Cómica
argentina descubierta por accidente y que no dejo de recomendar.
En
su canal de YouTube hay un montón de vídeos disponibles de sus actuaciones, en
las que trasciende el concepto de Stand-Up
para interactuar con el público y generar una complicidad hilarante.
Y,
pese a lo esperado del enlace, se anunció a bombo y platillo, por todo lo alto,
en el Princesa Sofía, como si fuera una reedición, casi, de la alfombra azul
del Campoamor, con toda la tropa (afín) presente.
Ella
de rojo, él de azul.
Queridos
ambos.
Con
la Montero (Chiqui) luciendo palmas.
Y
ellos dos, Pedro y Yolanda, Yolanda y Pedro, famosos ambos
por sus picos, lanzaron promesas,
compromisos, votos; lo que se terciara.
No
veré nada de esto (en tamaña cantidad) en la boda a la que estoy invitado el
próximo sábado.
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Entre
sus anuncios: dos destacados.
1 – Prohibición de
realizar vuelos domésticos en trayectos en los que haya alternativa férrea de
menos de dos horas y media. Ya asumo que el halcón no es ave doméstica y que el
puente aéreo MAD-BCN está excluido de facto,
pero, ingenuo de mí, deseo que se aplique en reciprocidad la obligación de establecer
vuelos (más o menos regulares) cuando no exista línea ferroviaria alternativa.
El aeropuerto de Asturias iba a tener más tráfico que A Costa da Morte.
2 – Reducción de la
jornada laboral a treinta y siete horas y media sin que implique decremento salarial.
Y,
fíjate tú: podría llegar a creerme que la segunda medida pudiera ser
beneficiosa si predicaran con el ejemplo; si, a partir del momento en que se aprobara,
ambos piquitos (Rubiales, tú no; al banquillo) decidieran reducir sus jornadas y no
trabajar más de treinta siete horas y media. Pero, ambos, yonquis del curro,
serán incapaces de hacerlo porque, en el fondo, además de trabajar no saben
hacer otra cosa.
Ella
aprovecha las madrugadas para planchar, así que no hace falta que añada más.
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¿Y
qué hago yo, además de criticar y darle al pico y picotear entre horas?
No
hago NADA.
Simulo
ser Manuel Tamayo Prats, dandy porteño, bon vivant, crítico (g)astronómico a quien da vida un
espléndidoLuis Brandoni.
La Virgen Morenita es la
advocación de María venerada en el valle de Sanagasta en La Rioja, Argentina. El
28 de septiembre se lleva en peregrinación hasta la capital riojana,
recorriendo valles y cumbres, en un paisaje bellísimo.
La canción está escrita por los hermanos Albarracín.
Jorge Cafrune era un cantante folklórico
argentino, apodado “El Turco”,
investigador y difusor de la cultura nativa. Entre 1972 y 1974 actuó acompañado
por Marito (al que descubrió en el Festival de Canto Argentino de Balcarce),
con giras por Francia y España, cuando yo, impresionado por su voz, pedí a mis
padres que me compraran este sencillo.
El
motivo era claro: una cantante argentina, con un mensaje de fe y trabajo.
Si no creyera en la locura de la garganta del cenzontle, si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura... Si no creyera en la balanza, en la razón del equilibrio, si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza... Si no creyera en lo que agencio, si no creyera en mi camino, si no creyera en mi sonido, si no creyera en mi silencio... ¿Qué cosa fuera, qué cosa fuera la maza sin cantera? un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un revoltijo de carne con madera, un instrumento sin mejores pretensiones de lucecitas montadas para escena... ¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿qué cosa fuera la maza sin cantera? un testaferro del traidor de los aplausos, un servidor de pasado en copa nueva, un eternizador de dioses del ocaso, júbilo hervido con trapo y lentejuela ... ¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿qué cosa fuera la maza sin cantera? ¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿qué cosa fuera la maza sin cantera? Si no creyera en lo más duro, si no creyera en el deseo, si no creyera en lo que creo, si no creyera en algo puro... Si no creyera en cada herida, si no creyera en lo que ronde, si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida... Si no creyera en quien me escucha, si no creyera en lo que duele, si no creyera en lo que quede, si no creyera en lo que lucha... ¿Qué cosa fuera, qué cosa fuera la maza sin cantera? un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un revoltijo de carne con madera, un instrumento sin mejores pretensiones de lucecitas montadas para escena... ¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿qué cosa fuera la maza sin cantera?
