Dos
ciudades muy diferentes se enfrentan hoy en City WARS®: una de ellas, Milwaukee, enclavada en el
norte industrial, en la región de los Grandes Lagos, que tuvo un espectacular
crecimiento a principios del siglo pasado pero que vive un cierto declive que
hace que la cerveza y las Harley sean un motor para buscar evadirse. La otra es
Honolulu, uno de los destinos paradisiacos con una de las playas (Waikiki) más
famosa del mundo y un clima tropical que la convierten en un lugar anhelado, en
medio del Pacífico, alejada (para los turistas) de los problemas cotidianos.
Realizo
mi paseo matinal, cotidiano, acompañando a mi perra y pensando en mis cosas;
saludo a los conocidos que me encuentro; con algunos me paro a charlar e
intercambiar preguntas sobre el verano; veo a gente con prisa, a gente ociosa,
a gente abandonada o sola.
Creo
que deberíamos hacer más por los que están más próximos, pero mi radio de
acción es limitado.
Se
me acerca un joven, portando una carpeta con una fotografía de un campo de
refugiados que, a pesar de ir protegida en una funda de plástico, está hecha un
asco. El chaval rebosa entusiasmo —en la primera de las lecciones que le
enseñaron en la asociación a la que dedica sus empeños, de forma voluntaria
(léase altruista, entiéndase sin cobrar)— y luce una melena llena de tirabuzones
que, sin saber muy bien por qué, me trae al recuerdo a Israel ‘IZ’ Kamakawiwo’ole, músico hawaiano que tocaba el ukelele,
con problemas de sobrepeso, que se dio en convertir en epítome del buenrollismo
y de que otro mundo es posible, con un par de versiones presentadas en forma de
medley.
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Era
su propósito iniciar una conversación que, ambos
sabíamos esto, pretendía involucrarme en su proyecto, mediante una
aportación económica.
No
es que tenga nada en contra de sus intenciones, pero su invasiva manera de
actuar, provocó mi rechazo.
— Soy de la
asociación XXX. Me llamo YYY [y se empeñó en que nos diéramos la mano]. ¿Nos conoces?
¿Sabes lo que hacemos?[segunda pregunta, nuevamente errónea]
— ¿Perdón?
— Trabajamos con refugiados de guerra, que están en campamentos, expulsados de
sus países. Hacemos una labor solidaria, ... ¿eres solidario, te involucras en
proyectos solidarios de ayuda a los más necesitados? [tercera pregunta, reiteración en el
error]
— ¿Perdón?Mire, no me parece que abordar a gente por la calle, para someterles a
interrogatorios, sea una buena estrategia.
— ¿No? ¿Podrías decirme alguna diferente, para hacerlo mejor?[bonus track, sensación de que me estaba vacilando].
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Respondo
ahora, con calma:
Cambiar
de referente musical y entender que hay formas que, aunque apoyadas en un
dicharacherismo cargado de buenas intenciones, pueden ser tomadas como
agresivas y contraproducentes.
Quedarse
con Eva Cassidy y una forma
tranquila de abordar a desconocidos (si pretendes que colaboren con tu generoso
esfuerzo).