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domingo, 23 de enero de 2022

El protagonismo

Publiqué este texto, por primera vez, el 18 de junio de 2011.
Creo que sigue manteniendo vigencia, más de diez años después.

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Foto: Luringa

¿Te gusta ser el protagonista?

Una pregunta, dos formas de entenderla. Voy a repetirla y voy a hacer énfasis en un momento determinado:

“Me gusta ser el protagonista”.

Normalmente, la mayoría de las personas muestran su desacuerdo ante esta afirmación. Suelen apreciar una connotación negativa: entienden que se les pregunta si quieren ser el centro de atención, si quieren eclipsar a los demás. Les parece que demostrar su acuerdo les convertiría en un ogro egocéntrico que sólo se presta atención a sí mismo, que desprecia a los demás y que quiere destacar a toda costa. Es, hoy en día, un valor claramente a la baja.

Por descontado, existen algunos excéntricos, gente llamativa, socorridos para entretener durante un rato a la concurrencia, pero —como los bufones de antaño o los mimos de hoy— tremendamente cansinos a largo plazo.

“No, por favor, lo que quiero es pasar desapercibido”.

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Voy a hacer otro énfasis diferente:

“Me gusta ser protagonista”.

Quien así entiende la pregunta, suele tener más fácil expresar su acuerdo con tal afirmación. Entienden que quieren participar activamente en el rumbo que llevan en su propia vida, que pueden tomar decisiones que determinen su situación personal y la de otros. Personas que consideran que quieren cambiar su mundo, su sociedad, desde el ámbito de influencia que cada uno pueda mostrar. Dar un paso para hacer que las cosas cambien, comprometerse con sus ideas, pensamientos o creencias. Reconocer que una experiencia es mucho más intensa, memorable y gratificante cuando uno ha formado parte de ella, cuando la ha protagonizado.

Uno de los principales males de la sociedad actual, absurdamente incubado hasta la médula, es la flojera (No solamente atrapa a los jóvenes, pero en ellos es especialmente activo). Consumidos por el pecado más peligroso de todos —la pereza— desarrollamos una serie de conductas: la apatía, la indefinición, el conformismo existencial. No destacar, mimetizarse con el entorno, pasar desapercibido. Rechazar el compromiso, eludir el protagonismo, la individualidad y la particularidad. Sólo queremos ir donde van todos.

Si todos renunciamos a protagonizar nuestras propias vidas, el escenario quedará vacío.

O lo que es peor: otros ocuparán nuestro lugar y decidirán por nosotros.
No renuncies a ser el protagonista de tu propia vida.

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jueves, 11 de julio de 2019

Trabajo en equipo: La hondura de Barracus o la simpleza de Jane

Publicado originalmente el 12 de abril de 2013

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La línea descendente que marca el declive mostrado por la TV, no sólo se manifiesta en momentos ruborizantes —como arrojar (proto)tipos a una piscina, en una humillante y renovada parada de los monstruos—, sino que, de modo más preocupante, la ficción (hablo de la americana, por supuesto), servida a domicilio (y seriada), ha perdido su capacidad para mostrar referentes válidos.

Pongamos que intento averiguar qué es un equipo.

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Lo mejor del trabajo en equipo es saber que tienes a otros de tu lado y que, todos, pueden llegar a pensar como uno sólo.

Un equipo se mimetiza, consigue mirar siempre en la misma dirección y también, siempre, consigue ver lo mismo.

Después de cuatro años, el equipo avanza, ya, como una sola persona, y una sola mente.

"Un gran equipo sería algo así" Foto: lumaxart

Quizá no entiendas por qué se plantea la evolución apoyada en torno a ciclos de cuatro años.

Yo tampoco.

Sólo puedo esgrimir, en mi defensa, que es una cita textual, extraída de un anuncio (que acompaño, para que, los suspicaces, puedan realizar las comprobaciones pertinentes).
Así que, ya sabes: delego toda la responsabilidad en Patrick Jane, antiguo feriante, hoy colaborador de la policía y conocido, urbi et orbe, como “el mentalista”.

De forma más apropiada: en su publicista.

Y, concretando todavía más: en TNT (España).

Seré más claro, exponiendo de forma diáfana mi propósito: refutar su tesis y convencerte de que es un charlatán de feria, un tipo peligroso; de los que hablan y hablan y no dicen nada.

Un aprendiz de político.

Una escoria social.

