Esta
semana se plantea un duelo desigual en City
WARS®.
Una
gran ciudad del norte industrial (Chicago; la tercera ciudad más poblada en
USA) se enfrenta a una mediana ciudad sureña (Macon; la capital mundial del
cerezo).
Responsable
del cambio de estilo que se produjo entre lo que hacía siendo Chester Arthur Burnett en su delta del
Mississippi natal, hasta convertirse en el impulsor del Blues electrificado de Chicago, tras su fichaje por el sello local Chess.
Una
de las piedras filosofales del soul de
los primeros ‘70s, este disco esencial, grabado en Muscle Shoals, Alabama,
contó con el mejor cuarteto instrumental disponible en el momento: Jimmy Johnson, David Hood, Barry Beckett
y Roger Hawkins.
Combinados
con la voz singular (Mavis) de la familia Staples, el resultado es
sobresaliente.
El
cofundador, junto a su hermano Cody,
de North Mississippi Allstars ha
demostrado siempre ser un músico inquieto, explorador de raíces y de gustos
poliédricos. Todo ello puede constatarse en el recorrido del grupo (9 LPs desde
su debut en 2000), su adscripción a la segunda formación de The Black Crowes (entre 2007 y 2015,
colaborando en tres discos) y el mantenimiento de una carrera en solitario en
la que su última entrega (el pasado 17 de noviembre) es una muestra pasmosa de
sentido, grabando algunas canciones favoritas junto a sus hijas (Lucia, Isla
Belle y Mary Lindsay) para que, en sus ausencias, ellas las pudieran cantar en
el coche con su madre.
Se
trata de un disco de homenaje, con motivo de los 50 años de la publicación de Hound
Dog Taylor and The HouseRockers, el debut de un genio del blues, Hound Dog Taylor, la primera referencia de un sello, Alligator Records, fundado por Bruce Iglauer para publicar ese disco y
convertirse en mítico representante del blues
de Chicago.
GA-20, debutantes en 2019 con Lonely Home,
entregaron el año pasado su segundo LP, convencidos de que el blues es atemporal, lo mismo que Taylor
y la peña a la que le gusta este tipo de música.
En
ese grupo, no es necesario decirlo, me encuentro a gusto.
Nick Usalis, Lexi Goddard, Chris Coleslaw, Eliza Weber, Josh Condon
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El
disco de debut de este quinteto se publicó el 30 de julio, con un par de años
de retraso, por motivos que no se precisa detallar.
Hacen
un country pasado por un tamiz
psicodélico; una senda para la que Gram
Parsons ya había dejado indicaciones.
Y
funciona bien en este mundo moderno en el que, sí, sigue habiendo reuniones de
Alcohólicos Anónimos en las que nunca nadie podría decir que no se agradezca un
blues, aderezadas por la efectiva
combinación de voces de Lexi y Chris, mientras Nick se empeña con la steel guitar.
Así
dicho no parece una propuesta demasiado original, porque hacer una recopilación
de cosas (discos, libros, películas, loquesea)
que cumplan cincuenta años es algo que se le ocurre a cualquiera. De hecho
intuyo que el año que viene habrá un aluvión de propuestas centradas en 1972.
Lo
malo es que todas esas listas vienen a ser recurrentes.
Lo
bueno es que Juanjo se salta la frontera de lo mainstream para adentrarse en el terreno de lo desconocido.
Y
hay un montón de sugerencias apabullantes en la primera de las entregas. Me excuso
de imaginar que deparará la segunda parte, porque espero (paciente) a descubrir
cosas nuevas.
Ya
he dejado pasar cincuenta años, así que unos días más no importan demasiado...
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La
muestra que selecciono es fascinante: la música es un compendio de Gospel y Funk, una mezcla tan arrebatadora que, hoy, sigue resultando moderna.
Y
la historia de su protagonista, Thomas Lee Barrett, Jr. merece dejar escritas
algunas líneas.
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En
lo biográfico: nació el 13 de enero de 1944 en Jamaica, New York, hijo de un
músico góspel que se mudó a Chicago para ayudar a su hermana a dirigir el coro
de la Iglesia.
Y, al igual que el hijo de un zapatero aprende a arreglar zapatos y se dedica a ello
toda su vida, Tomas Lee se convirtió en pastor (o reverendo, según el momento)
y organizó y dirigió un coro de jóvenes que se reunía los martes y llegaba a
una cuarentena de miembros. Por allí se acercaban Maurice White y Philip
Bailey (de Earth, Wind & Fire),
o Donny Hathaway.
La
congregación estaba en gracia.
Era
un buen momento para el góspel. Edwin Hawkins ya había arrasado en 1969
con “Oh Happy Day”, una
adaptación de un antiguo himno.
Barrett
se animó a grabar un disco con su coro. Le echó una mano Phil Upchurch, legendario guitarrista, entre otros músicos de
Chicago.
En
1989 un juez del condado de Cook ordenó que entregara su título de pastor,
acusado de haber estafado más de dos millones de dólares a sus feligreses
empleando un esquema piramidal. En 1998 se le obligó a entregar 1.2 millones de
dólares para evitar la cárcel, lo que hizo con presteza. Poco después, ese
mismo año, se le rendirían honores por su contribución cívica a la ciudad de
Chicago y se pondría su nombre a un parque cercano a la Iglesia del Monte Sión,
donde Barrett ejerció su ministerio y formó un coro que grabó un disco que
constituye un legado espléndido para comprender la relevancia de la música en algunas
comunidades negras.
