Asociado
a una canción que menciona un gato y un animal, la carrera de Alastair Ian
Stewart trasciende ese importante hito.
Recuerdo
varios LPs que circulaban por casa, propiedad de mi hermana mayor, que yo
escuchaba con verdadero deleite.
Leo
que le compró la guitarra a Andy Summers
(futuro miembro de The Police) y
empezó a tocar una acústica para actuar junto a Cat Stevens, Ralph McTell
y Paul Simon, con quien compartió
piso en Londres.
*****
Haz
algo inusual en estos tiempos modernos y dedícale ocho minutos a escuchar esta
canción. Lo disfrutarás.
*****
Hola,
viejo amigo, que extraña coincidencia encontrarte
Han
pasado quince años desde la última vez que nos vimos, pero todavía te reconozco
Llama
al barman y déjanos llenar nuestros vasos
Brindemos
por los viejos tiempos, donde yacen todos nuestros recuerdos
¿Te
acuerdas de cuando éramos jóvenes?
¿Recuerdas
los cambios a medida que crecíamos?
Él
dijo: “No recuerdo... No quiero recordar
De
hecho, ya he oído demasiado
No
quiero pensar, déjame aquí para que siga bebiendo”
En
vuelto en el calor de la ciudad de New York
Parece
que simplemente no sabes
No
tengo ningún uso para los trucos de los tiempos modernos
Enredan
todos mis pensamientos como si fueran hiedra
La
canción, escrita por Gordon Matthew Thomas Sumner, al que le gustaba llevar un
jersey a rayas amarillas y negras que le hacía parecer una avispa y le
granjeó el mote por el que es universalmente reconocido, Sting, surgió
inspirada por las prostitutas que rondaban (eran aquellos tiempos) cerca del
sórdido hotel donde se alojaron en París para una actuación en un club. El
nombre de la meretriz está tomado de la obra teatral “Cyrano de Bergerac” (escrita por Edmond Rostand, protagonizada por el narizotas más famoso, poeta,
pero amante inseguro) que se anunciaba en el vestíbulo del hotel.
Y
se publicó como single, anticipo del
LP en el que luego se incluiría, el primero del trío.
Así
empezaba a funcionar una máquina de hacer y vender música.
Fue
una época excitante para quienes pudimos vivirla.
Adam Levine / Jesse Carmichael Mickey Madden/James
Valentine / Matt Flynn
*****
Lo rápido que pasa el tiempo.
Y no lo digo porque el vídeo (en el que Adam Levine añora a Tania Raymonde, no me extraña), sino
porque el comportamiento de Levine está completamente fuera de lugar. Se
tropieza, choca, deja que le agarren; en ningún momento mantiene la distancia
de seguridad; hay gente en la calle; los restaurantes están abiertos; afirma
rotundo “no volveré a casa sin ti”.
Resulta evidente que no está preparado para la “nueva normalidad”.
Veintisiete años antes un trío londinense cerraba su
extraordinaria (y meteórica) carrera con un disco, el quinto, que incluía la historia
de un acosador (nos enteramos después), que fue la canción del verano de
cualquier pareja adolescente, el año después del Mundial de fútbol de España y
anterior a los JJ OO de Los Angeles.
Recuerdo algunas de las cosas que hice aquel verano.
En fin, que la canción era tan buena que se convirtió en la base
del tema precedente.
El
mundo se está medicalizando, pero nadie se pregunta quién será el
desmedicalizador que lo desmedicalizará, porque todos asumimos que la cosa va a
ir a más.
Un
signo predictivo de la proximidad del apocalipsis se encuentra al escuchar un
razonamiento médico, en boca de quien no parece distinguir entre un
diagnóstico, un pronóstico y un tratamiento.
Ahondando
en lo personal (“revele su rollo”),
fascina esa facilidad que tenemos para emplear el tamiz de lo psicológico como
factor de explicación, con naturalidad creciente.
Preocupa
sobremanera la ligereza para justificar el carácter dual de nuestros actos.
Hace sólo cinco años nadie atendería, ni remotamente, a alguien que hablara de
la bipolaridad de su comportamiento. Hoy, ha desarrollado raíces, encontrando
acomodo en lo más remoto en el tiempo (la antigua Grecia) o el espacio (el
lejano Oriente).
