sábado, 31 de enero de 2015

Yes Men al ataque

The Yes Men son dos activistas (Andy Bichlbaum y Mike Bonanno) que emplean el humor como modo de denuncia de situaciones injustas.

Algunos critican su metodología, por considerar que incluye la farsa o la sátira entre sus modos de actuación, pero nadie se ha tomado demasiado en serio el esfuerzo de presentar argumentos que rebatan sus denuncias.

El documental "The Yes Men Fix the World" (2009) presenta cuatro proyectos y sus desarrollos:
  1. Dow Chemical y la tragedia de Bhopal
  2. ExxonMobil y la energía Vivoleum
  3. Halliburton y la estrategia de supervivencia Survivaball
  4. Departamento de Vivienda en las acciones posteriores al Katrina
  5. New York Times, edición especial para un futuro lleno de esperanza




El humor es un arma de destrucción...



...de falsedades y engaños.

jueves, 29 de enero de 2015

Cara o cruz

Tengo una importante decisión que tomar.
Se presentan ante mí dos alternativas.
He analizado las posibilidades.
Hice una lista de “pros” y “contras” de ambas opciones.

Pero sigo sin tener ni idea de qué debo hacer.

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He pensado: ¿qué tal si lo decido lanzando una moneda al aire?
A cara o cruz.
Va.
Venga.

"Espero no perder la moneda"

Cuando se trata de una decisión de índole personal, emplear una moneda implica adoptar una doble dosis de humildad. La primera, procede del gesto anticipatorio de aceptación del resultado, sea el que sea, provocado por el pulgar que queda extendido. La segunda, a la obligación de agacharse a recoger la moneda, en un mudo humillado.

Se desconoce la fiabilidad del procedimiento —que se intuye nula, por su talante azaroso—, pero se reconoce la eficacia de la acción combinada de aceptación y humillación.

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El método “cara o cruz” también se emplea para dirimir diferencias: quién saca y quién elige campo en una contienda deportiva; la asignación de turnos en el uso de un objeto compartido entre hermanos; la elección de la lista de reproducción que sonará en el coche —programada en orden aleatorio, en todo caso—.

En estas ocasiones, el azar es un buen predictor y libera al árbitro, padre o chófer de tener que entregar todo su crédito (la auctoritas romana) en procedimientos rutinarios; permite reservarlo para asuntos de enjundia.

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— Me toca a mí montar primero en la bici.
— No. Me toca a mí.
— A mí.
— Que no. Me toca a mí.
(((Cualquier padre asume que este soniquete se prolongará hasta la próxima glaciación)))

— Me toca a mí.
— No. Tú fuiste primero la última vez.
— Que no. Me acuerdo perfectamente.
— Yo sí que me acuerdo perfectamente.
— Me toca a mí.
— A mí.
— A mí.
(((Los casquetes polares empiezan a notar los efectos del deshielo)))

— ¿Qué tal si lo echáis a suertes?
— Jo. Yo siempre pierdo.
— Vale. Lo echamos a cara o cruz.
— Pido cara.
— No vale. La última vez pediste cara.
— Sí. Y perdí.
— Pues no pidas cara.
— Me da suerte.
— La última vez, no. Perdiste.
— ¿Ves cómo la última vez montaste tú primero?
(((Un amigo holandés me llama para avisarme que en Grecia están con el agua al cuello)))

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Tras este interludio, no necesariamente breve, decidimos usar una moneda.
Que, no es necesario explicarlo, debo aportar yo (y que, el que pierda, pretenderá quedársela, a modo de compensación).

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Busco en el bolsillo y encuentro una moneda de 1 €.


Los europeos son unos tipos precavidos. Asumiendo la posible inconveniencia de que las monedas de todo el continente incluyeran un símbolo religioso —pero incapaces de predecir el alcance del cambio en los límites del territorio interior— decidieron sustituir la tradicional cruz por un mapa, que colocaron en el lado al que llamaron reverso. Determinaron que esa imagen fuera común para todo el sistema monetario, permitiendo que en el otro lado, el anverso, cada Estado eligiera la imagen que considerara más representativa.


En España se optó por la efigie de un rejuvenecido JC.

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Las alternativas por las que debemos optar, a la hora de realizar un sorteo, se han transformado.

Ya no se debe elegir a “cara o cruz”; ahora se trata de “cara o mapa”.