Un paria.

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—Pues a mí me resulta simpático.
—Y a mí también, pero eso no significa que sepa de lo que está hablando.
—Cambia de canal.
—Eso voy a hacer.
—Pero no pongas fútbol, anda...

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La otra gran ficción televisada.

El deporte.

El fútbol, para ser exacto (y sus triquiñuelas).

Esa estrategia desplegada de forma permanente por los que se colocan a la sombra de los llamados astros (no de los que se ocupa Sandro Rey) y que consiste, básicamente, en el examen minucioso del gesto. El análisis ad nauseam de cualquier detalle, por nimio que sea, para ampliar la repercusión y el alcance de los nuevos héroes de la modernidad: las estrellas del balompié.

No lo son [héroes, me refiero] por su deseo desinteresado de contribuir a la defensa de causas justas, o por su empeño en alcanzar un anhelo duramente perseguido.

No.

Se mueven por su propio interés: la búsqueda de la riqueza y la fama [ese reverso siniestro asociado al reconocimiento ajeno de las gestas individuales].

Todos creen que llevan dentro al nuevo Messi y que conseguirán que su padre (y el resto del clan) abandone el ostracismo y la pobreza.

Un modelo (defendible en ocasiones), pero que acarrea peligros al tratar de trasponerlo a otros ámbitos, cuando, algunos, se empeñan en que se convierta en una forma de vida paradigmática (y de entender el mundo y las relaciones sociales).

Por decirlo claramente: el espíritu de superación, el deseo de integrarse en colectivos, el trabajo en equipo, la competición como forma de estimular el deseo de perfeccionamiento, son buenos y deseables. Pero, estructurar la práctica del deporte en torno a victorias (y derrotas), no debería ser la forma excluyente de entender la superación personal y colectiva.

Más aún, con total rotundidad: nunca llegará a ser la única forma de entender las relaciones. Más allá de la competitividad (entendida como la forma de vencer a la competencia), permanecerá la colaboración (en la que, todos, según sus capacidades, contribuyen a alcanzar objetivos compartidos, abordados con miras de mayor alcance y trascendencia).

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"Orquestando un trabajo conjunto" Foto: miss mass

La búsqueda (individual) del virtuosismo se incardina en un esfuerzo (plural), organizado y sincronizado, que se manifiesta en una viva demostración de talento. No requiere de vencedores (ni vencidos), pero atiende, igualmente, a un alto nivel de sacrificio y exigencia.

Mueve (y conmueve) a cualquiera que se interese.
Algunos lo llaman arte.
No importa su nombre.
Para que funcione correctamente, sus miembros deben trabajar en equipo.

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¿Cuáles son las características esenciales de un equipo?

Reducidas a su mínima extensión, son dos:

— Son plurales. Formados por varios; cada uno, con su propia identidad.

— Buscan alcanzar un objetivo común.

Una definición para subrayar:

Grupo de personas que trabajan coordinadas en una empresa común. Muestra su eficacia alcanzando los resultados previstos”.

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— ¿Podrías poner un ejemplo?
— Por supuesto.

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Si tiene usted algún problema y si los encuentra, quizá pueda contratarlos.

Entre 1983 y 1987 (en USA) mostraron de lo que eran capaces. En España, hoy mismo, te los puedes encontrar, sin que tengas que, necesariamente, estar buscándolos.

Pueden suponer un problema —por su ingenuidad sonrojante—, aunque, en una velada insomne o un domingo sin planes, despiertan esa complicidad reservada para los amigos antiguos, a los que, a fuerza de conocerlos, se les termina perdonando todo.

Son, todos lo admitimos, un equipo.
  
Eran:

John “Hannibal” Smith (En España, Aníbal). El ideólogo del grupo. Fumaba habanos y sentía predilección por disfrazarse ante desconocidos.
Templeton “Faceman” Peck (aquí, Fénix). Apuesto. Seductor. Un galán. Todo ingenio y descaro. Un conseguidor.
H. M. “Howling Mad” Murdock. Para Barracus, una pesadilla. Para el resto del mundo, un loco. Él se sentía comandante de sus (delirantes) sueños.
Bosco Albert “B. A.” Baracus” (para nosotros, “M A Barracus”). Su mote (“mala actitud”) se justifica en su incapacidad para mostrar sentimientos, más allá de los que pueden expresarse en un gruñido. Su gran corazón (y sus nobles intenciones), se ocultaban bajo el vestuario estándar del Carrefour fin de siècle (zapatillas deportivas, pantalones de chándal —o petos— y camiseta de tirantes). Su atracción por el oro se convierte en garantía de un trapecio hipértrofe. El pelo, a cepillo, es la única diferencia apreciable con un Rafa Mora sometido a una sesión intensiva de rayos UVA.

