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martes, 12 de septiembre de 2017

Kim Basinger

50 Estados es una sección radiofónica con plan. En ocasiones explora un territorio (sin demasiado respeto hacia las fronteras), una fecha concreta, o apunta novedades musicales.
Pero nunca se deja cegar por la actualidad.
Hoy nada importa.
Hoy sólo interesa seguir la pista a Kim, unidad de destino.

Bellísima en 1997: L.A. Confidential



lunes, 22 de diciembre de 2014

Joe Cocker - You Can Leave Your Hat On

Un recuerdo rápido a Joe Cocker (20/05/1944 - 22/12/2014).


Y a Adrian Lyne (dirigió en 1986 la película "9½ weeks").
Y a Mickey Rourke (comía palomitas).
Y a Kim Basinger (se dejaba el sombrero puesto).
Y a Randy Newman (compositor e intérprete original, en 1972, de la canción).
Y a Etta James (sin ser capaz de tenerse en pie, tumbaba a la audiencia).

Los años pasan.
Los excesos se pagan.
Nunca hubiera imaginado que, tras triunfar en Woodstock, Joe podía llegar a aguantar 45 años más.



Me acaban de decir que Joe Cocker "no more".

viernes, 27 de septiembre de 2013

Twerk

De completa vigencia, la que antes fuera Hannah Montana, la que todos los papasitos querían tener como yerna, se ha hecho mayor y, tras retomar su tradicional nombre, ha madurado una actitud más provocadora.

Rescató un dedo de espuma, empezó a fumar, decidió mostrar su cuerpo y su lengua, vestirse con transparencias y practicar una nueva rutina: el twerk.

En la revista Rolling Stone, antes especializada en música, le dedican la portada, con un atrevido titular: “Good Golly Miss Miley!”.



Creen que podemos tragar con que ella es la reina, como si hubiéramos olvidado quién es el verdadero rey. Por si no tienes idea, hablamos de Little Richard, el tipo con más peligro con una pastilla de jabón a su disposición.


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Ya sabes de qué hablo: esa ola de provocación que supone la música. No es una historia nueva, aunque adquiera otros ropajes.

Quizá te interese conocer los entresijos.

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¿Qué es el twerk?

Lo que hace Miley Cyrus, inmediatamente después de anunciarlo, en el vídeo de We can’t stop.

"Primera ración en 1:26"

¿Cómo se practica? Hay multitud de ejemplos. Tweety lo explica. Lady (et al) lo ponen en marcha. Se puede observar la especialidad reverse, en la que, tras poner las manos en el suelo y subir los pies por la pared, hacen mantener una postura propicia a los fail.

Esto es lo que hay, amigos. La conexión WiFi, permanente, permite estos universales desfases.

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No es que antes no existiera, pero era, por decirlo de algún modo, de ámbito más restringido.

Las rutinas de baile siempre han estado presentes. De hecho, una de las más conocidas, en su momento, fue protagonizada por el padre de Miley, Billy Ray Cyrus, con Achy breaky heart.


Aunque era la época en que llegaban antes las traducciones que los propios originales. De esa demora se aprovechó Coyote Dax: No rompas más. Misma canción, mismo baile. Un tipo que, hasta para bautizarse, tuvo que aprovechar éxitos ajenos, como la película “Coyote ugly”, en el que un grupo de buenorras anima el público masculino de un bar de copas con sus bailes calientes, sus juegos incitantes y sus “se mira, pero no se toca”. En pleno follón, Piper Perabo debe hacer un playback a Blondie, con One way or another y todo el ganado (se tranquiliza) queda hipnotizado.

No es nuevo que el cine usa el poder de las imágenes y la música, mezclándolas, para resultar sugerente.

Demi Moore, en Striptease, Kim Basinger, en 9 ½ weeks o Rita Hayworth en Gilda.

Puedes echarle la culpa a Mame, o al boogie, pero te equivocas si piensas que es cosa del ritmo.


