Me
hace llegar un amigo una canción que, según me cuenta, le ha enviado su hija
Claudia, todavía adolescente, y colige que, quizá, es posible, aún haya
esperanzas para la Humanidad, presuponiendo que el gusto musical es un
indicador fiable para medir nuestras posibilidades de supervivencia, algo que
sabe que comparto.
Es
una de esas canciones que me suenan y que sirven para despertar mi interés en
seguir el hilo, como una moderna Ariadna.
Lo
primero que me llama la atención de Carlton es que es el tío más rápido en
vestirse. Empieza a bailar abrochándose la camisa y, en un plis, ya se ha puesto la chaqueta del smoking (lila) y la tarabica
(negra, tamaño king size, acorde a la
moda del momento). Eso no lo hace cualquiera.
Suena
a Stevie Wonder (que había arrasado
el año precedente con Hotter Than July y baila como Michael Jackson (post-Off the Wall, pre-Thriller).
Y,
visto con la mentalidad ochentera, ha
dispuesto a cuatro jamelgas —que ni
bailan bien, ni son unos pibones,
pero que, elegidas por su signo (astronómico) dejan pasar la oportunidad de
llenar el escenario con otras ocho más que completen la docena—.
Son
Piscis, Géminis (sólo una), Virgo (¡Ja!) y Aries.
¿Estará
en el backstage la señorita Escorpio?
¡Acuario
está en la piscina!
Asumo
que han comprendido que en este contexto no cabe Leo.
El
día de la grabación era jueves y ese día Libra libra.
Y,
no sé, Tauro, Sagitario, Capricornio y Cáncer puede que no estuvieran
sindicadas, ¡a saber!
*****
La
intención de la canción es explícita; la vista de la carátula del disco, donde
Carlton posa en actitud machoman, no
deja lugar a dudas.
Ya
sabemos en qué consiste el Mama Jama.
*****
Yeah,
ooh, oooh
[Sí, oh, ooh]
Look
at her
[Mírala]
She’s
a bad mama jama
[Es una chica mala]
Just
as fine as she can be, hey
[Tanto como puede, eh]
Her
body measurements are perfect in every dimension
[Las medidas de su cuerpo son perfectas desde
cualquier punto de vista]
She’s
got a figure
[Tiene un tipazo]
That’s
sure enough getting attention
[Lo tiene todo para llamar la atención]
She’s
poetry in motion
[Es poesía en movimiento]
A
beautiful sight to see
[Una alegría para los ojos]
I
get so excited viewing her anatomy
[Me excito al ver su cuerpo]
She’s
built, oh, she’s stacked
[Está bien hecha, oh, todo está en su
sitio]
Gota
all the curves that men like
[Tiene todas las curvas que les gustan a
los hombres]
Catorce
años antes, Robert Knight, nacido Robert Henry Peebles, obtuvo mucho éxito con
una canción escrita por los dueños del sello Rising Sons, Buzz Carson y
Mac Gayden, en su intento de sonar a
la Motown, como una imitación de Four Tops o The Temptations, que en esa época eran la punta de lanza del soul vocal.
*****
Los
corazones se extravían, dejando dolor al irse
Me
fui, justo cuando tú me necesitabas tanto
Lleno
de arrepentimiento vuelvo rogándote
Perdona,
olvida, ¿dónde está el amor que una vez conocimos?
Steve Ellis, Maurice Bacon, Rex Brayley, Auguste Eadon, Morgan Fisher, Lynton Guest & Mick
Jackson
*****
En
el Reino Unido tuvo más éxito el combo psicodélico liderado por Steve Ellis,
siguiendo la costumbre inglesa de apropiarse de materiales procedentes de
ultramar, como ya habían hecho Beatles
y Stones (compañeros suyos los segundos en Decca; Jagger y Richards
compusieron su primer single, “She Smiled Sweetly”); una senda que muchos
otros habían explorado antes (no sólo en lo musical) y a los que la Corona les
otorgaría sus más altas distinciones.
Love
Affair llegarían al #1 de las listas británicas con esta canción en la que
cuentan con la implacable línea de bajo de Mick Jackson.
El
verano del amor dejó huellas y cambió
actitudes.
