viernes, 26 de septiembre de 2014

USA is: Nebraska

Entre los límites marcados por dos Océanos, se despliegan los contornos de una extensa nación, bosquejada a menudo con trazos a mano alzada, resumidos en clichés que, por su simplismo, muestran un esbozo borroso, en el que las manchas impiden intuir los rostros y detalles de un país que no puede resumirse en estereotipos.

Quizá el más desajustado de todos estriba en que la chispa de lo que ocurre se localiza en torno a dos entornos: la costa Este (clásica, clasista, clasicista; con el epicentro neoyorquino) y la Oeste (desinhibida, efervescente, moderna; San Francisco es más que un cocktail).

Y, en medio de todo ello, extensas llanuras, llenas de paletos, que configuran la América profunda.

"Caravanas en Eagle Rock" Foto: Scotts Bluff

"Cornhusker state"

"Equality before the law"
(Igualdad ante la ley)

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Quizá tenga sentido reflexionar qué significa la profundidad.

En lo topográfico, no resulta complejo. Se trazan dos rayas que dividan longitudinal y latitudinalmente a USA y, el punto en que se crucen, en el MidWest, con casi toda seguridad en algún lugar de Nebraska, determinará el núcleo más profundo de la América profunda, en un Estado olvidado, alejado de los grandes centros industriales próximos al lago Michigan, del rico Sur, de las providenciales aguas de ambos litorales.

Vastas llanuras; el granero de América; el Old West (no el Far West); destino de muchos centroeuropeos (alemanes y checos); el alma trabajadora de un país que, singularmente allí, tuvo que asimilar los vertiginosos cambios que el progreso terminó suponiendo.

Días que pasan despacio; los años vuelan. La vida muestra que, todo y un suspiro, viene a ser lo mismo.

Un vórtice para desheredados, generador de una enorme fuerza centrípeta: un sitio en el que crecieron y del que se alimentaron; ese territorio del que nunca pudieron escapar (o, que si lo consiguieron, al que desean con ansia volver).

Surcos profundos que marcan la memoria y hacen que, con el paso del tiempo, los recuerdos reverdezcan.

Un extenso terreno que siempre deja huella.

Capital y ciudades

La capital del Estado es Lincoln; inicialmente se llamaba Lancaster, fue renombrada tras el asesinato del presidente Abraham.
La ciudad más poblada es Omaha. Existen otras dos poblaciones con más de 50.000 habitantes: Bellevue y Grand Island.

Canción

Una solvente carrera lleva, por fin, a Bruce Springsteen al #1 en listas de discos, en 1980, con su doble álbum “The river”. Y cuatro años más tarde, alcanza el status de megaestrella, con su aclamadísimo (y patriótico) ”Born in the U.S.A.”. Entre ambos, un disco de una factura distinta, grabado en solitario, del tirón, en su casa en New Jersey, como si se tratara de demos, con el escueto acompañamiento de guitarra y armónica, con un sonido amargo, desgarrado, acentuando la crónica del perdedor, con ese empeño que The Boss siempre ha querido perseguir. Que, cuando fue al estudio y lo interpretó junto a The E Street Band, percibió que el tono de los arreglos no era el adecuado y que la atmósfera primigenia, básica, directa y demoledora, era la que correspondía al aire atormentado que se encerraba entre sus surcos.

Lo que buscaba.

Publicado en 1982, Nebraska es también el título de la canción que abre el trabajo. En ella, Bruce se convierte en Charlie Starkweather, un tipo real, cuya desesperación sólo tiene cabida en el desarraigo y la inmensa soledad que propicia el MidWest americano.



