Bryan Ferry, Andy Mackay, Paul Thompson, Phil
Manzanera, Eddie Jobson & John Gustafson
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Single principal del 5º LP de esta banda
fundamental, precursora de muchas tendencias musicales y agraciada con un toque
distintivo de estilo.
La
línea de bajo de Gustafson es considerada como una de las más memorables y Nile Rodgers ha reconocido que fue
esencial para el nacimiento de Chic.
El
parche en el ojo que luce Ferry en el vídeo que recoge su aparición en TV no
fue asunto de moda, sino a un percance doméstico. En todo caso, cualquier cosa
que él hiciera suponía una enorme fuente de influencia. Es considerado uno de
los cantantes más elegantes del pop
británico.
50 Estados es una
sección radiofónica con plan. En ocasiones explora un territorio (sin demasiado
respeto hacia las fronteras), una fecha concreta, o apunta novedades
musicales.
Pero nunca se deja
cegar por la actualidad. Hoy nada importa.
Hoy sólo interesa
seguir la pista a Kim, unidad de destino.
Avalon era una isla legendaria de
la mitología griega, en algún lugar indeterminado de las islas británicas,
donde los manzanos dan sabrosas frutas durante todo el año, habitan nueve
reinas hadas (Morgana, entre ellas)
y donde se cuenta que intenta reposar el rey Arturo, a la vista de una inscripción hallada en Glastonbury: “Aquí yace sepultado el Rey Arturo, en la
isla de Avalon”; nadie sabe que la llegada de un grupo, Roxy Music, que quiso publicar un disco
cuya portada, diseñada por Peter Saville,
en la que la novia del cantante, Bryan
Ferry, la que pronto sería su esposa, Lucy
Helmore, aparece con un casco medieval, con un halcón perchado en su mano
enguantada, evocando las artes cetreras de Arturo
en la última jornada en las misteriosas tierras de Avalon, acompañado además por toda una caterva de músicos: Neil Hubbard (guitarra), Phil Manzanera (guitarra), Andy Newmark (batería), Alan Spenner (bajo), Andy Mackay (saxo), Jimmy Malen (percusión). Por si todo
esto no fuera suficiente, Yanick Etienne
se empeña en mostrarse virtuosa del gorgorismo y se entrega frenética a un crescendo que se va tornando épico y
persuasivo; todos empiezan a evitar las miradas a una Sophie Ward que, enloquecida, no deja de danzar en trompo como si
hubiera avistado Tazmania.
Roxy Music fue un grupo que evolucionó
desde el modernismo de sus trabajos iniciales hacia un estilo más maduro y
también más melódico. Entre sus pilares (Phil
Manzanera o Brian Eno)
sobresalía el encanto de su vocalista, Bryan
Ferry, a quien todos consideraban un dandy,
que supo mantener una carrera paralela en solitario y que, en 1985, maravilló a
todos con la elegancia de su propuesta, “Boys
and Girls”. De ese disco se entregó como single “Slave To Love”, con un sonido vibrante, que facilitaba el
desarrollo y florecimiento interior de una idea tórrida.
La
inclusión del tema en la BSO de “9 ½ Weeks” confirmó
el deseo de llegar a ser un esclavo del
amor. Los protagonistas, Kim
Basinger y Mickey Rourke, hacen
que la temperatura suba.
Ciertos
recursos: vendajes, desnudos, uso de alimentos (y otros instrumentos) formarían
parte indispensable del cortejo a partir de ese preciso instante.
Ella
debe viajar a Madrid y me pide que consulte el tiempo.
"Predicciones para hoy"
— Despejado.
— ¡Qué bien!
— Once grados.
— Seguro que mañana hará
más frío.
— Coge la bufanda.
— Sí. Eso haré.
— Yo no me fiaría mucho.
— ¿Y eso…?
— Fíjate. Dice que hay un
riesgo de precipitaciones del 0%.
— Eso es bueno.
— ¿En Madrid? ¿Qué en
Madrid van a estar sin precipitaciones?
— No empieces.
— ¡Si van todos
acelerados!
— Para.
— …
— …
— Juas.
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Bajo
al entreno a L. y de camino
escuchamos el delirante “Les
voy a decir una cosa” de Carlos
Alsina, sobre los pronósticos errados del astrólogo de confianza de Mahinda Rajapaksa, presidente de Sri
Lanka que tuvo que ceder el poder a Maithripala
Sirisena el pasado 9 de enero, tras perder en las elecciones que había
convocado con dos años de antelación, siguiendo los consejos de un asesor que
sólo pudo esgrimir en su defensa un decepcionante “Si se equivocaba Nostradamus,
no nos vamos a equivocar los demás profetas”.
Juas.
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A
la vuelta, encadeno una serie de canciones ofrecidas por la versión random del reproductor que llevo en el
coche.
No
sé por qué, pero tengo la idea de que un mensaje oculto se encierra en ellas.
Como
si fuera un signo que sólo pudieran interpretar los augures.
Un
mal presagio.
Deberé
de ser precavido. Manipularé todo con sumo cuidado.
Me
apetece olvidarme de esas intuiciones absurdas.
Siempre
son signos que interpreto mal, de forma precipitada.
No
volveré a caer en esa artera trampa.
Al
fin y al cabo, es sólo música.
Más
que señales se trataría de sones.
Juas.
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Llego
a casa y tengo que preparar la cena. Un arroz siempre resulta una opción atractiva.
No
hay arroz. Debo bajar al súper. Cojo también unas salchichas; darán una nota de
color al plato.
Juas.
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Por
razones que escapan de mi comprensión la placa de inducción se ha bloqueado. En
un recoveco de mi memoria recuerdo haber notado un imperceptible “piiii” mientras preparaba el café que
me aticé para dormir la siesta; un ruido al que, entonces, ingenuo de mí, no presté la
adecuada atención.
Siempre
he pensado que las salchichas crudas están infravaloradas en el mundo gourmet.