Conocí
tarde a esta banda, liderada por Robert
Harrison, y lo hice por mediación de mi amigo Juanjo Mestre, que habla maravillas de un disco sensacional, Kontiki
(1997). La continuación, The Big Picture (2001) fue un disco fallido y
llevó a una separación de la banda que se convertiría en momentánea cuando se
juntaron para grabar este tema, preludio de Death of the Cool (2016).
Como
dato curioso apunto que la banda toma su nombre del predicador puritano del
siglo XVII, un sujeto despreciable que intervino en los juicios de brujas en
Salem y que resulta inexplicable (salvo por su condición de inglés) que no haya
despertado una repulsa unánime. En todo caso, la idea de usarlo para el grupo surgió en el funeral del
tío de Harrison, cuando él y su hermano trataban de animarse mutuamente y les
pareció que era el nombre más divertido para una banda que habían escuchado,
más teniendo en cuenta que, en ese momento, Robert era estudiante de teología.
Estoy
casi seguro que conocí a los Champs, el combo comandado por Danny George Wilson, por este disco;
con toda probabilidad por la
reseña de mi amigoJuanjo Mestre.
Y
eso que ya era su 4º trabajo.
Ahora
anuncian que, en su gira española, el 14 de octubre, actuarán en Avilés.
Katie Crutchfield, la cantante que escogió como nombre
artístico el lugar donde creció en Alabama, se ha involucrado en un nuevo
proyecto: la banda sonora de la serie de animación “El Deafo”, basada en la novela gráfica escrita e ilustrada por Cece Bell, que cuenta su propia
experiencia tras haber perdido de niña un 85% de audición y tener que llevar un
complejo sistema que le permitía escuchar a compañeros y profesores pero que,
paradójicamente, la distanciaba al hacerle sentir un bicho raro.
La
celebración de los 25 años de la publicación de Show World fue festejada
por Juanjo Mestre en “Melodías Cósmicas”, tal
y como reseñóExile SH Magazine.
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Coincide
el evento con la actuación prevista de esta banda en Gijón, el próximo 12 de
marzo, una vez que la gira europea de 2021 tuviera que cancelarse por motivos fáciles
de adivinar.
Así
que me dispongo a repasar su disco más reciente (7º de estudio) y caigo en la
cuenta de lo discontinuo de la trayectoria de la banda de los hermanos McDonald, Jeff y Steve, consciente
de que optan por la subversión como forma de diversión, pero sin alcanzar
explicaciones para su intermitencia, pese a que esté convencido que no se deba a la influencia de una Organización Internacional (que no voy a nombrar), aunque sea conocedor de que sí lo fue del cambio de nombre (una letra añadida al final y el cambio de una inicial fueron suficientes), descontenta con la apropiación que consideraban fraudulenta cuando al inicio de la carrera la banda se llamaba de manera idéntica a la ONG:
Neurotica (1987)
Third Eye (1990)
Phaseshifter (1993)
Show World (1997)
Researching the Blues (2012)
Hot Issue (2016)
Beyond the Door (2019)
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Su
último trabajo se abre con una canción festiva; era el espíritu de (aquel)los
tiempos.
El
rodaje de una película ambientada en la India se complica cuando deciden contratar
a un actor local para interpretar un papel menor.
Todo
irá a peor cuando una confusión le haga ser el invitado extra en el guateque
que organiza el dueño de la productora.
El
tema del que se habían apropiado los hermanos McDonald es el que suena en el
apocalipsis de la fiesta en la que se conocen Hrundi V. Bakshi (Peter
Sellers) y Michèle Monet (Claudine Longet), una inolvidable
locura épica, dirigida por Blake Edwards,
el tipo que, por aquella época, se encamaba con Mary Poppins y Maria Von
Trapp.
Antes
del cierre global de 2020 por las causas conocidas, Robert Harrison se mudó a una pequeña cabaña de su propiedad, a
unos treinta minutos de la capital del Estado de la estrella solitaria. Era su
intención trabajar durante el confinamiento en el que iba a ser su disco de
debut en solitario. Se cumplían por aquel entonces treinta años de la fundación
de un grupo esencial, Cotton Mather,
uno de cuyos discos, Kontiki (1997), descubierto tarde, gracias a mi
amigo Juanjo Mestre, forma
parte de mi catálogo de imprescindibles.