“La vi en el jardín de su casa, haciendo girar su bastón de majorette
Nos fuimos a dar una vuelta y diez personas inocentes murieron

Desde Lincoln, Nebraska, con una escopeta de cañones recortados en el regazo
Atravesando los páramos de Wyoming, maté todo lo que encontré en mi camino

No puedo decir que esté arrepentido de las cosas que hicimos
Al menos, ambos pudimos divertirnos por momentos

El jurado me declaró culpable y el juez me condenó a morir
A medianoche, en una celda, atado con correas que cruzan mi pecho

Sheriff, cuando conecten la corriente y mi cuello se vuelva hacia atrás
Asegúrese de que mi chica esté sentada a mi lado

Dijeron que no era apto para vivir, que debería ser arrojado al eterno vacío
Se preguntaban por qué hice lo que hice
Señor, imagino que algunas cosas en este mundo carecen de sentido”.

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Una declaración en primera persona; el lamento de alguien que sabe que va a morir, tras haberse ganado el título de spree killer (concedido a quien comete varios asesinatos, en dos lugares distintos, o más, sin que medie un gran lapso de tiempo. Podría traducirse como asesino relámpago). Entre el 21 y el 29 de enero de 1958, acompañado de su novia de catorce años, Caril Ann Fugate, Charlie mató a diez personas. Sería ejecutado en la silla eléctrica el 25 de junio del año siguiente. Una historia que previamente había inspirado el debut de Terrence Malick en la dirección (Badlands, 1973), en una película protagonizada por Martin Sheen y Sissy Spacek.



Libro
  
Quizá no haya autora que haya dibujado mejor el estado de Nebraska y su evolución —desde los pioneros que se establecieron allí (“O pioneers!”, 1913) y que forjaron uno de los asentamientos más importantes una vez terminada la Guerra de Secesión (“My Ántonia”, 1918)—, que Willa Cather.

En 1922 publicó “One of ours”, que obtendría el premio Pullitzer en 1923, editado en España por Nórdica (Uno de los nuestros, 2013). La historia de Claude Wheeler, un muchacho atrapado entre la vida y los valores de sus padres (un granjero y una piadosa mujer) y la Guerra que estalla en Europa y que marcaría su vida, como la de muchos otros. El descubrimiento forzado de que los patrones que regían la vida de sus padres y que él cuestionaba en su afán por  salir de su cautiverio, estudiar y poder conocer mundo (el esfuerzo, la solidaridad, la generosidad, la majestuosa y agreste presencia de un mundo salvaje, inalterado y vivo), eran más sólidos que los determinados por una guerra establecida por taimados intereses de beneficio y lucro. Una decadencia, la de los valores del empeño emprendido en dominar amablemente el territorio, recibe el relevo de una sociedad mezquina, codiciosa y explotadora; una revelación elegíaca de que la dura y emotiva vida de los habitantes de las praderas está plagada de emoción, pero no de sensiblería; de esfuerzo y denuedo, no de blandos y cobardes que abandonan sus compromisos a las primeras de cambio.

De personas, ciertamente humanas y entregadas, que aunque hayan podido mostrar aspecto huraño, son fuertes, y supervivientes, y trabajadores, y siguen sin entender “cómo han dejado que este país se haya ido al carajo”.

Película

Las películas de Alexander Payne (“About Schmidt”, “Sideways”) son, en esencia, road-movies.
Aunque Nebraska pueda ser vista, apropiadamente, como una buddy-movie.

En realidad, se trata de una Woody-movie, porque el elemento central de toda la trama es la búsqueda personal de su empecinado protagonista, Woody Grant (un magnífico Bruce Dern).

La narración comienza cuando un policía avisa a su hijo David (Will Forte) de que, otra vez, se ha escapado de casa y ha empezado a andar. Trata de llegar, desde su casa en Billings, Montana, hasta Lincoln, Nebraska. Quiere cobrar el millón de dólares que (cree que) ha ganado.

Finalmente, David accede a acompañarlo, devolverle parte del afecto y del sacrificio que él le había entregado, invirtiendo tiempo en tratar de comprender a su padre. El plan no es del agrado de la esposa, Kate (June Squibb), ni del hijo mayor, Ross (Bob Odenkirk, el fantástico Saul Goodman en “Breaking bad”).

