Confesaré algo que, quien lea estas notas (si existe alguien así),
debe dar por sabido: me encanta seguir pistas. Un amigo dice que una buena
canción puede aparecer en cualquier sitio aunque, y esto es añadido de cosecha
propia, es preciso estar atento.
Como no soy dado a seguir las cadenas que suponen, en todos los
sentidos, los LPs, prefiero ir a mi bola y (di)vagar.
Me chifla establecer conexiones.
*****
Leo en el libro de Andreu
Cunill: “Espíritus
en la oscuridad: Viaje a la era soul” sobre un cantante desconocido. Su
biografía es apasionante. Y el disco que destaca Cunill es Stranger
(1976), del que he conseguido una copia.
Todo el disco es magistral, pero me atrae sobremanera cuando habla
de su vida.
Su padre era una leyenda del R&B, muerto en el backstage del concierto que daban el día
de Navidad en Houston, jugando a la Ruleta Rusa. Una muerte absurda. En febrero
de 1955 llegaría al #1 de manera póstuma con su canción más recordada.
Te amaré por siempre
Por el resto de mis días
Nunca me separaré de ti
O de tus maneras amorosas
Sólo prométeme, cariño, tu amor a cambio
Que este fuego en mi alma arda para siempre, querida
Saunders no supo que Ace había sido su padre. Se enteró en el
lecho de muerte de su madre que, antes de irse, le dejó ese regalo.
Sí conoció a su hermana pequeña, Lynn. Debutó tres años después de
que Larry alcanzara su cima creativa. Su carrera fue más longeva: publicó una
docena de discos entre 1981 y 1998, aunque ninguno llegaría al esplendor de su
hermano.
Todos esos antecedentes, y ser conocido como el “Profeta del Soul”, no hicieron de
Saunders alguien que apreciara las cosas cercanas, familiares, a las que podría
sentirse vinculado.
Y cuando fue padre de una niña, a la que llamaron Ledisi Anidabe
Young, tardó poco en coger la puerta y escoger giras, escenarios y actuaciones.
Ledisi nació en 1972. Y, siendo una vocalista notable, deja en toda su obra notas
de anhelo de cambio; quizá la decepción haya sido motor para su fortaleza.
Un viaje por una saga extraordinaria de artistas, con paradas en los
estilos más destacados de la música negra de los últimos cincuenta años (R&B,
soul, blues, funk, RnB) que espero te haya resultado entretenido.
Rito — “Conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas”.
Costumbre — “Manera habitual de actuar o comportarse”.
Tradición — “Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de
padres hijos”.
*****
Que
cada cual extraiga sus propias conclusiones.
Yo
apunto las mías:
1 — En nuestra casa no
celebramos ritos. Cuando sentimos la necesidad de intervenir en alguno vamos a
lugares en los que participar junto a otros.
2 — Las costumbres cambian
según las modas o la conveniencia. Algunas son transmitidas, pero la mayoría se
establecen por acuerdo, y se alteran conforme a su utilidad o pertinencia.
3 — Las tradiciones
familiares, aprendidas junto a nuestros padres, deseamos que se perpetúen en
las que practicamos junto a nuestros hijos.
"España en tradiciones"
El
intento de imponer costumbres a los demás, haciéndolo pasar por una forma de tradición,
es el más taimado y repugnante de los totalitarismos.
Las
costumbres son propias de las personas; las tradiciones son el rasgo de
identidad de los pueblos.
Que
cada cual se sienta libre para decidir qué quiere hacer. Y que sienta respeto
por lo que le ha sido transmitido.
Renunciar
a ello es una traición a la tradición.
*****
No
apreciar que todos somos tendentes a pensar que las tradiciones, costumbres o
ritos ajenos son ridículos, comparados con los propios, es un verdadero
sinsentido.
— En el alféizar de mi
ventana siempre tengo una pila …
— … de nidos colgados de oscuras
golondrinas —continúa el
mayor, lleno de la pasión propia de su edad; alentada por un alma de poeta.
— … de comida, para
alimentar a gatos abandonados y solitarios —apostilla el mediano, de corazón sensible, preocupado por
los que siente indefensos.
— … ¿qué es un alféizar? —pregunta el pequeño, con la curiosidad
que le caracteriza.
— Una repisa que tienen las
ventanas, por el lado exterior, pero también en el interior que es donde,
decía, tengo siempre una pila …
— … de libros, molestando,
obstaculizando el movimiento oscilante (y el batiente) e impidiendo que la
superficie esté limpia, llenando todo de cosas —rezongó ella, cargada de más razón que paciencia.
— Ya. Los quitaré —traté de sentenciar, asumiendo ambos
que era un propósito que me iba a costar llevar a cabo.
*****
El
cuarto de baño: un espacio sin puerta (en nuestra casa) que aprovecho para
lecturas improvisadas, a la vez que me alivio.
