Esta
canción, un verdadero standard,
alcanzó su cénit de sensualidad en la interpretación de Nina Simone —nombre
escénico de Waymon, derivado de “Niña”,
como le llamaba un antiguo novio, y de la actriz francesa Simone Signoret, que la había dejado marcada con su interpretación
en “París, bajos fondos”, película de
1952—.
El
reciente vídeo, publicado el 21 de febrero del año pasado con motivo de la
celebración del 90º aniversario del nacimiento de Nina, cuenta con el añadido
de tres bailarinas de quitar el hipo: Pricilla
Anyabu, Asmara Cammock y Sophia Akinyemi.
Diez
años antes de que la canción de Simone diera título a uno de sus discos más
recordados, Hawkins escribió y grabó esta canción, aunque no sería publicada.
El tono meloso en el que fue concebido no era garantía de éxito. Sin embargo,
el productor Arnold Maxin, trajo los
elementos esenciales para una nueva grabación: costillas, pollo especiado y
abundante vino italiano. Como resultado, la nueva versión caníbal estaba dotada
del atractivo de su desenfreno y sus gritos inconexos. Hawkins siempre aseguró
no recordar nada de la sesión.
OKeh publicó el single y fue un éxito arrollador.
El
público estaba hechizado.
*****
Te
lancé un hechizo porque eras mía
Deja
de hacer esas cosas
¡Ten
cuidado!
No
soporto que me anden mareando
No
soporto que me menosprecien
Te
hechicé porque eras mía
Y
no sólo fueron los gritos (que sólo James
Brown podría emular).
La
puesta en escena era delirante.
Alan Freed, el DJ que sería el principal promotor
del Rock & Roll, le sugirió
aparecer en escena dentro de un ataúd en llamas. Hawkins se negó, Freed le
ofreció 300 dólares y Jay dijo: “Enséñame
el ataúd”.
Con
los años la parafernalia fue aumentando: se vestía con capa, se acompañaba de
un bastón rematado en una calavera fumadora que atendía por Henry, se adornó
con unos colmillos dalinianos, incorporó un espejo en el interior de la tapa y,
eso sí, dejó de incinerar ataúdes antes de que los padres de Greta Thunberg se hubieran conocido.
Acompaño
su intervención en el show de Arsenio Hall en 1989, 33 años después
de su primera vez, para
que te deleites en los detalles y te reto, dos veces, a que trates de imitarlo
en el inminente Halloween.
Prepárate
para descubrir una historia asombrosa, la de uno de los cantautores con más
talento y más mala suerte de la historia.
Alguien
que merece ser conocido y dejar de ser un tesoro oculto.
*****
Jackson
Carey Jones nació el dos de marzo de 1943 (hoy cumpliría ochenta y un años si
no fuera porque falleció el tres de marzo de 1999, un día después de haber
llegado a los cincuenta y seis), único hijo de Marilyn y Jack Jones, un piloto
de pruebas. Más tarde adoptaría el apellido de su padrastro Elmer Frank,
oficial del ejército.
Con
once años, un horno explotó en la escuela donde estudiaba. El incendio mató a
quince de sus compañeros y, pese a que él sobrevivió, sufrió quemaduras en más
de la mitad de su cuerpo. Una experiencia tan traumática puede estar en el
origen de los problemas psicológicos que desarrolló años después.
Estando
ingresado en el hospital, uno de sus profesores le regaló una guitarra, para
que estuviera ocupado en su rehabilitación. Una visita junto al resto de
heridos a Memphis tres años después del accidente le permitió conocer a Elvis, que sería una gran influencia
durante su adolescencia.
Al
cumplir veintiún años recibió un cheque del seguro por un importe de 100.000
dólares por sus lesiones, lo que le permitió trasladarse a Londres.
En
1965 grabó durante seis horas en una sesión producida por Paul Simon, compinche en la escena folk local, a la que asistieron Art Garfunkel y Al Stewart.
La enorme timidez de Jackson hizo que tuvieran que separar estudio y control
con pantallas opacas, para que sus acompañantes no pudieran verlo.
El
disco no tuvo ninguna repercusión y, entre que su salud mental empezaba a
deteriorarse y el dinero del seguro se acababa, decidió volver durante un par
de años a USA. Cuando volvió a Inglaterra en 1968, a todos les pareció una
persona diferente, lleno de angustias y atormentado. Volvió a su país natal.