La historia del viaje alcanza una profundidad increíble. En medio del trayecto toman un desvío y se acercan a la ficticia Hawthorne, lugar donde se conocieron y vivieron Woody y Kate, de donde emigraron en pos de un mundo nuevo y mejor. Allí permanecen el hermano de Woody y su familia (los primos Bart y Cole son hilarantes). También vive Ed Pegram (Stacy Keach), antiguo socio de Woody.

La película contiene escenas inolvidables (la dentadura perdida o el nuevo compresor) y un intrincado mensaje que muestra que, aunque parezca un sinsentido, el esfuerzo, el sacrificio, la entrega y el compromiso de alguien podrá ser ninguneado, pero nunca será olvidado por sus protagonistas, esos héroes anónimos que ven tambalearse los pilares de la vida en la que creyeron y por la que lucharon.

Un mensaje lleno de esperanza y de amor, que subsana el sentimiento de desidia que deja este nuevo mundo, bullicioso y frenético, pero carente de firmeza moral.



Serie de TV

Nebraska no es una encrucijada, ni un cruce de caminos. Es, a modo de resumen, un lugar de paso. Numerosas caravanas atravesaron sus praderas, especialmente a raíz de la fiebre del oro. Aunque la mayoría buscaban una oportunidad para la fortuna, algunos de los nómadas eran centroeuropeos, esforzados y profundamente religiosos; para ellos, la tierra de promisión era un lugar en el que asentarse y establecerse. Arraigarse.

Se quedaron en tierra de nadie, aunque afirmaron que aquella era su tierra y trabajaron con firmeza para domeñarla. El Viejo Oeste cobraba sentido.

Necesitaban comunicarse. El ferrocarril acarreaba personas y mercancías, pero, la única forma veloz de recorrer grandes distancias llevando correspondencia, telegramas, pequeños paquetes o periódicos, era el caballo. Y así surgió el Pony Express, un servicio de correo que unía Saint Joseph, Missouri con Sacramento, California, atravesando los estados de Kansas, Nebraska, Colorado, Wyoming, Utah y Nevada, en su avance hacia el Oeste. Un servicio que fue operativo durante un breve periodo de año y medio (desde abril de 1860 hasta octubre de 1861) y que dejó de tener sentido una vez que el telégrafo estuvo en marcha.

En 1989, la cadena ABC comenzó a emitir la serie The young riders (“Jóvenes jinetes”, en España). Creada por Ed Spielman, se centra en las aventuras de un conjunto de empleados del servicio, de la Sweetwater Station, en tierras de Nebraska. El reparto está encabezado por Stephen Baldwin (William F. ‘Buffalo Bill’ Cody), Ty Miller (The Kid) y el veterano Anthony Zerbe (‘Teaspoon’).

Tópicos del Viejo Oeste revisados desde una perspectiva fin de siglo.



Visita obligada

Para cualquiera que haya visto películas del Oeste, acercarse al Monumento Nacional Scotts Bluff, es un viaje al pasado, lleno de colorido.
Desfiladeros y caravanas, en un espectacular escenario natural.

Ubicación

Wikipedia

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Un trabajo escolar improbable —ayudar a que Yago, Luis y Charlie conozcan, además de las capitales de todos los países del mundo, como se les obligará a estudiar en el colegio, las de los 50 Estados USA—, sustanciado en la búsqueda de las claves más relevantes de su producción artística: canciones, libros, películas o series de TV ambientadas en cada uno de los Estados.

Un intento de viajar (sin moverse del sitio).

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Cualquiera que se apunte a este viaje será bienvenido.
Aunque tres fuentes de inspiración permanente tienen sitio reservado: Nacho SM, Bernardo Dual y JJJ.

