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jueves, 3 de julio de 2014

El varón rampante

Sujeto responsable de la eliminación de barreras (arquitectónicas).
En realidad, se encarga de supervisar la adecuación de las soluciones efectuadas, no de construirlas.
Un inspector, en definitiva.

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Como parte de esa población creciente, que en ocasiones olvida para qué y para quiénes realiza su cometido, se produce la enorme paradoja de que, mientras se intenta allanar las dificultades para algunos, se complica sin sentido la existencia a muchos.

Siendo los fines loables, ciertos individuos emplean procedimientos deplorables.

(Diferencia una pendiente y una cuesta)

Con prepotencia, consideran que todo consiste en aplicar un principio:

“Hecha la ley, echa la rampa”

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Para evitar confusiones, aclaro que no pensaba en Cosimo Piovasco, protagonista del libro de Italo Calvino, que decide rebelarse contra la disciplina paterna y se encarama a una encina de la casa familiar, donde permanece hasta el final de sus días.

Pero me vino a la cabeza Urdangarín, que, abusando de su posición, logró que habilitaran una rampa para entrar por la puerta trasera.

"No es el cadalso, aunque parezca con la soga al cuello"

La tercera acepción de la RAE, se le ajusta de maravilla.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

¡Vaya par de cracs!

"Intervención revolucionaria. Le implantaremos una cadera con graffitis"

[Extracto de una conversación mantenida entre Rafael Spottorno, jefe de la Casa Real, y JC I, superviviente]

— ¡Vaya¡ ¿Cómo ha sido?
— Catacroc, a tomar vientos.
— ¿Así que fue traumático?
— Sí, claro. Primero la Sofi, que anda mosca con lo de Corinna y ya no quiere jugar al chinchón.
— Le está chinchando.
— Mucho; porque ella juega a la griega y las escaleras se le van a la mierda cada poco.
— Normal.
— Luego está el asunto de los yernos. Uno que se piró y el otro que parece estar pirado.
— ¿Y eso?
— Recóncholis, cómo se le ocurre poner de nombre a la empresa Nóos. Si parece el nombre de un puto perro.
— Can.
— Puede.
— ¿Cómo que puede?
— Que can en inglés es puede. Corinna me ha dicho.
— Ya.
— Y luego mi hijo.
— ¿Qué le pasa?
— Está tonto. Mira que le digo que salga de farra con hombres. Que no puede estar todo el día metido entre mujeres. Y sólo se le ocurre quedar con Sabina, que cantará muy bien y eso, pero ya no le pega como antes. Le dije que hiciera pandilla con Bultó, que lleva una vida muy sana y es un tío muy majo.
— Disculpe, Don Álvaro se estrelló haciendo wingfly.
— ¿Se le atragantó la ensalada?
— No. Piñazo. Paracaídas no abrir.
— Joder. Eso sí que fue traumático.

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Actualización:

Bernardo Dual (enciclopedia musical ambulante) propone una mejora, llena de sustancia.
Los Enemigos: Yo, el Rey (de La vida mata, 1990)


lunes, 15 de julio de 2013

La presoterapia

George Zimmerman fue acusado del asesinato de Trayvon Martin, en un caso que atraía la atención pública americana (y mundial). El jurado popular determinó que no se había demostrado su culpabilidad, más allá de toda duda razonable y, por eso, su veredicto fue not guilty.

Con esa consideración hacia la justicia, que se está extendiendo de forma alarmante, basada en la exigencia del respeto a las decisiones de los tribunales, cuando se está de acuerdo con ellas, y en la invocación a la presunción de inocencia, cuando se está próximo a los intereses del acusado, se tiene la sensación de que, cuanto más ojos públicos están atentos a los procesos judiciales, más ciega se muestra, la portadora de la balanza, en sus procedimientos y consideraciones.

Lo que, en USA, se tradujo en que, al haberse juzgado previamente el caso en los medios, la sentencia exculpatoria no fue aceptada y se provocaron disturbios alentados por el prejuicio racial.

No están los tiempos para alimentar la caldera con la presión excesiva de un desencanto generalizado que sólo provocaría más desorden y altercados.

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En España, la confirmación de la culpabilidad de José Bretón, como todo el mundo ya sabía, aplacó la cólera popular.

Hemos comprobado que la presoterapia resulta de lo más relajante.


