miércoles, 27 de septiembre de 2017

Deberes vs. Actividades Extraescolares

En el recurrente debate sobre si los niños deben llevar tareas para casa, o si el tiempo que dedican en el centro escolar es suficiente, resulta difícil aportar argumentos convincentes, porque tiene uno –yo– la sensación de que las posturas están trabadas y, más o menos, todo el mundo (afectado, o no) tiene una convicción al respecto; se podría decir que inamovible.


Ilustración: Gemma Cantador


Así que el único recurso que me queda es plantear argumentos novedosos (o no trillados en exceso), porque las posturas estáticas suelen fundamentarse en conceptos establecidos a priori, como si fueran prejuicios.

No por obvio debe obviarse señalar que no existen respuestas universales: no es lo mismo hablar de un estudiante de primaria, de uno de secundaria, o de uno de bachillerato. Se acepta como axioma que los universitarios han alcanzado un grado de madurez en el que no precisan deberes: han desarrollado –o deberían haberlo hecho– una autonomía que los convierte en superfluos (a los deberes, no a los estudiantes).

Y, por descontado, existen posturas que pueden venir determinadas por el status de la persona de referencia: resulta más sencillo encontrar profesores que defiendan la importancia de los deberes, que alumnos que lo hagan. Los padres –colectivo plural y carente de ninguna característica común– vierten opiniones variadas; muy a menudo, enfrentados; en ocasiones, con verdadero encono.

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Visto el panorama –un vistazo muy superficial, lo admito– quiero mostrar algún enfoque (o argumento) que pueda resultar enriquecedor, por inusual.
No pretendo encontrar recetas (aunque me guste realizar formulaciones).

—La única forma de consolidar hábitos es mediante la repetición de determinadas conductas, que son interiorizadas por quien las pone en práctica. Y surge aquí una primera duda: si se desea que los universitarios sean autónomos en la programación de sus horas de estudio, ¿cómo hacerlo sin que hayan ido adquiriendo, de manera progresiva, su autonomía en la etapa de escolarización obligatoria?

—Pero, ¿cómo forzar a alguien, tan tozudo y carente de perspectiva como un niño, de que realice algo si sólo se apoya en que está obligado a hacerlo? Y, más aún, ¿cómo justifican los profesores que deban forzar a los padres a imponer a los niños para que cumplan con sus actividades programadas, tutelando y vigilando que así suceda, si ellos mismos son incapaces de realizarlo en el aula?

—Extender la jornada lectiva llevando tarea para casa –y convertirlo en práctica habitual e inexcusable– es un problema grave en España, donde resulta tan complicado establecer límites en la jornada laboral, para conciliar ésta con la vida familiar y el desarrollo personal. Estos polvos (los deberes cotidianos, desde la infancia), ¿no pueden ser los causantes de estos lodos (interminables jornadas de trabajo, anulación de la convivencia familiar, postergación del ocio al fin de semana, ...)?

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Los profesores que defienden la necesidad de los deberes, acorralados, recurren a recolocar el problema; la vieja estrategia del “y tú, más”.
Quizá el problema, según ellos, sea la falta de programación de los niños, la inadecuada (o inexistente) supervisión paterna y, en fin, el exceso de actividades extraescolares que llenan la agenda de niños y les hace parecer ejecutivos (aquí se sienten obligados a mostrar una relación caricaturesca, en un menú en el que no faltan tres platos estrellas: inglés, judo, piano).

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Tal es el estado de la cuestión; el punto en el que me quiero centrar.

Las actividades extraescolares son de dos tipos:

1 – Las que completan el ámbito académico.
2 – Las que lo complementan.

Entre las primeras están los idiomas, el refuerzo de asignaturas (matemáticas es la más demandada), o, cuando se produce, la asistencia a clases de técnicas de estudio. Los padres pueden decidir enviar a sus hijos a realizar estas actividades porque muestran carencias en ciertos ámbitos, aunque también pueden hacerlo por la inexistencia de un nivel suficiente (para los objetivos de su hijo) en los contenidos que son impartidos en su centro escolar. Algunos alumnos suspenden; hay profesores que no aprueban. Es una verdad estadística.

