El recorrido del taller de escritura creativa, Los Patricios, sigue su recorrido por los Estados USA. El pasado lunes hicimos una parada en Maine.
El Estado más grande y más al norte de Nueva
Inglaterra. Frontera con New Brunswick y Québec (Canadá). Anexionado por Massachusetts,
que lo transformó en el campo de batalla de la guerra contra los franceses.
Plagado de bosques. Su capital es Augusta (por la hija de Henry Dearborn,
general en la guerra de la Independencia). Es la tercera menos poblada, tras Montpelier
(VT) y Pierre (SD). Otras ciudades relevantes: Portland, Lewiston, Bangor,
Auburn, South Portland, Bar Harbor.
En 1820 se separa de Massachusetts.
La ciudad más poblada es Portland, al
sur, con un encantador paseo marítimo, descrita por el poeta local Henry Wadsworth Longfellow como “una joya junto al mar”.
En The Kennebrunks, playas de arena
blanca y grandes mansiones (Bush
padre).
La costa de Maine es un espectáculo, con sus 61
faros todavía en funcionamiento.
El monte Katahdin (1.608 m.) es el extremo
norte de la Senda de los Apalaches,
un camino de 3.500 km. que tiene el extremo sur en el Monte Springer (Georgia)
y atraviesa catorce estados (GA, NC, TN, VA, WV, MD, PA, NJ, NY, CT, MA, VT,
NH, ME).
El Acadia
National Park se estableció en terrenos donados por John Rockefeller. Es posible acceder a él y visitarlo desde Bar
Harbor, otra deliciosa población costera.
Libros
Sarah
Orne Jewett: La tierra de los abetos
puntiagudos (1896)
Sloan
Wilson: A Summer Place (1958). Hay película
Stephen
King: Carrie (1974). Hay películas
Don
DeLillo: Jugadores (1977)
Stephen
King: Rita Hayworth y la redención de Shawshank (1982).
Hay película
Carolyn
Chute: Los Bean de Egypt, Maine (1985). Hay película
John
Irving: Las normas de la casa de la sidra (1985). Hay
película
Laurel
Thatcher Ulrich: El diario de una partera (1990) Pulitzer
1991
Richard
Russo: Empire Falls (2001) Pulitzer 2002. Hay serie de TV
David
Foster Wallace: Hablemos de langostas (2006)
Elizabeth
Strout: Olive Kitteridge (2008) Pulitzer 2009. Hay serie de
TV
Elizabeth
Strout: Luz de febrero (2019)
Amanda
Peters: Los Recolectores de Bayas (2024)
Series TV
Se
ha escrito un crimen: (1984-1996). Con
Angela Lansbury (Jessica Fletcher) en Cabot Cove
Empire
Falls: (2005). Con Ed Harris, Philip Seymour Hoffman, Helen
Hunt y Paul Newman
Olive
Kitteridge: (2014). Con Frances McDormand y Richard Jenkins
Películas
Cómo
casarse con un millonario — (1953). Con Marilyn
Monroe, Lauren Bacall y Betty Grable.
Hijos
de un dios menor — (Randa Haines, 1986). Con William
Hurt y Marlee Matlin.
Cadena
perpetua — (Frank Darabont, 1994). Con Tim Robbins y Morgan
Freeman.
Las
normas de la casa de la sidra — (Lasse Hallström, 1999).
Con Tobey McGuire, Charlize Theron, Delroy Lindo, Paul Rudd y Michael Caine.
Érase una vez, hace muchos años, pero muchos, muchos, muchos años; tantos, que ningún necio había expresado reservas porque un príncipe (azul, o del color que fuera) rescatase a una joven de un letargo inducido por la envidia de quien, habiendo sido hermosa, empezaba a envejecer y notaba achaques y arrugas y pliegues y acúmulos y manchas (y tantas cosas) que avinagraban su carácter hasta llegar el punto en que el espejo (que debemos recordar que es un mero reflejo), no podía mentir y, cierto día tuvo que reconocer, a su pesar, que la que tenía enfrente ya no era la más hermosa del reino. La aceptación de la verdad, que carece de grados, presentada de forma tan abrupta, revuelve el interior de quien la recibe y, en nuestro caso, la reina (se trataba de una) no estaba educada para quedarse parada y dejar que las cosas pasaran, así que, taimada ella, se dispuso a tramar (en lo que ya se había mostrado como consumada maestra) y decidió convocar a los tres sabios más afamados del reino. Fue sencillo: una simple pregunta a su querido espejo (que se sorprendió de que no versara sobre ella) y tuvo una lista en un plis. Eran Saduceo, un químico de 60 años, Plinio, un pastor de 87, y Arsenio, un coach de 32.
