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jueves, 21 de enero de 2021

The Soup Dragons — I'm Free

The Soup DragonsI'm Free

Lovegod (1990)

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Aparece esta canción en una película que no merece la pena mencionar y me acuerdo de ella y me da la sensación de que ha pasado un montón de tiempo desde que la bailaba.

No hace tanto, ¡qué son treinta años!

El mayor éxito del grupo escocés, un canto a la libertad y a hacer lo que te apetezca.

Con el toque jamaicano de Junior Reid gritando: “no tengan miedo de su libertad”.

"Soy libre para hacer lo que quiera, en cualquier momento.

Así que, ámame, abrázame.

Soy libre para estar con quien elija, siempre".

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Lo pienso y me doy cuenta que ha pasado una eternidad.

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The Rolling StonesI'm Free

Out of Our Heads (UK) (1965)

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Y me entero ahora (confieso que no lo sabía) que se trata de una versión de un tema aparecido en la variante inglesa del disco de los Stones (en aquella época inicial en que sus discos no coincidían a ambos lados del Atlántico), cuando Mick Jagger y Keith Richards empezaban a componer material propio. La mayor parte del resto del disco se trata de temas de músicos negros USA, elegidos con excelente criterio (Sam Cooke, Marvin Gaye, Don Covay, Solomon Burke).

No aprecias la libertad hasta que dejas de tenerla

 

martes, 19 de diciembre de 2017

martes, 14 de noviembre de 2017

1964: En busca de las raíces (50 Estados USA)

La edición nº 64 de los 50 Estados se plantea como una búsqueda de identidad.
La música que me apasiona, el año en que nací, un día antes de mi cumpleaños.

1964



sábado, 28 de septiembre de 2013

Derecho a aburrirse

"Visto en Dosis diarias"

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Bored Nothing - "Let down"



LCD Soundsystem & Miles Davis - "New York I love you + Elevator to the gallows"


Solomon Burke - "None of us are free"

Belize - "Egos (Hossegor plage)"



Josh Pyke - "Endless summer"



Natalie Merchant - "Build a levee"

Ricky Gervais - "Folleto"



Louis CK - "Por qué"



Ilustres ignorantes - "La convivencia"



Tim Minchin - "La cerca"


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Todos tenemos derecho a aburrirnos. Especialmente, los más pequeños.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Twerk

De completa vigencia, la que antes fuera Hannah Montana, la que todos los papasitos querían tener como yerna, se ha hecho mayor y, tras retomar su tradicional nombre, ha madurado una actitud más provocadora.

Rescató un dedo de espuma, empezó a fumar, decidió mostrar su cuerpo y su lengua, vestirse con transparencias y practicar una nueva rutina: el twerk.

En la revista Rolling Stone, antes especializada en música, le dedican la portada, con un atrevido titular: “Good Golly Miss Miley!”.



Creen que podemos tragar con que ella es la reina, como si hubiéramos olvidado quién es el verdadero rey. Por si no tienes idea, hablamos de Little Richard, el tipo con más peligro con una pastilla de jabón a su disposición.


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Ya sabes de qué hablo: esa ola de provocación que supone la música. No es una historia nueva, aunque adquiera otros ropajes.

Quizá te interese conocer los entresijos.

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¿Qué es el twerk?

Lo que hace Miley Cyrus, inmediatamente después de anunciarlo, en el vídeo de We can’t stop.

"Primera ración en 1:26"

¿Cómo se practica? Hay multitud de ejemplos. Tweety lo explica. Lady (et al) lo ponen en marcha. Se puede observar la especialidad reverse, en la que, tras poner las manos en el suelo y subir los pies por la pared, hacen mantener una postura propicia a los fail.

Esto es lo que hay, amigos. La conexión WiFi, permanente, permite estos universales desfases.

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No es que antes no existiera, pero era, por decirlo de algún modo, de ámbito más restringido.

Las rutinas de baile siempre han estado presentes. De hecho, una de las más conocidas, en su momento, fue protagonizada por el padre de Miley, Billy Ray Cyrus, con Achy breaky heart.


Aunque era la época en que llegaban antes las traducciones que los propios originales. De esa demora se aprovechó Coyote Dax: No rompas más. Misma canción, mismo baile. Un tipo que, hasta para bautizarse, tuvo que aprovechar éxitos ajenos, como la película “Coyote ugly”, en el que un grupo de buenorras anima el público masculino de un bar de copas con sus bailes calientes, sus juegos incitantes y sus “se mira, pero no se toca”. En pleno follón, Piper Perabo debe hacer un playback a Blondie, con One way or another y todo el ganado (se tranquiliza) queda hipnotizado.

