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sábado, 27 de febrero de 2021

El hombre que baila

Una de las cosas que ha conseguido la nueva normalidad es que vuelva a tener ganas de bailar.

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KC & The Sunshine Band
Boogie Shoes

KC & The Sunshine Band (1975)

Hialeah, Florida (USA)

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The JacksonsBlame It on the Boogie

Destiny (1978)

Gary, Indiana (USA)

 

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Maroon 5 & Christina Aguilera

[single] (2011)

Los Angeles, California (USA) / Rochester, Pennsylvania (USA)

 

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Robin Thicke
Blurred Lines (feat. T.I. & Pharrell)

Blurred Lines (2013)

Los Angeles, California (USA)

 

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The Leisure SocietyFight for Everyone

Alone Aboard The Ark (2013)

Londres (UK)

 

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Jason Collett
Song And Dance Man

Song And Dance Man (2016)

Toronto, Ontario (Canada)

 

 El bailarín

miércoles, 11 de marzo de 2015

Líneas difusas

Un jurado encuentra a Pharrell y Thicke culpables de plagiar a Gaye su éxito “Blurred lines”.
La indemnización que deberán abonar a la familia de Marvin Gaye alcanza 7.3 millones de dólares.
La noticia, aquí.

"Robin & Williams"

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Vayamos al principio. Hace 40 años.

Marvin Gaye lo había hecho todo: batería en sesiones de grabación para el sello Motown, crooner, ídolo de jovencitas, polo masculino en duetos mixtos, cantante de éxito y compositor concienciado.

Tras el triunfo de sus memorables discos de 1971, “What’s going on” y 1973, “Let’s get it on”, su vida se encuentra en una encrucijada. Es demandado por miembros de su banda, se inicia el proceso de divorcio con su primera esposa, Anna Gordy (hermana de Berry, fundador del sello) y, literalmente, su vida y obra se someten a juicio.

Está a punto de ingresar en prisión, por impagos en los gastos de manutención de su hijo. Su promotor organiza una gira por Europa, donde no había estado desde 1964. Una de sus actuaciones, el 3 de octubre de 1976, sirve como base para su álbum doble “Live at the London Palladium”, en el que se incluye “Got to give it up”, la canción de la discordia, un largo tema de casi 12 minutos que, editado en single, es uno de los petardos del año 1977. Reemplazó en el #1 en listas USA a “Dreams” (Fleetwood Mac) y sería sustituido por “Gonna fly now” (Bill Conti, tema principal de “Rocky”).

Fue, en todo caso, un ejemplo de la dificultad que en aquellos años tenían los artistas para encaminar sus trayectorias. Marvin Gaye no quería hacer música disco, como se le insistía desde su sello discográfico. Al final, dejó un mensaje en el título de su canción, algo así como “Tengo que renunciar”.

Como Aretha Franklin, o Diana Ross, o muchos otros artistas soul se mostraba reacio a dejarse absorber por el torbellino de la música disco, pero era un fenómeno imparable. “Thank God it’s Friday” o “Saturday night fever” están a punto de convertirse en mainstream. Donna Summer o Bee Gees reventarán las pistas y dejarán un nuevo espacio a los músicos negros que se quieran adaptar (todos).

Una precursora, Diana fue de las primeras en claudicar. En 1975 grabó “Love hangover”, la canción que el productor, Hal Davis, había pensado que podía cantar Marvin. Ella luego mejoraría con “Upside down”.

Al animarse Gaye, se inspira en Johnnie Taylor (“Disco Lady”) y, de hecho, su canción se titulaba inicialmente “Dancing Lady”. En la grabación final se incluyen determinados efectos, como una conversación en la que se le oye decir: “Say Don! Hey man, I didn´t know you was in here!”. Se trataba de Don Cornelius, el anfitrión del enorme “Soul Train”, donde improvisaría una nueva versión de la canción.