"La tragicomedia cotidiana"
"Yin y Yan. El Zipi y el Zape del taoísmo"
En
la película de 1954, “La noche del cazador”,
dirigida por Charles Laughton y
protagonizada por Robert Mitchum y Shelley Winters, el reverendo Harry Powell se consumía internamente
por la lucha entre dos pulsiones que se reflejaban en los tatuajes de sus
nudillos.
Seis
años más tarde, bajo la dirección de Alfred
Hitchcock, un pobre diablo se envuelve en una manta y no quiere matar una
mosca. Es Anthony Perkins, escindido
en una lucha entre Norman Bates y su
madre, en la inolvidable escena final de “Psicosis”.
*****
Sólo
Señor Mostaza podría animar esta
fiesta: “Bipolaridad”.
*****
Lo
que antes era un trastorno, hoy se utiliza como excusa para aclarar los
desmanes de la propia conducta.
“La
impaciencia de la gente no hace más que alimentar mi lado bipolar”.
*****
Lo
que en nosotros consideramos una singularidad, una pequeña salida de tono, se
transforma en intolerable visto en los demás.
*****
En
los discursos de mesa camilla, todo se resume en dos mandamientos (que mienten,
más que mandan):
1 — “Yo soy yo
(así)”
2 — “Lo que me
ocurre es que, como digo yo, tengo mis días”
*****
Un
chiste circula de forma reciente:
“—¿Qué
queréis?
—¡Dejar de
ser bipolares!
—¿Y cuándo
lo queréis?
—¡Ya no lo
queremos!”
[Una
confusión extendida: creer que los indecisos deban considerarse trastornados]
*****
La
maldición de tener que ocultar tu ocupación diurna (como conserje), de tus compañeros
en las distracciones nocturnas (Ace Face,
en la banda de moteros
estilosos), parlando italiano y guardando en secreto tu futura dedicación
como bajo y cantante solista en un trío post-punk de nombre comprometido,
hacen que Sting desarrolle el caso
de esquizofrenia escindida doblemente bipolar mejor documentado, en la
justificación del título de la película de 1979 dirigida por Franc Roddam, cuyo accidentado final supone
también la conclusión de esta entrega de:
Parabas
en un semáforo y, si mirabas al coche de al lado, sabías que su conductor se
pondría a hurgarse la nariz. Ahora busca en el móvil la última novedad.
Viajabas
en un autobús atestado. Subía un anciano, o una embarazada, y notabas cómo
todos los que iban sentados, y se sentían jóvenes, agachaban la cabeza
haciéndose pasar por distraídos. Ahora van con la cabeza gacha, de forma
permanente, atendiendo a su dispositivo, sin importar si sube o baja alguien.
Qué
tiempos en los que te perdías en tu trayecto, da igual que fueras en coche o
andando, para acabar en un lugar desconocido. Te llenabas de valor, te
acercabas a alguien y le preguntabas. Ahora tienes respuestas instantáneas.
Vuelves
la cabeza, tras cruzarte con una mujer guapa. Te quedas con la sensación de que
eres el único que la ha visto.
Te
juntabas con amigos para cenar y pasar el rato charlando. Se iniciaban
discusiones eternas sobre el año que Kempes
fichó por el Valencia, el nombre de los tres miembros de The Police, o si Raphael
es mayor que Karina. Ahora, un par
de consultas de alguien que lleva la wikipedia, el diccionario de la RAE, o un
traductor español-inglés como accesos rápidos, zanjan cualquier disputa de
forma tajante.
Enrique Santos Discépolo dejó escrito un tango, en 1934, que Malevaje adaptó en 1986, para su disco “Margot”. Se titula Cambalache.
La
letra cobra actualidad, pese a haber cambiado de siglo.
Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...
Para resolver un problema, es preciso identificarlo
adecuadamente.
"Lo estoy pensando..."
En
1985, Tom Petty publicó un disco, “Southern acents”, en el que se incluía
un single de éxito, “Don’t come around here no more”. En
plena “era MTV”, las canciones debían
ser promocionadas utilizando videoclips, piezas narrativas que cautivaban
visualmente a los espectadores, más allá de lo que podían hacerlo, cuando se utilizaban
exclusivamente argumentos musicales. El vídeo de la canción que hoy nos
(pre)ocupa fue una obra de arte, ajustada a su escala y proporciones. Revisarlo,
hoy, puede aportar un nuevo nivel de lectura.