En la vida real respondían a otros nombres.

George Peppard, Dirk Benedict, Dwight Schultz y Mr. T. En la primera temporada, les acompañaba una periodista, interpretada por Melinda Culea. Su nombre incluye todas las claves para que puedas averiguar, por tu cuenta, los motivos de su contratación.

La otra cara del equipo A (según La hora chanante).


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Utilizar, de forma provechosa, las diferencias entre los componentes del equipo, será ineludible. Si se combina con otro estilo de liderazgo, distribuido —en el que todos los miembros adquieren relevancia y deben ejercer su aportación particular en la persecución del objetivo común—, estaremos construyendo un modelo diferente, mucho más interesante y responsable.

Así podremos adoptar a Barracus. Su tótemica figura resulta imponente, presidiendo el salón familiar; mejorando el desvaído porte de Patrick Jane, vistiendo un terno, y tratando de resultar sorprendente.

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En un equipo, muchos están dispuestos a echar una mano.
Chus, Santi o Adolfo (entre otros) lo hacen siempre de forma ejemplar.




martes, 23 de abril de 2013

(S)elección de personas


En todos los proyectos en que nos vemos envueltos, debemos participar junto a otros. Por eso somos sociales: no tanto porque nos deba gustar la charla intrascendente, sino, en realidad, porque estamos conectados en nuestras relaciones con los demás, que nos hacen involucrarnos en una compleja trama a la que no podemos renunciar.

"Hay veces que me siento como un mono enreda(n)do" Foto: DaBok

Con la mayoría tenemos que cargar a la fuerza, sin que seamos partícipes de su naturaleza ni tengamos nada que ver con ellos en la práctica. Son todos esos que te rodean y a los que consideras gente.

Pero algunos, a los que tratas como personas —les has otorgado identidad propia y puedes describirlos empleando características singulares— comparten, sin fecha de caducidad (o de consumo preferente), aspectos de tu vida. Son tu pareja, tu familia o tus amigos. Aquellos a los que sientes como próximos y con los que has desarrollado unos vínculos que, en su definición, incluyen algunos rasgos concretos: mutua aceptación, reciprocidad, compromiso, flexibilidad y adaptación a nuevas circunstancias concurrentes y a los cambios personales que se produzcan.

Este tipo de relaciones, electivas, en caso de mantenerse lo hacen de forma madurativa; adquieren mayor sutileza y precisión conforme se fortalecen.

Elegimos a nuestros compañeros. Es por tanto responsabilidad nuestra, aunque compartida, lograr que la relación sea verdaderamente provechosa.

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En ocasiones, algunos son encargados de liderar proyectos. Deben involucrarse en seleccionar a los que participarán y establecer el sistema de trabajo en equipo que van a protagonizar.

Ahora, cuando se enfatiza exageradamente la polivalencia, se olvida que un equipo eficaz debe tener miembros diferentes: la diversidad es un incentivo para acercar el éxito. Aplicar un mismo perfil, olvidando las especificidades de cada caso concreto, sólo conduce a la clonación que, además de antinatural, es increíblemente aburrida y estéril.

¡Hola! Soy nuevo... Foto: Mark Fischer

A eso tan bonito, a lo que me dediqué por primera vez hace muchos años, lo llaman ahora hacer un casting.


jueves, 9 de agosto de 2012

El cortejo


Hemos dejado que nos arrebaten el cortejo. Sin ninguna sutileza. Actuando abiertamente.

A la vista de todos.

Pero nadie se ha quejado.

Por descontado, se sigue practicando. Es lo que tiene la libertad que, atacada de forma colectiva, se defiende individualmente.

O, para el caso del cortejo, en parejas.

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No diré yo que la desaparición del cortejo explique la situación presente. Sí me atrevo a afirmar, por de pronto, que su arrinconamiento se explica por el punto a que —socialmente— nos están abocando.

No son buenas las prisas; no son buenas las conductas inmediatas; no son buenas las acciones que responden exclusivamente a una manifestación (más o menos sofisticada) del principio de acción–reacción.

