Leer de comedia es tan complicado como hacerlo de cine, música o escultura.
Y puede que llegue a ser aburrido, pese a lo apasionante del asunto, de su historia, de sus protagonistas, de sus procedimientos, de su evolución.
Así que asumo que escribir sobre la comedia americana, es un reto, desde su propio planteamiento, porque, ¿resulta más conveniente un tratado? ¿un enfoque enciclopédico? ¿o una explicación de algunos números, reducidos a meros textos, puede ser suficiente?
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La tarea que afronta Edu Galán en "Morir de pie. Stand-up comedy (y Norteamérica)" (Rema y vive, 2014) parte con ese importante hándicap y plantea, desde un principio, de forma honesta, la trama argumental sobre la que podría armarse un tratado, al entender que la evolución del hombre público americano muta atravesando diferentes estados (en todos los Estados USA, y actuando en muchos de sus estadios): el profeta, el medicine-man, el colono, el político y, finalmente, sin obviar que no hay quinto malo, el stand-up comedian, esos tipos que, como sus predecesores, se encaraman a un púlpito, una carreta, un cajón, un estrado o un escenario y, armados de su herramienta (la palabra) buscar alcanzar el logro de la influencia.
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Gente notable, extraordinaria, excéntricos: Sid Caesar, Mel Brooks, Bob Hope, Jerry Lewis, Woody Allen, Mort Sahl, Lenny Bruce, Dick Gregory, Bill Cosby, Bill Maher, George Carlin, Jerry Seinfeld, Steve Martin, Chevy Chase, Garry Shandling, Chris Rock, James Belushi, Andy Kaufman, Billy Cristal, Larry David, Stephen Colbert, Jon Stewart, Louis CK, tipos memorables que podrás ver en una estupenda serie de seis episodios (de la que sólo he encontrado disponibles los cinco primeros).
Un buen momento para echarse unas risas. Y parase a pensar, creo.
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Añadido (29/09/2015): De casualidad encontré la sexta parte, "Sátira y parodia".
Tras
haberse opuesto abiertamente a la Segunda Guerra Mundial, Gerald Holtom, artista británico, diseñó su logo para el desarme
nuclear, que sería utilizado en la primera Aldermaston
March, del 4 al 7 de abril de 1958, en oposición a la “Guerra Nuclear”, como parte de la “Campaña para el desarme nuclear”. Posteriormente, el movimiento hippie se apropiaría de él; su uso
extendido lo convirtió en uno de los símbolos de la paz.
Conceptualmente
el logo es de una extrema simplicidad. Empleó el semáforo, el Código de señales
usado por la OMI (Organización Marítima
Internacional) que utiliza banderas y resulta apropiado en condiciones de
buena visibilidad.
Dado
que tenía como objetivo el desarme nuclear (“Nuclear
Disarmament”) integró las correspondientes letras del alfabeto.
Karl Benz y Gottlieb
Daimler inventaron en 1881, en Alemania, de forma independiente, el motor
de combustión interna. En lugar de competir, decidieron integrarse en la misma
compañía.
A
principios del siglo XX, contaron con un notable distribuidor, Emil Jellinek, diplomático, empresario
y hombre de mundo, de origen austro-húngaro. Participante en carreras de
coches, empezó a apuntar sus pedidos como llamaba a su hija, Mercedes; con el tiempo, daría nombre a
la firma.
El
famoso logotipo con la estrella de tres puntas rodeada de un círculo, fue
diseñado por Daimler. Simboliza la capacidad de adaptación de sus motores para
su funcionamiento por tierra, mar o aire. Los laureles, símbolos de la marca
Benz, se integraron en un logo perfectamente reconocible.
La
ostentación y el exceso fue una seña de identidad en parte de la comunidad
negra en los 80s (y siguientes). Uno de los símbolos de status era llevar mucho oro encima y adornarlo con las estrellas de
Mercedes, colgando como si fueran medallones.
Barracus, miembro
del equipo A, es recordado por su corte de pelo mohicano, sus problemas
para controlar sus accesos de ira y su miedo a volar. Su gusto por el exceso —y
su afición a llevar chatarra colgando del cuello— apuntan una explicación
pavloviana en la aversión asociada al pitido que el arco de control de acceso
emitía cada vez que, infructuosamente, trataba de acceder a un avión, sin estar
drogado.
Como
quiera que fuera la cosa, supuso un modelo para muchos. El desarrollo
descontrolado de conductas imitativas y la falta de respeto a la propiedad
ajena, condujeron a que la casa alemana decidiera integrar el logo en la
carrocería del vehículo.
"A ver cómo haces para llevártelo ahora" Foto: FroyoNation
La
ambición, combinada con el deseo de aparentar y resultar intimidante, dejan
expuestas las verdaderas intenciones del que así actúa.
A
nadie le gusta la ambición, la ostentación y la avaricia, cuando son ajenas.
“Por supuesto”.
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Estamos
sometidos a tanta tensión que, en ocasiones, se nos ocurren medidas drásticas
con las que resolver, taxativamente, los problemas que afrontamos.
Mi
amigo Deploreibol lo tiene
claro: “Un tanque es la mejor solución”.
Todos
rechazamos el uso de la violencia. No parece concebible que alguien haya tomado
una determinación así.
“Of course”.
Pero quizá, en algunas ocasiones, se me ocurren ideas, encuentro
atajos, me planteo modos drásticos de terminar con todos esos que creo que se
lo merecen de veras. Aquellos que, desapareciendo, conseguirían que el mundo fuera
mejor.
No
lo tomo en serio. Por supuesto que no. No me crean capaz de hacerlo. Hago todo
lo posible para controlarme.
“Of course”.
Aunque
quizá —“but maybe”— me sienta tentado
a comportarme como un antisistema
y poner a alguno en el punto de mira.
"En el punto de mira"
Es
posible que, aceptando sin cuestionar tantos “por supuesto”, mientras se alienta la visión egoísta de este mundo
moderno que no deja de cambiar, estemos dejando mucho espacio para demasiados “but maybe” que sólo pretenden eliminar
al que (nos) molesta.
Que,
curiosamente, suele ser percibido como diferente y, por eso, extraño.
En
ocasiones me cuesta distinguir los logros colectivos, las aspiraciones
orientadas hacia lo propio y las lacras sociales, si sólo atiendo a su forma de
mostrarse, a su apariencia externa.
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El
martilleo de ese ritmo pis–benz–pum, pis–benz–pum, pis–benz–pum, repetido sin
parar, me obsesiona, me hipnotiza y me levanta jaqueca.