"Relajación vicaria"

Diez minutos oyendo la radio y escuchando que Bretón o Bárcenas están a buen recaudo, nos deja el cuerpo más cerca de sentirlo perfecto.

Ya sabemos que enchironar es un verbo que nos gusta (salvo que nos lo quisieran aplicar).

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Comprobar que Bárcenas intercambiaba SMS con Rajoy, al margen de la interpretación que, anticipadamente, cada cual quiera concluir, transmite una falsa sensación de tranquilidad aparente, imaginándolo encerrado en la cárcel, utilizando el WhatsApp e intuyendo su obsesión en chequear el doble-ckeck.

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No deja de sorprender la facilidad para utilizar las mismas palabras, aplicadas con disparidad de criterios, simplemente porque el adversario las ha utilizado previamente y hay carta blanca para apoyarse en el desconocimiento de la mayoría.

Connivencia“Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven”.

Alto nivel en el duelo dialéctico entre Rubalcaba y Floriano.

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Como no queremos que las cosas vayan a mayores, proponemos que la siguiente sesión de presoterapia se lleve a cabo con Urdangarín, el que en una meteórica carrera se transformó, ipso facto, pasando de ser un tipo alto, zocato, a ser un zoquete altivo.

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martes, 14 de mayo de 2013

Nomenclátor — Confianza


En el trato personal (próximo, estrecho, vinculado) supone una argamasa necesaria para una relación duradera.
No precisa adjetivarse, aunque se fundamente en su condición recíproca.

"Tranquilo, que aguanta..." Foto: Poppy Wright

En la lejanía, con la necesidad de intermediarios, se distancia de forma irremediable.
No importa las instituciones que traten de apropiarse de ella (financieras, políticas o judiciales).
Suponen una quiebra que fuerza su desdoblamiento: Urdangarín, Nacho Vidal o Ariel Castro ya lo saben.

“Con   ...   fianza”

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Nomenclátor

Una sección de Común Sin Sentido para lectores con fiados.


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Gracias a Beatriz, que me dio impulso.



lunes, 4 de marzo de 2013

El cónclave

He estado tentado de escribir un artículo resumiendo los pasos a seguir para la elección de un nuevo Papa, en sustitución de Benedicto XVI. A raíz del cónclave precedente, en que se designó a Joseph Ratzinger, recuerdo haber preparado una presentación para mis hijos y algunos amigos suyos, para que entendieran mejor lo que había sucedido.

Incluso llegué a utilizar el momento del anuncio, tras la fumata blanca, como trama para explicar la valoración personal que me pidieron hacer, a principios del año pasado, de Urdangarín.

Así que es un tema que me ha interesado y sobre el que he leído.


Pero asisto, ligeramente perplejo, a una realidad en la que, todos saben todo lo que afirman que necesitan saber.

Son capaces de determinar si resulta más conveniente un cónclave largo o uno corto, las características que debería tener el futuro Papa, su cualificación, la edad que debería tener y su procedencia.

Por descontado, nadie se pone de acuerdo y frente a cada uno que apunta la necesidad de que vuelva a ser italiano, otro apuesta por que sea hispano parlante y un tercero sostiene que debería ser africano.

Unos prefieren un Papa conservador y otros se decantan por uno reformista.

Y más.

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No importa cuál sea el punto sobre el que se debata: todos tienen sus posturas definidas y se enrocan en su defensa a ultranza, en lugar de tratar de entender los argumentos de quien se encuentra delante. No parece la forma más recomendable de debatir.

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Un proceso tan delicado, tan elaborado y en el que se debe ser tan cuidadoso; un sistema apoyado en muchos años de experiencia, encaminado a facilitar la reflexión sosegada, se ventila de un plumazo en una intervención apresurada.

La mayor sorpresa se produce al contemplar que, el mayor acaloramiento, procede de los que se definen, rápidamente, como ajenos al club del que cuestionan sus normas.

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Así que, ahora que, por motivos que no vienen al caso, deberé estar un par de días confinado, aprovecharé el espíritu reflexivo que el cónclave transmite, en mi propio beneficio, tratando de encontrar, en mí mismo, los cambios que deba llegar a procurarme (que seguro que los hay), las cosas que deba mantener y las que deba imperiosamente empezar, para, más que tratar de decirles a otros lo que deben hacer, asegurarme de que yo sí hago las cosas como debiera.