El cortejo, contrariamente a lo que se pretende entender, no tiene ningún objetivo que exceda a su propia práctica.

No se corteja para conseguir algo; practicarlo es estimulante y suficientemente excitante.

Cortejar es mirar. Es oler. Es oír. Es sentir.

Olvidarse de todo y focalizar la atención en un único punto.

Mirar de frente. Tratar de encontrar las claves que identifiquen al otro. Mirar profundamente. Buscar en el interior. Olvidarse de todo lo demás.

"Dentro" Foto: Jarolek

El cortejo pasa por establecer rituales.

Y es también decidir si, después de mirar dentro, quieres mirar juntos.

"Juntos" Foto: Darwin Bell

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Cortejar es escuchar a Etta James sonando siempre de fondo.


viernes, 13 de julio de 2012

La relojería: Propuesta de solución


Es una propuesta, porque supongo que habrá quien no la comparta.

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Recuerdo el planteamiento inicial: Una persona (a quien, visto el desarrollo de los acontecimientos, negamos la etiqueta de cliente y catalogamos como potencial comprador), entra en una relojería y pretende pagar un reloj (cuyo precio es 300 €) con un billete de 500 €. Después de diversas peripecias se comprueba que el billete era falso y —dado que se le había atendido, se había conseguido cambio en la farmacia próxima y se le había dado la vuelta—, se preguntaba cuánto dinero había perdido el comercio.

"Claramente falso" Foto: dontmindme

Incluyo aquí el enunciado completo:

Un hombre entra en una relojería a comprar un reloj de 300 €. Le paga al dependiente con un billete de 500 €. Como es muy temprano, el dependiente de la relojería no tiene cambio. Coge el billete y va a la farmacia que está al lado para que le cambien el billete de 500 € por billetes de 50 €.

Vuelve y le da el cambio al cliente.

Más tarde, el dueño de la farmacia le dice al de la relojería: "Este billete de 500 € es falso"; el dependiente se disculpa, toma el billete falsificado y le da cinco billetes de 100 €.

Ahora bien, sin tener en cuenta el costo del reloj, ¿cuánto dinero perdió la relojería?
 
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El protocolo de actuación de la relojería no estaba establecido, o el dependiente no lo conocía, o —a pesar de conocerlo— decidió no aplicarlo y aceptó el billete, sin comprobar si se trataba de uno de curso legal.

El dependiente debió dormir mal la noche anterior (o no se había despertado completamente antes de ponerse a desempeñar sus funciones). Muestra una iniciativa que excede la responsabilidad que tiene asumida —más todavía cuando conoce que no tiene cambio para dar una vuelta tan elevada—. No es tarea de un establecimiento comercial (una relojería en este caso), facilitar cambio. El dependiente debería haber indicado al potencial comprador la entidad bancaria más próxima en la que pudieran atenderle —reservando para los bancos las tareas que deberían ser habituales para ellos, en lugar de aquellas a las que se (nos) están acostumbrando—.

En cualquier caso, a pesar del carácter sospechoso del comprador (al personarse a primera hora tratando de realizar un pago utilizando un billete de tan elevado importe), la situación debería haber extremado el (re)celo y la alarma en el proceder del empleado. Una medida de precaución adecuada es avisar a la policía, para que despejen dudas en una situación delicada, apelando a su condición de autoridad. Visto el enunciado del problema, se asume que hay más de un empleado en la tienda (en caso contrario, abandonar el establecimiento para ir a buscar cambio, supone una imprudencia temeraria que aconseja el cese fulminante del dependiente). La presencia de varias personas, permite activar —asegurando la discreción— el procedimiento de alarma que se tenga previsto.

No parece, en ningún caso, aconsejable abandonar el establecimiento con el billete del comprador. Lo recomendable es que permanezca siempre en sus manos, para que no pueda, más tarde, exculparse (y tratar de incriminar a otros), asegurando que se le ha dado el “cambiazo” —como sin duda terminaría calificando el suceso—.

En definitiva, el dependiente debería haber rehusado aceptar un billete de importe tan elevado. Además, se muestra descuidado en su proceder y carece de la habilidad para, siguiendo una actuación precavida, no transmitir al comprador que se está sospechando de su comportamiento “anormal”.

Nadie dijo que trabajar en comercio fuera sencillo.