Y,
como aliciente final para seguir leyendo, se demostrará que incluye todas las claves que se necesitan para
saber por qué TP todavía no ha actuado en España.
Hoy se alcanzará una profundidad inédita.
1
— La canción
Eurythmics había tenido un éxito increíble en 1983 con “Sweet dreams (Are made of
this)”. Fue #2 en UK y su único #1 en USA (reemplazando a The Police y “Every breath you
take”). Eso supuso que Annie
Lennox y David A. Stewart (el dúo
que formaba Eurythmics) debieran iniciar una gira por USA, el sueño por el que todo
músico rock suspira desde que decide
a qué quiere dedicarse.
Pero,
todos sabemos esto, un sueño encierra una pesadilla y, para Stewart, pronto
tomaría forma.
Tras
un concierto de la gira, celebrado en The
Wiltern Theatre, en Los Angeles, Stewart conoció a Stevie Nicks, cantante y compositora en Fleetwood Mac, un grupo que, tras el fenomenal éxito de “Mirage” (donde se incluyeron singles del calibre de “Hold me” o “Gypsy”), se tomaba
unos años de respiro forzado para liberar tensiones y, entre otras cosas, para
que Nicks, Christine McVie y Lindsey Buckingham pudieran dar un
impulso a sus carreras en solitario.
Nicks,
en el plano personal, acababa de romper con su novio, Joe Walsh, el día anterior y, además de disponible, fascinada como
estaba por la música (y, es un suponer, el magnetismo) de Stewart, se lo llevó
a su casa para tener un affaire. En
casa de Nicks había más gente de la que Stewart esperaba encontrar; aquello era
un fiestón en toda regla (a la californiana) y, teniendo en cuenta que él había
acudido con otras intenciones, más allá del consumo de coca, decidió retirarse
prudentemente al cuarto que se le había asignado. A las 5 de la mañana, según
el relato de Stewart, Nicks se presentó, vistiendo un vestido victoriano,
poseída por un espíritu conquistador que, al combinarse, hicieron que Stewart
huyera, con el rabo entre las piernas, mientras Nicks le gritaba, mostrando
orgullosa su despecho: “no vuelvas por
aquí nunca más”.
Stewart
cogió un avión para presentarse en San Francisco, donde tenía que actuar al día
siguiente, pensando que el asunto había concluido, pero, en ocasiones, las
historias dan unos incomprensibles giros que, si bien llenan de confusión a
quienes las protagonizan, añaden indudable interés a su relato. En nuestra
aventura, tras el concierto, Stewart se puso a pensar en los sucesos de las
veinticuatro horas precedentes y compuso —en el estudio portátil que todo
músico lleva a mano, usando una caja de ritmos, un sintetizador y un sitar— el
boceto inicial de la canción que nos ocupa. Unos días después, coincidió con Jimmy Iovine que, pequeño que es el
mundo, había producido el disco “Bella Donna”
de Nicks, en el que se incluía la participación de TP en la canción “Stop draggin’ my heart around”,
compuesta por él y Mike Campbell
(guitarra solista en The Heartbreakers)
y, tras escuchar la demo que había
grabado, se pusieron juntos a trabajar en ella. Stewart, nuevo en el mundillo
de la música angelina, desconocía que Iovine y Nicks habían mantenido
relaciones en el pasado. Demostrando una candidez sonrojante, no pudo imaginar
la furia que se desataría en Nicks, al descubrir que ambos amantes (uno, extinto;
el otro, no consumado) estaban trabajado juntos, como finalmente sucedería. Al
marcharse Nicks del estudio, tras el estallido, Iovine llamó a TP, que vivía
cerca y la versión que grabaron, sería el primero de los temas en los que TP y
Stewart colaborarían para la realización de ese álbum.
*****
2
— El vídeo
Dirigido
por Jeff Stein, se plantea como una
réplica del imaginario de “Alicia en el
país de las maravillas”; en concreto, la lectura que Walt Disney hizo en 1951 del libro de Lewis Carroll. Se identifican, claramente, tres escenas: La oruga azul, Fiesta del te, Juicio.
En
el vídeo aparece David A. Stewart, al inicio, como la oruga azul (The Caterpillar), en un mar de
champiñones, tocando apaciblemente el sitar y fumando un narguile.