No es nuevo que el cine usa el poder de las imágenes y la música, mezclándolas, para resultar sugerente.

Demi Moore, en Striptease, Kim Basinger, en 9 ½ weeks o Rita Hayworth en Gilda.

Puedes echarle la culpa a Mame, o al boogie, pero te equivocas si piensas que es cosa del ritmo.


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El baile no es otra cosa que una rutina de conquista y seducción, un anticipo del apareamiento.

Una forma de cortejo.

Puedes hacerlo con Solomon Burke sonando de fondo, o con Etta James, o con Sergio Dalma, o como Shelley Long, haciendo sin fin el Mashed potato, de Dee Dee Sharp.

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Shakira, la novia con la que sueñan todos los papasitos (más, si son culés), también sabe hacer el twerk (y volverse Loca).


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El twerk es la mezcla moderna del twist (popularizado por Chubby Checker) y el jerk (que pusieron de moda The Capitols, patético según quien lo practique).

Y tal y como lo ejecutan estas jovencitas, un decidido avance para la dignidad de la mujer.

jueves, 28 de febrero de 2013

Por Amor a la Música: Deee–Lite — “World clique” (1990)

Del mestizaje vendrá la inspiración (y el baile).


En 1990 eran lo más. Una propuesta totalmente innovadora. Un clásico intemporal para la música de baile. Una estética musical que mezclaba la psicodelia hippie, con el rap, los samples y el scratch.


En New York forman Deee–Lite —el trío que hoy nos hará bailar, sin movernos del sitio—, un productor de Kiev, Ucrania (Super DJ Dmitri), un teclista de Tokyo, Japón (Towa Tei) y una atrevida jovencita, de Youngstown, Ohio, que ponía voz, cara y coreografía y respondía al epíteto de Lady Miss Kier.

Es verdad que, en su pueblo, Kierin Magenta Kirby (como realmente se llamaba), era una más de los 65 000 que vivían allí (a los que Bruce Springsteen cantó en su disco “The ghost of Tom Joad”).

De allí salieron también Billy Beck (el que gritaba en Love rollercoaster, de Ohio Players), Robert y Ronald Bell (de Kool & The Gang), Tiny Bradshaw o The Human Beinz, el grupo que dejó un recuerdo a las rutinas de baile; ésas que todo el mundo sabía hacer, pero nadie como ellos (Nobody but me).

Sidney Poitier, en una de las excursiones culturales en las que, en la película “To Sir, with love”, llevaba a sus alumnos (en este caso, a una boîte) se animaba a bailar, empujado por Lulu, haciendo aparecer, en todas sus alumnas, el mohín de estar imaginando “lo bien que sienta el negro”.


La escena final de “Kill Bill, vol. 1”, de Tarantino, “House of blue leaves”, muestra lo que lleva implícito un verdadero rompepistas. Atención: es la versión japonesa, sin censuras.


Nadie te puede alegrar el trabajo como ellos.


Una canción que los canadienses Northwest Company también hicieron suya, aunque realmente estaba escrita e interpretada por The Isley Brothers, quienes se empeñaron en explicar que nadie hace como ellos algunos pasos, especialmente el Twist y el Shout, a la vista de que todo el mundo se aprestaba a imitarlos.

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Así que, como si esto fuera un fiestón organizado por Chusina Misadedoce y amenizado por Ángel González, se os presentará la mejor música de baile de los ‘60s y algunas rutinas que todos los top dancers deberían conocer.

No os pongáis cómodos.

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Let’s dance (Chris Montez)

Shing-a-ling (Poncho Sánchez) y Boo-ga-loo (lecciones básicas para aprender a bailarlo) eran pasos de inspiración latina.

Y es que, para divertirte de verdad, debes conocer las rutinas del baile: ningún profesor mejor que James Brown.


Muchos sabían de qué iba la vaina.

Shake (Sam Cooke, que también bailaba el twist, como Chubby Checker)

The philly dog (The Olympics)

C’mon and swim (Bobby Freeman)

The jerk (The Larks)

Limbo rock (Chubby Checker)

Locomotion (Little Eva)

Mashed potato (Dee Dee Sharp)

Peppermint twist (Joey Dee & The Starlites)

The duck (Jackie Lee)

Hanky panky (Tommy James & The Shondells)

Ride your pony (Lee Dorsey)

The madison (Al Brown’s Tunetoppers)

The Harlem shuffle (Bob & Earl)

The stroll (The Diamonds)

Hippy hippy shake (Tom Cruise, en “Cocktail”, con el clásico de Chan Romero)

Hitch hike (Marvin Gaye)

The nitty gritty (Shirley Ellis)

The monkey (Major Lance)

The funky chicken (Rufus Thomas)

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Viendo a Rufus bailar, me he dado cuenta de que se me ha ido la olla.

