miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cayetana Álvarez de Toledo (y algunas reflexiones sobre las ideas de libertad, igualdad e individuo)

El pasado lunes, 11 de diciembre, Cayetana Álvarez de Toledo recibía el Premio Sociedad Civil, concedido por Think Tank Civismo, “por su defensa de la libertad” como portavoz y fundadora de la plataforma Libres e Iguales, y entregado por Albert Boadella, según recoge una nota de El Mundo.



En su página personal, Cayetana, desde ayer mismo, ofrecía la posibilidad de leer el discurso de agradecimiento, titulado ¿Queréis ser libres? Sed españoles.


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Es un discurso valiente. Es verdad que ella siempre ha demostrado ser una mujer valiente, quizá demasiado expuesta (por voluntad propia), que transmite una cierta frialdad que no se corresponde con la convicción con la que defiende sus ideas.

Pero (y de este “pero” no nos salvamos ninguno), plantea nobles objetivos, aunque no siempre sea coherente cuando ella misma debe aplicarlos.

La clave de su exposición se encuentra en un comentario de su padre, al que menciona en un tono emotivo: “Hacer individuos antes que buscar mayorías”. Claro que sí. Es la principal lucha a la que el ser humano debe enfrentarse: ideas propias, pensamiento crítico, disidencia, en un lado, o, por el contrario, ideas impuestas, pensamiento único, aquiescencia. No es una lucha nueva, pero los avances sociales de la globalización y el desarrollo tecnológico, la han convertido en asfixiante.

“Nadie apela ya al individuo. Nadie invoca su libertad ni mucho menos su responsabilidad”. No sólo eso: se ningunea al individuo, se cercena su libertad, se le carga de responsabilidad sobre las consecuencias de decisiones ajenas.

“Hacer individuos significa cultivar lo que nos hace únicos y distintos, […] promover el pensamiento crítico […], ejercitar el escepticismo. Traer el método científico a la política y a la vida”. ¡Ay, Cayetana! ¡Con lo bien que ibas! La ciencia sirve para lo que sirve. Y el método científico es garantía de replicabilidad, lo que significa, explicado sucintamente, que al hacer lo mismo, de manera idéntica, siempre sucede lo mismo. Y ni la vida, ni la política, ni nada que merezca ser valorado (al tener valor para los otros), o que pueda ser examinado con juicio crítico, deberá ser NUNCA sometido al método científico. Quizá la corrección política haya postergado al pensamiento a una categoría menor, superada por el racionalismo y la emotividad.

“No puede haber política cuando la verdad […] queda proscrita del debate. Cuando se prohíbe afirmar […] que el Islam no es una religión de paz”. Y más adelante: “Todas las presuntas identidades, étnicas o técnicas, son de una manera u otra artificiales. Y nos segregan y nos enfrentan. La raza, el sexo, la lengua, la religión… Nada de esto determina la identidad de un individuo, que varía según la personalidad, la experiencia, las circunstancias y hasta el humor”. Es evidente. Pero es también evidente la contradicción de afirmar lo segundo habiendo sostenido, antes, que el Islam no es una religión de paz. ¿O es que el término individuo excluye a todos esos "moritos" fanáticos, adoctrinados y de humor amargo? De todos ellos queda excluida, de manera excepcional, Ayaan Hirsi Ali, a la que califica como valerosa.

“Fuimos profundamente anticatalanes […]. Aceptamos el nacionalismo […]. Reivindicamos la diversidad de España, pero jamás la de Cataluña”. Y nos conformamos con la versión más mediocre de la democracia, la que se empeña en explicar que es el menos malo de los sistemas políticos, reducida en la práctica al respeto a las mayorías, pero que es fuerte y poderosa y necesaria y deseable y el propósito social más noble cuando se afianza al convertirse en defensa de las minorías.

“El próximo 21 de diciembre hay elecciones en Cataluña […]. Deben servir para el fortalecimiento de España y de su democracia […]. Para colocar al nacionalismo en el lugar que corresponde a una ideología primaria: en el rincón de pensar”. En este punto, Cayetana, das verdadero miedo. Te crees poseedora de la verdad. Y desprecias al que no comparte tus ideas, al que destierras a un rincón, como otros hicieron antes apartando al disidente. Lo que resulta demoledor en tu caso es que le castigas “a pensar”, asumiendo que, los que se salvarán del castigo que tú impones, estarán eximidos de pensamiento.

Una sutil y perniciosa nueva forma de ejercer el totalitarismo: castigar a pensar.

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Es un discurso que, en lo fundamental, me ha resultado convincente. Tanto, que me he animado a firmar el manifiesto de Libres e Iguales, porque tengo el convencimiento de lo necesario que resulta actuar ante el atropello que se viene cometiendo en Cataluña (y, por qué no decirlo, en toda España).

En todo caso, que suscriba el manifiesto y que coincida con gran parte del discurso, no implica que crea que debo exteriorizar algunas reflexiones suscitadas por el mismo, como una forma de aportar argumentos a un debate; de, si se me permite la licencia, tratar de enriquecerlo.

Gracias.

6 comentarios:

  1. Es muy probable que el curso que viene vayamos a vivir a Zaragoza. Llevo veinte años dando clase en Lleida.

    un abrazo

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    1. Imagino por lo que debes estar pasando.
      Tienes mi oferta para lo que esté en mi mano.

      Un abrazo.

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  2. Me gusta mucho tu artículo, las matizaciones y el respeto con que haces las críticas

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    1. Sabes que, aunque no siempre lo consigo, intento ser respetuoso.
      Gracias.

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  3. Estupenda reflexión, me lo pensaré ... voluntariamente.

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    1. Lo mejor que puede hacer uno es aquello que hace por voluntad propia.

      Gracias.

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