En
1990 eran lo más. Una propuesta totalmente innovadora. Un clásico intemporal
para la música de baile. Una estética musical que mezclaba la psicodelia hippie, con el rap,
los samples y el scratch.
En
New York forman Deee–Lite —el trío
que hoy nos hará bailar, sin movernos del sitio—, un productor de Kiev, Ucrania
(Super DJ Dmitri), un teclista de
Tokyo, Japón (Towa Tei) y una
atrevida jovencita, de Youngstown, Ohio, que ponía voz, cara y coreografía y
respondía al epíteto de Lady Miss Kier.
Es
verdad que, en su pueblo, Kierin Magenta Kirby (como realmente se llamaba), era
una más de los 65 000 que vivían allí (a los que Bruce Springsteen cantó en su disco “The ghost of Tom Joad”).
De
allí salieron también Billy Beck (el
que gritaba en “Love rollercoaster”,
de Ohio Players), Robert y Ronald Bell (de Kool & The Gang),
Tiny Bradshaw o The Human Beinz, el grupo que dejó un
recuerdo a las rutinas de baile; ésas que todo el mundo sabía hacer, pero nadie
como ellos (“Nobody but me”).
Sidney Poitier, en una de las excursiones culturales en las que, en
la película “To Sir, with love”, llevaba
a sus alumnos (en este caso, a una boîte)
se animaba a bailar, empujado por Lulu,
haciendo aparecer, en todas sus alumnas, el mohín de estar imaginando “lo bien que sienta el negro”.
La
escena final de “Kill Bill, vol. 1”,
de Tarantino, “House of blue leaves”, muestra lo que lleva implícito un verdadero
rompepistas. Atención:
es la versión japonesa,
sin censuras.
Nadie
te puede alegrar el trabajo como ellos.
Una
canción que los canadienses Northwest
Company también
hicieron suya, aunque realmente estaba escrita e interpretada por The Isley Brothers, quienes se empeñaron en explicar que
nadie hace como ellos algunos pasos, especialmente el “Twist y
el Shout”, a la vista de
que todo el mundo se aprestaba a imitarlos.
*****
Así
que, como si esto fuera un fiestón organizado por Chusina Misadedoce y amenizado por Ángel González, se os presentará la mejor música de baile de los
‘60s y algunas rutinas que todos los top
dancers deberían conocer.
No
os pongáis cómodos.
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Let’s dance (Chris Montez)
Shing-a-ling (Poncho
Sánchez) y Boo-ga-loo (lecciones
básicas para aprender a bailarlo) eran pasos de inspiración latina.
Y
es que, para divertirte de verdad, debes conocer las rutinas del baile: ningún profesor
mejor que James Brown.
Muchos
sabían de qué iba la vaina.
Shake (Sam Cooke, que también bailaba el twist, como Chubby Checker)
The
philly dog (The Olympics)
C’mon
and swim (Bobby Freeman)
The jerk (The Larks)
Limbo
rock (Chubby Checker)
Locomotion (Little Eva)
Mashed
potato (Dee Dee Sharp)
Peppermint
twist (Joey Dee & The Starlites)
The
duck (Jackie Lee)
Hanky
panky (Tommy James & The Shondells)
Ride
your pony (Lee Dorsey)
The
madison (Al Brown’s Tunetoppers)
The
Harlem shuffle (Bob &
Earl)
The
stroll (The Diamonds)
Hippy hippy shake (Tom Cruise,
en “Cocktail”, con el clásico de Chan Romero)
Hitch hike (Marvin Gaye)
The
nitty gritty (Shirley Ellis)
The
monkey (Major Lance)
The
funky chicken (Rufus Thomas)
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Viendo
a Rufus bailar, me he dado cuenta de que se me ha ido la olla.
Esto
tenía que ser una reseña de un disco de 1990.
Aquí
están todas las canciones.
01 — Deee–Lite theme
02 — Good beat
03 — Power of love
05 — Smile on
06 — What is love?
07 — World clique
08 — E.S.P.
10 — Who was that?
11 — Deep–ending
12 — Build the bridge
Pero
sólo importa una.