Las segundas deberían denominarse extracurriculares (pueden realizarse en el centro escolar y, de manera determinante, no atienden al ámbito académico de referencia de la formación académica: su currículum).

Tienen objetivos que no deberían ser relegados en la planificación de la educación de los adultos del futuro. Son un aderezo adecuado para la necesaria adquisición de conocimientos. Orientan hacia el desarrollo de personas más completas, con mayor grado de identidad personal y con facilidad para la integración en grupos. La multiplicidad de enfoques e intereses dota de mayor interés a los niños y jóvenes; posibilita su polivalencia y su riqueza como ciudadanos. Les ayuda a ser responsables, a convertirse en valiosos, a ser capaces de apreciar la importancia del esfuerzo.

Realizar una actividad deportiva es recomendable. Los jóvenes que se esfuerzan en mejorar su desempeño ven como ese tiempo es despreciado por su profesor de educación física que, por lo común, no suele dar valor a que el niño esté federado, que entrene y compita durante toda la semana. En general, la práctica de deporte es ninguneada (salvo que se trate de deportistas del máximo nivel; no es preciso dar nombres).

El ámbito artístico o creativo también se desprecia: recibir clases de un instrumento musical se percibe como una conducta snob. No quiero decir nada si insinúas que alguno de tus hijos va a un grupo de teatro, o a un taller de escritura creativa, o a clases de pintura, o ballet (clásico o moderno), o cerámica, o habilidades sociales, o punto de cruz, o cocina casera. Si el rol niño/niña se cambia (y un chico quiere hacer ballet o a una niña le gusta la carpintería), el grado de asombro se multiplica. En las reuniones de curso puedes notar cómo padres y madres se intercambian codazos y comentarios mientras se afanan en un vano intento de disimular para que no caigas en la cuenta (y que te importe).

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Concluyendo: debería potenciarse que los niños realicen actividades extracurriculares (para completar su formación reglada): dispondríamos de adultos más completos y valiosos para la sociedad que queremos construir. Es un lento y duro trabajo. Requiere actuar con perspectiva, a largo plazo. Pero, si funciona, habrán aprendido desde pequeños a ser activos.

Rechazarlas y considerar que quitan tiempo para la realización de deberes del cole es una postura atrasada y evitable.
Intuyo que se apoya en una idea generalizada en que todo lo que hacen los niños debe orientarse hacia los estudios, como una forma perniciosa de garantizar su empleabilidad.

Yo no quiero plantear para mis hijos un futuro así.

10 comentarios:

  1. Lo volveré a leer, quiero leerlo mejor. Es interesante mirar todo el artículo desde la perspectiva de un estudiante de música de ... nueve años, por ejemplo, de piano.

    Desde hace unos años está presente en algunos adultos que acuden a clases de música la idea de que tocar un instrumento es algo muy parecido a hacer deporte. Yo ya no digo nada.

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    1. ¿Ya lo has (re)leído, JL?
      Estoy muy interesado en conocer tu opinión. Además de padre y profesor eres una persona moderada y cabal, características que no abundan.

      Gracias.

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  2. De entrada no soy partidaria de los deberes para casa, y menos aún en primaria, pero, claro, siempre hay matices. Sería lo ideal salir del cole y "ser libre" siempre y cuando se fuera responsable, en clase se hubiera atendido, los profesores se explicaran a la perfección y además, los padres aportaran (que en mi opinión son los que más deben hacer) esa educación que te lleva a tener inquietudes y querer aprender. De acuerdo con las extraescolares siempre y cuando no se utilicen como segunda guardería para tener a los niños ocupados hasta la hora de cenar (que es lo que sucede es muchos tristes casos) Tenemos la suerte de poder ofrecer a nuestros hijos un amplísimo abanico de ofertas para que encuentren su camino, desde cualquier deporte hasta cualquier arte, pero que les motive, les guste, les aporte y sobre todo, les haga felices.
    Desgraciadamente, y ahí está el quid de la cuestión que debemos subsanar, la mayoría estudia para aprobar, y no para aprender y encuentro que sería más fácil y satisfactorio para todos, que cada día se diera un breve repaso de las materias dadas, para disfrutar de esas actividades que realmente apasionan, para aprobar los exámenes adquiriendo conocimientos y para que crezcan asumiendo su responsabilidad y compromiso.