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Último
apunte: las imágenes del enlace en YouTube están extraídas de la película “Killer of Sheep”, dirigida en 1978 por Charles Burnett, sobre la vida en el
distrito de Watts, en Los Angeles, una suerte de neorrealismo italiano en un suburbio
negro.
Es una de las voces de “Soul”,
la película de Disney y Pixar tan mal titulada (ya sé cómo se
traduce, pero la música de la película es JAZZ),
que sólo se justifica en el tema que aparece en los títulos de crédito, donde Batiste
está acompañado por la cantante Celeste.
La canción, supongo que puede ser preciso decirlo, es una versión
del clásico de The Impressions, el
conjunto SOUL que lideraba Curtis
Mayfield, compositor de la canción y uno de los talentos más influyentes de
la música negra, sin la menor duda.
Hijo de una cantante de ópera, Bobbie Scott, y de un futbolista jamaicano, Gil Heron, apodado “La flecha
negra”, que fue el primer negro en jugar en el Celtic de Glasgow.
GSH era un poeta, músico a mitad de camino entre el soul y el jazz, y pionero en el recitado.
Era un profeta del rap.
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Su primer disco de estudio —esencial— incluye una pieza muy influyente,
titulada como uno de los lemas del movimiento Black Power, llena de referencias socioculturales de la época, pero
con un mensaje que hoy puede entenderse a la perfección.
No serás capaz de quedarte en casa, hermano
No serás capaz de conectar, encender y evadirte
No podrás perderte en la heroína y escaparte por cerveza
Mat Ajjarapu (voz,
teclados) / Khalyle Hagood (bajo) Ari Lindo (guitarra) / Khori Wilson (batería)
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Mat Ajjarapu creció fascinado por el legado musical que tenía como
epicentro una ciudad que generó su propio sonido, el “Chicago Soul”, del que menciona algunas influencias rastreables en
el grupo que lidera: The Dramatics, The Isley Brothers, Leroy Hutson (las más clásicas), o Jamie Lidell y Raphael Saadiq (en la vertiente más moderna).
El single expresa la
frustración de Mat con la falta de progreso de su país en la violencia racial o
los tiroteos indiscriminados en escuelas, y se pregunta qué pasaría si Sam Cooke, o Marvin Gaye, resucitaran y pudieran ver lo que está ocurriendo.
Así que su obra está marcada por el compromiso social y la
preservación de una herencia cultural.
Un par de anticipos de otros temas que muestran el nivel del
disco: “Tell Me” y “Green Light”.
Un músico (compositor, productor, intérprete; lo que hiciera
falta) responsable de dotar de esplendor e identidad a New Orleans.
Nada menos.
Es posible que no te suene de nada (salvo que muestres un gusto refinado
y un mínimo interés por el conocimiento), pero te aseguro que presenta uno de
los catálogos más amplios de la música popular.
Siempre se encontró cómodo en segundo plano.
Prefirió reservarse para componer, vistas sus dilatadas aptitudes.
Y se guareció firmando con el nombre de su madre, Naomi Neville.
El frenético ritmo de trabajo que desarrolló para otros artistas en
los ‘60s retrasó la publicación de discos a su nombre, pero Toussaint (aka From a Whisper To a Scream)
(1971) y Life, Love and Faith (1972) fueron el preludio para un
exquisito disco, lleno de soul, folk, R&B y psicodelia, esa imposible
mezcla para cualquiera que no fuera él.
La cancióntitular fue la última añadida al disco, basada en una conversación
sobre qué le gustaría cantar si supiera que le quedaba poco tiempo de vida. Compuesta
en dos horas, cuenta con el particular sonido de una percusión tocada sobre un
cenicero y la voz distorsionada por un altavoz. El tarareo se hace etéreo.
Noches sureñas
¿Alguna vez has sentido una noche sureña?
Libre como la brisa
Por no mencionar a los árboles
Melodías silbadas que conoces y tanto amas
Cielos del sur
Igual de buenos, incluso aunque cierres los ojos
Pido disculpas a cualquiera que realmente pueda decir
Que ha encontrado una manera mejor
¡¡¡Me siento tan bien!!!
Sentirse tan bien da miedo
Desearía poder evitar que este mundo peleara
*****
Una noche, el 10 de noviembre de 2015, tras un concierto en
Madrid, en el Teatro Lara, se sentía así de bien. Iba camino del hotel,
acompañado por los músicos de la gira, disfrutando del paseo. De repente se
indispuso, tuvo un ataque al corazón y falleció antes de llegar al hospital.
Jimmy Webb, colaborador de Campbell,
la escuchó y no tuvo dudas: Glen reconoció el aire de la Arkansas rural de su
infancia y le insufló un toque country que le vino bien. Se convertiría en un
#1.
En 2017 la banda incluye demos
que se habían quedado fuera de su disco de debut del año anterior, Light Upon
the Lake. La versión enfatiza el espíritu psicodélico.