Hoy,
en uno de los libros que contenía la pila colocada en la parte interior del
alféizar de la ventana del cuarto de baño que utilizo por la mañana, he leído
lo siguiente:
“En
psicología existe una antigua historia sobre un anciano jubilado que estaba
encolerizado porque unos niños jugaban de manera ruidosa junto a la ventana de
su pequeño apartamento en el primer piso. ¿Los alejó a gritos? No. Eso no
hubiera sido inteligente. Salió y dijo que le encantaba oír a los niños jugando
debajo de su ventana y que les daría un cuarto de dólar a cada uno si jugaban
allí. Los niños estuvieron encantados. Les pagó un cuarto de dólar cada día
durante una semana. La segunda semana salió después de que hubieran estado
jugando y les explicó que como era muy pobre, sólo podía darles diez centavos a
cada uno. A los niños no les gustó la reducción del pago. Algunos abandonaron,
pero la mayoría continuaron allí. Al comienzo de la tercera semana, el hombre
jubilado salió y les explicó que era tan pobre que sólo podía pagar un penique
para cada uno al día. Los niños se marcharon diciendo que no jugarían debajo de
aquella ventana por un penique. La estrategia del anciano para solventar su
problema refleja una comprensión detallada de cómo sus acciones afectarían a
los muchachos”.
Al Siebert: “La
resiliencia. Construir en la adversidad”
*****
— Es curiosa la historia.
— Sí. Me llamó la
atención. Por eso quise compartirla contigo.
— Gracias.
— Ahora estoy pensando cuándo
podré encontrar la posibilidad de poner en práctica la estrategia. Se me
ocurrió pagar a los niños para que, progresivamente, vayan reduciendo su nivel
de ruido.
— Adelante.
— Pero he encontrado un
problema.
— Sabía que serías capaz
de hacerlo.
— No sé cómo hacer para
pagarles.
— ¿Perdón?
— Que hay un problema de
conversión de monedas.
— No te sigo.
— Te explico: primero, el
jubilado, empieza con un cuarto de dólar; más tarde, pasa a ofrecerles diez
centavos y no sorprende que rechacen su oferta final.
— Era lo que buscaba. Les
ofreció una cantidad ridícula.
— El jubilado que no salía
de su casa en esa antigua historia que existe en psicología quería que se
fueran a jugar a otro sitio. Pero, ofreciéndoles un penique, los niños no encontraron
la cantidad ridícula, sino que les pareció absurda y, por eso, se fueron.
— Lo que él quería.
— Que no. ¿Cómo iba un
jubilado anciano, que apenas sale de su casa más que para arengar a unos niños
que juegan de manera ruidosa debajo de su ventana, orquestar un plan en el que,
mientras apacigua su cólera y reprime su deseo inicial de amedrentarlos con el
bastón para hacerlos callar, les aturde ofreciéndoles moneda extranjera —¡peniques!—
para que comprueben su grado de locura, se aturdan y se vayan?
— ¡Mira que tienes gana de
sacarle punta a las cosas.
— Todo es culpa de la
reducción de costes y la forma de hacer libros, fabricándolos como si fueran en
serie.
— Deliras.
— Que no. Que te digo yo
que todo este sinsentido se debe a cómo trabajan ahora las editoriales, que
encargan los trabajos de traducción a becarios, que no aparecen acreditados y a
los que descuentan una cantidad fija de dinero por cada coma empleada.
— ¿Has tomado la pastilla?
— Voy a mirarlo.
— …
— ¿Ves? Mira la página de
créditos:
(Alienta
Editorial. Planeta DeAgostini Profesional y Formación, 2007)
— Ninguna mención al
traductor. Ni siquiera indican el título original de la obra, ni su año de
publicación.
— ¿Es importante?
— Para gente con ideas
propias, no. Pero, para los que cumplen los protocolos, es tremendamente
relevante. Hay una forma de trabajar establecida que debería seguirse.
— Ya.
— Pero, ¿qué puedes
esperar de unos tíos que vienen del planeta Agostini?
Quizá
su definición canónica (entendida así a la que aparece en el Diccionario, no a
la que formula una parte de la sociedad) resultara anticuada y, probablemente,
utópica.
Porque
resulta fácil de entender lo complejo de alcanzar la conformidad, máxime para quienes,
libre y voluntariamente,
decidieron dar el paso y maridar.
"Haz clic en la esquina superior derecha y verás cómo no aparece nadie"
Así
que la opción de cumplir un trámite, rellenar unos papeles, estampar unas
firmas y celebrarlo con familiares y amigos fue cediendo paso a la costumbre de
establecerse como parejas “de hecho”.
De hecho, fueron muchos los que quisieron ver reconocida su unión, formalizada
en lo que ya cabía dentro de la segunda acepción.
