Aparece esta canción en una película que no merece la pena mencionar
y me acuerdo de ella y me da la sensación de que ha pasado un montón de tiempo
desde que la bailaba.
No hace tanto, ¡qué son treinta años!
El mayor éxito del grupo escocés, un canto a la libertad y a hacer
lo que te apetezca.
Con el toque jamaicano de Junior
Reid gritando: “no tengan miedo de su
libertad”.
"Soy libre para hacer lo que quiera, en cualquier momento.
Así
que, ámame, abrázame.
Soy libre para estar con quien elija, siempre".
*****
Lo pienso y me doy cuenta que ha pasado una eternidad.
Y me entero ahora (confieso que no lo sabía) que se trata de una
versión de un tema aparecido en la variante inglesa del disco de los Stones (en
aquella época inicial en que sus discos no coincidían a ambos lados del
Atlántico), cuando Mick Jagger y Keith Richards empezaban a componer
material propio. La mayor parte del resto del disco se trata de temas de
músicos negros USA, elegidos con excelente criterio (Sam Cooke, Marvin Gaye, Don Covay, Solomon Burke).
No aprecias
la libertad hasta que dejas de tenerla
De
completa vigencia, la que antes fuera Hannah
Montana, la que todos los papasitos querían
tener como yerna, se ha hecho mayor y, tras retomar su tradicional nombre, ha
madurado una actitud más provocadora.
Rescató
un dedo de espuma, empezó a fumar, decidió mostrar su cuerpo y su lengua,
vestirse con transparencias y practicar una nueva rutina: el twerk.
En
la revista Rolling Stone, antes
especializada en música, le dedican la portada, con un atrevido titular: “Good Golly Miss Miley!”.
Creen
que podemos tragar con que ella es la reina, como si hubiéramos olvidado quién es
el verdadero rey. Por si no tienes idea, hablamos de Little Richard, el
tipo con más peligro con una pastilla de jabón a su disposición.
*****
Ya
sabes de qué hablo: esa ola de provocación que supone la música. No es una
historia nueva, aunque adquiera otros ropajes.
Quizá
te interese conocer los entresijos.
*****
¿Qué
es el twerk?
Lo
que hace Miley Cyrus, inmediatamente
después de anunciarlo, en el vídeo de “We can’t stop”.
"Primera ración en 1:26"
¿Cómo
se practica? Hay multitud de ejemplos. Tweetylo explica. Lady (et al) lo
ponen en marcha. Se puede observar la especialidad reverse, en la que, tras poner las manos en el suelo y subir los
pies por la pared, hacen mantener una postura propicia a los fail.
Esto
es lo que hay, amigos. La conexión WiFi, permanente, permite estos universales desfases.
*****
No
es que antes no existiera, pero era, por decirlo de algún modo, de ámbito más
restringido.
Las
rutinas de baile siempre han estado presentes. De hecho, una de las más
conocidas, en su momento, fue protagonizada por el padre de Miley, Billy Ray Cyrus, con “Achy breaky heart”.
Aunque
era la época en que llegaban antes las traducciones que los propios originales.
De esa demora se aprovechó Coyote Dax:
“No rompas más”.
Misma canción, mismo baile. Un tipo que, hasta para bautizarse, tuvo que
aprovechar éxitos ajenos, como la película “Coyote
ugly”, en el que un grupo de buenorras anima el público masculino de un bar
de copas con sus bailes calientes, sus juegos incitantes y sus “se mira, pero no se toca”. En pleno
follón, Piper Perabo debe hacer un playback a Blondie,
con “One way or another”
y todo el ganado (se tranquiliza) queda hipnotizado.
No
es nuevo que el cine usa el poder de las imágenes y la música, mezclándolas,
para resultar sugerente.
En
1990 eran lo más. Una propuesta totalmente innovadora. Un clásico intemporal
para la música de baile. Una estética musical que mezclaba la psicodelia hippie, con el rap,los samples y el scratch.
En
New York forman Deee–Lite —el trío
que hoy nos hará bailar, sin movernos del sitio—, un productor de Kiev, Ucrania
(Super DJ Dmitri), un teclista de
Tokyo, Japón (Towa Tei) y una
atrevida jovencita, de Youngstown, Ohio, que ponía voz, cara y coreografía y
respondía al epíteto de Lady Miss Kier.