El cambio ha sido cosmético: no es que permitan decidir a quién poner en su lugar (o la necesidad de sustituir el sistema político, o económico, por uno nuevo); ni siquiera se considera un acto verdaderamente subversivo nombrar al titular como “cara”.

La consecuencia más relevante es que, recurriendo al azar, se invoca de forma diferente.

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Nuestros vecinos del norte, acostumbrados a las Revoluciones, huyen de la imagen de una cabeza que les recuerda al cesto que ponían a los pies de la guillotina. Su sangrienta historia, que ensalzan cuando la rememoran, les ha hecho cautos, cuando menos. En su lado, en el anverso del que eligen motivo propio, han colocado un árbol y el lema que les hace ponerse firmes.

"Literal: Liberté, Egalité, Fraternité. Árbol hexagonal. RF"
"Interpretación canónica: Lema nacional. Forma del territorio (continental). República Francesa"
"Interpretación icónicaRousseau, Montesquieu, Voltaire. El árbol del ahorcado guillotinado"

Tras la Revolución Francesa y el derrocamiento de Luis XVI en 1789, el terreno quedó abonado para la llegada de un iluminado corso, con nombre de cognac. Empleó como estrategia de reparto la auspiciada por su apellido.

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Los franceses no aprendieron la lección. Casi 200 años después alentaron una nueva revolución, alimentada con ideales de cambio en un mes de mayo del año 1968 que, si se hace caso de las batallitas narradas por españoles, extraña que no se popularizara el flamenco en las calles de París. Todo el que se opusiera al régimen que imperaba aquí, debía acudir a la ciudad de la luz para pedir, comme il faut, que pararán el mundo para poder apearse.

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Me he ido.

Lo sé.

En 2015, año de cambios (todos lo son), debo decidir algo importante. Emplearé mi moneda francesa de 1 € y elegiré entre mapa y árbol. Si lo hiciera optando entre anverso y reverso nunca sabría cuál es cuál.

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Aquí, en España, en 1987, Radio Futura describió la necesidad de buscar alguna luz.

Pongamos la cosa clara
Busquemos alguna luz
Lo echamos a cara o cruz
O lo hacemos por la cara



Creo que en los pasillos del Congreso han escuchado una copia pirata de “La canción de Juan Perro”.


domingo, 25 de enero de 2015

sábado, 24 de enero de 2015

Un cómodo descenso

Como cualquier día: todo comienza con una ducha.



Supongo que quizá no sea necesario precisar que el descenso fue cómo para mí (como pasivo espectador); no para Candide Thovex (su intrépido protagonista).

También es cierto que él lo disfrutó infinitamente más que yo.

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Visto en Meridianos

viernes, 23 de enero de 2015

Nine to Tim

Tim Minchin es un artista, nacido en Northamptom, Inglaterra.
Nacionalizado australiano.
En sus actuaciones mezcla música y humor de una forma muy particular.
Un favorito personal desde que tuve ocasión de descubrirlo.


El 17 de septiembre de 2013 fue invitado a impartir el discurso de graduación de la Universidad de Western Australia (UWA), en la que él mismo había estudiado.

Es un género que va arraigando; una derivación visual de la literatura de autoayuda, con muchas mayores posibilidades de éxito, gracias a su brevedad y a que, como recuerdo haber leído, en el juego de piedra, papel y tijera del nuevo orden global, un vídeo siempre ganará a un libro, sea del tipo que sea.

Lo cierto es que la oratoria es una disciplina que ha caído en desuso, sustituida por la charlatanería o el aburrimiento: un desequilibrio entre los que no tienen nada (nuevo) que decir, y los que se convierten en verdaderos plomazos.

Así que, un poco de humor, y bastantes gotas de sensatez, se condensan en los 9 mandamientos de Tim:

"Tim planeando sobre UWA" Foto: Ron D´Raine

1 — No necesitas un sueño.
2 — No busques la felicidad.
3 — Recuerda: todo es suerte.
4 — Haz ejercicio.
5 — Sé exigente con tus opiniones.
6 — Sé profesor.
7 — Defínete por lo que amas.
8 — Respeta a los que tienen menos poder que tú.
9 — No te apures.

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jueves, 22 de enero de 2015

Urraca, O.N.G.