*****
De
forma gradual, al perder el peso que otorgaba la costumbre, por maridaje se
empezaron a entender muchas otras cosas. De manera destacada: la afinidad que podían
mostrar comidas y bebidas para conformar una combinación armónica.
En
otras palabras, maridar pasó a significar combinar.
Muchas
mujeres comprobaron la efectiva combinación de vino y chocolate.
Aunque,
quizá, hubieran preferido otro tipo de “cata”.
Pero
esa es, ciertamente, otra historia.
*****
Las
consecuencias de las variaciones terminológicas son imprevisibles.
Dos
apuntes, a modo de anticipo: la arquitectura, como los chistes, pierden parte
de la gracia cuando necesitan ser explicados.
El
segundo: para ilustrar la entrevista de Pilar
Rubiera, Mangado, en la foto de Nacho
Orejas, posa con la Catedral como fondo, no con el nuevo Museo.
Foto: Nacho Orejas
Insisto:
Volveré en unos días sobre el asunto.
*****
En
un ámbito universal, los efectos de nuevas formas de entender la familia (grupo de personas emparentadas,
que cohabitan, incluyendo descendencia), llegan a la firma más
conocida.
Cuatro familias:
1 – Aparentemente, monoparental. La
madre puede haberse divorciado, haber enviudado, haber adoptado o haber llegado
al convencimiento de su necesidad de cumplir con un deseo de maternidad y
buscar métodos alternativos para engendrar a su propia hija. O puede que su
aspecto avejentado sea debido a otros motivos. También puede que el padre esté
ocupado en otros asuntos o tenga una relevancia secundaria en la educación de
la hija.
2 – Sangi es una niña adoptada, de
origen asiático. Convive con sus padres, una pareja con apariencia “tradicional”.
3 – Luis, vive con un padre que realiza
las tareas domésticas y una madre que realiza un trabajo, fuera de casa, de
aire convencional, a la vista del conjunto con el que se presenta en casa.
4 – Álex tiene dos padres varones.
Los
cuatro niños transmiten sus preocupaciones, con la naturalidad propia de la
edad y la confianza. Sus progenitores, como si todos fueran gallegos, les
contestan con una pregunta, en lugar de mostrar un comportamiento que hubiera
parecido más razonable, al tratar de tranquilizarlos. Pero hemos de dejarlos;
su rol alternativo les faculta para
saltarse las convenciones. La pregunta común es:
“Si
pudieras elegir a tu familia, ¿nos elegirías?”
La
rotundidad de la respuesta, combinada con la música que suena de fondo y que
aumenta su volumen para alcanzar un crescendo,
es el anticipo de un apoteósico clímax de abrazos y gozo.
Y
un slogan, marca de la casa que ha
creado su propio Instituto: “La felicidad
siempre es la respuesta”.
(El arte de la combinatoria: el
sinsentido de morir de frío haciendo sudokus)
*****
Ya
imagino que no creerán que esto va a quedar así, sin que desvele algunos trucos:
La
canción que suena de fondo fue compuesta por Burt Bacharach (música) y Hal
David (letras), una pareja responsable de innumerables éxitos, la mayoría
de los cuales fueron entregados a Dionne
Warwick. En esta ocasión, la intérprete es Jackie DeShannon, cantante blanca que en 1965 alcanzaría su mayor
éxito: “What the world needs now is
love”.
Para
amigos de la investigación se incluye un montaje con películas de un director imprescindible:
Paul Mazursky.
El
título de la canción es claro: “Lo que el
mundo necesita ahora es amor”.
No
felicidad, ese recurso simple al que siempre acuden los fabricantes del brebaje
georgiano.
El
amor es enormemente más complejo y profundo. Lleno de sutilezas.
Destilado
de gotas de madurez que uno va tratando de encajar en el transcurso de una
vida.
Si
en 1965 era necesario, excuso decir que ahora es imprescindible.
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Ésa
era la primera trampa: los publicistas quisieron convertir el amor en
felicidad.
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La
segunda es imperceptible. Seguramente corresponde a que trato de sacarle punta
a todo.
Pese
a tratarse de niños adoptados, sus padres no son cuidadosos con la forma de
emplear la terminología. La pregunta que realizan, conjunta y colectivamente,
implica que excluyen a los niños del núcleo familiar. La posibilidad de tener
que escoger familia, los excluye de ella.
Deberían mostrar mucha más
sensibilidad en ese terreno.
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La
tercera puede no parecer trascendente, pero es perversa: el colegio está lleno
de cotillas que se juzgan entre ellos, de forma discriminatoria. Sus padres no
hacen nada para atajar esa situación.
Y
no muestran ser conscientes de que sus hijos también desprecian a sus
compañeros, en la idea de que, el “raro”,
siempre es el otro.
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Los
vínculos (entre palabras y entre personas) deben cuidarse.
Es
mucho más que hacer que, meramente, combinen, como si fueran gin-tonics.