Y, en lugar preferente, PPC, impulsor de este proyecto, al que estoy sumamente agradecido.

martes, 16 de septiembre de 2014

Autónomos e independientes

"Three boys" Foto: Jeff Carson

“Imaginé un arco iris, tú lo tuviste en tus manos
Tuve destellos, pero tú ideaste el plan
Vagué por el mundo durante años, mientras esperabas en tu habitación

Tuve los pies en la tierra y tú alcanzaste el cielo
Hablé de alas, tú simplemente volaste
Yo suspiré, pero tú te desmayaste

Te encaramaste en la escalera
Con el viento en tus velas
Apareciste como un cometa
Con un rastro resplandeciente
Demasiado alto
Demasiado lejos
Demasiado pronto

Llegué a ver la luna en cuarto creciente
Pero tú veías la luna llena”



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Espoleamos su afán de ser autónomos; ellos quisieron ser independientes.
Quisimos que pudieran hacer las cosas por sí solos; desarrollaron la capacidad de realizar planes.
Les dimos ideas y recursos, les apoyamos sin límite; entendieron que, quizá, no nos necesitaban.
Les empujamos a caminar; temo que no hayan aprendido a dar la vuelta.



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No creas que estoy pensando en Escocia (o Cataluña).

Tan sólo me preocupo por mis hijos.
Mañana vuelven al cole.

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The Waterboys es una banda liderada por Mike Scott.
The whole of the moon se incluía en su disco “This is the sea”. Su mayor éxito.
Immaculate Fools era un grupo encabezado por Kevin Weatherill.
En su primer LP, “Hearts of fortune”, se incluía el tema homónimo.
Todo ello, en 1985.
Hace casi 30 años.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Ideario político

Quizá suene a oxímoron.
No extraña; máxime viendo la actitud que, ante ideas o principios, toman los participantes de la política.


"A este ritmo, todos calvos"

Los marxistas resultaron pioneros, afirmando poder presentar otros (principios) si los presentes no fueran de nuestro agrado.
Otros se aferraban con cerrazón califa. Su repetición como mantra (“programa, programa, programa”) se recuerda con añoranza.
Hoy, cuando los idearios son elegibles y se vislumbran líderes con actitudes mesiánicas, la religión parece más que una asignatura a erradicar.

Seguramente, un método a reivindicar.

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“Soy político. Seré fiel a mi decálogo”.

— Como los diez mandamientos.
— Sí. Pero, para abreviar, se resumen en dos.
— Igual que los de siempre.
— No exactamente. Los nuestros son:

“Manda y miento”.

(Sin alternativas)

Si la política originara sentimientos amorosos, la banda sonora estaría firmada por Harvey & The Moonglows: Ten commandmets of love.

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No es difícil adivinar cinco personajes que me pasaron por la cabeza.
Los dejo en orden alfabético, por si alguien quiere atar cabos.

Anguita, Julio
Díez, Rosa
Iglesias, Pablo
Marx, Groucho
Mas, Artur

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Un fructífero intercambio con Crul fue el caldo en que se cultivó el artículo.
Él no tiene la culpa, pero debo darle las gracias.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Botín

"Ouga chaka ouga"
Botín, Bot–off

— Será Bot–out
— Tampoco creas que se va a dar cuenta de la diferencia.
— Lo suyo siempre fueron las cuentas.
— Ahora ya no, por su puesto.
— Pero antes…
— Antes tampoco. Hablaba el inglés como hablo yo el swahili.
— Tumba, entonces.

ChumbawambaTubthumping



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Polvo eres…


sábado, 6 de septiembre de 2014

Dios y la procrastinación

"Creación: La verdadera historia" Ilustración: Roz Chast

Primer día, Dios no creó nada, porque andaba sobrado de tiempo.
Segundo día: Mismo reparto. [“¿Por qué apresurarse?”]
Tercer día, creó una lista. [“LISTA: 1. Hacer una lista]
Cuarto día, nada iba del modo correcto [“Suspiro”]
Quinto día, todo estaba pasando. No quieras saber.
Sexto día, Dios creó todo el tinglado.
En el séptimo día, descansó.

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Muchas mentes brillantes han tratado de explicar un proceso que consiste, básicamente, en postergar cosas que no nos apetece hacer y, en su lugar, dedicar el tiempo a otras actividades que resultan más agradables y, en esencia, más cómodas.