Y,
en una vuelta de tuerca inesperada, en 1974, siete años después de que Robert
Knight cantara por primera vez esta canción y siete antes de que Carlton, acompañado
por una tercera parte del zodiaco, embutidas en coloridos bañadores, se atreviera
a decir, mientras se vestía y se desvestía y no dejaba de bailar, que su chica
era una “mala mama jama”, tras haber
pedido “amor eterno”, no sabemos si a
la misma mama, o a otra jama diferente, lo que demuestra lo
volátil de modas y costumbres y hace que la declaración de mi amigo, el padre
de una adolescente, Claudia, que es bastión de nuestra renacida esperanza, tenga
bastante más sentido del que atesora quien escribe esto y que sea poderosa como
el acero.
*****
Todo
esto —bueno, no exactamente todo— fue
lo que bullía en mi cabeza cuando escuché la canción y leí que su cantante era
Carl Carlton.
Y
digo que no era todo, porque mucho
ha salido de una búsqueda guiada por mi curiosidad y, esto es seguro,
habrá esperanza para la Humanidad si nuestros adolescentes siguen siendo
curiosos y esa necesidad es algo que, como padres, deberemos alentar y
alimentar.
A. J. Croce nació en Bryn Mawr, Pennsylvania un 28
de septiembre. De 1971. Cumple hoy 45 años.
Es
hijo de Jim Croce, cantante folk/rock favorito de esta página y del
público americano, que moriría el 20 de septiembre de 1973 en un accidente de aviación,
el día antes de que se publicara su single“I Got a Name”.
El
tema que compuso cuando su esposa le anunció que estaba embarazada de Adrian James, “Time in a Bottle”,
se incluyó en el LP You Don’t Mess Around with Jim, de 1972, pero no se
había editado como sencillo. El fatal accidente otorgó mayor trascendencia a
una canción que habla del deseo de disponer de más tiempo.
Las
consecuencias de un trágico desenlace son imprevisibles.
Ingrid Croce, viuda de Jim y madre de A. J., había
empezado compartiendo cartel con su marido en un dúo. En 1969 publican Jim
& Ingrid Croce, donde se incluye “Age”, canción que Jimharía en solitario e
incluiría en su disco póstumo, I Got a Name.
He
estado dando vueltas arriba y abajo.
En
tantos lugares que no puedo recordar dónde o cuándo.
Me
he vuelto del revés.
Arriba
y abajo y vuelta a empezar.
Me
encontré a mí mismo.
Cuando
empecé de nuevo.
Ingrid había abandonado su carrera como
artista al quedarse embarazada. Fue el momento en que Jim decidió dedicarse a fondo a la canción, componiendo, interpretando
y viajando para alcanzar el éxito.
*****
Todo
aquello por lo que habían luchado, y conquistado, se desvaneció en un instante.
*****
Ingrid viaja, tratando de encontrar su (nuevo)
lugar, huyendo de sus recuerdos en el hogar familiar. Se muda a San Diego,
California, en la idea de que, volviendo a sus orígenes, encontrará un futuro
para ella y su hijo.
A
los cuatro años A. J. se queda ciego
a consecuencia del abuso físico reiterado del nuevo novio de su madre. Entre
los cuatro y los diez años recuperaría de manera gradual la visión de su ojo
izquierdo; en sus momentos de mayor dificultad aprendió a tocar el piano,
teniendo como inspiración y estímulo la música y los esfuerzos de Ray Charles y Stevie Wonder.
*****
Aunque
la vida sea muchas veces injusta, deja también puertas abiertas a la esperanza.
Lo
que es mágico es que, ante un exceso de información que no necesitan, C II (de 9
años), fuera capaz de afrontar, sin avergonzarse, la conversación con C I (de 14).
Más
tarde me contó una fascinante historia de un zombie bipolar que
dudaba entre hígado y cerebro.
Nunca
dejará de sorprenderme la cantidad de recursos disponibles.
*****
Sigo dándole vueltas a las charlas TED de
Jon Ronson y Monica Lewinsky.
*****
La
compasión necesita de la comprensión.
Sentir
al otro como igual, aceptando sus diferencias.
*****
Un
niño debe desear la lluvia y disponer de tiempo para ponerse a chapotear en los
charcos.
“En
realidad, seguimos vivos en la medida en que somos capaces de proyectar, de
suerte que paradójicamente gozamos del presente porque prevemos un futuro en el
que llegará el objeto de una u otra esperanza. Hasta resulta casi irrelevante
si ese propósito o aquel plan
acariciados al fin se cumplen, pues lo que importa es que desempeñan la función de inyectar vida a cada momento del
transcurso. [...] Tan cierto que ‘mientras hay vida hay esperanza’, sería que
mientras haya esperanza habrá vida”.