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El baile no es otra cosa que una rutina de conquista y seducción, un anticipo del apareamiento.

Una forma de cortejo.

Puedes hacerlo con Solomon Burke sonando de fondo, o con Etta James, o con Sergio Dalma, o como Shelley Long, haciendo sin fin el Mashed potato, de Dee Dee Sharp.

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Shakira, la novia con la que sueñan todos los papasitos (más, si son culés), también sabe hacer el twerk (y volverse Loca).


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El twerk es la mezcla moderna del twist (popularizado por Chubby Checker) y el jerk (que pusieron de moda The Capitols, patético según quien lo practique).

Y tal y como lo ejecutan estas jovencitas, un decidido avance para la dignidad de la mujer.

jueves, 14 de junio de 2012

Oficial y caballero — El día después



Zack Mayo (Richard Gere) va a buscar a Paula Prokifki (Debra Winger) a la fábrica de papel en la que trabaja. Entra pimpante y, sorprendentemente, a pesar del calor sofocante de las máquinas, todos le miran, aunque nadie se atreve a pedirle un helado de piña.


Años más tarde Gere conocerá a una prostituta, de buen corazón (Julia Roberts), que le ayudará a combatir su miedo a las alturas y le convencerá para que retome sus viejos hábitos como rescatador.

Pero, ahora —cuando evitamos entrar en debates dialécticos sobre si lo que Mayo hizo con Paula fue rescatarla o, de forma evidente, le impelía un deseo de inyectarla apasionadamente, sin necesidad de intervención pactada con anterioridad— queremos fijarnos en el día después, obsesionados por descubrir qué sería de ambos tras su fuga triunfal.

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Primera parada: comprarse el single  Up where we belong, interpretado por Joe Cocker y Jennifer Warnes (en la película, la canción no se escucha hasta los títulos de crédito; el final tiene música instrumental y ellos quieren oírla, claro).

Segunda parada: pillan un motel de carretera donde dejan, momentáneamente, la moto aparcada a la puerta, mientras ponen los pistones a trabajar de modo frenético.

“Recuperaremos el tiempo perdido”.

Tercera parada: se ven inmersos en la itinerancia permanente, destino inexorable a que les obliga el trabajo (de) oficial. Con ello logran evitar que la empresa propietaria de la fábrica de papel pueda entregar a Paula la demanda cursada por abandono indebido del puesto de trabajo, sin el requerido preaviso (quince días, por aquel entonces). Con el tiempo transcurrido, la globalización y el consiguiente traslado de la fábrica a Filipinas, la empresa decide archivar el asunto en la papelera, demostrando una inesperada sorna digna de ejemplo.

Cuarta parada: tras descubrir que la escasez de holgura en la ropa interior no es buena para la fecundidad —y menos combinándola con la patada en los mismísimos que le atizó, mientras resolvían sus asuntos personales, el sargento instructor Foley— Zack decide someterse a un tratamiento para mejorar la concentración y actividad de su esperma. El médico le receta una dieta alta en mayonesa que, definitivamente, achina sus ojos. El efecto filipino se completa en una broma privada que los compañeros de las distintas bases navales a las que va siendo destinado, destilan y perfeccionan para él:

¿Cuál de todos los compañeros ha tenido un pasado turbio en Manila?
...
Tranquilo. Ya te lo dirá él.

Quinta parada: Con motivo del 25º aniversario de su graduación, se reúnen todos para intercambiar experiencias (y ponerse al día). Así les fue a otros:

Topper Daniels (David Caruso) (ver aquí): compañero de promoción (y de cuarto). Todavía era un pelirrojo barbilampiño incapaz de enfrentarse a situaciones críticas. El simulacro de accidente con inmersión le hizo renunciar a su aspiración de completar la instrucción en la Academia (único caso documentado en la película). Más tarde llegaría a Miami (con etapa intermedia como detective en Nueva York en NYPD Blues) y se terminaría convirtiendo en el implacable CSI Horatio Cane (tener como compañero de habitación a Mayo curte a cualquiera).

