Dos
ciudades muy diferentes se enfrentan hoy en City WARS®.
Por
una parte, Detroit, la capital del Motor, ejemplo del desarrollo industrial del
MidWest desde el establecimiento de la fábrica de Ford y otros constructores de
vehículos, pero que está sufriendo una crisis por la deslocalización de las plantas
fabriles.
Del
otro lado, Miami, la puerta de las Américas, destino residencial y turístico.
Una de las ciudades con mayor crecimiento con al atractivo añadido de sus
playas, sus cruceros y sus entidades financieras. Es el destino ideal de
jubilados e hispanoamericanos.
Ayer
empezó la nueva temporada en Noche tras
noche, con cambios en la escaleta, pero continuidad para City WARS®, que está a punto
de completar el definitivo cuadro de las 32 ciudades clasificadas para la ronda
final.
La
entrega de ayer emparejó a ciudades de Estados vecinos, pero más alejadas entre
ellas que los 730 kilómetros que las separan.
Una
es una ciudad universitaria, con una importante actividad cultural y artística,
siendo considerada la cuna del indie rock.
Se trata de Athens, Georgia.
Miami,
Florida es una ciudad-puerto, en permanente expansión, es considerada La puerta de las Américas, como centro
de acogida de comunidades hispanas. Tiene un clima cálido y soleado durante
todo el año y es destino preferente para finanzas y cruceros.
¡Bienvenidos
al Sur! En esta edición City WARS®
enfrenta a un par de ciudades portuarias de la Costa Este, representantes de
los estilos de civilización más importantes en USA: el de los españoles,
defensores de la integración y el mestizaje, y el de los ingleses,
caracterizado por la segregación y la esclavitud.
Esta
pareja llegó a ser la más explosiva del soul de los años ‘60s; de ahí su apodo:
“Doble Dinamita”.
Muchos
elementos se hicieron presentes para su dinamismo escénico.
En
primer lugar, su coordinación, aprendida en la iglesia y refrendada a base de
años de ser repetida y perfeccionada para destilar un combinado demoledor en el
que Sam Moore toma el papel del predicador y recibe pronta réplica a sus
arengas en los aldabonazos de Dave Prater, como el público que responde en las
homilías de cualquiera de las congregaciones en que los negros daban gracias a
Dios usando la música.
El
segundo elemento es otra pareja (en la sombra, quizá): Isaac Hayes y David Porter,
compositores, productores y músicos residentes en STAX, la fábrica de sueños que Jim
Stewart montó en Memphis gracias a la ayuda de su hermana Stelle Axton. Y mientras Hayes y Porter
pululaban por el estudio, no podían desaprovechar un minuto, ni para las
necesidades más primarias. La leyenda dice, y yo me la creo, que Hayes buscaba
a Porter, sin encontrarlo. Le avisan que está en el excusado. Isaac se acerca,
aporrea la puerta y apura a David que, ocupado en su faena, le contesta: “Espera un poco, ahora voy”. El inicio
más fabuloso se vio completado en el rato en que Porter consiguió aliviarse. La
próxima vez que vio a Hayes, diez minutos más tarde, no más, la canción ya
estaba hecha y era perfecta para Sam & Dave.
El
tercer factor de su éxito es la puesta en escena: junto a nuestra pareja de
héroes se encuentran Booker T. Jones
(piano), Steve Cropper (guitarra), Donald ‘Duck’
Dunn (bajo) y Al Jackson, jr
(batería, se le reconoce por su característica toalla blanca alrededor del
cuello); estos cuatro titanes forman The
MG’s, el grupo de Memphis, los tipos que pusieron andamiaje sónico a todas
las leyendas que grabaron en Memphis y que, se completan con The Mar-Keys, una resplandeciente
sección de vientos que dotaba a los números de una urgencia rítmica que hacía
conectar de forma espléndida a intérpretes y público. Ved, si no, cómo el
público ruge, aúlla, se pone en pie y baila en una época en la que no se había
empezado a generalizar el desfase en los conciertos.
El domingo 10 de mayo falleció Bessie Regina Norris, conocida por
su nombre artístico de Betty Wright. No se han desvelado todavía las causas de
su muerte.
Otra muerte más.
Una mujer que, muy joven, tuvo un éxito enorme. Tenía 17 años
cuando grabó su canción más recordada, compuesta por Clarence Reid y Willie
Clarke y con el característico riff
de guitarra ejecutado por Little Beaver.