Ayer
estuve en la exposición del trabajo de Toño
Velasco, artista multifacético local, que, hasta el 24 de enero, puede disfrutarse
en la plaza de Trascorrales, en la antigua plaza del pescado de Oviedo.
Una
parte importante de la muestra corresponde al proyecto “13 plantas, 13
plazas”, donde el pintor aprovecha las plantas del edificio de la
antigua estación de autobuses (galería comercial, además de uso residencial y oficinas) para retratar otras tantas plazas de la ciudad en que vive.
Además
del proyecto mencionado, se recogen otros espacios de la ciudad, que Velasco
retrata viva, luminosa, superando el lastre de la oscuridad y el letargo con el
que los ovetenses debemos cargar, inmóviles (parece) desde tiempos de Clarín y “La Regenta”.
Son
todos espacios exteriores, públicos, con la única excepción del bar “La Perla”, desaparecido hace muchos
años, pero inolvidable para quienes lo frecuentamos.
Es
una muestra que debe visitarse y que seguirá abierta hasta el 24 de enero, así
que apúrate si pretendes hacerlo.
También
es posible ver los murales en el edificio de la Plaza Primo de Rivera y contemplarlos en su ubicación definitiva y su tamaño real. Las fotografías de la exposición
son de Pedro Domínguez Carazo, otro
ovetense ilustre.
Belén Esteban dijo que había escrito un libro. Mario Vaquerizo, dos. El fin de semana
pasado terminé asustado viendo el festival de Eurovisión. Hay un elefante que
dibuja con la trompa y colaron un cuadro de un mono en un museo de arte moderno.
Lo único que une todos esos conceptos es la puta desfachatez. Desfachatez y
desprecio por los que hacen las carreras de Bellas Artes, por los que tiran a
la papelera folios llenos de historias y por los que buscan un acorde nuevo o
un sonido diferente. A veces, ni siquiera es diferente, sino bueno. Aceptable.
Cualquier cosa de la que sentirse orgulloso. Ahí reside otro problema: el
orgullo. No puede tener orgullo el cantante de Polonia, ni Eduardo Inda si uno se llama a sí mismo artista y el otro
periodista. No pueden tener orgullo Pdro
o Pablo; hacen marketing indigno
hasta para los ¿creativos? de MediaMarkt.
No pueden creer que lo hacen bien Mariano
y Albert porque uno no acepta que lo
puede hacer mejor y el otro se ha subido, con el beneplácito de Pablo, a un pódium tras un campeonato
que ni siquiera han permitido que empiece. No puede ponerse la medalla de
director de cine Santiago Segura,
porque tendríamos que asumir que Woody
Allen y él, “8 apellidos vascos”
y “El apartamento”, son lo mismo. Van Morrison y Pitbull. Cervantes y Mari Cielo Pajares.
¡Qué
gran cantidad de insultos! ¡Qué miserable autoestima desequilibrada! ¡Qué puto
mundo de despropósitos y egos desmedidos!
Y
hay quien dice que todo es arte, pero una mierda de perro en medio de la acera
no es una escultura de Rodin. Un
post no es literatura. Un grito no es un cantante (salvo que la que grita sea Beth Hart).
En
algún lugar se quedó la vergüenza. Y los locos rellenan de mentiras sus
tarjetas de visita. Los que siguen a los locos son aún más locos.
Los
artistas de verdad se mueren. Con las manos gélidas.
La
pasión por la música y el baile es el nexo que une a los protagonistas, en un recorrido
de cincuenta años, desde cuatro procedencias diferentes. Comienza antes del
inicio de la II Guerra Mundial y concluye en una interpretación del Bolero de Ravel, en París, donde, al ritmo de su dramático crescendo, convergen las tramas que han
ido desarrollándose en la película.
Tómate tiempo y sigue los enlaces para poder disfrutar del artículo.
Trama
Cuatro
líneas familiares se despliegan y se entrecruzan.