Entre las excentricidades que se despliegan con el ajetreo matinal de una familia de siete miembros, que se despereza y se despierta; que trata de ponerse en marcha para afrontar el trajín diario; algunas de esas singularidades, por llamarlas de algún modo, cobran un cariz reiterado que, precisamente por ello, alcanzan el carácter de idiosincrático.

La somnolencia habitual no facilita prestar atención al conjunto de detalles, ocultos tras el velo legañoso, su adaptación mimética y su asimilación por la vía de la costumbre.

Percatarte de que algo lleva tiempo sucediendo —y dotarle de una explicación— resulta gratamente sorprendente. Como si pudieras observarte a ti mismo.

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"Supervisados"
El último miembro en incorporarse a la troupe, es una gata tuerta, recogida en el albergue de ADAGA —gracias a Marichu y María, entre muchos otros, por su extraordinaria labor—, a la que llamamos Xika.

Luce un pelaje blanquinegro que haría que, si fuera una vaca, sería lechera; si fuera una perra, sería dálmata; siendo una gata, debe conformarse con ser del tipo “europeo común”, una forma de no decir nada, diciéndolo todo.

Ha desarrollado un gusto por practicar extraños deportes, de los que nos cuesta identificar su procedencia, disimulados en ese momento del día en que, los demás, nos comportamos como si fuéramos zangolotinos.

Empieza con el curling: hace deslizar los tapones de los envases de leche o zumo —que, distraídamente, tras haberse servido, alguien olvidó volver a colocar en su sitio— hasta dejarlos justo en el borde de la barra, como si fueran las piedras del juego de origen escocés. Cuando nadie mira, aprovecha para dar un ligero toque con su pata derecha, propiciando su caída al abismo.

Una vez en el suelo, el tapón se convierte en disco —con propiedad, un puck— y se abalanza, a lo largo del pasillo, empleando su pata derecha a modo de stick de hockey sobre hielo, esquivando en slalom contrincantes que sólo ella puede ver.

Como colofón de su triathlon personalizado, prueba su temple en las imaginarias troneras en que convierte cualquier recoveco que encuentra, en una interminable partida de snooker. Manifiesta querencia por el hueco que queda debajo del piano, donde se acumulan sus múltiples trofeos.

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El ruido que hace, mientras ejercita su precisión, su velocidad y su puntería —ese fis, ploc, tac, zuk— es imperceptible para unos sentidos (todavía) atontados. Pero el resultado se muestra como un evidente axioma: “todo lo que quede olvidado encima de cualquier mesa, es susceptible de convertirse en ganancia obtenida al descuido”.

Su predilección por la recolección de tapones —y su venida desde un hogar comunal— nos ha hecho pensar que replica las actividades altruistas de los generosos humanos solidarios que la acogieron. Nosotros, su nueva familia, hemos decidido nombrarla presidenta de honor de una ficticia “Urraca, O.N.G.”; su capacidad para rebañar la faculta para esa tarea.

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Como contraste a su ánimo benefactor, que queremos intuir, se opone su enemistad natural hacia los roedores. Ayer mismo, arrebató a Pérez (ratón) el último presente que había madurado en la boca de MC, justo antes de que pudiera envolverlo en un pañuelo y dejarlo bajo su almohada.

Tras una búsqueda en el nido favorito de Xika...


…bajo el piano, hubo suerte y …


…no encontramos una esmeralda, pero, sí, marfil.

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La actitud rapiñera de Xika hace que nos planteemos acortar el nombre a la entidad que preside, transformándolo en uno más idóneo, “Urraca, Organización Gubernamental.

Guardaríamos a buen recaudo ese ausente “NO”.

Debajo del piano.

miércoles, 21 de enero de 2015

Encuentra la(s) diferencia(s)

Oído al azar:

— ¿Y cuándo dices que tengo que llamarle?
— Puedes hacerlo luego, o más tarde.
— ¿Y después?

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A veces, resulta complicado encontrar diferencias.


Especialmente, si la fuente de inspiración es Louise Veronica Ciccone.

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Dime si percibes la evolución:

Enero de 2015. Un desayuno informal.



Casi inmediatamente. La secuela.



Unos años antes, en 1992. La precuela.



Una irrupción estelar, en 1984. La fuente de inspiración.



