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lunes, 31 de octubre de 2022

Arctic Monkeys — Body Paint


Arctic Monkeys
— “Body Paint”

The Car (2022)

Sheffield (UK)

Enlace

Alex Turner, Jamie Cook, Nick O’Malley, Matt Helders

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Séptimo disco de la banda inglesa desde su deslumbrante debut en 2006, Whatever People Say I Am, That's What I'm Not. Cada vez es más importante la figura de su frontman, Alex Turner, responsable de la composición de todos los temas y fulgurante captador de influencias, que perfila una interesantísima evolución.

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Para un maestro del engaño y el subterfugio

Te has montado una buena cama para acostarte

 

Eres tan predecible

Sé lo que estás pensando

Sé lo que estás pensando

domingo, 17 de abril de 2022

Ensayo y error

Recupero esta entrada publicada el 13 de enero de 2015, sin enmiendas ni añadidos.

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Un tópico generalizado y ampliamente difundido:

“aprendemos por medio del ensayo y error”

"Prueba de nuevo" Viñeta: Nendo

En realidad es un esquema erróneo, porque no reproduce con fidelidad su funcionamiento.

No voy a poner en duda la aportación de Edward Thorndike, uno de los precursores de la psicología experimental. Pero la fórmula que resume el principio del aprendizaje (“trial and error”), es inexacta.

Para ser preciso, actuamos —al menos en la forma que nos sirve para aprender— conforme a un esquema distinto:

“ensayo — comprobación” (trial & feedback)

Lo intentamos y recibimos información de si nuestra tentativa ha sido fructífera, o no.
De si hemos alcanzado resultados (los previstos / distintos de los esperados / ninguno).

Porque no siempre erramos. En ocasiones, nuestros ensayos se convierten en aciertos y, para poder aprender, debemos ser capaces de incorporar en nuestro repertorio de conductas la valoración adecuada de la efectividad (o ineficacia) de nuestros anteriores intentos.

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Nuestra actuación debe guiarse atendiendo al siguiente programa:

1 - Procedimientos establecidos.
Debemos comprobar si existe un marco normativo que (de)limite nuestra actuación, pudiendo tratarse de normas generales (leyes), singulares (de la organización en que estemos involucrados), o individuales (las particulares de cada uno).

2 - Experiencia previa.
En caso de no existir un procedimiento que pueda ser aplicado, se valorará la existencia de situaciones análogas.

3 - Sentido común.
En una situación imprevista, novedosa, sin analogías previas, a la hora de buscar una forma de actuar debe primarse la utilidad (para el afectado) frente a la comodidad (del que deba actuar).
En todo caso, debe incentivarse la búsqueda de soluciones eficaces, como alternativa a la omisión de respuestas que puedan ser equivocadas.

4 - Reformulación del procedimiento.
Si se ha planteado una situación imprevista, debe incorporarse al procedimiento de actuación estándar.
Si la solución establecida conducía a un error de actuación, debe plantearse un modo de actuación alternativo, que subsane el error producido (y evite que se repita en el futuro).

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Avanzamos por un peligroso camino; un mundo en el que los ordenadores van adquiriendo mayor presencia en las decisiones que tomamos.

George Dyson lo formuló en una pregunta esencial, ineludible:

“¿Y si el coste de tener máquinas que piensan es tener gente que no?”

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Y, fascinados por la maravilla técnica de una máquina más rápida, más eficiente y menos susceptible que cualquier humano, nos aturdimos acudiendo al latín:

“Errare humanum est”.

Olvidamos que las máquinas también pueden cometer errores, porque son una construcción de los hombres y, es inevitable, contienen las limitaciones de sus fabricantes. Pero dejamos que los intereses de las grandes corporaciones nos ofusquen. Por eso, cada vez que se produce una catástrofe, la búsqueda no cesa hasta que se localiza un “error humano” como causa —detonante, dicen— de la tragedia.

Quizá nos tranquilice y nos permita dormir.

Pero yo mantengo un ojo abierto, y pienso que el hombre yerra porque lo intenta (y que también acierta), y acepto que, sí, que vale, que errar es de hombres.

Pero (h)errar es de herreros. Pregúntales a ellos.
Te dirán: “si hay algo que quieres intentar, pregúntame; nunca te diré que no. ¿Cómo podría?”.



Ahí radica la verdadera esencia de nuestra evolución: en el intento (y, no, en el error).

viernes, 20 de julio de 2012

Cuando la honradez y la honestidad se confunden (entre ellas)


El tiempo pasa demasiado deprisa y, en ocasiones, los cambios van siendo imperceptibles y sólo se detectan tras un largo periodo.

Ayer encontré un artículo, publicado en el blog el 5 de enero de este año. Hace poco más de seis meses. En él anunciaba que, incumpliendo un principio no escrito de no hablar de religión o política, lo rompía para, ese día, hablar de ambas cosas a un tiempo. Se titulaba Lo sabía.

Más tarde, también hablé de economía en el blog.

Así que, viendo el título presente, algunos se temerán lo peor.

Por eso, pongo el siguiente aviso:

HOY NO SE HABLARÁ DE
POLÍTICA, ECONOMÍA O RELIGIÓN
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HOY NO SE BUSCARÁN CULPABLES

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Ser honrado es una obligación social. Cumplir con las normas, que nos vinculan con los demás, y que facilitan una convivencia (más) tranquila.

Ser honesto es una búsqueda personal, un intento íntimo de ser coherente. Un empeño en la autocrítica. Contestar a preguntas que, para hacerlas, es necesario estar a solas.