Por descontado, esto resulta mucho más complejo y, al conocerme, me resultará más difícil conseguir engañarme.

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Para conocer los mecanismos del cónclave, leí en su momento el libro que escribió Alfredo Urdaci en 2005, El cónclave. Los secretos de la elección del Papa al descubierto, escrito antes del fallecimiento de Juan Pablo II. También leí el que escribió, tras la celebración del cónclave más reciente, Benedicto XVI y el último cónclave. Los secretos de la elección del nuevo Papa.

Ambos libros, editados por Planeta, estaban llenos de interés (estoy releyéndolos ahora), aunque están descatalogados.

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Más información:

Zenit: Especial en dos partes (primera / segunda).
Conferencia Episcopal Española: Colegio cardenalicio / Sede vacante

sábado, 21 de julio de 2012

El doble


Este verano quiero disfrutar el doble de todo.
Una buena actitud.
Me fijaré bien y trataré de aplicarla.
Me encantaría exprimir el tiempo.
Disfrutar lo que hago.

"Mirada" Foto: Luke Hayfield Photography

Cada día, cada hora y cada minuto.
Así dejaré de sentir que las prisas me agobian.
Que no puedo hacer todo lo que quisiera.
Con el doble de tiempo, podría hacer mucho más.

"Agobio" Foto: amyelyse

El doble de todo, ... ¡y de todos!
¡Jo, qué bueno!
Poder estar con toda la gente que quiero.
Podré encontrar un modelo de comportamiento.
Lo imitaré.

"Quiero cambiar" Foto: ilmungo

Eso es lo que quiero. Yo, ... y ¡mucha más gente!
Me gusta.
Desarrollaré mi iniciativa.
En un grupo ampliamente extendido.
Reforzaré mi integración.
Y mi deseo de pertenencia.
Así querría llegar a ser.
Uno más de ese gran grupo.

"Muchos" Foto: ButterflySha

Por eso, si te acercas a tu tienda, te duplicamos gratis tu tarifa de internet móvil. Y, además, te llevas un mes de Movistar Imagenio en el móvil, también gratis.
¡Vaya!
Yo no quiero eso.
Creo que me la estaban intentando colar.
No me fiaría ni de su sombra.

"Sombra" Foto: [martin]

Movistar: Compartida, la vida es más.
Nuevamente: expulsado de la partida.

"Excluido" Foto: Mario Inoportuno [elojoinoportuno.com]


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Pero, ¿quién diseña la publicidad?

Duplicar una tarifa, ¿no significa que supone el doble?

Si es gratis, al multiplicarla por dos, ¿no sigue dando el mismo resultado?

Es evidente que me pierdo algo. Deberé fijarme más.

Deberé fijarme el doble.

"Visión doble" Foto: Jiuck

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He buscado información del anuncio.

La modelo es Rebecca Pitkin.

La canción la interpreta Pomplamoose, dúo originario de California, formado por Jack Conte y Nataly Dawn. Aquí se enlaza al vídeo original, extraído del disco de 2010 Tribute to famous people.

La canción, a quien le haya sonado conocida, es el clasicazo September, de Earth, Wind & Fire, el prodigioso combo, liderado por Maurice White. Apareció originalmente en el disco de 1978 The best of Earth, Wind & Fire. Vol. I, que, a pesar de ser una compilación, incluía tres novedades: la ya señalada, junto a Got to get you into my life (la versión de la canción con la que The Beatles quisieron emular el sonido Motown) y Fantasy.

Recuerdo haber tenido ese vinilo y escucharlo sin cesar.

Dejo enlace al vídeo original de September, en el que me fascina comprobar que, en 1978, los realizadores no tenían que pasar control anti-drogas y, por su tipismo, el parecido entre el atuendo que llevaba el solista, con el uniforme de un jugador profesional de béisbol. Mención aparte merece la costumbre de sus compañeros de combo, portando sobre sus hombros la alfombra del salón de su casa. La moda en los 70s empezaba a mostrar señales de la cercanía del apocalipsis.

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De todas formas, en la productora del anuncio (o en el propio anunciante), ¿nadie se ha fijado en que constituye un sinsentido ilustrar musicalmente un anuncio de una tarifa veraniega con una canción así titulada?

Con Iñaki bajo los focos, la atención se disipa.

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La chica ejemplariza su papel de agente doble.