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¿Con cuál te quedas?
Dímelo más tarde…


…o después.


lunes, 19 de enero de 2015

Zeitgeist: Moving forward | 2011

Dirección: Peter Joseph

Parte I - Naturaleza humana
Parte II - Patología social
Parte III - Proyecto Tierra
Parte IV - Alzamiento



Con la participación de: Robert Sapolsky, Gabor Maté, Richard Wilkinson, James Gilligan, John McMurtry, Michael Ruppert, Max Keiser, Berok Khoshnevis, Adrian Bowyer, Jacques Fresco, Roxanne Meadows, George CarlinColin Campbell y Jeremy Gilbert.

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Antecedentes:

Zeitgeist (2007)
Zeitgeist addendum (2008)

domingo, 18 de enero de 2015

Nuestro amor empezó con un crac




Hasta que comprendimos las consecuencias.

Una campaña de SumOfUs.

Equilibrio

Esta mañana he madrugado.


Todo estaba tranquilo.

He visto un vídeo.



Es Michael Grab, un artista singular. Da forma al equilibrio.

Más detalles en su página web.


sábado, 17 de enero de 2015

Atrapados en el progreso

Al inicio de la lectura del libro de Nicholas Carr, “Atrapados”, tomé una nota en el margen:

Las explicaciones que elaboramos sobre el mundo (y las cosas que en él suceden) son meras abstracciones: construcciones sistemáticas de los hombres; nos ayudan a comprenderlo, pero no lo definen (o delimitan).


Intentando evitar citarme a mí mismo (pese a que asumo que claramente lo está pareciendo), me doy cuenta de que la conclusión a la que conduce el propio libro es que, quizá, esa presunción no sea del todo cierta, sino que, más bien, sucede al contrario:

"El ordenador nunca es una herramienta neutral. Influye, para bien o para mal, en la forma de trabajar y de pensar una persona. Un programa de software sigue una rutina particular, que facilita unas formas de trabajar y complica otras, y el usuario del programa se adapta a la rutina. El carácter y las metas del trabajo, así como los estándares por los que se juzga, son conformados por las prestaciones de la máquina. Siempre que un diseñador o artesano (o cualquier otra persona) se vuelve dependiente de un programa, también asume los preconceptos del fabricante de ese programa. Con el tiempo, termina valorando lo que el software puede hacer y descartando como algo secundario, irrelevante o simplemente inimaginable lo que no puede hacer. Si no se adapta, corre el riesgo de quedar marginado en su profesión [...]. El peligro que se cierne sobre los oficios creativos es que diseñadores y artistas, deslumbrados por la velocidad, precisión y eficiencia sobrehumanas del ordenador, acabarán dando por sentado que la automatización es el mejor camino. Aceptarán los pros y los contras que el software impone, sin evaluarlos. Se apresurarán por el camino del menor esfuerzo, a pesar de que un poco de resistencia, un poco de fricción, podría haber sacado lo mejor de ellos".

*****

El libro de Carr ofrece argumentos sobre las consecuencias de la adopción de la automatización (un proceso diferente de la mecanización):

“Cuando las personas abordan una tarea con la ayuda de ordenadores, son víctimas muchas veces de un par de afecciones cognitivas:
1 – La complacencia automatizada: estamos tan confiados que la máquina trabajará inmaculadamente y solucionará cualquier imprevisto que dejamos nuestra atención a la deriva.
2 – El sesgo por la automatización: damos un peso excesivo a la información que aparece en los monitores. La creemos incluso cuando la información es errónea o engañosa”.

Así, en el primer caso, desconectamos, dejando de atender y, en el segundo, terminamos en una zanja porque el GPS nos dice que sigamos una ruta, cuando es evidente que esa ruta no existe.

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Desconfiar del camino que está tomando la automatización (que ha reemplazado a la mecanización), no es renunciar al progreso. Quizá sea una reivindicación sobre la necesidad de pararse y ponerse a pensar; tratar de recuperar el control de un proceso que avanza de forma alocada, llevándonos a todos por delante, y que requiere volver a poner de nuevo a las personas en el centro del esquema: como protagonistas y, muy especialmente, como destinatarios de los beneficios que el progreso pueda suponer.