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Aunque
ahora, conociendo la procedencia y el nombre escogido, cuando ya le hemos
cogido cariño, con profundo respeto, proponemos un nombre que le resultará más
próximo: Papa Pancho.
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La
investigación realizada confirma la grandeza de un autor español que, con 77
años de antelación (exactamente el número de votos que se necesitaban para
elegir Papa), escribió una obra, titulada inicialmente “Morirse es un error” y estrenada el 2 de mayo de 1936,
inmediatamente antes del inicio de la Guerra Civil. Tras el final del conflicto
bélico y la recuperación del orden, la obra volvería a representarse, pero
ahora con el nombre cambiado, en evitación de la repudia que una mala
interpretación del tipo de error que podría llegar a ser la muerte pudiera
llegar a producir. Se retituló como “Cuatro
corazones con freno y marcha atrás”. Se trata de Enrique Jardiel Poncela, autor de extensa obra, pero éxito triunfal
en su peripecia en Teatro. Muchas de sus obras se reponen todavía con cierta
asiduidad.
Y,
en la época en que tve emitía aquellos magníficos Estudio 1, programó esta obra, tras la muerte de Franco y en plena transición, el 25 de
septiembre de 1977, con el siguiente reparto: Doctor Bremón (Pablo Sanz),
Ricardo (Luis Varela), Valentina (Teresa Rabal), Hortensia (Amparo Baró)
y Emiliano, como quinto en discordia
(Ismael Merlo).
Siempre
pensé que Jardiel era un adelantado a su época. Pero era imposible imaginar que
su pluma hubiera firmado, con 77 años de anticipo, unas rimas tan actuales hoy.
Cabe pensar que hubiera participado también del secreto del bebedizo del Dr. Bremón, que sería innecesario desvelar
ahora y reservamos para quienes quieran seguir con el visionado de la obra
completa.
Amparo
Baró ¡quién se lo podría decir a ella!, asumiendo el personaje de Hortensia, poeta
aficionada y novia del Dr. Bremón,
declama un texto que afirma haber escrito ella (aunque podamos reconocer su
verdadera autoría). Dice:
Papa Pancho
Papa Pancho, Papa Pancho.
Tú, que amabas las hamacas y el mate y el sombrero
ancho,
fuiste a morir entre estacas, en un rancho de
Caracas,
Hacerse
el sueco no implica, necesariamente, un intento de ser extravagante.
2003 — Veneer
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Un
pequeño preámbulo.
La
conozco de sobra. No porque haya estado allí. Pero la he recorrido. Muchas
veces. Es parte de mi vida.
Creo que
la primera vez que la visite fue con Steve
McQueen, en “Bullitt” (dirigida
por Peter Yates en 1968).
Luego
se convirtió en el escenario de una serie de TV, protagonizada por Karl Malden y Michael Douglas —mucho antes de que confesara públicamente detalles
de sus hábitos íntimos, que nadie necesitaba conocer (yo no, desde luego), pero
que ya empezaba a provocar rechazo, con ese aire que siempre gastó y ese
apellido que nos impuso; siendo su padre DUglas (Kirk), él era DAglas—. La serie es, por supuesto, “The streets of San Francisco” (emitida
entre 1972 y 1977), que, según la fórmula habitual en la época, contaba en cada
episodio con artistas invitados: he seleccionado el día en que apareció Robert Foxworth, antes de transformarse
definitivamente en Chase Gioberti.