Familia rusa
En
1936, se realiza la prueba definitiva para elegir a la primera bailarina de la
Compañía de ballet del Bolshói, en Moscú. Uno de los jurados, Boris Itovitch
(Jorge Donn), cae subyugado ante la
belleza y el talento de una de las dos aspirantes, Tatiana (Rita Poelvoorde),
mientras contempla como ambas bailan.
En
Berlín, antes de la guerra, Karl Kremer
(Daniel Olbrychski) interpreta la Sonata para piano, nº 14 (Claro de luna),
de Ludwig van Beethoven, para el Führer.
Años
más tarde, el teatro en el que se iba representar la Sinfonía nº 1, de Johannes
Brahms, ha tenido que colgar el cartel de “No hay asientos”. A la hora de empezar, el teatro está vacío, a
excepción de dos críticos, únicos espectadores de la función.
Durante
la guerra, Jack debe dirigir una
orquesta para las tropas americanas desplegadas en Europa. Recuerda a Glenn Miller.
Familia francesa
Una
violinista del Folies Bergère, Anne (Nicole Garcia) se enamora del nuevo pianista, Simon Meyer (Robert Hossein).
Se casan y tienen un hijo. Al ser judíos, son capturados y, en una conmovedora
escena, cuando se dirigían al campo de concentración, dejan a su hijo en la vía
mientras el tren efectúa una parada. Al sobrevivir, Anne pasa el resto de su vida buscando a su hijo.
Dirección
Claude Lelouch ya había conseguido un extraordinario éxito
internacional, en 1966, con “Un homme et une
femme”, logrando el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.
Se
la recuerda por sus protagonistas, Anouk
Aimée y Jean–Louis Trintignant
y, especialmente, por la canción, compuesta por Francis Lai y cantada por Pierre
Barouh y Nicole Croisille, que
se convertiría en ubicua.
Impresión
“Les uns et les autres” es una obra colosal; un intento de explicar que la
vida, con sus tragedias cotidianas y sus inmensas alegrías, es un esfuerzo
continuo.
Los
que han hecho de su vocación, y su talento, su forma de vida, tienen que
afrontar las mismas dificultades que el resto, pero ellos pueden suponer un
consuelo en la vida de otros.
Tienen
sus propios recuerdos y están asociados a las vivencias de muchos más.
He
conseguido encontrar la película, en seis partes, en VO francesa subtitulada
(en japonés).
El
arte dota de mayor sentido a la experiencia humana: alimenta la sensibilidad
que todos tenemos. Unos pueden ser
creadores o intérpretes; los otros,
asisten a su expresión y disfrutan del resultado. El arte es intemporal: en su
esencia se encuentra la verdadera grandeza de la humanidad y nuestra capacidad
para crear, transmitir y apreciar emociones.
Las
seis formas clásicas de arte son: arquitectura, danza, escultura, música,
pintura y literatura. Dos de ellas son dinámicas en su concepción. Deben
ejecutarse para poder ser apreciadas. Su relación es profunda: danza y música
se completan y se complementan.
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Mañana
es el Día Internacional de la Danza, establecido por la Unesco en 1982, en homenaje a Jean–Georges
Noverre, considerado el creador del ballet moderno. Hoy, como domingo más
próximo, se han organizado múltiples actividades en todo el mundo, tratando de
acercar este arte a un público más amplio, saliendo de los recintos en las que
se desarrollan los ensayos. La que estaba previsto realizarse en Gijón, y a la
que yo pensaba acudir, se ha visto suspendida por el tiempo.
Este
repaso a una película que recuerdo haber visto y la honda impresión que causó
en mí, es mi forma de agradecer, profundamente, la continua labor que Elisa Novo y Estela Marta Rodríguez están realizando con nuestros hijos Martín y
Luis. Ballet y piano hacen que se desarrolle en ellos su faceta artística y se
conviertan en mejores, y más relevantes, personas.
Aprenden
la importancia del esfuerzo y aprecian el cariño que se les profesa.