Se
casó, tuvieron un niño y más tarde una niña. Su hijo murió de fibrosis quística
y la depresión fue en aumento, teniendo que ser internado en una institución
mental.
A
principios de los ‘80s se mudó con sus padres. En 1984, tras haber sido
sometida a una operación quirúrgica, su madre llegó a casa y comprobó que
Jackson había desaparecido sin dejar aviso. Se había trasladado a NY, en busca
de Paul Simon, al que no pudo encontrar y tuvo que empezar a dormir en la
calle.
Le
internaron en un psiquiátrico y le diagnosticaron esquizofrenia paranoide
(Frank negó el diagnóstico y achacaba su depresión al trauma sufrido cuando era
niño).
A
principios de los ‘90s, un fan de su disco lo descubrió por casualidad, por
mediación de un antiguo profesor del colegio donde estudiaba. Sólo conocía la
portada de su disco y el contraste era desalentador. El incendio había causado
un problema en su tiroides y Jackson estaba muy gordo y desaliñado, sin otra
cosa que una vieja maleta y una guitarra desafinada.
Estando
sentado en un banco en Queens, esperando volver a Woodstock para ingresar en un
hogar para vagabundos, unos niños estaban jugando con un rifle de perdigones y,
unos disparos al azar alcanzaron a Jackson, que quedó ciego del ojo izquierdo.
Una
neumonía y un paro cardiaco le provocaron la muerte el día después de haber cumplido
cincuenta y seis años.
*****
Descubrí
esta canción en el quinto episodio, “Time
of the Monkey”, de la primera temporada de una serie que recomiendo, “Poker Face”, una mezcla de “Kung-Fu” (el personaje interpretado por
David Carradine, no el arte marcial)
y “Colombo”.
Charlie Cole (Natasha
Lyonne) es una trabajadora de un casino con dotes para detectar cuando la
gente está mintiendo y, por complicaciones con su jefe demasiado complicadas para
relatar aquí, debe huir. En cada episodio se ve involucrada en un crimen que,
al igual que en la serie del detective al que da vida Peter Falk, el espectador conoce quién ha sido el culpable, pero lo
interesante es encontrar el modo en que ata cabos para darse cuenta y
desenmascarar al asesino. Entre los invitados estelares de la primera temporada
están Adrien Brody, Chloë Sevigny, Simon Helberg, Ellen Barkin,
Tim Blake Nelson, Nick Nolte, Joseph Gordon-Levitt, o Rhea
Perlman.
Nacido
en Memphis en 1944, Stinnett, con 12 años se compró la guitarra en la misma
casa de empeño donde Elvis se había
agenciado la suya. De vuelta a casa con su familia, en Beale Street se detuvieron
en un semáforo y un enorme Cadillac rosa se paró a su lado. Era Él. Así que
cogió su guitarra y se la enseñó mientras le gritaba y él le devolvió un guiño
y Ray asegura que le dijo que conseguiría llegar al #1.
*****
El
tiempo pasa y es 1967, el verano del amor. Ray se va a San Francisco con su
mujer y su hijo pequeño. Trata de encontrar su propia voz y traba amistad con Booker T. Jones, que le produce un
disco que queda inédito.
Así
que se muda a Malibú, firma un nuevo contrato con A&M, vuelve a Memphis, se reencuentra con Booker T. y algunos
otros colegas, trabajan en el nuevo disco y, cuando está todo preparado, la
discográfica pospone el lanzamiento.
Ray
coge todo el material, que queda oculto hasta que Light in the Attic decide que ya ha cogido polvo suficiente y que
es hora de publicarlo.
Pero,
¿qué había pasado entre 1956, cuando Ray le dice a Elvis en un semáforo que va
a llegar al #1, y 1967, cuando se va a San Francisco a pasar el verano del
amor?
Pues
que fue uno de los cuatro faraones que acompañaban a Sam The Sham, Domingo Samudio, en su legendario hit. Stinnett tocaba la guitarra, Butch Gibson el saxo, David A. Martin el bajo y Jerry Patterson la batería.
