Sam & Dave — “Hold On, I'm Comin'”
Hold On, I'm Comin' (1966)
Sam Moore: Miami,
Florida (USA)
Dave Prater: Ocilla,
Georgia (USA)
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Esta
pareja llegó a ser la más explosiva del soul de los años ‘60s; de ahí su apodo:
“Doble Dinamita”.
Muchos
elementos se hicieron presentes para su dinamismo escénico.
En
primer lugar, su coordinación, aprendida en la iglesia y refrendada a base de
años de ser repetida y perfeccionada para destilar un combinado demoledor en el
que Sam Moore toma el papel del predicador y recibe pronta réplica a sus
arengas en los aldabonazos de Dave Prater, como el público que responde en las
homilías de cualquiera de las congregaciones en que los negros daban gracias a
Dios usando la música.
El
segundo elemento es otra pareja (en la sombra, quizá): Isaac Hayes y David Porter,
compositores, productores y músicos residentes en STAX, la fábrica de sueños que Jim
Stewart montó en Memphis gracias a la ayuda de su hermana Stelle Axton. Y mientras Hayes y Porter
pululaban por el estudio, no podían desaprovechar un minuto, ni para las
necesidades más primarias. La leyenda dice, y yo me la creo, que Hayes buscaba
a Porter, sin encontrarlo. Le avisan que está en el excusado. Isaac se acerca,
aporrea la puerta y apura a David que, ocupado en su faena, le contesta: “Espera un poco, ahora voy”. El inicio
más fabuloso se vio completado en el rato en que Porter consiguió aliviarse. La
próxima vez que vio a Hayes, diez minutos más tarde, no más, la canción ya
estaba hecha y era perfecta para Sam & Dave.
El
tercer factor de su éxito es la puesta en escena: junto a nuestra pareja de
héroes se encuentran Booker T. Jones
(piano), Steve Cropper (guitarra), Donald ‘Duck’
Dunn (bajo) y Al Jackson, jr
(batería, se le reconoce por su característica toalla blanca alrededor del
cuello); estos cuatro titanes forman The
MG’s, el grupo de Memphis, los tipos que pusieron andamiaje sónico a todas
las leyendas que grabaron en Memphis y que, se completan con The Mar-Keys, una resplandeciente
sección de vientos que dotaba a los números de una urgencia rítmica que hacía
conectar de forma espléndida a intérpretes y público. Ved, si no, cómo el
público ruge, aúlla, se pone en pie y baila en una época en la que no se había
empezado a generalizar el desfase en los conciertos.
Un momento. Ya voy





