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| Superteam de expertos: Reservoir Dogs + Los Ángeles de Charlie + Jackie Brown |
Dicen
los expertos —esa parte de la población que se sienta a ver qué nueva
soplapollez es capaz de escribir hoy para revolucionar las redes sociales (y no
el mundo de verdad)—, que la nueva generación —a la que en vez de sentarla a
ver la TV, para que se calle, le han dejado el móvil del abuelo o la tablet de
su primo, y que se llama generación
Z—, se basa en la búsqueda de la verdad y de la justicia por encima de
todo, que dispone de unos valores absolutos en los que la participación
ciudadana y la democracia se imponen en cualquier caso. Dicho así, como se ha
dicho casi siempre, la nueva generación no será la mierda de las generaciones
anteriores —que hemos, por sistema, destruido el mundo—, sino que ellos nos
salvarán de ahogarnos en el vómito que hemos provocado con nuestro
actuar inconsciente, para no acabar con nosotros como lo hizo con Jimi Hendrix, sino que nos abrirán los ojos legando un mundo mejor que, es
evidente, ya ha salido en alguna película infumable de superhéroes.
Con
todo, nadie ha sido tan revolucionario como Hendrix, desde que se
ahogó en sus excesos.
Esa
confianza en lo democrático es un dogma de fe, una gran verdad y un punto
innegociable.
Hoy,
cuando el rojo ya no está de moda y se convierte en tabú para ideologías,
labios o ciclos, es la definitiva línea roja.
Una
premisa indiscutible.
En
realidad es un arma y, como todas las armas, depende de cómo sea usada.
La
democracia actúa de la misma forma que el experimento de Milgram: exime de culpabilidades y
lleva a resultados dramáticos.
Algunos
ejemplos prácticos:
—En España se decidió hacer una votación
democrática y libre para la elección de aquella canción que nos sacara del ostracismo de
Eurovisión (que maldita la falta
que hacía). Fue un ejemplo de transparencia: mandamos a Rodolfo Chikilicuatre.
—El Reino Unido ha decidido que la nueva
joya de la corona naval disponga de un nombre referenciado con los gustos de la
mayoría de los votantes y tras censurar
la posibilidad de que fuera Blas de
Lezo (almirante español cojo, manco y tuerto, apodado “Mediohombre”) aparece
con fuerza el intento de llamarlo Rocinante
a base de votos y usando las reglas de la democracia como tienen a bien hacer en forocoches.
—Microsoft
se ha gastado un buen montón de millones en desarrollar una inteligencia
artificial que sea capaz de aprender de los usuarios de twitter para lograr
interactuar y copiar los comportamientos humanos pero, a base de aprender, han
tenido que cancelar el experimento por convertirse en un personaje racista y
nazi, en tiempo record, que expresa ideas, sin valor ninguno (como las muestras
de perfume que vienen en las revistas femeninas).
Las
consecuencias que aprendemos de ello son que la democracia es un asco, una
risotada infumable que se pasan gran parte de los que disfrutan de ella por el
arco del Triunfo (por
el de la Concordia, en términos Carménicos).
Una de las nuevas grandes lacras de las sociedades modernas es que nos salen Trumps, Chiripas, Maduros, LePenes y voceras varios cada elección.
Tuvimos
GIL y tuvimos Ruiz-Mateos (pollas),
apoyados por una masa rebelde.
Tuvimos,
y seguimos teniendo, líderes infumables que ganan una y otra vez cuando su
inoperancia y su condición miserable están fuera de toda duda.
Tenemos
votaciones en Internet que dan miles
de dólares a una ensalada y vídeos con millones de visitas en los que un
gato hace una monería.
Tenemos
youtubers
con millones de seguidores cuya única aportación a la ciencia, la educación
o el intelecto es la manera de sobrepasar los límites de la estupidez mientras
sus seguidores esperan que lo haga.
Y
olvidamos que Ortega y Gasset eran
españoles.
Ambos.
*****
Cada
vez que un vídeo de J. Balvin
alcanza las cien mil
visitas, Dios mata a un músico de verdad.
Y
Alborán y Pitingo ni se inmutan.
*****
La
decepcionante verdad es que la democracia y la participación ciudadana generan
monstruos.
Lo
cierto es que no estamos preparados para esa arma; quizá para ninguna.
La
consecuencia es que mientras el mundo esté lleno —cada vez más— de imbéciles,
no podemos dejar que las mayorías decidan
nuestro futuro porque esto es lo que pasa.
El
genocidio de los estúpidos es un argumento, pero no una opción:
Aún
estamos a tiempo.
*****
Vayamos
al médico.
Ya
no importa que nos diga que debemos dejar de fumar.
“Si los
intelectuales de la actualidad esperan lograr la estima de la posteridad,
seguramente
se verán obligados a admitir que han sido formados e instruidos
por las
pasadas generaciones. Por consiguiente, cuando un autor declara
que no ha logrado
aprender nada de los escritos de sus predecesores,
y tal
declaración ha sido hecha recientemente, no logrará con semejante manifestación
de
imperdonable arrogancia otra cosa que establecer una serie de prejuicios en
contra de su trabajo;
porque, ¿qué
esperanzas de éxito puede albergar quien hasta ese momento ha marginado
a los más
grandes talentos?, ¿o con qué tipo de fuerza especial se cree revestido ese
individuo
para poder
superar las dificultades que se mostraron invencibles hasta el momento?
El número
de aquellos que han sido escogidos por la Providencia para aportar
algo
importante a la humanidad es sumamente escaso;
y lo que
pudo aportar un solo individuo, por muy brillante que fuera, es muy poco [...].
Comprender
las obras de los autores más famosos, saber discernir plenamente
sus
métodos y sistemas, y lograr retener y recordar adecuadamente lo aprendido
representa
una considerable tarea para las mentes normales”.
Samuel ‘Doctor’ Johnson (Sobre el estudio y el
conocimiento, 1753)

