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jueves, 18 de julio de 2013

Echar el cierre

Época de cambios.

No deberían preocupar tanto los de tendencias (ya sean económicas, informativas o modales) pues se asume que los fenómenos basados en lo efímero encierran en su naturaleza una propensión al cambio.

A mi juicio, son más preocupantes los que afectan a los usos y costumbres. La evolución no siempre resulta positiva. En ocasiones, se debe considerar una traición a la tradición.

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Ya se argumentó, en otro momento y lugar, la relevancia de entender las implicaciones que la actuación global ejerce en el ámbito local.

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Es doloroso ver cómo establecimientos comerciales tienen que echar el cierre.
Todos.
Pese a que los que sintamos más próximos nos puedan afectar más.

Un comercio es un lugar de intercambio.

Cuando se realiza en un espacio concreto, físicamente, en proximidad (y no de forma virtual), gana con el añadido de la relación personal.

El vínculo que nos une con los que mantenemos relaciones, más o menos estrechas, nos humaniza.

Y también nos redefine, de forma definitiva.

Somos como somos, gracias a la influencia de aquellos con los que nos hemos sentido vinculados.

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Se anuncia el cierre de una librería. Un clásico en Oviedo. Santa Teresa. Es triste ver renunciar a alguien a quien aprecias.

Pero, aun siendo todos los cierres desgarradores, éste (en)cierra un círculo que afecta profundamente.

En lo personal, el afecto con Alberto Polledo —inspirador del artículo fundacional de este blog—, Juan Ángel, Juan y Leo, deja una muesca, otra más, en un camino que debe continuar.



En lo colectivo, la transformación espanta. La certeza creciente de que el abandono de la lectura es la antesala del cierre patronal del pensamiento.

La comprobación de que la intuición distópica de Ray Bradbury en Fahrenheit 451 era exagerada y que los bomberos nunca llegarán a quemar libros porque, antes, se habrán mostrado innecesarios (o inútiles).

La quema de libros, en la película de François Truffaut, de 1966


Una profunda lástima.

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Sé que a Leo —el nombre más propicio para un librero—, le gustará saber que el tiempo está de nuestra parte.
Juan Ángel —activo comentarista—, sabe que, lo verdaderamente importante, estará siempre en nuestro recuerdo.

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Gracias

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...