"Los diseñadores de la automatización informática asumen con frecuencia que los seres humanos son 'poco fiables e ineficientes', al menos comparados con un ordenador, y tratan de darles un rol tan pequeño como sea posible en la operación de los sistemas. Las personas acaban funcionando como meros vigilantes, observadores pasivos de pantallas. Ésa es una labor en la que los humanos, con nuestras mentes notoriamente errabundas, somos especialmente malos [...]. Nos aburrimos; soñamos despiertos; nuestra concentración se disipa. Esto significa, en palabras de Lisanne Bainbridge, "que es humanamente imposible desempeñar la función básica de vigilar en busca de anormalidades improbables". Y, dado que las habilidades de una persona se deterioran cuando no se usan, incluso un operador de sistemas experimentado acabará actuando en alguna ocasión como uno inexperto si su trabajo principal consiste en mirar en lugar de actuar. A medida que sus instintos y reflejos se oxiden por el desuso, tendrá problemas para detectar y diagnosticar imprevistos, y sus respuestas serán lentas y deliberativas en lugar de rápidas y automáticas. Combinada con la pérdida de percepción ambiental, la degradación de la experiencia aumenta las probabilidades de que, cuando algo se tuerza (como sucederá antes o después), el operador reaccione con ineptitud. Y una vez que eso ocurra, los diseñadores de sistemas trabajarán para poner incluso mayores límites al papel del operador, sacándole aún más de la acción y haciendo más probable que meta la pata en el futuro. La presunción de que el ser humano será el eslabón más débil del sistema se terminará cumpliendo".

Tratar de alentar debates de este tipo quizá arrojen sobre uno descalificaciones variadas: retrógrado, ludita (en recuerdo de aquellos revolucionarios que, a principios del XIX, quemaron máquinas y telares en Inglaterra, en oposición al maquinismo reinante), reaccionario, atrasado y otros.

"Los ideales democráticos y humanitarios de la Ilustración culminaron en las revoluciones de Estados Unidos y Francia, y aquellos ideales también influyeron en la visión de la sociedad sobre la ciencia y la tecnología. Los avances técnicos eran valorados como medios para la reforma política. El progreso se definía en términos sociales, y la tecnología jugaba un papel secundario".

*****

Quizá nos demos cuenta de que las herramientas ‘virtuales’ han dejado de ser virtualmente ‘herramientas’ (no sólo por ser etéreas, incorpóreas, intangibles, NO de hierro ni de ningún otro material), sino porque impiden la interacción humana para la realización de cualquier operación.

“La automatización debilita el vínculo entre la herramienta y el usuario, no porque los sistemas controlados por ordenador sean complejos, sino porque exigen muy poco de nosotros. Esconden su funcionamiento en un código secreto. Resisten cualquier implicación del operador más allá del mínimo indispensable. Desalientan el cultivo de habilidades en su uso. La automatización termina teniendo un efecto anestésico. Ya no sentimos nuestras herramientas como parte de nosotros”.

“Los problemas sociales y económicos causados o exacerbados por la automatización no se van a resolver echándoles más software encima […]. Si los problemas han de ser resueltos, o al menos atenuados, la sociedad tendrá que afrontarlos en toda su complejidad. Puede que tengamos que poner límites a la automatización para asegurar el bienestar de la sociedad en el futuro. Puede que tengamos que cambiar nuestra visión del progreso, poniendo el énfasis en el florecimiento social y personal, en lugar de en el avance tecnológico. Puede incluso que debamos valorar una idea que ha llegado a ser considerada impensable, al menos en círculos impensables: dar prioridad a las personas sobre las máquinas”.

Quizá sea el momento de mirar atrás y recordar a Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

Quizá podamos intuir un futuro distópico, no el reflejado en libros, sino el que aparece en películas infantiles.



Quizá sea el momento de levantarnos, de quitarnos de encima la modorra y la pereza, para tratar de vencer el engañoso ensueño que ofrece la comodidad.

“Uno de los aspectos más extraordinarios sobre nosotros mismos es también uno de los más fáciles de pasar por alto: cada vez que chocamos con lo real profundizamos nuestro entendimiento del mundo y pasamos a formar mayor parte de él. Mientras nos enfrentamos a un reto, puede ser que la motivación provenga de la anticipación de los fines de ese esfuerzo, pero es el trabajo –los medios– lo que nos convierte en quienes somos. La automatización secciona los fines de los medios. Hace más fácil conseguir lo que queremos, pero nos distancia de la labor de conocer”.

Quizá sea necesario recordar que la destreza es un camino hacia la(s) virtud(es).

