el rastro y no dejarse despistar por sus mutaciones.

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Cuenta Plutarco, en “Vidas paralelas” —una obra que todo dentista romano tenía en la sala de espera de su consulta—, que Pompeya Sila, segunda esposa de Julio César, bodas celebradas en el 68 a. C., residentes en la Vía Sacra desde el 63 a. C. —cinco años después; recuerda que estamos contando en orden inverso—, gracias a que su marido había sido elegido Pontífice Máximo de la Religión romana —un hecho que pone en entredicho levemente aquello de que “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, pero que se obvia porque todavía no se había desarrollado un sistema eficaz que previniese de las incompatibilidades—. El asunto, y no me quiero desviar mucho más de él, es que, en esa casa, Pompeya decidió organizar una jolgorio muy arraigado entonces, precursor de las reuniones de TupperSex por su carácter reservado exclusivamente para mujeres, llamado Bona Dea, al que los hombres no podían asistir, salvo que alcanzaran la condición de eunucos (un buen argumento para mantenerlos al margen).

Pero, hete aquí que Publio Clodio Pulcro, obseso de la limpieza pero con menos apego a las normas que Harry Potter, decide que, puesto que quiere poner a la mujer del jefe mirando a Pompeya, se disfrazará de lírico, instrumento que cayó en desuso por la escasa posibilidad de transmitir su aprendizaje de padres a hijos —los motivos son suficientemente explícitos como para que yo quiera extenderme en mayor detalle—.

Así que nuestro amigo Publio rasguea el instrumento (la lira) intentando ocultar los muy notables efectos producidos en su propio instrumento (ése efecto que imaginas y no voy a mencionar) tras la visión de la mujer a la que deseaba con tanta pulsión, charlando desenfadadamente con otras hembras, conocedora de que su desinhibición no causaría efectos en la tropa de mancebos que les abanicaban y saciaban (casi) todos sus apetitos.

Una inoportuna revisión del garito —realizada por celosos inspectores que buscaban algún incumplimiento de la accesibilidad del recinto, o la existencia de barreras infranqueables para personas con discapacidad— finalizó con Publio apresado, juzgado y encadenado (también condenado) bajo las acusaciones de engaño y sacrilegio. No queda constancia del destino del reo porque, pese a ser expulsado de la casa, todavía no se habían inventado los debates en los que podía volver a aparecer en público, así que hay un cierto acuerdo en sospechar que, muy a la romana, la ejecución de la condena consistió, precisamente, en su ejecución. Mantener la pax romana era más complejo que universalizar el rebozado como forma de presentación del calamar.

En fin, que César —que dicho sea entre nosotros, estaba hasta el gorro de la tal Pompeya— aprovechó para divorciarse de ella, sabedor de que ella no había meado fuera del tiesto, pero había dejado que los geranios transmitieran la sensación de una cierta falta de riego y, él, Emperador y Pontífice Sumo, no estaba para permitir cierto tipo de licencias y comentarios maledicentes de la gente ociosa que lee a Plutarco, se entera de todo, todo se sabe y se comenta y, ya se sabe, o cortas a tiempo las raíces del baobab, o tienes que buscar un planeta más grande al que emigrar para añorar a tu rosa. Lo que vino a significar que César, que ya no era un chaval y sabía de qué iba la vaina, dejó sentenciado que “La mujer de César debe estar por encima de toda sospecha”.

Por descontado, en una época en la que por un “quítame allá estas pajas” te sacaban el trívium —o el quadrívium, bastante peor— y te dejaban con un miembro menos —adivina cuál—, nadie se animó a decirle a JC que, más allá de que esa actuación iba en contra del principio de presunción de inocencia, su esposa era inocente de todo punto, y la posibilidad de divorcio era nula, porque los romanos —un pueblo que comía semitumbado— constituía, por naturaleza, un conjunto de cobardes y vagos.

Como alegato final en defensa de la actitud de JC, adjunto un fotograma del biopic de 1953 (d. C.), dirigido por Joseph Mankiewicz, para que me digan si no son capaces de juzgar las intenciones de los protagonistas del affaire de un simple vistazo.


"¿Cómo te confiesas? - Izquierda
Impulsiva, pecadora, mala. Un bollo. - Derecha
(((Llámame zampabollos))) - Centro

Los tiempos pasan y las costumbres cambian.
Las palabras vuelan; lo escrito, permanece.

Pero, a pesar de ello, los latinajos se vuelven mutantes y se adaptan a los intereses de quienes los adoptan; en ocasiones, de forma sonrojante.

Y así, en esta sociedad enferma, azotada por la corrupción como mal endémico de quienes debían ser modelos a imitar, cada vez que surgen dudas (más o menos fundadas) sobre la conducta de algún personaje público (en función de su cargo, y no de su exposición), las mesas camillas en que se han convertido las tertulias dejan oír su voz a quien se considera cultivado, afirmando que un político debe ser como la mujer del César, “no sólo siendo honrada, sino, además, pareciéndolo”, olvidando que ese principio de escrupuloso comportamiento se daba a las esposas de los servidores públicos.

A éstos, cuando dejaban de servir a los intereses colectivos, sin más contemplaciones, se les ejecutaba.

Digo.

lunes, 19 de enero de 2015

Zeitgeist: Moving forward | 2011

Dirección: Peter Joseph

Parte I - Naturaleza humana
Parte II - Patología social
Parte III - Proyecto Tierra
Parte IV - Alzamiento



Con la participación de: Robert Sapolsky, Gabor Maté, Richard Wilkinson, James Gilligan, John McMurtry, Michael Ruppert, Max Keiser, Berok Khoshnevis, Adrian Bowyer, Jacques Fresco, Roxanne Meadows, George CarlinColin Campbell y Jeremy Gilbert.

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Antecedentes:

Zeitgeist (2007)
Zeitgeist addendum (2008)