martes, 13 de enero de 2015

Ensayo y error

Un tópico generalizado y ampliamente difundido:

“aprendemos por medio del ensayo y error”

"Prueba de nuevo" Viñeta: Nendo

En realidad es un esquema erróneo, porque no reproduce con fidelidad su funcionamiento.

No voy a poner en duda la aportación de Edward Thorndike, uno de los precursores de la psicología experimental. Pero la fórmula que resume el principio del aprendizaje (“trial and error”), es inexacta.

Para ser preciso, actuamos —al menos en la forma que nos sirve para aprender— conforme a un esquema distinto:

“ensayo — comprobación” (trial & feedback)

Lo intentamos y recibimos información de si nuestra tentativa ha sido fructífera, o no.
De si hemos alcanzado resultados (los previstos / distintos de los esperados / ninguno).

Porque no siempre erramos. En ocasiones, nuestros ensayos se convierten en aciertos y, para poder aprender, debemos ser capaces de incorporar en nuestro repertorio de conductas la valoración adecuada de la efectividad (o ineficacia) de nuestros anteriores intentos.

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Nuestra actuación debe guiarse atendiendo al siguiente programa:

1 - Procedimientos establecidos.
Debemos comprobar si existe un marco normativo que (de)limite nuestra actuación, pudiendo tratarse de normas generales (leyes), singulares (de la organización en que estemos involucrados), o individuales (las particulares de cada uno).

2 - Experiencia previa.
En caso de no existir un procedimiento que pueda ser aplicado, se valorará la existencia de situaciones análogas.

3 - Sentido común.
En una situación imprevista, novedosa, sin analogías previas, a la hora de buscar una forma de actuar debe primarse la utilidad (para el afectado) frente a la comodidad (del que deba actuar).
En todo caso, debe incentivarse la búsqueda de soluciones eficaces, como alternativa a la omisión de respuestas que puedan ser equivocadas.

4 - Reformulación del procedimiento.
Si se ha planteado una situación imprevista, debe incorporarse al procedimiento de actuación estándar.
Si la solución establecida conducía a un error de actuación, debe plantearse un modo de actuación alternativo, que subsane el error producido (y evite que se repita en el futuro).

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Avanzamos por un peligroso camino; un mundo en el que los ordenadores van adquiriendo mayor presencia en las decisiones que tomamos.

George Dyson lo formuló en una pregunta esencial, ineludible:

“¿Y si el coste de tener máquinas que piensan es tener gente que no?”

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Y, fascinados por la maravilla técnica de una máquina más rápida, más eficiente y menos susceptible que cualquier humano, nos aturdimos acudiendo al latín:

“Errare humanum est”.

Olvidamos que las máquinas también pueden cometer errores, porque son una construcción de los hombres y, es inevitable, contienen las limitaciones de sus fabricantes. Pero dejamos que los intereses de las grandes corporaciones nos ofusquen. Por eso, cada vez que se produce una catástrofe, la búsqueda no cesa hasta que se localiza un “error humano” como causa —detonante, dicen— de la tragedia.

Quizá nos tranquilice y nos permita dormir.

Pero yo mantengo un ojo abierto, y pienso que el hombre yerra porque lo intenta (y que también acierta), y acepto que, sí, que vale, que errar es de hombres.

Pero (h)errar es de herreros. Pregúntales a ellos.
Te dirán: “si hay algo que quieres intentar, pregúntame; nunca te diré que no. ¿Cómo podría?”.



Ahí radica la verdadera esencia de nuestra evolución: en el intento (y, no, en el error).

2 comentarios:

  1. Una verdad como puños. La elección y el errar es el motivo del avance de la sociedad

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    Respuestas
    1. Ya.
      Lo que pasa es que, últimamente, se incentiva tanto la inacción que por eso no avanzamos.
      Un abrazo.

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