“El talento del virtuoso surge de la automaticidad. Lo que parece instinto es destreza ganada a pulso […]. Sin un montón de práctica, repetición y ensayo de una habilidad en diferentes circunstancias usted y su cerebro nunca serán realmente hábiles en nada, al menos en nada complicado. Y sin práctica continuada, cualquier talento que posea se oxidará”.

“Dar los pasos necesarios para promover el desarrollo de la destreza –restringir el ámbito de la automatización, dar un papel mayor y más activo a las personas, impulsar el desarrollo de la automaticidad mediante el ensayo y la repetición- conlleva un sacrificio de la velocidad y del rendimiento. El aprendizaje requiere ineficiencia. Las empresas, que persiguen una maximización de la productividad y el beneficio, nunca (o muy pocas veces) aceptarían semejante canje. La principal razón por la que invierten en automatización, después de todo, es reducir costes laborales y coordinar operaciones”.

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Quizá sea el momento de volver a empezar.



Quizá.


jueves, 15 de enero de 2015

De JP 1931 a UB 2007

No se trata de Morgan, de nombre John Pierpont y oficio recaudador (aunque le perdieran los modos).

"Te meto un aval que te avío, pedazo de chusma"
Ni del otro con el que compartía apellido, aficiones y un insaciable apetito.

"Henry, el reclutador"



(((Digo esto por si las iniciales llamaban a confusión))).

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En realidad pensaba en Jardiel Poncela, maestro de la ironía.

"Duda existencial publicada en forma de novela en 1931"

El paso de los años —y el cambio de costumbres— ha hecho que la devaluación del mercado virginal vaya en caída libre.

Uwe Boll dio arranque a su película “Postal” (2007), de forma inolvidable.



Un centenar de ellas ya no significa nada.

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En estos días —cuando olvidamos que se asesinó a unos sarcásticos—, la mejor forma de homenajearlos es con humor.

Creo.

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Gracias a Thor.


miércoles, 14 de enero de 2015

martes, 13 de enero de 2015

Señales (proféticas)

Ella debe viajar a Madrid y me pide que consulte el tiempo.

"Predicciones para hoy"

— Despejado.
— ¡Qué bien!
— Once grados.
— Seguro que mañana hará más frío.
— Coge la bufanda.
— Sí. Eso haré.
— Yo no me fiaría mucho.
— ¿Y eso…?
— Fíjate. Dice que hay un riesgo de precipitaciones del 0%.
— Eso es bueno.
— ¿En Madrid? ¿Qué en Madrid van a estar sin precipitaciones?
— No empieces.
— ¡Si van todos acelerados!
— Para.
— …
— …
— Juas.

****

Bajo al entreno a L. y de camino escuchamos el delirante Les voy a decir una cosa de Carlos Alsina, sobre los pronósticos errados del astrólogo de confianza de Mahinda Rajapaksa, presidente de Sri Lanka que tuvo que ceder el poder a Maithripala Sirisena el pasado 9 de enero, tras perder en las elecciones que había convocado con dos años de antelación, siguiendo los consejos de un asesor que sólo pudo esgrimir en su defensa un decepcionante “Si se equivocaba Nostradamus, no nos vamos a equivocar los demás profetas”.

Juas.

*****

A la vuelta, encadeno una serie de canciones ofrecidas por la versión random del reproductor que llevo en el coche.

No sé por qué, pero tengo la idea de que un mensaje oculto se encierra en ellas.
Como si fuera un signo que sólo pudieran interpretar los augures.

Un mal presagio.

Deberé de ser precavido. Manipularé todo con sumo cuidado.
No quiero que nada se estropee.

Traveling WilburysHandle with care



Ya sé que parece una bobada.
Pero hay ésa sensación el aire.
Como una adivinación.

Bryan FerrySensation



No quiero obsesionarme.
Nada va a pasar.
No dejaré que me venza la asfixia de la lástima.

Stacey KentIsn’t it a pity



Sólo me causaría problemas.
Y un montón de recurrentes manías.

10.000 ManiacsTrouble me




Me haría sentir como un cobarde.
Despertaría un deseo irrefrenable de echar a correr.
Como si fuera un ladrón.

Bonnie RaittRun like a thief



No quiero eso.
Me apetece olvidarme de esas intuiciones absurdas.
Siempre son signos que interpreto mal, de forma precipitada.
No volveré a caer en esa artera trampa.

