De
completa vigencia, la que antes fuera Hannah
Montana, la que todos los papasitos querían
tener como yerna, se ha hecho mayor y, tras retomar su tradicional nombre, ha
madurado una actitud más provocadora.
Rescató
un dedo de espuma, empezó a fumar, decidió mostrar su cuerpo y su lengua,
vestirse con transparencias y practicar una nueva rutina: el twerk.
En
la revista Rolling Stone, antes
especializada en música, le dedican la portada, con un atrevido titular: “Good Golly Miss Miley!”.
Creen
que podemos tragar con que ella es la reina, como si hubiéramos olvidado quién es
el verdadero rey. Por si no tienes idea, hablamos de Little Richard, el
tipo con más peligro con una pastilla de jabón a su disposición.
*****
Ya
sabes de qué hablo: esa ola de provocación que supone la música. No es una
historia nueva, aunque adquiera otros ropajes.
Quizá
te interese conocer los entresijos.
*****
¿Qué
es el twerk?
Lo
que hace Miley Cyrus, inmediatamente
después de anunciarlo, en el vídeo de “We can’t stop”.
"Primera ración en 1:26"
¿Cómo
se practica? Hay multitud de ejemplos. Tweetylo explica. Lady (et al) lo
ponen en marcha. Se puede observar la especialidad reverse, en la que, tras poner las manos en el suelo y subir los
pies por la pared, hacen mantener una postura propicia a los fail.
Esto
es lo que hay, amigos. La conexión WiFi, permanente, permite estos universales desfases.
*****
No
es que antes no existiera, pero era, por decirlo de algún modo, de ámbito más
restringido.
Las
rutinas de baile siempre han estado presentes. De hecho, una de las más
conocidas, en su momento, fue protagonizada por el padre de Miley, Billy Ray Cyrus, con “Achy breaky heart”.
Aunque
era la época en que llegaban antes las traducciones que los propios originales.
De esa demora se aprovechó Coyote Dax:
“No rompas más”.
Misma canción, mismo baile. Un tipo que, hasta para bautizarse, tuvo que
aprovechar éxitos ajenos, como la película “Coyote
ugly”, en el que un grupo de buenorras anima el público masculino de un bar
de copas con sus bailes calientes, sus juegos incitantes y sus “se mira, pero no se toca”. En pleno
follón, Piper Perabo debe hacer un playback a Blondie,
con “One way or another”
y todo el ganado (se tranquiliza) queda hipnotizado.
No
es nuevo que el cine usa el poder de las imágenes y la música, mezclándolas,
para resultar sugerente.