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El problema, visto ahora, no era sólo matemático. Era, principalmente, un problema de atención al cliente. Cómo actuar en una situación inhabitual o infrecuente. Se supone que las tareas repetidas son más fáciles de resolver, porque se trabaja para interiorizar, por medio de la repetición, los hábitos asociados al comportamiento requerido. Es más complicado resolver situaciones infrecuentas. Cuando se han previsto, debe aplicarse el protocolo de actuación que se haya diseñado al efecto. En caso de situación no prevista, no se ha planificado la respuesta, por lo que se debe improvisar.

Dos comentarios:

1 — Las prisas no son buenas consejeras. No parece que una relojería sea un sitio adecuado para atender a clientes dominados por la urgencia. El dependiente debería haber sido más sosegado a la hora de decidir qué hacer.

2 — Las situaciones se presentan sin avisar. No hay ninguna señal que anticipe qué va a suceder. Los timos, robos al descuido, cambiazos se basan en este simple principio.

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Y llegando a lo matemático. El principal motivo de confusión viene derivado por el valor que se asigna al billete.

Las cosas son así de claras (sin entrar en disquisiciones más profundas que exceden el propósito del presente artículo):

    Un billete de curso legal de 5 € vale 5 €
    Un billete de curso legal de 10 € vale 10 €
    Un billete de curso legal de 50 € vale 50 €
    Un billete de curso legal de 100 € vale 100 €
    Un billete de curso legal de 500 € vale 500 €

    Un billete falso de 5 € vale 0 €
    Un billete falso de 10 € vale 0 €
    Un billete falso de 50 € vale 0 €
    Un billete falso de 100 € vale 0 €
    Un billete falso de 500 € vale 0 €

El relojero y el farmacéutico saldan sus deudas (quedan como estaban). Primero se cambian 0 € por 500 € y, más tarde, al hacer el camino de vuelta, se vuelven a cambiar 500 € por 0 €. Ya puestos, su relación de confianza mutua se verá fortalecida. Son muchos años de vecindad y, primero, el farmacéutico le facilita el cambio (a pesar de que es una faena hacerlo nada más empezar la jornada) y, más tarde, el relojero se disculpa y, rápidamente, acepta el billete falso, sin cuestionarlo. Eso es lo que tiene el comercio local y las relaciones de proximidad.

Así que el problema está, es evidente, en el intercambio que se produce entre el timador (ahora empleamos el calificativo que se merece) y la relojería.

    Timador = 0 €
    Relojería = Reloj más vuelta (200 €)

En el planteamiento inicial, se avisaba de que no se debería tener en cuenta el coste del reloj, por lo que el resultado de la pérdida (en dinero) es de 200 €.

Para quien ponga en duda si se debe tener en cuenta (o no) la valoración económica del reloj, se dirá que sí. Es evidente que el propietario de la relojería podrá pedir una indemnización a su compañía de seguros por el valor del reloj. Lo tendrá complicado, porque la compañía de seguros alegará (con toda razón) que hubo un comportamiento imprudente del dependiente y (una vez más) conseguirá evitar tener que indemnizar a su cliente.

El dueño de la relojería podrá imputar en su contabilidad una pérdida en concepto de mermas. Es un asunto especialmente complejo y no hay garantías de que la Agencia Tributaria (tal y como están las cosas) comparta los argumentos del titular del establecimiento. Supongamos que sí. En todo caso, la imputación de la pérdida se realizará por el coste del objeto (el precio de compra). No se dispone de esa información y, por eso, se pedía que no se tuviera en cuenta. Lo único que se sabía era el PVP del reloj (300 €) que, ni la Agencia Tributaria, ni ninguna compañía de seguros ni, nadie con criterio, puede aceptar como importe de la pérdida del relojero.

La solución matemática: 200 €.

Corresponde a la vuelta de la compra realizada. Por eso no se intenta pasar billetes falsos comprando productos caros. Al margen de otras consideraciones (que más tarde veremos), la principal es que un producto caro acarrea poca vuelta.

No estamos hablando de robo de productos caros; ése es un problema distinto. Hablamos de pasar dinero falso. El propósito de quien actúa así, es conseguir la mayor vuelta posible. Colar un billete de 50 €, comprando un artículo de 45 €, es de idiotas. Lo que quiere, el que trata de colar dinero falso, es:

1 — Rapidez.
2 — Pasar desapercibido.
3 — Enmascararse entre un flujo continuo de operaciones.
4 — Utilizar billetes de uso extendido e importe mediano.
5 — Permanecer el menor tiempo posible en la tienda.