Al fin y al cabo, es sólo música.
Más que señales se trataría de sones.

Juas.

*****

Llego a casa y tengo que preparar la cena. Un arroz siempre resulta una opción atractiva.
No hay arroz. Debo bajar al súper. Cojo también unas salchichas; darán una nota de color al plato.

Juas.

*****

Por razones que escapan de mi comprensión la placa de inducción se ha bloqueado. En un recoveco de mi memoria recuerdo haber notado un imperceptible “piiii” mientras preparaba el café que me aticé para dormir la siesta; un ruido al que, entonces, ingenuo de mí, no presté la adecuada atención.

Siempre he pensado que las salchichas crudas están infravaloradas en el mundo gourmet.

Juas.


Ensayo y error

Un tópico generalizado y ampliamente difundido:

“aprendemos por medio del ensayo y error”

"Prueba de nuevo" Viñeta: Nendo

En realidad es un esquema erróneo, porque no reproduce con fidelidad su funcionamiento.

No voy a poner en duda la aportación de Edward Thorndike, uno de los precursores de la psicología experimental. Pero la fórmula que resume el principio del aprendizaje (“trial and error”), es inexacta.

Para ser preciso, actuamos —al menos en la forma que nos sirve para aprender— conforme a un esquema distinto:

“ensayo — comprobación” (trial & feedback)

Lo intentamos y recibimos información de si nuestra tentativa ha sido fructífera, o no.
De si hemos alcanzado resultados (los previstos / distintos de los esperados / ninguno).

Porque no siempre erramos. En ocasiones, nuestros ensayos se convierten en aciertos y, para poder aprender, debemos ser capaces de incorporar en nuestro repertorio de conductas la valoración adecuada de la efectividad (o ineficacia) de nuestros anteriores intentos.

*****

Nuestra actuación debe guiarse atendiendo al siguiente programa:

1 - Procedimientos establecidos.
Debemos comprobar si existe un marco normativo que (de)limite nuestra actuación, pudiendo tratarse de normas generales (leyes), singulares (de la organización en que estemos involucrados), o individuales (las particulares de cada uno).

2 - Experiencia previa.
En caso de no existir un procedimiento que pueda ser aplicado, se valorará la existencia de situaciones análogas.

3 - Sentido común.
En una situación imprevista, novedosa, sin analogías previas, a la hora de buscar una forma de actuar debe primarse la utilidad (para el afectado) frente a la comodidad (del que deba actuar).
En todo caso, debe incentivarse la búsqueda de soluciones eficaces, como alternativa a la omisión de respuestas que puedan ser equivocadas.

4 - Reformulación del procedimiento.
Si se ha planteado una situación imprevista, debe incorporarse al procedimiento de actuación estándar.
Si la solución establecida conducía a un error de actuación, debe plantearse un modo de actuación alternativo, que subsane el error producido (y evite que se repita en el futuro).

*****

Avanzamos por un peligroso camino; un mundo en el que los ordenadores van adquiriendo mayor presencia en las decisiones que tomamos.

George Dyson lo formuló en una pregunta esencial, ineludible:

“¿Y si el coste de tener máquinas que piensan es tener gente que no?”

*****

Y, fascinados por la maravilla técnica de una máquina más rápida, más eficiente y menos susceptible que cualquier humano, nos aturdimos acudiendo al latín:

“Errare humanum est”.

Olvidamos que las máquinas también pueden cometer errores, porque son una construcción de los hombres y, es inevitable, contienen las limitaciones de sus fabricantes. Pero dejamos que los intereses de las grandes corporaciones nos ofusquen. Por eso, cada vez que se produce una catástrofe, la búsqueda no cesa hasta que se localiza un “error humano” como causa —detonante, dicen— de la tragedia.

Quizá nos tranquilice y nos permita dormir.

Pero yo mantengo un ojo abierto, y pienso que el hombre yerra porque lo intenta (y que también acierta), y acepto que, sí, que vale, que errar es de hombres.

Pero (h)errar es de herreros. Pregúntales a ellos.
Te dirán: “si hay algo que quieres intentar, pregúntame; nunca te diré que no. ¿Cómo podría?”.



Ahí radica la verdadera esencia de nuestra evolución: en el intento (y, no, en el error).