Llamarlo procrastinación es una forma de jerigonza verborreica: tratar de ocultar la realidad en la palabrería y favorecer la disponibilidad de excusas.

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Cyril Northcote Parkison formuló su ley (trina), a la que cedió su propio nombre:

  1. El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización
  2. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos. 
  3. El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.


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Vilfredo Pareto enunció su Principio, orientado inicialmente a la distribución en la propiedad de las tierras, aplicable a otros ámbitos de la economía de tiempos, recursos o materiales. Se conoce también como la regla del 80-20.

  1. El 20% de la población posee el 80% de la tierra en Italia, mientras el 80% restante posee el 20%.
  2. Dedicamos el 20% del tiempo a realizar el 80% de las tareas y, el 80%, al 20% restante.


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Laurence J. Peter formuló su Principio y dos corolarios:

  1. En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su máximo nivel de incompetencia.
  2. Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones. 
  3. El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.


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Justin Kruger y David Dunning mostraron un fenómeno, conocido como efecto Dunning-Kruger, por el que “individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren un proceso ilusorio de superioridad, que les hace considerarse más inteligentes que otras personas que reúnen mayor preparación y experiencia”.

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Mike Godwin planteó un enunciado de interacción social, aplicable a las discusiones en foros públicos: “A medida que una discusión en línea se prolonga, la probabilidad de que surja una comparación en la que se mencione a Hitler, o a los nazis, tiende a uno”.

Bryce Wilcox y Stanton McCandlish desarrollaron la Ley de evolución del discurso en línea de Wilcox-McCandlish: “La probabilidad de éxito de cualquier intento de cambiar el asunto o la dirección de una discusión en un foro en línea es directamente proporcional a la calidad del contenido actual”.

Gregory Benford enunció la ley de la controversia que lleva su nombre: “La pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información verificada disponible”.

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Edward A. Murphy jr, aficionado a untarse las tostadas con abundante mantequilla, resumió su experiencia matinal, tras numerosos días con resaca, en su conocida ley: “Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal”.

John W. Campbell jr, utilizó por primera vez el término Ley de Finagle, finalmente conocido como Corolario Finagle a la Ley de Murphy. Regularmente se enuncia de la siguiente forma: “Algo que pueda ir mal, lo hará en el peor momento posible”.

Una variante (Corolario de O’Toole), paralela a la segunda ley de la termodinámica (entropía) afirma: “La perversidad del Universo tiende hacia el máximo”.

Stephen Stigler estableció un axioma (conocido como Ley de la eponimia de Stigler), según el cual “ningún descubrimiento científico recibe el nombre de quien lo descubrió en primer lugar”, reconociendo que la tesis había sido formulada previamente, de forma parecida, por Robert K. Merton.

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El principio de Hanlon (se desconoce la existencia de ningún Hanlon) es un adagio exquisito: “Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”.

Albert Einstein sentenció en una línea parecida: “Sólo hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el Universo. Y no estoy muy seguro acerca del último”.

Carlo Maria Cipolla, teórico de la estupidez, resumió ésta en cinco leyes:

  1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.
  2. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.
  3. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.
  4. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.
  5. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.


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Niklaus Wirth propuso una ley, aplicable a la informática, de la que se pueden extraer conclusiones para otros ámbitos: “El software se ralentiza más deprisa de lo que se acelera el software”.

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Arthur C. Clarke formuló tres leyes relacionadas con el avance científico:

  1. Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, es casi seguro que está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente se equivoque.
  2. La única manera de descubrir los límites de lo imposible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.
  3. Toda tecnología, suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia.


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Douglas Hofstadter ideó un adagio, formulado en forma de ley: “Siempre lleva más tiempo que el esperado, incluso teniendo en cuenta la ‘Ley de Hofstadter’”.

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William I. Thomas estableció el teorema al que dio nombre: “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”.

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Scott Adams planteó el principio de Dilbert (según la tira cómica que dibuja), que afirma: “las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para minimizar la cantidad de daño que son capaces de provocar”.