La
actriz Wish Foley interpreta a Alicia.
TP
encarna al sombrerero loco (The Mad
Hatter).
Mike
Campbell es la liebre de marzo (March
Hare).
El
resto de los Heartbreakers aparecen
en el desvarío, sin un papel específico.
*****
3
— “La
interpretación de los sueños”
El
psiquiatra vienés, Sigmund Freud,
publicó en 1899 este libro, titulado originalmente, en alemán, “Die traumdeutung”. En él, se presentaba
una técnica psicológica que permitía descubrir las claves que, urdidas de forma
inconsciente, se encontraban ocultas
tras los sueños.
Puesto
que ya no hacía falta provocar un estado
hipnótico (y el diván se
convertía en superfluo), esta práctica sustituyó a la sugestión como método para alcanzar la catarsis. La asociación libre
es el método de análisis psicológico a
utilizar.
Traducido: los sueños establecen conexiones libres y, pueden
ser analizados a posteriori, de forma
crítica, para encontrar el significado que ocultan. Para ello, debe emplearse,
también de forma libre y creativa, la imaginación.
Todo
sueño es un viaje. A un mundo irreal, onírico, distorsionado. Pero, de vuelta a
la consciencia, se puede (empleando un
análisis detallado) averiguar el mensaje oculto en el aparente sinsentido.
*****
4
— El sueño, interpretado
Cualquiera
que haya visto el libro, o leído la película, sabe que la historia que imaginó Lewis Carroll —llena de fabulaciones
alegóricas, en la que encerraba a Alicia en
un mundo irreal—, era simplemente un sueño del que, a última hora, escapaba al
despertar.
Todo
sueño es un viaje. En ocasiones, más allá del trance al que parece dirigirse, puede tener un destino determinado
diferente, espacial o temporal.
Déjenme
que, en un giro inimaginado, me transfigure en Freud y demuestre que, en 1985,
TP viajó en el espacio —llegando a España— y en el tiempo —hasta 2013— y que
nos muestra, con clarividencia absoluta, el panorama de “esta España
nuestra”.
Alicia
se da cuenta de que está iniciando un viaje. Necesita alguien que le ayude. Un
agente, pongamos.
Está
en la cúspide. Parece que echando humo.
Tiene
una pinta realmente siniestra, con gafas de espejo uñas larguísimas, aunque de
pacotilla, de las que venden en el chino del barrio. Lo del pelo revuelto
parece una tapadera (de una apabullante calvicie).
Intentando
mostrarse ajeno a lo que le rodea, exhala un último aliento.
Un
montón de tramas interpuestas dificultan que Alicia llegue hasta él.
Le
ofrece el billete para el viaje.
¡Eh!
Te hemos pillado. Somos trabajadoras de tu empresa (la agencia). Se nos nota en
las ojeras (provocadas por la falta de sueño) y en la anticuada indumentaria.
Eres
Díaz-Ferrán.
Alicia
(identificada ya como el pueblo español; la ciudadanía; tú y yo) se cae de espaldas, patas arriba.
Caemos
rodando, sin fin, atrapados por una burocracia asfixiante, gris y cuadriculada.
Al
fondo de una mesa, obscenamente larga, se encuentra un tipo solitario, apartado
del mundo.
Vemos
que es TP, sentado en un trono dorado, tomando la sopa boba. Es realmente evidente de quién se trata (JC I, para los faltos de perspicacia).
Los secuaces que se le acercan por la espalda, no pueden ser otros que Urdangarín y Torres.
En
los sueños (ya veremos que este efecto se repetirá) las claves pueden ir
cambiando y, los personajes soñados, pueden corresponder a más de un alter ego, secuencial o simultáneamente.
Se
graba esta conversación interna (como hicieron con Pujol):
— España: Creo que no me podré levantar.
— Elena:
Me haré pasar por tonta.
— Cristina:
Voy a hacer como que no sabía nada de lo que hacía mi marido.
— España: No cuela. Ni con una (por abusar del
recurso), ni con la otra (¿nos tomas por tu hermana?).
Aprovecharé
para ensayar (otro año más) el (esperado) mensaje navideño, repitiendo slogans, como si fueran mantras, en la
esperanza de que terminen haciéndose realidad.
— Todos los españoles somos iguales ante la Ley.