Es
verdad que, en su pueblo, Kierin Magenta Kirby (como realmente se llamaba), era
una más de los 65 000 que vivían allí (a los que Bruce Springsteencantó en su disco “The ghost of Tom Joad”).
De
allí salieron también Billy Beck (el
que gritaba en “Love rollercoaster”,
de Ohio Players), Robert y Ronald Bell (de Kool & The Gang),
Tiny Bradshaw o The Human Beinz, el grupo que dejó un
recuerdo a las rutinas de baile; ésas que todo el mundo sabía hacer, pero nadie
como ellos (“Nobody but me”).
Sidney Poitier, en una de las excursiones culturales en las que, en
la película “To Sir, with love”, llevaba
a sus alumnos (en este caso, a una boîte)
se animaba a bailar, empujado por Lulu,
haciendo aparecer, en todas sus alumnas, el mohín de estar imaginando “lo bien que sienta el negro”.
La
escena final de “Kill Bill, vol. 1”,
de Tarantino, “House of blue leaves”, muestra lo que lleva implícito un verdadero
rompepistas. Atención:
es la versión japonesa,
sin censuras.
Así
que, como si esto fuera un fiestón organizado por Chusina Misadedoce y amenizado por Ángel González, se os presentará la mejor música de baile de los
‘60s y algunas rutinas que todos los top
dancers deberían conocer.
Un
torpedo absoluto. La mejor muestra kitsch
de música baile. Con las apariciones fugaces, pero determinantes, de Bootsy
Collins, el influyente bajo en la época dorada de James Brown, fundador e
ideólogo en Parliament y Funkadelic —al que se le reconoce por
su imagen de zumbado, luciendo las gafas definitivas, las que cualquier estrella
debería llevar— y el fraseo vocal de Q-Tip,
de A Tribe Called Quest —gorra, con
visera en reverse—.
Dejo
pistas para conocer a los tres figuras principales: ambos chicos tocan la
flauta de émbolo (que permite realizar unos característicos glissandos, ascendentes y descendentes);
el japonés lleva gafas cuadradas y permanece inmutable; el ucranio baila
llevando el ritmo con las cejas, un estilo que alguien adaptó para
desplazarse, manteniéndose ebrio.
Ella
luce modelitos y una figura imponente y baila como si en hacerlo se jugara su
destino final.
*****
Esto
ha sido un repaso —trepidante, pero fugaz— sobre la música de baile y las
rutinas que marcan los pasos que hay que seguir. Se han dejado al margen,
intencionadamente, algunas que parecen vergonzantes, sin importar si son
antiguas (pajaritos, Macarena) o
contemporáneas (Gangnam, Harlem shake).
Aunque
se hubieran podido poner 1000, sin exagerar un ápice.
Cuando
Wilson Pickett vino a España, más de
20 años después de romper todos los registros con su clásico inmortal, demostró
una energía arrolladora y que, en España, —pese a ser de San Blas, Malasaña o
Lavapiés, vestir como un primo de la abeja Maya o un anticipo de un camarero
siglo XXI standard, y preferir a Leño, Obús o Barón Rojo—, el macho ibérico no baila, aunque, cuando
tiene que hacerlo, se entrega, dejando como testigos de la ocasión a Carlos Herrera y Bibi Andersen. Un episodio efímero que sigue contándose en los
corrillos navideños de las tres familias afectadas.
Así
que, hoy, 28 de febrero de 2013, el mismo día que se hace efectiva la renuncia de Benedicto XVI, yo presento la mía.
Y
me pongo en manos de Tsi-Na-Pah, estímulo
de este juego tan entretenido, para saber si quiere que la haga efectiva ahora
o, tras la próxima semana, en la que estaba previsto que yo diera el primer
paso. Si lo prefiere, seguiré una semana más. Pensaré en un país asequible a
mis posibilidades (y accesible a todos).
Pero
será la última. Seguiré viendo (desde la barrera) el desarrollo del juego y
trataré de conservar los amigos que el juego me ha permitido hacer.
Todos
tienen unos blogs interesantes, que recomiendo visitar.