Lynette Pomeroy (Lisa Blount) era la “cazadora”, término amable cuya traducción al español meramente apuntaré, indicando que, en sus múltiples variantes, siempre empezaba por “calienta...”. Su codicia y su apego a los símbolos de status fue la causa del suicidio de Sid Worley (David Keith), a quien todos recuerdan como un buen chico, olvidando el dilema al que él mismo se abocó, al tener que optar entre la vida diseñada para su hermano mayor (muerto en combate) y su elegido compromiso con una trepa. Nadie que haya visto la película olvida la imagen del cuerpo exánime de Worley en brazos de Mayo y el pensamiento fugaz y recurrente (“zorra”) que provocaba Lynette. Con 25 años (más) se ha convertido en una mujer ajada y amargada que colecciona minibotellitas de alcohol que succiona de forma voraz y atropellada. En sus escapadas furtivas mantiene la costumbre de rociar sus pechos con sabores de frutas variadas. Últimamente se está aficionando a frotárselos con papaya y mango (incluso careciendo de acompañante).

Emil Foley (Lou Gossett, jr). Tras el combate intelectual fallido con Mayo —a pesar de haberle derrotado en el ring— sufre una crisis interior que logra resolver, aprovechando su talento y dedicándose al coaching. Diversos incidentes le llevan a solicitar su baja en la asociación gremial C&PT —“Coachee & Personal Training”— de Pensacola, Florida, lugar en el que ejercía desde unos años antes. Dejamos volar la sombra de la duda sobre una historia que se vislumbra siniestra y en la que se intuye que gritar mucho y reiterarse en que en el lugar de origen del discípulo sólo hay ganado y maricas no parecen los ingredientes más adecuados para adaptarse a los aires del nuevo siglo. Tras recibir el Oscar de Susan Sarandon y Christopher Reeve, la estatuilla aparece nuevamente en su vida cuando, en 2004, publica “Learning to fly with Oscar”, exitoso libro de autoayuda en el que explica cómo desplazar tus problemas hacia un icono dorado que cubre sus partes pudendas con una espada y, hecho esto, lanzar ambos —icono y problemas— por la ventana, lo más lejos posible. Actualmente se está preparando la 25ª edición en inglés y la obra se ha traducido ya a 17 idiomas (incluyendo el gólgota). La supervivencia se lleva bien portando con garbo el sombrero de la policía montada del Canadá.

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La película tiene un punto de nostalgia retro (con 30 años transcurridos desde su rodaje), que se manifiestan en pequeños detalles:

— Mayo conduce la moto en plan patán —arrastrando ambos pies, que deja sin apoyar en los estribos— y sin casco.

— La amplia camisa de cuadros enfatiza el ideal hogareño de Paula y, a pesar de que el hábito no hace al monje, esa prenda (unida al gorro montañero) la transforman (en un par de secuencias), pasando de ser una casquivana provocadora y promiscua a convertirla en una hacendosa madre de familia (pese a la todavía desconocida escasez espermática de su partenaire).

— La intuición expresada por el sargento Foley —sé por qué la mayoría de vosotros está aquí. No soy estúpido— se ve hoy definitivamente anticuada. Tener que comprometer 6 años para “vender lo que os enseñaremos a la United Airlines”, parece un plazo excesivo. El 11-S nos mostró lo sencillo que parecía obtener una licencia de vuelo y fulminó, también de un plumazo, la posibilidad (que en 1982 se veía como factible) de resolver diferencias por el método tradicional —ni aderezándolas con el sabor, entonces sofisticado, del kárate, antes de la primera entrega de la saga Karate kid: la semilla para el señor Miyagi (Pat Morita) estaba plantada y germinaría en 1984—.

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¿Por qué no se le ocurrirá a nadie adaptar esta historia para hacer un musical?

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...