Y
la recorrí de cabo a rabo, claro, en la inolvidable escena de “Foul play” (Juego peligroso), cuando Chevy
Chase y una joven Goldie Hawn —la
película, dirigida por Colin Higgins
es de 1978; Hawn tenía ya 33 años pero, aunque siempre aparentó menos edad de la
real, su empeño en mantenerse con aspecto juvenil compite en testarudez con el
de Olivia Newton–John—, cogen el
coche del casero, Burgess Meredith,
y se embarcan en una trepidante persecución, tratando de llegar a tiempo al San Francisco Opera House, donde se
prepara un atentado, orquestado por un asesino albino (William Frankfather), para acabar con la vida del Papa (Cyril Magnin), que asiste a la
representación de una función de la ópera cómica The Mikado (ambientada en Japón, música de Arthur Sullivan, libretto de
W. S. Gilbert), en la que el
director de la orquesta es un atribulado (y antiguo conocido de Hawn) Dudley Moore. Tras confirmar la “Gran apertura” del escaparate del Uncle Luigi’s Pizza Palace, deben
retomar la persecución, empleando primero una caravana (de una sola diligencia)
y, tras convertirla en descapotable de forma expeditiva, la reemplazan por una limousine (tamaño medio) que trae, desde
el aeropuerto, sin que se hubieran percatado al apropiarse de ella, a un
matrimonio japonés que tendrá, para siempre, una historia que relatar acerca de
la naturaleza de las relaciones entre los respectivos países, superando por fin
el distanciamiento que supuso Pearl Harbour y fundamentadas en un memorable “Kojak, bang!, bang!”.
Hace
poco, Ken Block decidió organizar la
Gymkhana Five y poner a cualquiera
los pelos de punta.
Pero,
a pesar de que todo ocurría en el mismo escenario, con el protagonismo ubicuo
de una ciudad, San Francisco, que recordaba haber recorrido tantas veces, de mi
cabeza no se iban unas pelotas de colores, que, mientras caían en cascada,
golpeaban mis sinapsis.
El
anuncio de un TV.
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Quise
saber quién interpretaba esa música. Supe que la versión original era de un
grupo sueco, The Knife.
Y
encontré el making of del anuncio.
Y
averigüé que el intérprete, a pesar de su nombre, era también sueco: José González.
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El
24 de marzo de 1976 se produjo un golpe de Estado en Argentina y una Junta
Militar asumiría todos los poderes, encabezada por el general Videla (al que se nombraría
presidente), lo que abriría una página despreciable en la historia del pueblo
argentino (de su gobierno, por descontado). No es motivo de este artículo
analizar aquellos hechos bochornosos, pero, una de las múltiples consecuencias,
es, para nuestro relato, que los padres de José González se verían forzados a
huir de su país y establecerse en Suecia.
José
nació en Göteborg en 1978 y creció, en un mestizaje productivo, escuchando música
latina (especialmente del cubano Silvio
Rodríguez), Bob Marley o Michael Jackson. Aunque su primera
banda practicaba un hardcore punk,
sus variadas influencias no hacían presagiar el aire folk en el que se movería en su trayectoria en solitario.
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2003 — Veneer
Un
disco tranquilo, acústico, sin estridencias. Con un tono otoñal y que invita a
la relajación y la calma y la escucha serena. Con aires de Nick Drake, o Elliott Smith,
o Paul Simon. Una búsqueda de la
vuelta a la naturaleza y una invitación al abandono de las prisas.
Un
mar de tranquilidad.
Puede
que no parezca nuevo y que sea fácil imaginarse a uno mismo intentando replicarlo.
Un
disco de un país. No es USA, ni Japón, ni Argentina, ni Cuba, ni Jamaica.
Es
Suecia. De allí proviene José (aunque sus padres sean argentinos, San Francisco
esté en California, los viajeros de la limo
fueran japoneses, Silvio, cubano y Marley, jamaicano).
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Dos
acentos finales:
Los
suecos han exportado un sistema con el que pretenden convencernos que, juntando
las piezas, puedes armar un puzzle. Y que hacerlo sea divertido.
Como si no lo supiéramos.
Podía
haber dejado que su nombre se convirtiera en Ĵōŝě Ģŏņżǎǐәž, pero se esforzó en
mantener las dos “Z” y el acento sobre la é y sobre la á.