Así, el perfil normal de actuación es emplear un billete de 20 € (los de 50 € son, en determinados sitios, demasiado llamativos) para comprar algo de menos de 2 €, en un sitio en que se produzcan aglomeraciones en momentos puntuales, en los que se trate de despachar con rapidez a los clientes y que no esté lleno de cámaras de vigilancia.

Eso suena a estancos, quioscos, tiendas de chucherías, chinos y, sobre todo, panaderías.

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Pero el problema matemático es el menor de todos los que se plantean. Ya se afirmó que los problemas no vienen con señales luminosas avisando de que algo va a suceder. A mi juicio, esta situación encierra una pregunta que el dueño de la relojería debe resolver (aunque nadie se la haya planteado): ¿qué ha pasado?

¿Fue una falta de previsión? (No había un procedimiento establecido para actuar en caso similar; la consecuencia inmediata es que debe establecerse un plan de acción para situaciones análogas que se puedan producir en el futuro).

¿Fue un incumplimiento? (El dependiente actuó en contra de los criterios que se hubiesen establecido; se debería tomar una medida disciplinaria que acotara las consecuencias futuras del incumplimiento).

Hay quien piensa que los ejercicios que planteo encierran una trampa. Es posible. Quizá piensen que constituyen un sinsentido, una pérdida de tiempo. Es probable. Pero, lo que para algunos es una trampa, para otros conlleva una situación de aprendizaje.

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No sé si la solución gustará a todos. He decidido presentarla hoy, por ser viernes 13. He dado suficientes argumentos (quizás demasiados) que justifican la explicación propuesta, pero, recordando un viejo chiste clásico:

    Si metemos a un político en un barril lleno de ácido sulfúrico, eso es una disolución.
    Si los metemos a todos, eso es una solución.


Y, ni siquiera esta solución, gustará a todos.

lunes, 21 de mayo de 2012

La independencia

Nadie es independiente. Como animales sociales, nos relacionamos con otros y, en nuestras relaciones, influimos en los demás, mientras somos influidos.

Ésas son las condiciones ineludibles.

Hacemos que los demás hagan y ellos hacen que nosotros hagamos.

"Voy" Foto: Ozyman

Nuestra modulación es, interpersonal, en un entorno plural:
Somos porque estamos.


Asumido esto, se debe matizar a qué se refiere la independencia (que no existe como valor absoluto).

Es la capacidad de defender la autonomía y la libertad de criterio, aceptando la disciplina debida.

Es asunto esencial el entendimiento razonado de lo que significa el deber y se comprende, pues, que la disciplina se construye como una cuestión de orden —al ser una necesidad social—.

Independencia es no necesitar preguntar quién dijo qué, para sentirse capaz de mostrarse de acuerdo (o en desacuerdo) con lo que se ha dicho.

Resulta tan infrecuente que, a menudo, se la desprecia porque no se la (re)conoce.

"Estoy" Foto: jmtimages

La independencia es el último reducto de la libertad.


Libremente acepté un ofrecimiento que, generosamente, se me hizo.
Aquí está el resultado.

viernes, 4 de mayo de 2012

To ‘tweet’ or not to ‘tweet’

Necesito ayuda.

Tengo que confesarlo pronto.

Guardármelo dentro no servirá para nada.

Necesito ayuda.


— Hola, me llamo Alberto y no sé usar el twitter.

— Hola, Alberto. Bienvenido.

— Gracias.

— Cuéntanos más.

— Pues, ..., he abierto una cuenta en twitter: @ComunSinSentido y no sé qué hacer con ella. No sé para qué me puede servir.


Y aquí es dónde espero recibir ayuda de quién esté leyendo. Indicaciones de qué puedo hacer en twitter. Todo el mundo lo usa, todos se siguen unos a otros. Yo, hasta ahora, lo único que he hecho es retuitear —creo que se dice así—, los artículos que he ido escribiendo.

¿Eso es todo lo que puedo hacer?

Esperando que lleguen respuestas, trataré de pensar qué podría llegar a hacer y qué consecuencias me podría acarrear.

"Tuit-tuit" Foto: shawncampbell

Por su instantaneidad, temo convertirme en un delator.

Por su brevedad, me preocupa la superficialidad.