La canción influye a muchos otros artistas negros que iniciaban el mismo tránsito (del soul al disco). The Jacksons son deudores en “Shake your body (Down to the ground)” (escrita por Michael y Randy). Michael en solitario, con producción de Quincy Jones, alcanzaría su primer éxito indiscutible con “Don’t stop ‘til you get enough”.

En fin, que con todo en contra (divorcio, sentencias judiciales, cambio de gustos musicales), Marvin agacha la cabeza, un poco más todavía. Graba ese disco en directo. Al año siguiente, 1978, cumpliendo una nueva sentencia, debe entregar a su exesposa los royalties de su siguiente trabajo. Gaye, todo estilo, firma un disco impecable y lo titula “Here, my dear” (“Aquí está, cariño). Llena el disco con referencias personales.

Unos años más tarde, en un confuso incidente con su padre, éste coge su pistola y lo mata de un tiro.

Pero ésa es otra historia…

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La nuestra, la que ahora nos ocupa, es trazar la línea (admitiendo que pueda no ser tan borrosa), que lleva desde Marvin Gaye a Pharrell Williams y Robin Thicke.




Robin Thicke ft. T.I. & Pharrell Williams — Blurred lines



Marvin Gaye — Got to give it up



Fleetwood Mac — Dreams



Donna Summer — Last dance



Bee Gees — Stayin´alive



Diana Ross — Love hangover



Diana Ross — Upside down



Johnnie Taylor — Disco Lady



The Jacksons — Shake your body (Down to the ground)



Michael Jackson — Don’t stop ‘til you get enough



Marvin Gaye — Here, my dear



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Pharrell ha declarado no estar muy feliz.



Que venga a Oviedo.

viernes, 8 de agosto de 2014

La manzana de Troya


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Puedes echarle la culpa al boogie, como hizo MJ con sus hermanos.
Pero tú y yo sabemos que es mejor pensar que todo se debe a una manzana.

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No es que su trayectoria, como elemento de tentación, no fuera conocida.
Aliándose junto a una serpiente, o actuando en solitario.
Ofrecida por una bruja camuflada, como diana colocada por un arquero suizo en la cabeza de su hijo, o iluminando las entendederas de un sabio que descubre la gravedad de dormitar bajo un árbol.
Se ofrece de tantas formas que no se comprende que se siga afirmando que alguien pueda estar sano, como una manzana.

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Y armó la de Troya.
Literalmente.
Peleo y Tetis, tras una historia larguísima que no me pararé en detallar, hartos de sus continuas peleas, o tratando de darles forma, decidieron casarse.
Se ponen a hacer la lista de invitados y. entre tanto dios, semidios, mortal y fauno (que alguno habría), se les olvidó incluir a Eris.
No es que fuera una de esas tías ancianas, solteras, plastas, que avergüenzan a los mayores narrando las travesuras que habían armado cuando eran niños y espantan a éstos embutiéndoles caramelos con sabor a eucalipto.
No.
Era una verdadera pérfida.
La diosa de la Discordia, nada menos.
Molesta como estaba, por haber sido excluida del bodorrio, teniendo que resignarse a fisgar atisbando por encima de la valla, se presentó orgullosa en mitad del convite, en ese momento en el que todos los presentes están achispados, pero cuando ninguno había llegado a rodar por el suelo.
Y, con una puesta en escena tan oportuna, remata su entrada triunfal arrojando una manzana dorada sobre la mesa y, tras dar un taconazo y revirarse, salir con el gesto altivo que sólo es capaz de mostrar una griega.
La manzana llevaba una inscripción: καλλίστη (“Para la más hermosa”).
Con la cantidad de hormonas que se disparan en cualquier enlace de pacotilla, imagínate allí. No es que se lanzaran a por el ramo haciendo una triple pirueta mortal con doble tirabuzón, que también, sino que las que consideraban ser de “este reino, la más bonita”, eran tres diosas: Atenea, Afrodita y Hera.
Que si yo, que si tú, que si tal, que si me queréis, irsen.
Ya sabes.
Un cacao.
Total, que Zeus (el capo de todos los presentes) debe intervenir. Hastiado de las peleas que se organizan siempre, airado porque no le dejan dormitar ni un rato y, teniendo en cuenta que en ese momento jugueteaba con una sobrina a la que había sentado en sus rodillas temía que, si le obligaban a nadar de espalda, se marcara la silueta del tiburón, por lo que apreció de nuevo las ventajas de vestir toga.
En fin, que para endilgarle el muerto a otro, en una nueva muestra de su sabiduría, elige a Paris, un pastor que vivía separado del mundo y alejado de las pasiones humanas, para que sea él quien decida.
Manda a Hermes a comunicarle la noticia.
Las tres diosas, mujeres al cabo, trataron de engatusar a Paris con sus zalameras propuestas: Hera, la esposa del jefe, le ofreció todo el poder que pudiera desear. Atenea le ofreció vencer en todas las batallas en que se presentase y Afrodita, no recuerdo todo, pero algo de sexo tuvo que mediar.

