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jueves, 6 de enero de 2022

Cimafunk — Me Voy


Cimafunk
Me Voy

Terapia (2017)

Pinar del Río (Cuba)

Enlace

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Había pensado dejarlo, porque es una idea recurrente.

Pero estoy revisando las listas de lo mejor de algunos amigos (como sustento para hacer la mía) y me doy cuenta de lo muchísimo que me gusta la música y encontrar lugares que comparten cosas que me flipan y, siendo cada vez menos, son cada vez más valorados.

Así que no me voy.

(((aunque no sepa cómo hacer para continuar)))

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Uno de mis proveedores habituales (el principal) es Bernardo de Andrés.

En Arcadia Negra (dedicada a la black music), ha preparado su lista, llena de conejos.

Y tirando del hilo del reciente El Alimento, llego al trabajo anterior de Erick Iglesias Rodríguez, el genio que se hace llamar Cimapunk, un cubano que mezcla afro, latin y funk para conseguir un combinado rítmico imbatible.

No hay mejor TERAPIA.

Viva Cuba Libre

sábado, 15 de diciembre de 2018

Yuli

“Los bailarines bailan, pero los artistas se arriesgan”.
Maestra Chery


Iciar Bollaín dirige “Yuli”, la película basada en la autobiografía “No Way Home” (“Sin mirar atrás”), de Carlos Acosta, bailarín cubano negro que llegó, desde los barrios más pobres de La Habana, a formar parte de algunas de las Compañías más prestigiosas del mundo, ser el primer Romeo negro y, tras una vida de desarraigo y soledad, regresar a su Cuba natal para formar compañía propia.



La película sigue la vida de un niño que no quiere bailar, Carlos



que se convierte en una figura internacional


No es posible realizar ese recorrido sin realizar un sacrificio.


Su padre, en la película un excepcional Santiago Alfonso, es una figura capital en la vida de Yuli. Él le empuja a alcanzar su destino.

“Yo te puse el nombre de un indio bravo el día que naciste: tú eres Yuli.
Y vas a ser el mejor bailarín del mundo”.
Pedro Acosta

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Página personal:

miércoles, 6 de marzo de 2013

Por Amor a la Música: Buena Vista Social Club — “BVSC” (1997)

En ocasiones, la madurez encierra un profundo apasionamiento.

Ry Cooder es un músico y productor con variedad de intereses.
Ha empleado ingredientes tex-mex, rock, blues, soul, folk, y algunos otros.
Ha producido a artistas muy diversos.
Ha participado en películas, componiendo la banda sonora.

En 1996, interesado en cierta música cubana, con ritmos procedentes de África —en un intento de que la root-music que confeccionaba resultara más solvente—, viajó a Cuba y descubrió a un conjunto de músicos que, gravitando en torno a un Club Social, clausurado 50 años antes, demostraban, a pesar de su edad, un talento y una vitalidad desbordante.


Allí se encontró con Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Elíades Ochoa, Rubén González, Omara Portuondo, entre otros.

Los artistas.

Grabaron un disco, producido por Cooder, con 14 canciones, impregnadas de son, la música tradicional cubana —profunda y arrebatadora—, en las antípodas de la salsa, ese moderno aderezo, empalagoso y superficial.

01 — Chan chan
02 — De camino a la vereda
03 — El cuarto de Tula
04 — Pueblo nuevo
05 — Dos gardenias
06 — ¿Y tú qué has hecho?
07 — Veinte años
08 — El carretero
09 — Candela
11 — Orgullecida
12 — Murmullo
13 — Buena Vista Social Club
14 — La bayamesa


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El disco era tan fascinante que supuso una verdadera revolución. Se vendió muchísimo. Hizo que los artistas tuvieran que organizar una gira para actuar en Ámsterdam y en el Carnegie Hall, en New York. Y dotó de sentido comercial a una orientación hacia un tipo de música (world, root), que Putumayo llevaba años promocionando en proyectos verdaderamente singulares.


Todo se contó en una película dirigida por Wim Wenders en 1999.


El director alemán había alcanzado notoriedad con El amigo americano (1977), —adaptación libre de “El juego de Ripley”, novela de Patricia Highsmith—,  París, Texas (1984), Cielo sobre Berlín (1987) o ¡Tan lejos, tan cerca! (1993).


El trailer oficial

Orlando Cachaíto López

Silencio

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Esta es la historia de una búsqueda.

La de un músico, persiguiendo las raíces de un sonido que le apasionaba.
La de un cineasta, tratando de encontrar sentido a su propia identidad.
La de un puñado de músicos que, negándose a sentirse pobres o, simplemente viejos, encontraron la oportunidad de mostrar su pasión a un mundo dócil y, por eso mismo, sorprendido y emocionado a la vista de quien muestra empeño, decisión y bravura.
La de alguien que, bordeando recuerdos personales y tratando de cerrar (con agradecimiento) una página, quiere tener alicientes para iniciar una nueva deriva.

Es la historia de muchas búsquedas.

Es la historia de todas las búsquedas.

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Llevaba dudando, desde que se me ocurrió por primera vez proponer Cuba, como escala en este juego de Por Amor a la Música, sobre la conveniencia de mencionar el tema político, a sabiendas de que, siempre que sale al tapete, las posturas están tomadas con antelación. Pero era también consciente de que, como si fuera un runrún, estaría presente para todos y tratar de eludir el asunto generaría mayor distracción.

Así que hoy, 6 de marzo de 2013, el día después del fallecimiento del venezolano Hugo Chávez, me atreveré a dejar unas notas sobre el asunto cubano:

Una isla que antes era próspera, hoy es miseria y pobreza.

Un destino cautivador se ha convertido en un cautiverio asfixiante, que impide regresar a los que quieren hacerlo, salir a los que lo pretenden y que condiciona a todos a vivir de una forma que les disgusta.

Antiguo manantial de riqueza, hoy es una tierra yerma.

El paraíso que todos querían visitar es un lugar aislado.

Se ha convertido en un asunto humanitario: un pueblo no puede sostenerse, manteniéndose segregado por una barrera infranqueable que impida que todos sus miembros, a pesar de sus diferencias, puedan juntarse para celebrar que siguen vivos (y que están llenos de pasión y de esperanza).

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Escuché a mi padre contar historias apasionadas de cuando vivió en Cuba. Y siempre le noté emocionarse escuchando a Luis Aguilé. Recuerdo que me explicó que, cuando raramente bebía, le gustaba tomarse un cubalibre (eso que hoy ha quedado reducido al sabor para un caramelo duro).

Esta Navidad releí el relato que hizo mi suegro de su viaje a Cuba, junto a su mujer y su hijo Gonzalo, que subyugaba cuando lo contaba en persona, porque transmitía su pasión y su intensa curiosidad y que se publicaría, en dos partes, curiosamente el mismo año del disco que ahora reseño.

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Todas las búsquedas empiezan en un punto conocido. En todas, se desconoce el destino. Esa es la parte verdaderamente interesante.

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Esta es mi última participación en el juego Por Amor a la Música. He sido feliz haciéndolo. Era un estímulo y un reto y me permitía, con un plazo mínimo, tener un enigma que resolver: encontrar una historia que contar, con unas claves que me eran impuestas.

Fue muy divertido.

Pero tengo ganas de explorar otros ámbitos, de salirme del camino y ponerme a andar por la vereda.

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Más detalles:

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...