Son
diez canciones y la que lo cierra era sobradamente conocida para mí; pero era
una delicatesen con ese cambio de estilo.
El
vídeo es una muestra de lo que supuso el confinamiento para todos; un recuerdo
de cómo cada uno se las apañó como pudo para superar las dificultades; de la
importancia de la música como terapia liberadora para muchas personas.
La
canción había sido compuesta en 1961 por tres luminarias del soul, Johnny Bristol, Jackey Beavers
y Harvey Fuqua y publicada por los
dos primeros en el sello Tri-Phi,
acreditada a Johnny & Jackey.
La
expansión de Motown pasó por la
compra de la gran mayoría de sellos de Detroit y la operación incluía
artistas y catálogo editorial, así que, pese a que Beavers se marchó a Chicago
para enrolarse en Chess,
Bristol y Fuqua se quedaron como compositores y productores.
En
1969 Bristol estaba preparando una nueva versión del tema para Jr. Walker & The All Stars, el
conjunto del que se encargaba, y cuando ya tenía la parte instrumental y los
coros listos, Berry Gordy pasó por
el estudio y, al escucharlo, le pareció que sería un buen sencillo para el
debut en solitario de Diana Ross,
que llevaba demorando un tiempo su anunciada salida de las Supremes.
Donde
hay patrón no manda marinero y Bristol empezó a trabajar con Diana.
No
me preguntes la razón, pero Ross no daba en sí misma y le costaba horrores
afinar, así que, para que el proceso no se dilatara demasiado, Johnny le
animaba en las sesiones y su voz quedó grabada, lo que le pareció muy adecuado.
En la versión original se
le escucha, no así en la actuación en el show de Ed Sullivan.
Resulta
curioso que la canción fue finalmente acreditada al trío, pese a que ni Mary Wilson, ni Cindy Birdsong hubieran participado, porque los coros son cosa de Merry Clayton, Julia Waters y Maxine Waters.
Más
sorprendente resulta que los genios de marketing
de Motown lograran que esta canción, el último single del último LP con Diana Ross en Supremes, se transmitiera
como una oportunidad abierta a la posibilidad de que, quizá, algún día,
pudieran volver a juntarse.
En
todo caso obtuvo el favor del público y se convirtió en el último de los
números del grupo femenino más importante de todos los tiempos en llegar al #1,
por décimo segunda vez, habiendo sido el único bastión de resistencia
estadounidense a la British Invasion.
Una elección merecida: por el sonido de guitarras, por las
ineludibles influencias, por el demoledor gancho, porque sí...
Nada me gusta más que seguir pistas.
Supe así que la banda toma su
nombre de un reverendo puritano de
Boston, licenciado en Harvard y recordado por su contribución en los infames Juicios de Salem.
Evan Way (voz, guitarra) / Brette Marie Way (voz, batería) / Sam Fowles (guitarra, voces) / Aaron
Ballard (guitarra, voces) / Andy
Creighton (bajo, voces)
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Hace (un poco más de) siete años, entregaron una delicia de disco;
uno de los mejores de aquel año; uno de los que recuerdas con cariño y a los que
complace volver.
Hace siete años que cambié
Hace siete años, pero mis pensamientos permanecen
Me mudé al campo y cambié de nombre
Traté de huir
Pensé que te encontraría allí
Pero todo lo que encontré fueron árboles derribado por los osos
Pensé en volver a empezar, pero no me atreví
Pensé que podría hacerlo por mi cuenta
Traté de caminar
Intenté seguir adelante
Intenté cantar mi canción sin nadie a mi lado
Piensa en mí
Han pasado siete años y sigo cambiando
Mi vida está empezando de nuevo
No sé muy bien qué hacer
Al final encontré mi camino de regreso
Me di cuenta de que tenías todas las cosas que me faltaban
Todas las cosas que había perdido.
No volveré, pero ya no las necesito
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Ahora,
mientras preparan la publicación de su nuevo trabajo y están de gira por España,
Evan Way presenta nuevo material
(aunque fuera antiguo, pero que no encajaba en TPRH), cambiando ligeramente su
nombre (incluyendo su middle name) y
dejándose acompañar por un nuevo grupo.