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martes, 1 de julio de 2014

Monarquía “o” República

Con motivo de los faustos organizados para celebrar la transmisión de símbolos y privilegios (que, no, de poder) se orquestó un proceso, a toda prisa, cuyas consecuencias todavía no se conocen al completo, en unas etapas pendientes de definir y limitar sus alcances, mostrando una vez más la capacidad española para la improvisación apresurada.

Como hemos cambiado de hábitos y cada vez salimos menos, el debate no ha llegado a las calles (como solía ocurrir), sino que se ha trasladado a las redes sociales, ese lugar impreciso en el que todos actuamos con una falsa sensación de impunidad y donde parece que todo está permitido (en la calle pasa otro tanto, aunque permanecer con la mirada atrapada en el dispositivo complica la constatación de un hecho tan evidente).

En fin, que vayas donde vayas, estés donde estés, algún osado se atreve a preguntarte si eres monárquico (lo que permite sostener que la afirmación de que la Institución está siendo cuestionada tenga algo de cierto).

Si la respuesta a esa indiscreta pregunta es que no eres monárquico (por las razones que sean, que nadie está interesado en escuchar), se presupone implícitamente tu carácter republicano.

Un reduccionismo absurdo —como todos— que significa que, “o eres de los míos, o estás contra mí”. Ese tipo de coyuntura dual que resulta tan enervante al reducir cualquier asunto a uno o a su contrario.

Y todo ello, sin que se permita un resquicio para preguntar qué tipo de república (a la francesa, a la americana, a la bananera, …), ni si existen opciones para plantear formas alternativas distintas, articulando “espacios de debate” que configuren ciertas “líneas rojas” que no deban ser traspasadas.

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Lo que menos me gusta de todo es esa “o” disyuntiva que significa que, pienses lo que pienses, estarás en un bando (al que los opuestos consideran una “banda”), por más que no te identifiques con ninguno de ellos.


"Intenté decir lo que pensaba y me tomaron a coña.
Mi corona se volvió lacia, me empolvé la cara, el vino animó el color de mi nariz y mejillas.
Me invadió una languidez que se hizo perenne.
Me vi condenado a vestir, para siempre, bata de guata".

Recordando el pasado:


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PD – Y, todo, para terminar siendo aforado.

lunes, 4 de marzo de 2013

El cónclave

He estado tentado de escribir un artículo resumiendo los pasos a seguir para la elección de un nuevo Papa, en sustitución de Benedicto XVI. A raíz del cónclave precedente, en que se designó a Joseph Ratzinger, recuerdo haber preparado una presentación para mis hijos y algunos amigos suyos, para que entendieran mejor lo que había sucedido.

Incluso llegué a utilizar el momento del anuncio, tras la fumata blanca, como trama para explicar la valoración personal que me pidieron hacer, a principios del año pasado, de Urdangarín.

Así que es un tema que me ha interesado y sobre el que he leído.


Pero asisto, ligeramente perplejo, a una realidad en la que, todos saben todo lo que afirman que necesitan saber.

Son capaces de determinar si resulta más conveniente un cónclave largo o uno corto, las características que debería tener el futuro Papa, su cualificación, la edad que debería tener y su procedencia.

Por descontado, nadie se pone de acuerdo y frente a cada uno que apunta la necesidad de que vuelva a ser italiano, otro apuesta por que sea hispano parlante y un tercero sostiene que debería ser africano.

Unos prefieren un Papa conservador y otros se decantan por uno reformista.

Y más.

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No importa cuál sea el punto sobre el que se debata: todos tienen sus posturas definidas y se enrocan en su defensa a ultranza, en lugar de tratar de entender los argumentos de quien se encuentra delante. No parece la forma más recomendable de debatir.

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Un proceso tan delicado, tan elaborado y en el que se debe ser tan cuidadoso; un sistema apoyado en muchos años de experiencia, encaminado a facilitar la reflexión sosegada, se ventila de un plumazo en una intervención apresurada.

La mayor sorpresa se produce al contemplar que, el mayor acaloramiento, procede de los que se definen, rápidamente, como ajenos al club del que cuestionan sus normas.

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Así que, ahora que, por motivos que no vienen al caso, deberé estar un par de días confinado, aprovecharé el espíritu reflexivo que el cónclave transmite, en mi propio beneficio, tratando de encontrar, en mí mismo, los cambios que deba llegar a procurarme (que seguro que los hay), las cosas que deba mantener y las que deba imperiosamente empezar, para, más que tratar de decirles a otros lo que deben hacer, asegurarme de que yo sí hago las cosas como debiera.

Por descontado, esto resulta mucho más complejo y, al conocerme, me resultará más difícil conseguir engañarme.

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Para conocer los mecanismos del cónclave, leí en su momento el libro que escribió Alfredo Urdaci en 2005, El cónclave. Los secretos de la elección del Papa al descubierto, escrito antes del fallecimiento de Juan Pablo II. También leí el que escribió, tras la celebración del cónclave más reciente, Benedicto XVI y el último cónclave. Los secretos de la elección del nuevo Papa.