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Coda final:

Tratando de documentar el artículo, entro en una tienda Movistar que, sorprendentemente, estaba vacía a las 13:15.

Se desarrolla la siguiente conversación:

    Hola, he visto el anuncio en la TV y quería que me informara.
    Pues, que le duplicamos su tarifa, sin coste alguno, y ...
    No, lo que yo quería es un folleto, para leerlo con calma en mi casa.
    No hay PLV. Es una promoción puntual y, por eso, no hay PLV.
    ¿Cómo dice?
    Que no hay folleto, que es una promoción puntual y entonces no nos dan folletos.
    Sí, pero, ¿cómo lo ha llamado?
    PLV
    Y eso, ¿qué significa?
    No lo sé. Siempre los llamamos así. P-L-V.
    Pero que son, ¿unas siglas?
    No le puedo decir. Siempre los llamamos así: peeleuve. Pero como ésta es una promoción puntual, no nos mandaron ninguno.
    ...
    ¿Quiere que se lo active ahora, sin coste alguno?
    No, gracias.

Ni siquiera tengo un teléfono Movistar (ni con conexión a internet, ya puestos). En realidad, nunca me ha gustado tener un aparato que fuera más inteligente que yo mismo.

Así me va.

jueves, 5 de enero de 2012

Lo sabía

Puedo documentar perfectamente la secuencia de acontecimientos:

Foto: 88mm.ch

Miércoles, 19 de abril de 2005. Quedo con un proveedor, a las seis de la tarde, para tratar asuntos pendientes. Entramos en un bar y nos quedamos sorprendidos al ver que, los parroquianos presentes en ese momento, estaban todos callados y mirando con suma atención las imágenes de la TV. Ni se respiraba. Se mascaba la tensión en el ambiente. Los que en ese momento llenaban la barra, mordían el palillo, echaban una calada (todavía se podía) o daban un trago al catalítico.

La TV se encontraba encima de la puerta, con lo que tanta atención concentrada en nuestra dirección, nos dejó ligeramente atenazados. ¿Qué estaría pasando? De forma previsible, giramos nuestras cabezas y vimos una escena que nos resultó difícil de comprender: alguien vestido de rojo, tocado con un extraño sombrero a juego, hablaba en un lenguaje incomprensible para nosotros. Estaba flanqueado por dos personas ataviadas con blusones blancos, una de ellas sujetando el cartapacio más rojo y más grande que haya visto nunca, mientras la otra sostenía, a la distancia de un metro, un micrófono, gracias a que éste se había embutido en una especie de varita.

Iba diciendo:

Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum,
Dominum Josephum
Sanctæ Romanæ Ecclesiæ


Entonces no lo pude entender, pero ahora lo puedo explicar.

Juan Pablo II había fallecido unos días antes, el 2 de abril. Para elegir a su sucesor como Obispo de Roma (y, por tanto, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica) se celebró el Cónclave que se iniciaría el 18 de abril. Tras dos ocasiones en las que se pudo ver humo negro, a las 17:50 se observó una fumata blanca. Había acuerdo del Colegio Cardenalicio para elegir nuevo Papa.

A las 18:04 se produjo un repique de campanas, confirmando la buena nueva y, unos minutos después, el Cardenal Protodiácono, el Arzobispo chileno, Cardenal Jorge Medina Estévez, era el encargado de anunciar al mundo, Habemus Papam —“tenemos Papa”—.

Asomándose al balcón principal del Vaticano, saludó a los fieles presentes:

Fratelli e sorelle carissimi [italiano]
Queridísimos hermanos y hermanas  [español]
Bien chers frères et sœurs  [francés]
Liebe brüder und schwestern [alemán]
Dear brothers and sisters [inglés]

Y procedió a la lectura de la fórmula oficial, en latín.

Annuntio vobis gaudium magnum; [Os anuncio un gran gozo]
¡Habemus Papam! [Tenemos Papa]
Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, [El Eminentísimo y Reverendísimo Señor]
Dominum Josephum [Señor Joseph]
Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Ratzinger [Cardenal de la Santa Iglesia Romana Ratzinger]
qui sibi nomem imposuit Benedicti XVI [que ha adoptado como nombre Benedicto XVI]

Adjunto el vídeo del momento narrado.