La preocupación por la repercusión, puede sacar a la luz mi lado oscuro.

Andar retuiteando, ¿hará parecer que me repito? ¿que me repito?

Andar siguiéndonos unos a otros, ¿no nos llevará a todos al mismo sitio?


Yo sólo quiero tener algo que, más tarde, pueda querer recordar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La ciudad deshumanizada

Una de las cosas más estimulantes de escribir en un blog es que me permite abrir hilos de ideas y pensamientos que desconozco dónde me van a llevar.

Los comentarios de los seguidores —y las conexiones que establezco—, me llevan a lugares que no hubiera podido imaginar en soledad. Me gusta la sensación de verte atrapado en un torbellino que, como sucede con todos, resulta complicado de gobernar.

La incertidumbre provoca reacciones imprevistas y, algunas de ellas, deben atraparse al vuelo, porque son, por su naturaleza y origen, extremadamente efímeras.


Esto me acaba de pasar. A raíz del artículo Yo compro en comercio local, he hablado con muchos amigos, he leído algunos artículos y he podido escuchar muchos comentarios. Una idea se podía entrever como nexo común: las ciudades se están deshumanizando.

"Inhóspito" Foto: Jonathan Kos-Read

Y, al hacerlo, se dota a los objetos de características que nunca les podrán pertenecer. La humanidad es una condición exclusivamente humana.

Lo que parece una obviedad, implica una consecuencia que, muchas veces, pasa desapercibida: los que nos deshumanizamos somos los humanos.


Esa es nuestra principal responsabilidad: dotar de mayor humanidad a nuestro entorno.

(Y no esperar que los edificios, por sí solos, la adquieran).

viernes, 27 de abril de 2012

El tiempo que le dedicas al alcohol

Mi único momento dedicado a la TV: Cifras y letras Saber y ganar, en la 2.

Empiezo a cansarme de todos los espacios, con los que rellenan el tiempo, antes de que el programa empiece con retraso. Ya lo he explicado aquí.

Asumo que, por su hábitat (televisión española, donde no se puede emitir publicidad), no se puede tratar de anuncios. Serán otra cosa, aunque tengan la misma apariencia.


"Alcohol"

Hoy han emitido lo que FAD, en su propia página web, califica como spot, en una campaña de sensibilización que ya hace la número 40. El slogan: “El tiempo que le dedicas al alcohol, se lo quitas a todo lo demás”.

Dado que han entrado en mi casa —y puesto que lo han hecho en un lugar donde debería estar vetado—, voy a detenerme a estudiar los detalles del asunto.


Antes de que nadie se escandalice, dejo un par de avisos:

1 — El fin que se persigue es deseable: reducir el consumo de alcohol, principalmente entre los jóvenes, actuando de forma preventiva; esto es, impidiendo que tal práctica se inicie.

2 — Soy abstemio (a pesar de que en algún momento pueda no parecerlo). Intento no convertirme en un hazmerreír público.

Ello no hace que no pueda observar, con ojo crítico, la forma de proceder y que aporte, de forma constructiva, mi valoración personal.


Voy a organizar mi postura, en torno a dos pilares: la campaña y su carácter invasivo.

1 — La campaña

Consta de tres spots:

I (si tú no estás, tu hija tendrá que columpiarse sola)
II (si tú no estás, tu pareja tendrá que ver la TV sola)
III (si tú no estás, tu amigo tendrá que jugar al baloncesto sólo)

Los anuncios se orientan hacia la idea de ausencia y los perjuicios que se ocasionan en las personas más próximas (hijos, parejas, amigos) que son los que, a larga, sufren personalmente las consecuencias del desarrollo de unos hábitos nocivos.

No sé si ha sido provocado por la irrupción no deseada en mi hogar (los otros los he buscado yo), pero el anuncio que me parece más endeble de los tres es el que tenido el infortunio de ver (a la fuerza) y que ha provocado esta pataleta.

Parece razonable que, de modo preventivo, se planteen alternativas saludables al consumo de alcohol. Las dos más importantes se presentan en los spots I (relaciones familiares, el juego, salir al parque) y III (amigos, socializar, el deporte). Sin embargo, en el II, la pareja del joven que dedica su tiempo a beber, da la espalda a la lectura y, armándose de un bol de palomitas, se enfrasca en ver la TV: tres hábitos que no deberían plantearse como alternativa (sedentarismo, alimentación desordenada, ocio pasivo).