Ambos libros, editados por Planeta, estaban llenos de interés (estoy releyéndolos ahora), aunque están descatalogados.

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Más información:

Zenit: Especial en dos partes (primera / segunda).
Conferencia Episcopal Española: Colegio cardenalicio / Sede vacante

martes, 29 de mayo de 2012

Exceso de ruido

Hace poco, un amigo me invitaba a participar en un grupo en facebook que trataba intereses comunes. Me apunté, animado, tratando de aportar mis ideas al debate general y con la intención de escuchar las del resto de los participantes en lo que asumía que podía ser provechoso para todos y estimulante en su desarrollo.

Eso que llaman la colaboración, o la creación distribuida. Para los que les gusten más los términos en inglés: crowdsourcing.

Una idea ciertamente interesante: un lugar (no un foro, sino un ágora) en el que poner en común las experiencias propias y ayudar en la búsqueda de soluciones novedosas.

Rápidamente comprobé que la idea se había deteriorado y que los impulsores del proyecto habían quedado relegados a un segundo plano, superados ampliamente (en número y en actividad) por los que se están erigiendo en protagonistas del proceso de relación digital: los llamados social manager (o nombres parecidos) que, en un intento desesperado para ellos y los demás, lo único que terminan es haciendo ruido.

"Peligro: ruido" Foto: skyloader

El proceso asociacionista es realmente complejo: tratar de aunar las voluntades (diferentes, desde su propia concepción) de personas que tienen voluntad propia y que han querido —autónomamente— liderar su propio proyecto, se convierte en una tarea difícilmente viable. Se presentan varios obstáculos:

1 — El que, sólo, quiere vender su marca (servicio o producto).
2 — El que trata de aprovechar particularmente los beneficios que se pudieran conseguir para todos.
3 — El que busca notoriedad.
4 — El que trata de que el proyecto fracase, porque cree que los avances colectivos le perjudican en lo individual.
5 — El intruso.

No quiero seguir avanzando por esta línea que, dejo abierta aquí, para que, quien tenga interés, pueda encontrar lugares  por donde continuar.


El punto en que me había quedado es que hay gente que provoca ruido. Ya se apuntó en otro sitio una definición de ruido. En mi caso, la abundancia de charla hueca (la que realizan, con exceso de aparato, los protagonistas del nuevo espacio de relaciones, caracterizada por la búsqueda del movimiento continuo, sin ninguna selección; sin filtro), generó una conducta de evitación: dimití (me encanta hacerlo) del grupo y dejé que siguieran su camino, aunque me perdiera cosas interesantes que pudieran tener valor para mí.


Escribo esto cuando me acabo de levantar dándole vueltas a estas ideas. Por la dedicación (buscada y voluntaria) que le pongo al blog, me pasa a menudo. Me despierto, porque trabajo en algunas ideas. Gracias a un maestro he entendido que lo que me preocupa no es el pasado, lo que no me convierte en rumiante y que, al ocuparme de cosas externas a mí (y con una finalidad orientada a otros), no me provoca ansiedad por el futuro. Algo parecido.

Pero en mis divagaciones he llegado a una conclusión demoledora: soy, para algunos, lo que otros son para mí.

Y ahora, como si esto fuera el final de Sospechosos habituales o El club de la lucha, las piezas empiezan a encajar. Recuerdo los mensajes y las palabras, los comentarios y los hechos, desde una perspectiva diferente.

Ahora me doy cuenta de que el que hacía ruido era yo.


También recuerdo cuando empecé y me puse un plazo. Primero eran cien entradas, luego llegar a cumplir un año.

Ambos plazos se han cumplido. He estado mirando el blog, lo que he avanzado hasta ahora.

Pero no sé cómo quiero seguir. Y quiero tomarme un descanso para saber qué hacer.

El año ha sido increíble para mí, pero no quiero convertir el resto de mi vida en una repetición sin sentido de lo que una vez hice y me gustó.

De momento, lo dejo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Debatir

Intercambio de opiniones.

Ingenuamente, uno desearía que, en su trasfondo, se encontrara el ánimo constructivo de, conjuntamente, encontrar soluciones compartidas a un problema común.

Foto: emdot
Cuando dos o más personas tratan un asunto, pueden abordarlo de formas diferentes y la manera de encarar la conversación condiciona los frutos, que de ella, se pueden esperar.

Afrontar un asunto de forma prejuiciosa, presuponiendo los argumentos del otro, predispone al enfrentamiento.

Atender a los argumentos, y estar dispuesto a comprenderlos, facilita el entendimiento.


Cuando dos personas, o más, emplean sus recursos en la alternancia del discurso previamente preparado, las conversaciones terminan siendo improductivas.

De la disposición de los participantes a sacar provecho de los argumentos de todos, surgirá una discusión útil. Lo demás no son más que debates estériles —discutir por discutir—; una forma ampliamente extendida de perder el tiempo.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...