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La historia sigue, Paris rapta a Helena, la hija de Menelao, y se la lleva a Troya.
Enfurecido convoca a Agamenón, Aquiles y otros tantos. Entre ellos está Odiseo, el tipo al que se le ocurrió ofrecer un regalo a Príamo, que supuso el fin del asedio y la muestra de que, para vencer, la sutileza puede ser una buena estrategia.

(((Si recuerdas el duelo –interpretativo– entre Brad Pitt y Peter O’Toole,
ahora sabes cómo se inició el conflicto que les llevó a compartir plano)))

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Si atendemos exclusivamente al aspecto, al envoltorio, dejaremos que algo perjudicial entre hasta la cocina y, cuando nos demos cuenta, será demasiado tarde.

No importa si se trata de un caballo de madera o de una manzana dorada.

Hay que ver más allá de la apariencia.

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AVISO PARA PADRES:

SE INCLUIRÁN CONTENIDOS SUMAMENTE ADICTIVOS
NO DEJAR A LA VISTA DE LOS NIÑOS

(Ni echar miradas a escondidas si supones que
tienes un carácter propenso a las adicciones)


Apple, la que se lleva el mayor bocado a Cupertino, ha iniciado una nueva etapa en su escalada para alcanzar el monopolio con una campaña masiva de anuncios de su último dispositivo: el iPhone 5S.

Lo hacen cojonudamente bien.

Una estética cuidada. Planteamientos de actividades cotidianas. Gusto en la selección musical.

Y un slogan que lo resume todo:


“Eres más poderoso de lo que crees”


Como si mi poder dependiera del nivel de carga de la batería de mi dispositivo.
Como si todas mis aptitudes se resumieran en las apps con las que cargo.

Se alcanza el descubrimiento de que, para los cautivos (la amplia mayoría), lo importante no son los gadgets, sino los desarrollos que, pagando o no, te permiten hacer algo que, antes, eras capaz de hacer perfectamente tú solo (o no podías hacer, pero que tampoco pasaba nada).
Que se convierten en imprescindibles, porque estás enganchado.

Y recuerdas aquella idea de que nadie pagó por el primer pitillo que fumó, el primer trago de alcohol, el primer porro, o la primera dosis. Siempre había alguien que te invitaba (y, muchos, que te incitaban a atreverte a hacerlo).

