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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Deberes vs. Actividades Extraescolares

En el recurrente debate sobre si los niños deben llevar tareas para casa, o si el tiempo que dedican en el centro escolar es suficiente, resulta difícil aportar argumentos convincentes, porque tiene uno –yo– la sensación de que las posturas están trabadas y, más o menos, todo el mundo (afectado, o no) tiene una convicción al respecto; se podría decir que inamovible.


Ilustración: Gemma Cantador

lunes, 2 de diciembre de 2013

Un estudio de la Universidad de Wisconsin

Un reciente estudio, elaborado por el Departamento de Psicología y Sociología de la Universidad estatal de Wisconsin, aparecido en la prestigiosa revista americana Very Interesting, revela las esclarecedoras siguientes conclusiones preliminares:

"Estadísticas: la mentira científica" Foto: *n3wjack's world in pixels

— El 89% de las estadísticas que la gente emplea en una conversación, con el fin de confirmar sus propias aseveraciones, implican invenciones establecidas sobre la marcha.

— El 95% de las citas que corresponden a estudios reales, están mal atribuidas o aportan datos erróneos o, de forma más preocupante, contradicen los verdaderos resultados de los estudios.

— El 83% de los consultados desconoce en qué estado de los EE UU está situado Wisconsin.

— El 45% afirma, tajantemente, que Wisconsin no ha tenido (ni tendrá nunca) una Universidad estatal.

— El 98% de los estudiantes de la Universidad de Wisconsin dudan que en la Universidad se esté realizando estudio de ningún tipo (más allá de conseguir encontrar la forma de librarse de apaños sexuales no satisfactorios).

— El 145% de los profesores de la Universidad de Wisconsin niegan categóricamente el rumor —a su juicio, infundado—, que afirma que, de forma orquestada, se manipulan los datos aparecidos en los estudios publicados por la propia Universidad, en el sentido de favorecer las tesis que previamente se pretendían confirmar.

— El 0.05% de los encuestados (una sola persona) manifestó extrañeza porque se hubiera llevado a cabo un estudio conjunto entre los Departamentos de Psicología y Sociología, habida cuenta de la animadversión que se profesan los respectivos titulares de los departamentos afectados, de origen desconocido, aunque manifiestamente enquistada con el paso de los años. Off the record se ha llegado a saber que el encuestado es el propio rector de la Universidad que ha admitido haber firmado el cuestionario, pese a los avisos preceptivos acerca de la confidencialidad y el anonimato del estudio. Otros detalles hubieran podido revelar la identidad del autor, en especial su empeño en subrayar cualquier impreso en rojo, corrigiendo las múltiples faltas de ortografía, su fijación obsesivo-compulsiva por dibujar telarañas en las esquinas de cualquier texto que pase por sus manos y, como colofón, la paranoia esquizoide que se manifiesta en sus improperios, altamente subidos de tono, contra un tal Simonsen.

— El 0.15% de los encuestados, (el profesor Simonsen y sus dos asociados, según se ha sabido) discrepan de la posibilidad de que un Departamento pueda denominarse “Psicología y Sociología”, resultando evidente que la importancia implícita de ambas especialidades aconsejaría una denominación en orden inverso, situando en primer lugar a la Sociología, como se desprende de su mayor preeminencia y dejando, en todo caso, a la psicología como un ámbito afín, accesorio, de orden meramente secundario.

— Un porcentaje indeterminado de la muestra de estudio (aunque claramente fuera del rango marcado por las dos desviaciones típicas que delimitan la normalidad) no puede convertirse más que en sesgos despreciables que no justifican el hecho de ser mencionados, por mucho que el sociópata sueco crea que sus opiniones, y las de sus allegados, sean merecedoras de incluirse en ninguna publicación que pretenda merecer el calificativo de prestigiosa, afirmó el profesor Kowalski en rueda de prensa concedida a la revista (que ha planteado incluir el subtítulo “a nuestro pesar”, a la vista de los coletazos que está presentando, lo que ya se viene conociendo como el affaire).

“Si el puto polaco piensa que llamarse del mismo modo que uno de los pingüinos de Madagascar le confiere credibilidad alguna, es que está para que le encierren. Mi recomendación es que se precipite a las profundidades del proceloso piélago y nos deje en paz de una puñetera vez”, afirmó Simonsen, claramente encolerizado. “Y si desconoce la procedencia del titular más veterano del campus de Wisconsin, le aconsejaría que dejara de recomendar a sus estudiantes de postgrado, féminas todas, que llevaran camisetas de la sirenita, nuestra inspiración local, en un burdo intento de emular una ninfa con cola y pretender que no se percibiera la perversión aberrante implícita en ese doble papel pasivo-pasivo que intencionadamente se sugiere”.

“Haber tenido que acudir a vaciar mi vejiga, afectada para siempre tras haber ingerido las pastillas que el nórdico de los cojones me ofreció, y perder por ello el turno en la cola de la secretaría para retirar el documento en que se recogía el nombramiento oficial, viéndome superado por el vikingo con esa artera maniobra, no otorga verosimilitud al empeño de aferrarse a una supuesta antigüedad”, sostiene Kowalski, al borde de un síncope. “La fijación en establecer diagnósticos sobre los que se carece de conocimiento empírico constituye uno de los ejemplos de necedad más incontrovertible que recuerdo. Olaf está mal de la olla”.

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Y podría seguir así, hasta el hartazgo.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...