En
1965 Ray tenía 21 años y la canción fue la más vendida del año.
Había
cumplido la palabra que le dio al Rey, nueve años antes, en un semáforo de la
calle más transitada de Memphis.
Clayton Knight [aka
BeachesBeaches] & Harrison Mills
[aka Catacombkid]
*****
Este
dúo de música electrónica, formado en 2012, entregó el año pasado su 4º LP, a los
que hay que sumar numerosos Mixes y ReMixes.
En
su trabajo más reciente hacen un homenaje que trasciende el sampler, porque la aportación de Bettye LaVette, una veterana del soul, con una de sus canciones
emblemáticas, se transforma en una reinterpretación épica, en la que echan una
mano, también, Eva Walker al bajoy
Garrett Hopper a la batería.
El
poso de la madurez le ha sentado estupendamente a LaVette que, con 77 años cumplidos
el 29 de enero, muestra una energía imperiosa, de la que quizá estaba ausente
cuando empezaba a dar sus primeros pasos.
*****
Trátame
con calma aunque tu amor por mí se haya ido
Trátame
con calma ya que sientes que quedarte está mal
Sé
que todo ha terminado, pero dedícame un último adiós
Cuando
pases a mi lado, saluda de vez en cuando
Cuando
me veas, ¿te duele tanto sonreír?
Prometimos
que seguiríamos siendo amigos hasta el final
Te
lo ruego, cariño, trátame con calma
Cosas que descubro en La Zona
Cómoda, de Ángel González
Pero
a veces creo que es posible que, alguien, puede no conocerlo.
Y
se perdería cosas tan maravillosas como la interpretación que subo hoy.
Es
el festival Internacional de Monterey, donde participó por el empeño de Jerry Wexler, su mentor en Atlantic. Wexler pensaba que era una
oportunidad para llegar a una audiencia mayor.
Y
acertó del todo porque su actuación, que cerraba las del sábado 17 de junio de
1967, el verano del amor, se considera la más exitosa de todo el Festival.
Poco
después, el 10 de diciembre de ese año, moría en un accidente de aviación en el
lago Monona, cerca de Madison, Wisconsin.
Tenía
26 años.
Su
fulgurante carrera, desde 1962, con su primer disco para STAX, hizo que fuera, ya para siempre, The Big O.
Y
éste es uno de los pilares sobre los que se sostiene su leyenda.
*****
Presentación:
Me
gustaría que vosotros, vamos a bajar un poco la velocidad esta vez y cantar un
número conmovedor. Esta canción, es una que conoces y que todos deberíamos
cantar alguna vez. Todos nos amamos, ¿no? ¿Tengo razón? Déjame oírte decir que
sí. Entonces todo va bien.
Te
he estado amando demasiado tiempo para parar ahora
Estás
cansada y quieres ser libre
Mi
amor se hace más fuerte a medida que te conviertes en un hábito para mí
Hijo
de un empresario de la construcción de origen italiano (como revela su nombre
real, Daniel Bevilacqua) fue seducido desde muy joven por la american way of life. Su éxito con esta
inmortal canción le condenó de alguna manera y Christophe, su nombre artístico,
no pudo repetir nada parecido. Fue la canción del verano de 1965, compitiendo
con “Capri c'est fini”,
el tema de Hervé Vilard.
Catorce
años más tarde, Christophe se
dejó crecer bigote y melena, adaptándose a la moda, para seguir llorando
por Aline.
Un
personaje atrapado en su monumental hit
—y su facilidad para debilitar corazones—, conocido de la gendarmería, que
estaban hartos de intentar detenerle conduciendo sus Ferrari Testarrosa, o sus
Lamborghinis, a velocidades imposibles y que se adelantó al playboy canónico, Philippe Junot, primer marido de la princesa Carolina de Mónaco.
El
año pasado Adanowsky (el nombre artístico de Adán Jodorowsky, hijo del cineasta
chileno Alejandro Jodorowsky) y mi
chilena favorita, Mon Laferte, lanzaron su propia versión (en español), con un
vídeo bastante delirante, pero muy apropiado.
La
canción que inauguraba el
enfrentamiento de ayer entre Michigan y Alabama es una de las piezas más
representativas de Wilson Pickett,
figura capital del soul dinámico y
que disfrutó de una sólida carrera que le mantuvo en primera línea durante
quince años.
