Este artículo está dirigido a padres. Si no lo eres, déjalo ahora, es posible que no tenga interés para ti
Ser padres es un regalo y una responsabilidad. Al recibir a nuestros hijos, asumimos con ellos un firme compromiso que los convierte en el proyecto más importante que podemos tener entre nuestras manos. Juntos, padre y madre, deben definir los límites de ese proyecto, sus líneas maestras, la forma de llevarlo a cabo y las tareas de las que cada uno debe ocuparse, de forma solitaria o solidaria, diariamente.
AVISO:
Si consideras que la responsabilidad de la educación de tus hijos recae exclusivamente en el otro progenitor, déjalo ahora, es posible que el artículo no tenga interés para ti
No importa lo que hagan en otras casas. No importa lo que otros papás y otras mamás comenten en los momentos en que charláis sobre lo difícil que es tratar con los hijos, atender sus problemas y preocupaciones, estar todo el día pendiente de ellos. No importa lo que oyes en la tele o en la radio, lo que lees en el periódico. No importa lo que digan en el colegio, ni los profesores, ni el resto de padres. No importa lo que digan los libros, los manuales, los expertos, la gente que se supone que sabe. Lo que importa, lo que verdaderamente importa es lo que pensáis los padres, aquello que forma la base del acuerdo, vuestras ideas comunes, de lo que debería ser la educación de vuestros hijos.
AVISO:
Si consideras que el principal actor en la educación de tus hijos recae básicamente en sus profesores y que los padres sois estrellas invitadas al proceso educativo, déjalo ahora, es posible que el artículo no tenga interés para ti
Hola, ¿todavía queda alguien? Espero no haber eliminado de un plumazo a todos los que se hubieran asomado a este artículo. En cualquier caso, los que todavía permanecéis atentos, estáis suficientemente avisados. Y por si fuera poco, un par de avisos más.
AVISO:
A continuación se realizarán comentarios que pueden herir su sensibilidad
AVISO:
No intente hacer esto en su casa
Bueno, ya puedo estar más tranquilo. Sigamos. Vamos a relajarnos escuchando un poco de música.
También he buscado la letra. En la segunda estrofa, justo antes de repetir por segunda vez el estribillo, Gloria Estefan canta:
Como a través de la selva, se van abriendo caminos
¿Qué haces con tus hijos? ¿Les pones puertas? ¿Se las abres o se las cierras? Gloria lo tiene clarísimo: la canción se titula abriendo puertas, el estribillo se completa con cerrando heridas. Pero tú, ¿qué haces con los tuyos?
Como ya quedamos pocos y la mayoría sois de confianza, os contaré lo que hacemos en casa. Queremos que las puertas estén abiertas. Eso significa dos cosas:
üQueremos que nuestra familia y nuestros amigos entren. Queremos compartir lo nuestro —nuestro hogar— con la gente que nos importa.
üQueremos que nuestros hijos salgan. Que no estén encerrados, que se relacionen con otros, que aprendan a compartir y confiar. Queremos que vivan sus propias experiencias y que aprendan con ellas, no que repitan lo que nosotros aprendimos. Queremos que se caigan y que sean ellos solos los que sepan levantarse. Queremos que sean capaces de marcarse sus propios límites, no que a gritos les tengamos que decir lo que tienen que hacer. Queremos que sepan vivir sin depender de nadie, pero que nos necesiten a nosotros y a otros para poder vivir.