Una
de las formas más interesantes de visitar un país pasa por escuchar y conocer su música, testimonio vivo de las
raíces históricas de un pueblo. Ése es el propósito de esta edición en la que
comparto algunas preferencias personales de nuestros vecinos, aprovechando un
viaje de trabajo y una estancia en Barcelos,
ciudad del distrito de Braga.
Estuvimos
en el mercadillo más grande de Europa, aprendimos sobre la leyenda del gallo,
degustamos bacalhau y vinho verde, vi el estadio de un equipo
ganador de la Copa de Europa de Hockey sobre Patines, visitamos Braga y Guimarães, y, por supuesto, escuchamos fado.
Un
proyecto de la Unión Europea, organizado por la ANCCP, en el que Kerigma fue
nuestro anfitrión y donde recibimos todas las atenciones de Ligia Teixeira.
Todo
puede ocurrir.
Hasta
que un gallo resucite y cante para denunciar una injusticia.
Un
viaje de tres días, con unos buenos amigos, por el norte de Portugal, visitando
Chaves, Guimarães y VilaReal, con bacalhau, vinho verde y risas, muchas risas.
De
fondo, sonando siempre (aunque no se oyera), la música del fado, su forma de
cantar los lamentos, las penurias y el amor desesperado. Regional, en esencia y presencia, pero que entronca con el flamenco, el tango, el rebétiko o el soul,
las variantes universales que mejor expresaron la alegría que supone vivir, aun
teniendo que sobrellevar un profundo dolor.