— Felipe
está muy preparado.
— Yo me encuentro (mayor) mejor y quiero
dedicarme a charlar con Jesús Hermida,
vivir en un mundo nuevo
con Corinna y entregarme a contemplar
mi colección de fetiches.
¡No
me jodas! Me quedo sin habla.
Por
encima del resto de fetiches, siento orgullo y predilección por los prismáticos
que usé para cargarme al elefante, allí en Botsuana.
Hola,
mira, me presentaré que, a lo mejor, no me conoces. Soy el que pone la guinda
(verde, por descontado) al pastel. Mejor que te sientes, que te voy a informar
de las (nuevas) medidas.
(Citando
a otro que también iba de verde): ¡Que te sientes, coño!
¿Dijiste
que no querías taza?
[Ya
sé que es complicado (de)limitar sus campos de actuación y por eso debo aclarar
la posible confusión. El anterior, de verde oscuro, era De Guindos. Éste, de verde claro, es Montoro].
El
interludio musical que ameniza el entreacto, y que servirá para aclarar el
cambio de escenario, está patrocinado por el titular de cultura (Wert) y consiste, paradójicamente, en
un trío, con-trabajo, interpretando flamenco. Se aprecia que están afinados.
No,
por favor. De verdad. No me gusta la sopa.
Tranquila.
Es de sobre. Bárcenas nos ha mandado
cinco raciones, aunque ninguna será para ti.
Me
quedo ojiplática.
Hoy,
como tema único, trataremos la resolución del pufo y, por eso, puedes
contemplarme, así de meditabundo. Es una jaqueca que me han impuesto.
¡Por
supuesto! ¡Impuestos! Me sacaré alguno de la chistera. Ahora empezarás a comprender
que esto es un Consejo de Ministros y podrás contemplar cómo actuamos los
estadistas. Yo presido. Adivina quién soy.
yojaR — No es la solución al problema, es notorio.
[Pero,
ahora percibirás mejor el enigma, al notar que todo lo hago al revés].
¿No
querías taza?, ¡tendrás taza y media! Y no me importa que te salga humo de la
cabeza. Esto no ha hecho más que empezar.
Y,
por cierto, los ahorros de toda tu vida, los que fuiste consiguiendo tacita a tacita, deberías
ver en qué tamaño de tacita se han transformado.
No
pongas la otra mano (la izquierda), que no te quedará nada para recoger.
Yo,
a todo esto, cuando me nombraron presidente, encargué un traje a medida. Me lo
hizo el amigo de Camps. Está claro que
me viene grande.
Hay
quien dice que sólo cumplo órdenes (de Merkel,
o de los mercados, eso no queda claro).
Pero,
con los ojos tapados, puedo imaginarme que Belén
Esteban me manda un beso. Eso no puede ser tan malo.
Hola,
qué tal. Soy Rodrigo y vengo un Rato a presentarte mi nuevo plan. Le
cambiamos el nombre, mantenemos el color verde (el de la pasta gansa) y mira cómo te presento que va a haber un montón de
beneficios. Es súper-rentable. Te lo juro por Gallardón.
Espera
que coja un piquito.
Un
finiquito de nada (para mí).
Debes
asumir que las rosquillas son los ahorros.
[Así
decían que se iban a vender las viviendas (o las preferentes); como si verdaderamente lo fueran].
“Ahora las ves, ahora no las ves”.
El
festín está preparado. Nos lo repartiremos.
Un
nuevo actor se muestra es escena. Ha aparecido fugazmente, pero siempre fuera
de foco (desenfocada) y formando parte de un grupo (nunca independiente). Ahora
se le ve mejor. Por su postura (mostrando desgana, una cierta desidia y un
profundo aburrimiento, que se manifiesta en un incipiente bostezo), su posición
(escorada, apartada del centro de atención) y su imagen (anticuada y desfasada;
parece participar en un Carnaval grotesco y dieciochesco) identificamos, no sin
dificultad, de quién se trata. Es la prensa.
Comprueba
cómo, habiendo tenido la oportunidad de presenciar el reparto, se retiran para
que puedan actuar a gusto, sin interferencias. No existen asuntos que merezcan
investigarse.
La
primera medida es cambiar de asientos (aunque los ocupantes sigan siendo los mismos).
No
os preocupéis, chicos. Seguimos teniendo dónde mojar.