Esto tenía que ser una reseña de un disco de 1990.

Aquí están todas las canciones.

02 — Good beat
05 — Smile on
07 — World clique
08 — E.S.P.

Pero sólo importa una.


Un torpedo absoluto. La mejor muestra kitsch de música baile. Con las apariciones fugaces, pero determinantes, de Bootsy Collins, el influyente bajo en la época dorada de James Brown, fundador e ideólogo en Parliament y Funkadelic —al que se le reconoce por su imagen de zumbado, luciendo las gafas definitivas, las que cualquier estrella debería llevar— y el fraseo vocal de Q-Tip, de A Tribe Called Quest —gorra, con visera en reverse—.

Dejo pistas para conocer a los tres figuras principales: ambos chicos tocan la flauta de émbolo (que permite realizar unos característicos glissandos, ascendentes y descendentes); el japonés lleva gafas cuadradas y permanece inmutable; el ucranio baila llevando el ritmo con las cejas, un estilo que alguien adaptó para desplazarse, manteniéndose ebrio.

Ella luce modelitos y una figura imponente y baila como si en hacerlo se jugara su destino final.

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Esto ha sido un repaso —trepidante, pero fugaz— sobre la música de baile y las rutinas que marcan los pasos que hay que seguir. Se han dejado al margen, intencionadamente, algunas que parecen vergonzantes, sin importar si son antiguas (pajaritos, Macarena) o contemporáneas (Gangnam, Harlem shake).

Aunque se hubieran podido poner 1000, sin exagerar un ápice.


Cuando Wilson Pickett vino a España, más de 20 años después de romper todos los registros con su clásico inmortal, demostró una energía arrolladora y que, en España, —pese a ser de San Blas, Malasaña o Lavapiés, vestir como un primo de la abeja Maya o un anticipo de un camarero siglo XXI standard, y preferir a Leño, Obús o Barón Rojo—, el macho ibérico no baila, aunque, cuando tiene que hacerlo, se entrega, dejando como testigos de la ocasión a Carlos Herrera y Bibi Andersen. Un episodio efímero que sigue contándose en los corrillos navideños de las tres familias afectadas.

Otro monstruo de la escena, Solomon Burke, poco antes de morir, cuando tenía que permanecer en un trono porque no podía sostenerse en pie, hacía que todos se estremecieran y sintieran la necesidad de tener que moverse y bailar.

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Tres películas explican bien lo que, para muchos, puede suponer el baile, desde ópticas bien distintas:

Danzad, danzad malditos, de Sidney Pollack (1969)

Saturday night fever, de John Badham (1977)

Dirty dancing, de Emile Ardolino (1987)

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Esta etapa de Por Amor a la Música responde a un envite de Pupilo Dilatado que, en la fase geográfica en que nos encontramos, propuso Japón.

Es evidente que no he sabido ajustarme.

Presento mis disculpas por ello.

Pero, tal día como hoy, encuentro varias señales que avisaban de que esto iba a suceder.

En primer lugar, mi dificultad para ajustarme a plazos y exigencias ajenas.
En tercer lugar, por mi deriva, que no sigue un rumbo predecible.


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La semana pasada, según la propuesta de Chals, realicé una reseña de un grupo chileno (que no conocía) y que me costó horrores.
Hoy era Japón, el país del sol naciente.
Una escena de una película en que cortaban cabezas.
Un intento de poner música de baile, cuando no he bailado en mi vida.
Explicando rutinas, yo, que, desde siempre, trato de escapar de ellas.
Un ucranio que tiene el nombre que todo el mundo espera oír en España y que tiene una clara opinión sobre la música que pongo aquí.

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Así que, hoy, 28 de febrero de 2013, el mismo día que se hace efectiva la renuncia de Benedicto XVI, yo presento la mía.

Y me pongo en manos de Tsi-Na-Pah, estímulo de este juego tan entretenido, para saber si quiere que la haga efectiva ahora o, tras la próxima semana, en la que estaba previsto que yo diera el primer paso. Si lo prefiere, seguiré una semana más. Pensaré en un país asequible a mis posibilidades (y accesible a todos).

Pero será la última. Seguiré viendo (desde la barrera) el desarrollo del juego y trataré de conservar los amigos que el juego me ha permitido hacer.

Todos tienen unos blogs interesantes, que recomiendo visitar.


Espero se entienda mi postura.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...