2 — Carácter invasivo

¿Cómo es posible que se emitan anuncios en la TV pública —al margen de la naturaleza de sus intenciones— si se aprobó un cambio que impedía su emisión? Es evidente, para cualquiera que vea los canales de rtve, que la publicidad está siempre presente.


La enmascaran como patrocinio cultural, deportivo o simple autopromoción. Nada de eso le exime de suponer un incumplimiento. Pero, ¿por qué? ¿Qué se esconde tras esas intenciones que suponemos bondadosas? O, siendo más arriesgado al plantear preguntas: ¿quién está detrás?

La FAD. Da miedo saber dónde me voy a meter (y con quién me voy a encontrar). Allá vamos:

En 2011 se cumplieron 25 años de la fundación de esta Fundación (me costó encontrarlo, pero sus siglas significan Fundación de Ayuda contra la Drogadicción). Se adjunta enlace a un pdf descargable con la memoria de los 25 años de la FAD.

Parece que nació por la iniciativa de Manuel Gutiérrez Mellado, General entonces retirado y ex-vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, valeroso en su enfrentamiento con Tejero, el 23-F.

En la actualidad está presidida por José Ángel Sánchez Asiaín y ocupa la vicepresidencia Eduardo Serra. El patronato está formado por un conjunto de notables que da vértigo verlos en una única lista. Pero, puesto que es una información pública, ahí va la lista de patronos.

Juan Abelló (Torreal)
César Alierta (Telefónica)
Emilio Aragón (La Sexta)
Plácido Arango (A título personal)
Antonio Asensio (Grupo Zeta)
Fernando de Asua (A título personal)
Ramón Baeza (Boston Consulting Group)
Antonio Basagoiti (Banesto)
Emilio Botín (Banco Santander)
Antonio Brufau (Repsol YPF)
Javier Calderón (A título personal)
José Ramón Camino (Alcoa)
Miguel Carballeda (ONCE)
Mauricio Casals (La Razón)
José Celma (Metrópolis)
Rafael Cerezo (A título personal)
Arturo Fernández (Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid)
Antonio Fernández-Galiano (Unidad Editorial: El Mundo)
Javier de Godó (Taller de Imprenta: Grupo Godó)
Manuel Gómez de Pablos (Iberdrola)
Alex Grijelmo (Agencia EFE)
Miguel Heras (Asociación Productoras Vine Publicitario)
Antonio Jara (Caja de Ahorro General de Granada)
José Joly (Federico Joly y Cía: Grupo Joly)
Alfredo Lafita (A título personal)
José Manuel Lara (Antena 3)
Catalina Luca de Tena (ABC)
Carlos Martínez-Cabrera (Asociación Española de Agencias de Comunicación Publicitaria)
Braulio Medel (Unicaja)
Antonio Méndez Pozo (Grupo Promecal)
Javier Moll de Miguel (Editorial Prensa Ibérica)
Ignacio de Polanco (Fundación Santillana)
Rodrigo Rato (Caja Madrid)
Santiago Rey (La Voz de Galicia)
Ángel Carlos Ron Güimil (Banco Popular)
Juan Rosell (CEOE)
Manel Rosell (Catalunya Caixa)
Mateo Ruiz-Oriol (A título personal)
José B. Terceiro (Abengoa)
Miguel Vizcaíno (A título personal)
Pilar de Yarza (Heraldo de Aragón)
Enrique de Ybarra (Fundación Vocento)
Santiago de Ybarra (Grupo Vocento)

Presidente (no especificado en la actualización a 16 de diciembre de 2011) (RTVE)
Presidente (Conrado Canal) (Asociación de Editores de Diarios Españoles)
Presidente (no especificado en la actualización a 16 de diciembre de 2011) (Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos, FORTA) (cambia cada 6 meses).

[He utilizado como única fuente de información wikipedia; no por su fiabilidad, sino por no complicarme, en exceso, la existencia]


¿Queda ya claro? Vista la lista, ¿puedes suponer por qué ponen publicidad dónde quieren —a pesar de estar expresamente prohibido— y consiguen que las agencias de publicidad diseñen las campañas de forma gratuita?

¿O necesitas que alguien te lo diga más claro?


Si el título del artículo es “el tiempo que le dedicas al alcohol”, completando el slogan, obtendrás la solución:
se lo quitas a todo lo demás.

Más claro, agua.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...