El otro día subí una canción preciosa de The Roches, “Hammong
Song”; me gustó tanto que le seguí la pista para descubrir que, en su
disco de debut de 1985, este grupo de Manchester la incluía.
Y también estaba un tema estupendo, que no recordaba, pero que
encaja con la música que me gustaba entonces y me sigue gustando ahora.
En lo que a mí respecta, sería como si te perdiera
Ni siquiera deberías intentarlo
Venga, me estarías mintiendo
Vale, está bien, yo también me fui a Hammond
Hice lo que quise
No soy el único que tiene ese problema
¿Por qué no te enfrentas al hecho de que eres viejo?
Estaría bien si sólo te quedaras en tu sitio
No seas tonto
¿Hay una respuesta en sus ojos a esta canción mía?
Dicen que nos volveremos a encontrar en el límite
Pero, el límite ¿estará demasiado lejos?
Dime que estoy en lo correcto
Si vas a Hammond, nunca volverás...
Cinco minutos y cuarenta y seis segundos.
Eso dura la canción.
(((Si la oyes una sola vez; yo llevo un rato en bucle)))
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Las deliciosas armonías vocales de las hermanas Roche (Maggie, Terre y Suzzy) están
incluidas en su muy recomendable disco de debut, en el que participa Robert Fripp, produciendo, tocando la
guitarra y esos chismes que se inventó para King Crimson y a los que dio nombre (fripperies).
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Maggie y Terre dejan la escuela y empiezan a cantar juntas a
finales de los ‘60s.
Paul Simon las descubre y las recluta
para su tercer disco en solitario, There Goes Rhymin' Simon (1973),
donde hacen coros en “Was a Sunny Day”.
Un par de años después publican Seductive Reasoning, lo que
anima a su hermana pequeña a dejar la Universidad y unirse en el trío familiar.
Se convierten en habituales de los clubes en Greenwich Village y
Robert Fripp se convence de su potencial.
Yo no puedo estar más agradecido.
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La canción, escrita por Maggie, reflexiona sobre hacer lo que a uno
le da la gana, sin importar las consecuencias.
Todos lo hemos hecho alguna vez.
No siempre somos conscientes de cómo afecta eso a los que nos
rodean.