Habla
de una chica que se sube a un coche, un Ford Mustang, y ya no quiere volver a
bajarse.
*****
Supongo
que lo mejor será que reduzcas la velocidad de tu Mustang
Es
posible que ya supieras que la canción no fue compuesta por Pickett y que fue Sir Mack Rice quien la escribió y la
interpretó un año antes.
Pero
puede que desconozcas el contexto en el que surgió la idea.
Rice
estaba visitando a la grandísima Della
Reese, que le contó que estaba pensando comprarle un Lincoln Continental al líder de su banda, Calvin Shields. Todos los chicos presentes se rieron del asunto,
menos dos. Shields, porque le dijo a Della que le gustaba más el Mustang, un
coche más pequeño, pero una verdadera máquina. El otro que no se rio fue Mack
Rice, que no conocía el coche (acababa de salir al mercado) y, es posible, se
imaginara a Shields montando un caballo indio.
Todo
ello fueron ingredientes que, convenientemente alterados (el cantante le quiere
comprar un coche a su chica, que se encuentra desanimada y, más tarde, no hay
manera de bajarle porque le ha cogido el gusto a la potencia contenida bajo sus
muslos), ofrecen un resultado muy atractivo.
La
asociación del Mustang con las mujeres es la mejor publicidad que la Ford
hubiera podido recibir nunca para promocionar su coche.
La
carrera de Della Reese está vinculada al que fue su primer y mayor éxito, una
canción adaptada del aria “Musetta’s
Waltz”, de la ópera La bohème, de Giacomo Puccini. Se publicó como single en 1959 y se incluyó en el recopilatorio que indico.
*****
Los
que gustéis del bel canto, disfrutad con esta versión de Anna Nebretko, dirigida por Yuri Temirkanov al frente de la
Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, en un concierto la víspera de la
celebración del 300 aniversario de la fundación de la ciudad.
Jimmy Rabbitte (Robert
Arkins) es un fanático de la música y tiene la ocurrencia de montar un
grupo de música soul en Dublín.
Es
el planteamiento inicial de la película “The
Commitments”, dirigida en
1991 por Alan Parker, la primera de
la trilogía Barrytown (las otras son “Café irlandés” y “La camioneta”), basada en el libro homónimo de Roddy Doyle (que, de forma
inexplicable, no está traducido al español).
Un
peliculón.
*****
Despido
esta revisión del Mustang con una de las persecuciones más recordadas
del cine, con Steve McQueen
conduciendo el Mustang por San Francisco, en la película de 1968 “Bullitt”, dirigida por Peter Yates.
La
canción estaba incluida en un disco de 1965, pero no fue editada como single.
Casi
treinta años más tarde, en 1994, se incluyó en un anuncio británico de coches
(VW) y la canción fue un éxito. Vivió una segunda vida y, desde entonces, se ha
convertido, quizá, en la canción definitiva de la Sacerdotisa del Soul.
Su
espíritu anima a afrontar los quehaceres cotidianos.
La
combinación de música y baile resulta inspiradora.
Aparece esta canción en una película que no merece la pena mencionar
y me acuerdo de ella y me da la sensación de que ha pasado un montón de tiempo
desde que la bailaba.
No hace tanto, ¡qué son treinta años!
El mayor éxito del grupo escocés, un canto a la libertad y a hacer
lo que te apetezca.
Con el toque jamaicano de Junior
Reid gritando: “no tengan miedo de su
libertad”.
"Soy libre para hacer lo que quiera, en cualquier momento.
Así
que, ámame, abrázame.
Soy libre para estar con quien elija, siempre".
*****
Lo pienso y me doy cuenta que ha pasado una eternidad.
Y me entero ahora (confieso que no lo sabía) que se trata de una
versión de un tema aparecido en la variante inglesa del disco de los Stones (en
aquella época inicial en que sus discos no coincidían a ambos lados del
Atlántico), cuando Mick Jagger y Keith Richards empezaban a componer
material propio. La mayor parte del resto del disco se trata de temas de
músicos negros USA, elegidos con excelente criterio (Sam Cooke, Marvin Gaye, Don Covay, Solomon Burke).
No aprecias
la libertad hasta que dejas de tenerla