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Una de las claves de su estrategia global es la segmentación del mercado atendiendo a su comportamiento, y no a su procedencia.
Porque ya han conseguido que todos seamos iguales.
Y empleando una estética molona, concienciada, pretendidamente casual, el mismo anuncio sirve para todo el planeta. Lo que no es casual es el aspecto uniforme de ciertas cosas; la tipografía que intenta simular el trazo imperfecto que da el descuido humano; la extensión del blanco como síntoma de elevación espiritual; la manía de que todos los camareros —y dependientas de tiendas de ropa y perfumerías— deban ir de riguroso negro; que, en una visita guiada a cualquier ciudad del planeta, las mujeres vistan pantalón largo (conocedoras de sus estrías, varices, piel de mandarinas o su lejanía de Brasil en asuntos depilatorios) y los caballeros cincuentones, tripudos, lleven los mismos zapatos y calcetines que en invierno, para pasar todas sus vacaciones en las Bermudas.

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En la forma de trocearnos (segmentarnos), nos consideran targets (objetivos).

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Conocedores de nuestra pereza, nos convencieron de que necesitábamos apps para hacer ejercicio.

Nos llamaron pollos (y gordos) y nos pusieron al ritmo que marcaba Robert Preston (Strength – Chicken fat).

Saben que creemos que tenemos una vena artística, y una soberbia gigante, que nos hace disfrutar intentando hacer música, teatro, baile o espectáculos pirotécnicos. Que molan los Pixies. (Powerful – Gigantic).

Les consta que tenemos sueños, esperanzas y aspiraciones. Se empeñan en manipularlos. E intentan modelarlos, conforme a sus intereses. Hacen que pensemos que construiremos un mundo mejor, más natural y sostenible, gracias a que cuando crezca, podré curar caballos, pilotar aviones, dirigir un equipo de bomberos o enseñar inglés a la mucama mexicana, usando un aparato en el que suena de fondo la dulce voz de Jennifer O’Connor. (Dreams – When I grow up).

O, de forma mucho más preocupante, buscarán llegar hasta mis hijos, intentando convertirme en el camello que les proporcione las dosis iniciales de su cautiverio, apelando a mi paternidad responsable en la que, mientras canta Julie Doiron, les enseño a pintar, a cepillarse los dientes o a hacer las cuentas, mientras los monitorizo con el aparatito que llenará mi vida (y la suya) de sueños. (Parenthood – The life of dreams).

Todo a un clic de distancia.

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Asumo la complejidad de controlar, por completo, una carga. El ejemplo reciente del buque escuela Juan Sebastián Elgramo (en honor del primer marino capaz de circuncidar la Tierra), en el que la Guardia Civil incautó 127 kg. de coca, demuestra lo difícil de mantener impóluta una bodega. Por eso mismo, resulta conveniente extremar las precauciones.

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Es bueno conocer las propias limitaciones. Y ayudar a otros a que modulen las suyas.

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Busco para ello una manzana distinta; una mujer que me fascina desde que la descubrí en su debut de 1996, “Tidal”. Es Fiona Apple, artista poco prolífica, pero intensa y singular, que sólo ha entregado otros tres discos: “When the pawn…” (1999), “Extraordinary machine” (2005) y “The idler wheel…” (2012).

En el último se incluyó una canción, su último vídeo, Hot knife, dirigido por Paul Thomas Anderson en 2013.



La canción facilita la clave:

Si soy mantequilla, él es un cuchillo caliente.

Mis hijos comparten rasgos conmigo y, como yo, son tiernos y blandos como la mantequilla (aunque algunos puedan verme grasiento).
Mientras ellos, los que conocen nuestra debilidad, son como cuchillos calientes que nos destripan, haciéndonos creer que se interesan por nosotros (queriendo engordar nuestra adicción).
Quizá con subtítulos y otras imágenes resulte más fácil de percibir sus pretensiones.

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No sé. No tengo todas las respuestas.
Ni, aunque lo parezca, tengo miedo ante un mundo impredecible.
Pero sé que es bueno intentar evitar la dependencia.
Al menos en lo que verdaderamente es importante.