Un
torpedo absoluto. La mejor muestra kitsch
de música baile. Con las apariciones fugaces, pero determinantes, de Bootsy
Collins, el influyente bajo en la época dorada de James Brown, fundador e
ideólogo en Parliament y Funkadelic —al que se le reconoce por
su imagen de zumbado, luciendo las gafas definitivas, las que cualquier estrella
debería llevar— y el fraseo vocal de Q-Tip,
de A Tribe Called Quest —gorra, con
visera en reverse—.
Dejo
pistas para conocer a los tres figuras principales: ambos chicos tocan la
flauta de émbolo (que permite realizar unos característicos glissandos, ascendentes y descendentes);
el japonés lleva gafas cuadradas y permanece inmutable; el ucranio baila
llevando el ritmo con las cejas, un estilo que alguien adaptó para
desplazarse, manteniéndose ebrio.
Ella
luce modelitos y una figura imponente y baila como si en hacerlo se jugara su
destino final.
*****
Esto
ha sido un repaso —trepidante, pero fugaz— sobre la música de baile y las
rutinas que marcan los pasos que hay que seguir. Se han dejado al margen,
intencionadamente, algunas que parecen vergonzantes, sin importar si son
antiguas (pajaritos, Macarena) o
contemporáneas (Gangnam, Harlem shake).
Aunque
se hubieran podido poner 1000, sin exagerar un ápice.
Cuando
Wilson Pickett vino a España, más de
20 años después de romper todos los registros con su clásico inmortal, demostró
una energía arrolladora y que, en España, —pese a ser de San Blas, Malasaña o
Lavapiés, vestir como un primo de la abeja Maya o un anticipo de un camarero
siglo XXI standard, y preferir a Leño, Obús o Barón Rojo—, el macho ibérico no baila, aunque, cuando
tiene que hacerlo, se entrega, dejando como testigos de la ocasión a Carlos Herrera y Bibi Andersen. Un episodio efímero que sigue contándose en los
corrillos navideños de las tres familias afectadas.
Otro
monstruo de la escena, Solomon Burke,
poco antes de morir, cuando tenía que permanecer en un trono porque no podía sostenerse en pie, hacía que todos se estremecieran y sintieran la necesidad de
tener que moverse y bailar.
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Tres
películas explican bien lo que, para muchos, puede suponer el baile, desde
ópticas bien distintas:
“Danzad, danzad malditos”, de Sidney
Pollack (1969)
“Dirty
dancing”, de Emile Ardolino (1987)
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Esta
etapa de Por Amor a la Música responde a un envite de Pupilo Dilatado que, en la fase geográfica en que nos encontramos, propuso
Japón.
Es
evidente que no he sabido ajustarme.
Presento
mis disculpas por ello.
Pero,
tal día como hoy, encuentro varias señales que avisaban de que esto iba a suceder.
En
primer lugar, mi dificultad para ajustarme
a plazos y exigencias ajenas.
En
segundo lugar, mi
predisposición a empezar más proyectos de los que soy capaz de cumplir.
En
tercer lugar, por mi deriva, que no sigue un rumbo
predecible.
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La
semana pasada, según
la propuesta de Chals, realicé una reseña de un grupo chileno (que no conocía) y que me costó horrores.
Hoy
era Japón, el país del sol naciente.
Una
escena de una película en que cortaban cabezas.
Un
intento de poner música de baile, cuando
no he bailado en mi vida.
Explicando rutinas, yo, que, desde siempre, trato
de escapar de ellas.
Un
ucranio que tiene el nombre que todo el mundo espera oír en España y que tiene una clara opinión sobre
la música que pongo aquí.
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Así
que, hoy, 28 de febrero de 2013, el mismo día que se hace efectiva la renuncia de Benedicto XVI, yo presento la mía.
Y
me pongo en manos de Tsi-Na-Pah, estímulo
de este juego tan entretenido, para saber si quiere que la haga efectiva ahora
o, tras la próxima semana, en la que estaba previsto que yo diera el primer
paso. Si lo prefiere, seguiré una semana más. Pensaré en un país asequible a
mis posibilidades (y accesible a todos).
Pero
será la última. Seguiré viendo (desde la barrera) el desarrollo del juego y
trataré de conservar los amigos que el juego me ha permitido hacer.
Todos
tienen unos blogs interesantes, que recomiendo visitar.
Espero
se entienda mi postura.