Volvamos a nuestro bar. Toda la barra miraba hacia la TV. El Cardenal Medina Estévez lee y, tras “Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinales [brevísimo respiro] Ratzinger” viene una larga pausa. El alborozo se extiende entre la gente que se encuentra frente a la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, pero en nuestro bar, nos tomamos las cosas con más calma. Un parroquiano sentencia, para romper el silencio:

“Lo sabía”.

Nadie se atreve a contradecirle.


Siempre ha sido el ejemplo que conozco que mejor resume el carácter de lo español. Acodados en la barra de un bar, explicamos el mundo a quien quiera oírnos. Sabemos de todo, pero ya lo sabíamos de antes. Es un caso crónico, y generalizado, de Jà vérais vu.

La única explicación que se me ocurre, proviene de la excesiva exposición a los modelos implantados en el subconsciente colectivo por la TV. Tantas horas de sobremesa seguidas viendo a Jessica Fletcher, no pueden ser buenas.



Recuerda el plan: una venerable viuda —de edad incierta, pero madura—, ejerce de detective aficionada, mientras viaja por el mundo promocionando sus novelas de detectives. Lleva consigo el gafe: a la par de muertos, deja, a su paso, conocidos y familiares a los que policías novatos eligen como sospechosos. Su intervención brillante desenmascara al verdadero culpable no sin que, previamente, los guionistas nos hayan hecho sospechar de todos los participantes en la función.

El mismo esquema de convertir en sospechosos a todos los presentes, lo siguen otras series clásicas de TV, aunque destacaremos sólo tres: Poirot —el cargante detective belga creado por Agatha Christie—, la anciana Miss Marple —obra también de Christie y precuela inspiradora de la Fletcher— y Misterios S.A. —serie de dibujos animados protagonizada por el inefable perro tragón Scooby Doo y sus acompañantes—.







Las costumbres que se inician de pequeños y se fomentan por su repetición en el ámbito familiar, tienden a consolidarse a lo largo del tiempo. Los que crecieron con Scooby Doo, Hercules Poirot, Miss Marple o Jessica Fletcher han aprendido —irremediablemente para nosotros— a que cualquier mínimo detalle puede ser una pista y que detrás de las caras más inocentes puede llegar a encontrarse el rostro de la maldad. Porque, avisados como ya estamos, ávidos de resolver problemas folletinescos, creemos que nos las sabemos todas. ¡A otro perro con ese hueso! ¿No se creería que me podía llegar a engañar a mí?

Aprendemos a desconfiar de todo el mundo y así, siempre se cumple que el culpable era alguien de quien —de uno más— yo ya había sospechado.

“Lo sabía”


Volvemos al mundo real; en el fondo no hay nada más real que la barra de un bar. En casi cualquiera de las barras de este país, hoy, se ha hablado de los Reyes. Y en casi cualquiera de las barras de los bares en las que se ha hablado de los Reyes, se ha hablado de los yernos de los Reyes.

A mí me han encomendado, me han preguntado, han tratado de animarme a que afronte el tema del que todo el mundo habla hoy y, rompiendo mi principio de no hablar de religión, ni de política, cederé y dejaré de hablar de Dios, para ponerme a hablar de los hombres.

Foto: abbilder

Ahora es fácil decir qué opinión tiene uno de Urdangarín o Marichalar y compararlos con Felipe. Pero, después de casarse con la infanta, cuando se retiró en 2000 con 1.97 de estatura, ganador de dos medallas olímpicas de bronce en balonmano, 154 veces internacional con la selección española, 6 Copas de Europa con el Barça (91, 96, 97, 98, 99, 00) o 10 Ligas ASOBAL, también con el Barça (88, 89, 90, 91, 92, 96, 97, 98, 99, 00), entonces era más fácil verlo de otra forma. Se le comparaba con Marichalar y todo el mundo se formaba una idea parecida de quién le resultaba más confiable.

Pero ahora que sustituye a Bono en el papel de figura pública “aloe vera” (Cuanto más se le estudia, más propiedades se le descubren), todo el mundo coincide en descubrir que algo raro ya habíamos olido. “Lo sabía”.


He encontrado unas declaraciones en las que el interesado anuncia su defensa de las generaciones interactivas. Ahora ya sabes lo que significa interactivo: “Tú me das, yo te doy”



El único que lo vio claro y lo anunció en la TV, lo hizo con Jesús Quintero:





Él sí que “lo sabía”.
 

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...