    PD: Qué linda viñeta! ;) Gracias.

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    1. El lunes hubo reunión de grupo con el tutor de MC. Me reservo hacer comentarios (en público) de lo que pasó entonces.

      Pero es un ejemplo de que habiendo padres buenos, malos y mediocres (para el desarrollo de sus hijos), hay también profesores buenos, malos y nefastos.

      Gracias.

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    2. PD - Las viñetas mejoran siempre mis textos. Seguro.

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  3. Mira, muy interesante y aunque no hable exactamente de deberes, sí de educación:

    http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170927/431585433286/es-mucho-mas-importante-amarse-que-entenderse.html

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  4. El único deber obligatorio, sea la etapa que sea,es la lectura. Fomentar la lectura y el hábito de ésta desde que no saben leer es el deber a implantar. Deber para los padres al principio y para los niños a partir de los 6/7 años y aun así siempre dejando algún día para q sean los padres quienes lean a sus hijos.
    Acaso deben los niños tener unas jornadas laborales como aquellas de las que se quejan constantemente los adultos? Los adultos aun asi reciben un salario... y los niños? Si, el saber es el mejor regalo, que se lo digan a un niño de 4 añitos que sale de su casa a las 8:30 de la mañana, sale de su centro escolar a las 16:30, merienda rapidito Juan que entras a inglés de 17 a 18 y llega a casa a las 18:30 si tiene suerte y no tiene que parar a hacer recados... total? Echen cuentas de las horas que lleva un niño de 4 años sin parar... eso si, luego hay que proteger a los menores, y asi todos los días y todo si Juan tiene suerte y no tiene que ir a "mañaneros" porque sus padres no tienen mas opción que dejarle a las 8 por lo que, este niño, sale de casa a las 7:30.

    A favor de los deportes, claro pero también con sentido común...

    Me direis que solo me centro en la ed.infantil y os diré... si en ed.infantil ya stamos con inglés, judo y futbol, qué será d ellos en primaria?



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    1. Nadie dijo que el camino de ser padre era fácil.
      Pero hoy, con escasez de niños y abundancia de obligaciones, los profesores deberían afrontar su responsabilidad como un reto más trascendente de cumplir con un horario y unas tareas. Sé que hay profesores excelentes, pero el problema es que su influencia es TAN decisiva, sobre TANTOS niños, que cualquiera de los que abundan y no saben ejercer su tarea, se convierten en "tóxicos".

      Aunque este artículo no iba sobre ello, sino sobre la importancia de entender que los niños deben formarse en más asuntos que los meramente académicos (de los que ya se ocupa a fondo la escuela), y que, siendo relegados por ella, deben realizarse en otro momento y lugar.

      Un beso, Iciar. Deseo que todo siga bien con tu linda familia.

      Gracias.

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  5. Me sobrevaloras, pero bueno, agradezco tu opinión sobre mí. No me parece mal que lleven deberes para casa, no muchos, con el objetivo de que se acostumbren a trabajar, a largo plazo, por sí mismos.

    Con las extraescolares me sucede algo parecido, me parece bien que hagan algo de deporte y algo de otro tipo, pocas cosas, pero no todos los niños son iguales ni a todos les gusta. Creo que es labor de los padres estar encima de ellos durante años, con el objetivo, ya lo he dicho, de que aprendan a trabajar solos. Pero todo esto es a medio y largo plazo, o sea, quizás pueden comenzar a trabajar prácticamente solos en tercero de ESO. Los que hacen música, doy fe de eso, comienzan a trabajar solos prácticamente desde el principio. Si los padre quieren, ya que algunos están siempre encima.

    En fin, nada es blanco ni negro. Hay niños a los que no les gusta ni el deporte ni ninguna otra cosa, que lo que quieren es estar en el sofá. Entonces es más difícil, porque hay que chantajear (bueno, a menudo hay que chantajear), y negociar unos mínimos. No es fácil.

    Un abrazo

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