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Un final para recordar

En 2009 se editó un disco homenaje en el que se recogían canciones del enorme Cy Coleman, cantadas por mujeres: “The best is yet to come”. 13 canciones y doce artistas, porque además de Patty Griffin, Jill Sobule, Madeleine Peyroux, Ambrosia Parsley, Julianna Raye, Sam Phillips, Perla Batalla, Sara Watkins, Sarabeth Tucek, Nikka Costa y Missy Higgins, Fiona repite. En una de las dos es fácil encontrar explicación a una forma tortuosa de hacer las cosas.

Why try to change me now, una canción popularizada por Sinatra.



En el primer comentario al artículo, incluiré mi propia traducción.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Twerk

De completa vigencia, la que antes fuera Hannah Montana, la que todos los papasitos querían tener como yerna, se ha hecho mayor y, tras retomar su tradicional nombre, ha madurado una actitud más provocadora.

Rescató un dedo de espuma, empezó a fumar, decidió mostrar su cuerpo y su lengua, vestirse con transparencias y practicar una nueva rutina: el twerk.

En la revista Rolling Stone, antes especializada en música, le dedican la portada, con un atrevido titular: “Good Golly Miss Miley!”.



Creen que podemos tragar con que ella es la reina, como si hubiéramos olvidado quién es el verdadero rey. Por si no tienes idea, hablamos de Little Richard, el tipo con más peligro con una pastilla de jabón a su disposición.


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Ya sabes de qué hablo: esa ola de provocación que supone la música. No es una historia nueva, aunque adquiera otros ropajes.

Quizá te interese conocer los entresijos.

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¿Qué es el twerk?

Lo que hace Miley Cyrus, inmediatamente después de anunciarlo, en el vídeo de We can’t stop.

"Primera ración en 1:26"

¿Cómo se practica? Hay multitud de ejemplos. Tweety lo explica. Lady (et al) lo ponen en marcha. Se puede observar la especialidad reverse, en la que, tras poner las manos en el suelo y subir los pies por la pared, hacen mantener una postura propicia a los fail.

Esto es lo que hay, amigos. La conexión WiFi, permanente, permite estos universales desfases.

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No es que antes no existiera, pero era, por decirlo de algún modo, de ámbito más restringido.

Las rutinas de baile siempre han estado presentes. De hecho, una de las más conocidas, en su momento, fue protagonizada por el padre de Miley, Billy Ray Cyrus, con Achy breaky heart.


Aunque era la época en que llegaban antes las traducciones que los propios originales. De esa demora se aprovechó Coyote Dax: No rompas más. Misma canción, mismo baile. Un tipo que, hasta para bautizarse, tuvo que aprovechar éxitos ajenos, como la película “Coyote ugly”, en el que un grupo de buenorras anima el público masculino de un bar de copas con sus bailes calientes, sus juegos incitantes y sus “se mira, pero no se toca”. En pleno follón, Piper Perabo debe hacer un playback a Blondie, con One way or another y todo el ganado (se tranquiliza) queda hipnotizado.

No es nuevo que el cine usa el poder de las imágenes y la música, mezclándolas, para resultar sugerente.

Demi Moore, en Striptease, Kim Basinger, en 9 ½ weeks o Rita Hayworth en Gilda.

Puedes echarle la culpa a Mame, o al boogie, pero te equivocas si piensas que es cosa del ritmo.


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El baile no es otra cosa que una rutina de conquista y seducción, un anticipo del apareamiento.

Una forma de cortejo.

Puedes hacerlo con Solomon Burke sonando de fondo, o con Etta James, o con Sergio Dalma, o como Shelley Long, haciendo sin fin el Mashed potato, de Dee Dee Sharp.

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Shakira, la novia con la que sueñan todos los papasitos (más, si son culés), también sabe hacer el twerk (y volverse Loca).


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El twerk es la mezcla moderna del twist (popularizado por Chubby Checker) y el jerk (que pusieron de moda The Capitols, patético según quien lo practique).

Y tal y como lo ejecutan estas jovencitas, un decidido avance para la dignidad de la mujer.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...