El Ritmo del Garaje (1983)
Yo para ser feliz...
Olvido Alaska Gara:
Llevar el pecho tatuado.
Y camiseta, mascar tabaco.
José María Loquillo Sanz:
Escupir a los urbanos.
A mi chica meter mano.
Las imágenes están sacadas de una película que pretendía reflejar
la movida, en la que se mezclaban
actuaciones de grupos de la época, con la delirante ficción de un conjunto de
pijos de chichinabo, en sus
atropelladas peripecias (una versión motorizada de “Verano azul”).
Su título lo dice todo, “¡¡¡A
tope!!!” (1984).
Perpetrada por Tito
Fernández, un sujeto que ya había entregado “Margarita se llama mi amor”, “Sor
Ye-yé”, “No desearás al vecino del
quinto” o “Cateto a babor”. Las
tres películas anteriores a este engendro daban muestras de su deriva: “La insólita y gloriosa hazaña del cipote de
Archidona”, “Gay club” y “Las aventuras de Enrique y Ana”.
La llegada de la TV privada le supuso un respiro y se
¿reivindicaría? con un humor rancio y cateto en “Los ladrones van a la oficina”. Se convertiría en mainstream
gracias a “Cuéntame cómo pasó”.
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Los años pasan y dan (o quitan) razones: Tito fue homenajeado en
vida, porque alcanzó éxito; muchos se mostraron serviles y reconocieron al gran
cineasta que siempre había sido.
Su historia ya se ha escrito; yo no emborronaré ni un renglón.
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Pero, ¿y los vocalistas?
¿Qué hacen más de treinta años después?
¿Se cumplieron sus deseos de felicidad?
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Es seguro que lleva el pecho tatuado.
Lleva camiseta. Masca tabaco. A su chico, Mario, le mete mano.
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Él siempre fue rebelde, contracorriente, inadaptado.
Enemigo de las falsas pleitesías.
Amigo de llamar a las cosas por su nombre.
Capaz de tratar de tú a tú a cualquiera.
Salvo que le enseñen la pajarita, con inocencia.
Un bluff: tendrá que escupirse en la palma
de la mano (para hacerse un decepcionante homenaje).