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Guillermo de Ockham formuló un principio metodológico y filosófico (principio de economía o de parsimonia), conocido como la navaja de Ockham, según el cual: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”.

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No puedo evitar el antropomorfismo; aun así, me declaro incapaz de imaginar las fatales consecuencias de que Dios hubiera contado con una navaja el séptimo día de la creación.

viernes, 5 de septiembre de 2014

En tu casa, ¿o en la mía?

Aquellos tiempos en los que Telefónica no se había convertido en Movistar.
En los que no se había liberado el mercado de comunicaciones.
Cuando el móvil era el aparato (inmenso) que convertía en odioso a Gordon Gekko, en “Wall Street” (como si saber que llevaba en su interior a Michael Douglas no fuera suficiente) y te engañabas pensando que tú serías incapaz de llegar a hacer esa ostentación tan grosera.

"Cachis. Me he dejado los garbanzos con el fuego encendido"

Hace muchísimo tiempo.

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Antes de la última de las glaciaciones, el teléfono (de casa) tenía un cable que te mantenía pegado a la pared (y al mundo), cuyo radio de acción podías prolongar si comprabas el mismo alargador que usaban en las series de TV americanas, que les permitían parlotear de forma incesante en esas cocinas, extensas como sets de grabación, y que, en un piso de soltero español, hacían que comprobaras la ineficacia de utilizar un hilo de Ariadna para terminar irremisiblemente atrapado.

En todo caso, la ventaja de mantenerte comunicado exclusivamente en la guarida, implicaba que, en caso de avería, el técnico debía desplazarse hasta tu casa, en lugar de tener que perder el tiempo en las infames tiendas actuales de los operadores, en los que te agolpas, sin sitio para descansar las posaderas, mirando alternativamente el papel que se arruga en tu mano y el display de carnicero donde informan del siguiente en el turno.

El inconveniente era que tenías que llamar, dar el aviso, esperar que el técnico devolviera la llamada y, entonces, concertar la cita.

— Hola, ¿qué tal? Creo que tienes un problema en tu teléfono.
— Sí. No sé qué pasa. Uno de los aparatos no funciona.
— Así que tienes más de un aparato.
— Sí.
— ¿Cuántos tienes?
— Dos. Salón y cocina.
— En el dormitorio, ¿no tienes ninguno?
— No.
— Vale. ¿Cuándo podría pasar por tu casa? ¿Qué horario te viene mejor?
— A la hora de comer.
— ¿A qué hora comes?
— A las tres, pero llego un poco antes, sobre las dos y media.
— ¿Te va bien, entonces, que pase por tu casa, el jueves, pasado mañana, hacia las tres?
— Sí. Una cosa, por favor.
— Dime.
— ¿Sería posible que me llamara de usted?
— ¿Cuándo? ¿El jueves, cuando vaya por tu casa?
— No. Ahora. El jueves nos conoceremos en persona y posiblemente no me resulte tan engorroso como me está resultando ahora.

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Crisis en las comunicaciones.
Crisis de valores.
Crisis en la educación y en la enseñanza.

No todas las crisis son económicas.

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Todas corresponden a un cambio de criterio y a la dificultad de adaptarse a las novedades introducidas.
Seguir el ritmo de la actualidad es difícil, pero, incorporar con acierto las nuevas modas a nuestro acervo de costumbres, resulta casi imposible.

Máxime, con esa fijación en mostrarse partidario de la oposición, como si todos fuéramos estudiantes de Derecho.

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Circula una idea, ampliamente extendida, que pretende delimitar los ámbitos de actuación de la educación y la enseñanza, resumida en un meme que colma espacios sociales.


Como si fueran cosas distintas.
Como si se pudiera sostener un sistema que trabaja con criterios enfrentados.
Como si no fuéramos capaces de saber qué hacer y dónde.
Como si, al igual que los políticos, no pudiéramos razonar y alcanzar acuerdos.

