La
curiosidad
te evita desplomarte en un aburrimiento galopante. El tedio, el compañero de
viaje más incómodo posible, es pegajoso y plomizo. Agotador. Difícil de
combatir. Enemigo lento y pausado, va mermando tu resistencia hasta que,
exánime, decides dejar de intentarlo.
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| Foto: Alyssa L. Miller |
La
curiosidad vence rutinas
que, por sentirse impuestas por otros, se perciben como enemigas.
La
curiosidad se alimenta de preguntas y se sacia con argumentos. Tiene un inicio,
pero no desemboca necesariamente en un punto final.
La
curiosidad es una búsqueda, un impulso, una tendencia. Muestra un camino
abierto, desconocido. Es una zanahoria, un aliciente, un anhelo. Marca una
evolución. Marca tu vida. Se puede convertir en tu marca.
La
curiosidad es plural. Presenta alternativas.
La
curiosidad es singular. Te permite elegir las propias.
La
curiosidad te mantiene activo. La actividad rejuvenece. La juventud te
mantendrá vivo. La vida necesita intensidad. Ser curioso es ser intenso.
La
curiosidad cambia tu vida. Se debe ser juicioso al
emplearla.
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“Curiosidad: Impulso humano que oscila
entre lo grosero y lo sublime.
Lleva a escuchar detrás de las puertas
o a descubrir América.”
José María Eça de Queirós
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