La propuesta de Saduceo: envenenar un huso y cuando la muchacha se pinchara en la rueca fue abandonada porque la muchacha no dejaba el TikTok ni queriendo; el plan B de que la reina se disfrazara de una bruja casi le costó la vida porque al percatarse de que el sabio de pacotilla pretendía que ella, motu proprio, se disfrazara para parecer más vieja y más fea (una bruja) era muestra palpable de que puede que hubiera sido sabio, pero ya se le había ido la chola. La lista corrió y se presentó el siguiente candidato: un pastor. Hemos de suponer que, puede que sea posible que el aislamiento hubiera mermado sus capacidades auditivas, o que su merma se debiera a su pertinaz manía de escuchar Carrusel Deportivo y El Chiringuito de Jugones, a todas horas, a todo volumen, con unos auriculares de resina que entraban en sus oídos y, haciendo ventosa le permitían seguir el vocerío atronador de la pléyade de invitados al programa de Pedrerol. O quizá le había alcanzado la insania que, no invalidando su sabiduría (el espejo real lo hubiera detectado), había mermado su presencia y su cognición y, es también factible, que no lograra comprender la verdadera naturaleza de la petición de su reina, o se liara, o el horror vacui le hiciera hablar sin sentido pero, todos los presentes (espejo y reina) se ruborizaron al escuchar que el pastor proponía a su sobrino de trece años para que matara un cordero, extrajera su corazón, todavía palpitante, para traerlo corriendo ante el espejo y mostrar el fatal destino de la moza. La reina despidió al pastor (pero tomó nota de la estratagema para ulteriores situaciones).
Así que el último recurso, el que debía solucionar el marrón, era Arsenio. Como muchos habían hecho antes y seguirán haciendo después, haciendo de la necesidad virtud (de la que la reina estaba tan escasa) hizo que sus principios se relajaran y regalara a Arsenio una ventaja adicional: le excusó de plantear sus propuestas. Si de la única herramienta de la que dispones es un martillo, es sabido que todo empieza a tomar forma de clavos. Y aunque el que más destaca, el que estorba, el que molesta, del que te quieres deshacer, esté ardiendo, la solución de agarrarte a él brota con tantas posibilidades como la de empezar a arrearle con el martillo. En fin: a la reina empezó a entrarle jaqueca, el espejo se hacía pasar por muerto, Arsenio se miraba los dedos de los pies, visibles cuando calzaba sus sandalias nazareno. La reina decidió retirarse a sus aposentos, como era su costumbre en situaciones comprometidas, pero percatándose de que ya estaba en ellos, decidió preguntar al tercero de los sabios:
— ¿Tienes claro lo que debes hacer?
— Sí –aplicando una estrategia que le enseñó un napolitano en un cruce de caminos: contestar “Sí” y “No” alternativamente y, si fuera necesario, contestar con un número las que hicieran múltiplo de 7.
— ¿Necesitas que se te facilite algo?
— No.
— ¿Puedes empezar ahora?
— Sí.
— Pues marcha y no vuelvas hasta que no hayas terminado con éxito la tarea que se te encomienda.
— No lo haré.
En los bosques de Maine todos conocían el paradero de la princesa. Arsenio estaba con ella al día siguiente. Le preguntó y ella le contó que, pese a que era capaz de quedarse dormida en cualquier momento del día, para pernoctar debía ingerir pastillas y, aun así, tampoco eran del todo efectivas. Le mandó sentarse y dijo:
Ponte cómoda. Cierra los ojos. Céntrate en tu respiración. Vas a fijarte en cómo inhalas el aire por la nariz, despacio, notas como se te hincha el diafragma o la barriga, vas a retener el aire un poco y ahora lo expulsas por la boca, tratando de que la mayor cantidad de aire salga, pero vamos despacio. Ahora nos iremos fijando en distintas partes del cuerpo, que notamos como parte nuestra, nos transmiten sus sensaciones. Empezamos por el pie izquierdo. Movemos los dedos. Hacemos puntera y talón y seguimos respirando. Despacio.
Y, tras quedarse dormido, vienen los sueños. Adjunto una lista de Spotify con 12 canciones de Aretha Franklin, Cass McCombs, The Everly Brothers, J.S. Ondara, Mama Cass, Otis Redding, Patsy Cline, Roy Orbison, Stevie Wonder, Suzanne Vega, Teddy Swims y Tom Petty.


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