Como si el único interés estribara en decidir dónde está mi casa (y dónde la tuya) y nos tuviéramos que limitar a permanecer expectantes, encerrados en nuestra guarida, contemplando impávidos la nefasta influencia de la calle y los mass-media, esperando que las enseñanzas de la azafata del un-dos-tres, que ejerce de profe (ni se te ocurra imaginarla como maestra) no resulten perjudiciales y te permitan que, el fin de semana, mientras el mozo sea pequeño (y poco pesado) admita ir a hombros (sin que suponga que haya marcado un gol), organizando un plan familiar que incluye jersey naranja de tendencias psicóticas (para él), maxifalda y tartera (para ella) y simpática gorra ladeada (para el infante), en un anticipo de que, pese a no ser capaz de emplear el usted, en nada, sabrá qué hacer con Nicki Minaj y su Anaconda.
(RESULTA CONVENIENTE AVISAR QUE LAS IMÁGENES SON EXPLÍCITAS)

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Si la escuela enseña (entendida la enseñanza como “transmisión de conocimientos”), ¿qué sentido tiene mandar tanta tarea para casa, asumiendo que los deberes serán realizados con la supervisión de los padres?

Si el aprendizaje se produce por la emulación de modelos, y la educación viene a ser un aprendizaje de “buenos modales” (aquellas nociones de “urbanidad” que se abandonaron por obsoletas), ¿cómo podremos enseñar a nuestros hijos, en casa, a emplear el usted, si, por la frecuencia en el trato y la proximidad y el cariño, nos abrazamos, nos besamos y, en esencia, nos tuteamos?

Y, finalmente, si los objetivos no son contradictorios (lo que carecería de sentido) y la fórmula que repiten en el centro al que acuden mis hijos (“ésta es vuestra casa”) no es exclusiva, porque se asume que todo el proceso educativo debe ser inclusivo, ¿resulta tan complicado establecer unos criterios mínimos, consensuados, sobre aquello que resulta conveniente para hijos, padres, educadores y el conjunto de la sociedad?

VALE.

No me responda, gracias. Ya me he dado cuenta.

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Están a punto de volver al colegio. Beberán refrescos y comerán puñetitas.
Y montarán en un tiovivo, tranquilos y relajados.



No hay nada de qué preocuparse.

Seguramente, aprenderán a putear, al ritmo de los Deftones.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sex & Sand & Sun & Soul (Spanish’s Summer)

El verano da sus últimos coletazos.
Atrás queda el cuadro que, para muchos, ha enmarcado las vacaciones.

"Verano" Óleo: Sergio DS

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No hace falta ir a Salou, Sitges, Sangenjo, Sancti Petri, S’Agaró, Salinas, Sanlúcar, o Santoña.
Sabemos qué menú ofrecen.

Sol y playa.
Sexo y sangría.

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Los publicistas conocen la argamasa del invento.
El efecto que produce tanto calor, tanta ligereza de ropa, tanto apelotonamiento.

Donde hay roce, hay cariño.

O, en todo caso, una ración de sexo.

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Ellas, más pausadas, necesitan ser aceleradas.
Ellos, siempre precipitados, tienen que ser refrenados.
Juntos, deben sincronizar sus ritmos para alcanzar simultáneamente el clímax (y evitar la reproducción).



Con la banda sonora más estimulante que se pueda imaginar y el chasqueo de dedos que Marvin Gaye elevó a la categoría de mito (del encuentro amoroso).



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Sin salir de España, ha llegado el mundial de basket, un deporte que, sin contemplaciones ni sutilezas, consiste básicamente en meterla.
Y que, como todo deporte, dan ganas de celebrarlo, cuando los que ganan son los nuestros.



Hasta el punto de que, si ganamos, rejuveneceremos el país (que falta hace) y la eléctrica nos premiara con un año de energía (por el papo).



Barry White nunca tenía suficiente amor para hartarse (pero él era muy muy muy grande).



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Una cuestión de puntería. Repoblaremos el solar patrio a base de canastillas.

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Cosas del orgullo español, que se regenera con una velocidad increíble.
Y unas gotas de soul, por supuesto; nos recuerdan que, antes de llover, chispea.