Y
si no, me como la taza. ¿A quién le va a importar?
Un
nuevo truco. Dejaremos que te sientes y que creas que vas a poder participar en
el reparto.
¿Ves
cómo sí hay para repartir? ¿Y cómo la prensa debería estar enterada de todo?
¡Y
una mierda! Me quedo con las rosquillas, antes de que desaparezcan.
Tú,
¡fuera! Aquí ya no pintas nada.
¡Bah!
Está bien... Me das lástima. Te enviaré un rescate.
Lo
recibo con los brazos abiertos. Atenderé todo lo que me pida.
Ahora
descubrirás quién lo pagará todo, absolutamente todo.
¡Tú!
Pagarás como una cerda...
¡Toda
la cuenta! Como una completa cerda.
No
importa que gruñas.
No
confíes en que calzar Botín-es te va
a ayudar.
Agencias
de valoración, independientes,
preparándose para calificar la evolución del valor de la marca España.
Desciende...
...rápidamente.
No
me acoses. Yo no tengo la culpa.
Sí.
Todo lo pagarás tú. Quisiste vivir por encima de tus posibilidades.
No
trates de huir.
Te
pillaremos, ...
...te
atraparemos, ...
...y
te deshauciaremos.
Pondremos
un impuesto nuevo.
Y
otro.
Y
otro más.
Te
haremos creer que sabemos cómo salvarte.
Y,
cuando estés a punto de ahogarte...
...te
lanzaremos un salvavidas que no hará más que prolongar tu agonía. Es el preludio
del amargo final que te espera.
Voy
a entrar a saco.
Entre
todos, meteremos la tijera (aunque, aquí, pueda parecer una pala).
Ya
sabes lo que te espera. No importa que grites.
Estás
mal. Necesitas ser intervenida.
Operada
(por Ana Mato en persona).
Tienes
que darnos de comer a todos. Y somos muchos.
Toma,
compi. Seguimos con el reparto.
Somos
muchos para el papeo.
¿A
quién le importa cómo vayas a quedar? En la tarta de España, muchos se apuntan
a pillar cacho.
Y,
aunque andemos a bocados, comiendo del plato de al lado, nadie se molestará por
eso.
Únicamente
le preocupa a ella, que contempla, atónita, el destrozo que están haciendo los
que sólo quieren Mas.
Engullida
por su apetito voraz, imposible de saciar, obsceno y desmedido, cegado por una
avaricia inconsciente y una falta de responsabilidad imperdonable. El último
recurso (aunque sirva para poco) es gritar.
Una
mueca (que podría parecer una sonrisa) es el anticipo de la insólita
consecuencia que tamaño desmán llegará a producir nunca.
Bluuurp!
*****
5
— Atando cabos
TP
es un extraordinario músico rock. En
este blog repasamos su carrera, de forma exhaustiva, dedicándole un
artículo que deberías visitar. A raíz de su publicación, Chals, de On The Route (extraordinario
escaparate de música americana), me invitó a participar en el proyecto para conseguir que venga a España.
Es el músico más importante de los que nunca han actuado aquí.
Pero
ya había estado en España.
En
1985, en un viaje inducido por los hipnóticos recuerdos de una extraña historia,
TP se sumergió en una completa pesadilla, que se acaba de analizar en detalle.
En ella aparecían, sin orden preciso, los siguientes personajes de la
actualidad nacional: Ana Mato, Bárcenas, Belén Esteban, Botín, Camps, Corinna,
Cristina, De Guindos, Díaz-Ferrán, Elena, Felipe, Gallardón, JC I, Jesús
Hermida, Mas, Merkel, Montoro, Pujol, Rajoy, Rodrigo Rato, Torres, Undargarín, Wert.
TP
explicó a la perfección que “no volveré
por aquí nunca más”. A la vista de lo ocurrido en su experiencia onírica,
yo no se lo echaría en cara.
Una
premonición latente, agazapada (como un conejo blanco),
desde hacía 28 años. No había prisa en descubrirla. Pero cuando ha terminado
sucediendo, se muestra con una virulencia explosiva.
*****
Si
aún precisas más confirmación de la experiencia paranormal que supuso ese viaje
en el tiempo (y no te apetece llamar a Iker
Jiménez), el álbum se titula “Acentos
del sur”.