Es
sencillo agachar la cabeza —apesadumbrado por las circunstancias personales y agobiado
por el contexto—, y mostrarse abatido. Es una tentación difícil de vencer.
Embarcarse
en la denuncia de situaciones oprobiosas o injustas (o simplemente
escandalosas) no ayuda a nadie a sobrellevar la carga, pese a que buscar lo
ridículo produzca una efímera sonrisa.
Hoy
me han pedido que muestre la cara brillante de esta humanidad que, en los
gestos cotidianos, muestra su verdadera grandeza. Esos que no salen en las
noticias pero que, con su entrega, llenan de vida e ilusión y ejercen una influencia,
en su entorno más cercano, enormemente positiva.
Los
olvidados.
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Son
gatos callejeros.
Mostraron
su rebeldía en los ‘80s, descartando el modernismo imperante y mirando hacia
atrás para, con ayuda de tupés, patillas y zapatos de gamuza azul, recuperar el
clasicismo del rockabilly y la
actitud transgresora de Elvis,
cuando éste era joven, apuesto, delgado y, pese a haberse embutido en un mono
decorado con lentejuelas, su apariencia era decididamente malévola y satánica.
De
su primer disco homónimo, Stray Cats
extrajeron un tema con el que lo petarían. Rock this town.
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Son gatos pandilleros.
La
productora Hanna–Barbera estrenó en
1961 una nueva serie de dibujos animados. Top Cat recordaba la actitud de los
buscavidas: esa gente, echada a la calle, que sólo disponía de su ingenio para
sobrevivir.
En
el primer episodio, ¡Todos
a Hawaii!, emitido el 27 de septiembre, se perfilan las características de
los protagonistas y las tramas.
Básicamente
consiste en una sucesión de peripecias en las que la pandilla tiene oportunidad
de mostrar sus argucias. Están liderados por el descarado Don Gato, al que secundan Benito,
Cucho, Demóstenes, Panza y Espanto. Intentan superar el control del
oficial Matute,que trata de evitar
que descarríen definitivamente y se postula como un anticipo del antológico Patrullero Mancuso.
Don Gato
– Panza – Benito – Demóstenes – Cucho – Espanto – Oficial Matute
El
tipismo del doblaje original, realizado en México, con el que siempre se emitió
en España, realza el aire retro de
una apuesta divertida.
Más
allá de las metáforas, los gatos callejeros (los de verdad) no eligen serlo. No
son rebeldes, ni pandilleros. Han nacido en la calle, porque ahí vivía su
madre, o han sido abandonados porque unos dueños, desaprensivos, han hecho
méritos para que se les deje de considerar humanos.
Son
territoriales y buscan lugares que reconocer como propios. Sobreviven como
pueden. La mayoría de las veces se encuentran desvalidos.
Necesitan
un hogar.
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Muchas
personas tienen gatos en sus casas. Se adaptan a vivir en compañía
perfectamente. Como saben todos los que conviven con alguno, son
condescendientes y permiten que otros (gatos, perros o humanos) compartan con
ellos un espacio del que se consideran propietarios exclusivos.
ADAGA,
Asociación de amigos de los gatos, realiza una increíble labor, ayudando y
dando esperanza a los que han sido abandonados y, muchas veces, maltratados.
A
los que consideran la calle su lugar, y no podrán adaptarse a otro entorno
diferente, los alimentan, cuidan y ayudan a mantener su población en un número
estable.
Los
que no podrían soportar permanecer en la calle, que han sido apartados, vejados
y golpeados, los acogen en un albergue que se sostiene, sin ayuda institucional
ni subvenciones públicas, gracias a las aportaciones de los socios y la
impagable labor de los voluntarios.
Buscan,
en fin, una familia que adopte a los gatos que albergan, intentando aplicar un
criterio que implique un mínimo de garantías para que el animal, “abandonado, maltratado, callejero, que ya
ha tenido su dosis de sufrimiento en la vida, encuentre cuidados, cariño,
protección, seguridad y proyecto de futuro para ese ser indefenso que no pidió
nacer en la maldita calle, o que un dueño sin escrúpulos lo abandonara”.
Es
una historia de entrega maravillosa. Deseo la mejor suerte del mundo a ADAGA.
Pueden establecer contacto con ellos en su página web: