La
nueva reina del rockabilly es
española. Acaba de publicar su segundo LP y es un espectáculo que no debes
perderte si tienes suerte de que toque cerca de ti.
Incluso transigí cuando se hizo novia de Frank, el hermano descerebrado de Albert, para terminar casados, convertidos en un anodino matrimonio.
Me emocionó que volviera a aceptarle y que, tras un nuevo y más acertado
reparto de tareas y privilegios, intentaran alcanzar la convivencia, más
sensata y provechosa que el empoderamiento.
Las imágenes están sacadas de una película que pretendía reflejar
la movida, en la que se mezclaban
actuaciones de grupos de la época, con la delirante ficción de un conjunto de
pijos de chichinabo, en sus
atropelladas peripecias (una versión motorizada de “Verano azul”).
Su título lo dice todo, “¡¡¡A
tope!!!” (1984).
Perpetrada por Tito
Fernández, un sujeto que ya había entregado “Margarita se llama mi amor”, “Sor
Ye-yé”, “No desearás al vecino del
quinto” o “Cateto a babor”. Las
tres películas anteriores a este engendro daban muestras de su deriva: “La insólita y gloriosa hazaña del cipote de
Archidona”, “Gay club” y “Las aventuras de Enrique y Ana”.
La llegada de la TV privada le supuso un respiro y se
¿reivindicaría? con un humor rancio y cateto en “Los ladrones van a la oficina”. Se convertiría en mainstream
gracias a “Cuéntame cómo pasó”.
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Los años pasan y dan (o quitan) razones: Tito fue homenajeado en
vida, porque alcanzó éxito; muchos se mostraron serviles y reconocieron al gran
cineasta que siempre había sido.
Su historia ya se ha escrito; yo no emborronaré ni un renglón.