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La honradez te permite dormir por la noche a pierna suelta.

La honestidad te hace pasar noches en vela.

"Pensando" Foto: -hndrk-

Para los que entienden que no es lo mismo ser un hombre bueno que ser un buen hombre.

lunes, 16 de julio de 2012

lunes, 30 de mayo de 2011

Resolución de problemas

¿Qué hacer, cómo comportarse cuando uno se encuentra ante un problema, frente a una situación percibida como negativa, desagradable o amenazante? Antes que nada: calma y sosiego. Es necesario realizar un mínimo análisis que nos ayude a determinar el comportamiento más inteligente para resolver de manera provechosa la dificultad planteada. Se apunta inicialmente que la respuesta deberá atender necesariamente a dos factores diferentes: posibilidad de modificar las condiciones planteadas y ubicación del factor desencadenante de la situación.

  1. Posibilidad de modificar las condiciones planteadas

Las condiciones deberán situarse en una de dos posibilidades: o son modificables, o son inalterables. Más adelante deberá determinarse si las dificultades para producir su modificación son mayores o no, pero en este momento, lo realmente interesante es comprobar si pueden ser modificadas.

  1. Ubicación

Deberemos analizar dónde percibimos que se encuentra la raíz del problema o, mejor todavía, la posibilidad de su solución. Hablaríamos así de la ubicación del locus de control que, de manera genérica, sin precisar demasiado ahora, entenderemos como externo o interno a mí mismo. Nos moveríamos entre dos posibilidades: el causante de la situación –el agente que puede producir el cambio– soy yo, o es ajeno a mi persona.

Estaremos entonces ante un cuadro de dos entradas que representamos a continuación:



Ubicación


INTERNA
EXTERNA
Cambios
MODIFICABLE



INALTERABLE





Trataremos de analizar individualmente cada uno de los cuatro cuadrantes.



  1. Ubicación interna, situación modificable

Las condiciones pueden ser modificadas y el responsable de los cambios soy yo. “Nunca encuentro las llaves de casa”. Mi iniciativa deberá llevarme a desarrollar nuevas estrategias para generar cambios que produzcan los resultados apetecidos. “Busco un lugar para dejar las llaves, en la entrada de la casa, y me acostumbro a hacerlo nada más pasar la puerta”.

Resulta, en principio, la situación más favorable de todas: las condiciones pueden ser modificadas y el responsable de que los cambios se produzcan soy yo. Dicho y hecho: me aplico a la faena. En lugar de quejarme de una situación que yo mismo puedo cambiar, empleo toda mi iniciativa en producir los cambios que hagan que perciba la nueva situación como positiva, agradable y tranquilizadora. Eso me hará más feliz y ocuparé mi iniciativa, mi inteligencia y mi tiempo en actividades más provechosas que en quejarme de lo que yo mismo soy responsable de cambiar.

  1. Ubicación externa, situación modificable

En ocasiones, las condiciones pueden ser modificadas, pero no depende de mí mismo. Resulta tremendamente frustrante comprobar cómo, determinadas situaciones que podían y debían ser cambiadas, no lo son, por la inacción del responsable de que los cambios se produzcan. En este caso, si entendemos que la mejoría alcanzada justifica los esfuerzos a emplear, deberemos provocar que los cambios se produzcan, independientemente de si contamos con la aquiescencia o no de ese responsable último. Se plantearían dos escenarios diferentes:

    1. Con acuerdo del responsable externo. Hablaríamos de una revolución: tratamos de ser capaces de que alguien externo a nosotros, una persona que contaba con autoridad y responsabilidad –poder– en un ámbito en el que nosotros somos carentes, realice unos cambios favorables a nuestros intereses.

    1. Sin acuerdo del responsable externo. Nos encontraríamos frente a una rebelión: negamos la inacción del responsable para realizar los cambios y actuamos por nuestra cuenta, modificando las condiciones para alcanzar o favorecer nuestros propios intereses.

No seré yo quien recomiende a nadie que se embarque en la búsqueda de cambios revolucionarios, ni mucho menos quien anime a otros a la rebelión, pero si, en determinadas circunstancias, las condiciones que una persona define como un problema –se perciben de forma negativa, desagradable o amenazante– interfieren gravemente en su desempeño cotidiano y dificultan notablemente la consecución de su felicidad personal, deberá plantearse a sí mismo si debe procurar que los cambios en otros se produzcan o directamente rebelarse porque éstos no se producen.

  1. Ubicación interna, situación inalterable

Yo soy el causante del problema o el responsable de su solución, pero, por determinadas circunstancias, percibo que no puedo producir ese cambio, ¿qué deberé hacer? Es una situación normal, se repite frecuentemente en nuestras vidas: entiendo que hago algo de forma inadecuada, pero creo que no puedo cambiar. ¿Es eso siempre cierto?

Recomendación personal: profundizar más. Detenerse en reflexionar. Analizar con detenimiento la situación. En ocasiones somos especialmente severos con los demás y excesivamente benévolos en nuestro propio juicio. Pedimos a los demás que cambien, pero nos aferramos a nuestra propia identidad para justificar la imposibilidad de ajustar nuestra conducta, moldear nuestro comportamiento, desarrollar nuevos hábitos adecuados a nuestra realidad y necesidad personal, siempre cambiantes.

Si las cosas cambian cada vez con mayor rapidez, por qué no he yo de esforzarme en cambiar, buscando mi adaptación a las nuevas circunstancias. ¿Por qué no trato, por lo menos, de intentarlo?

Una vez profundizado en el análisis encontraré:

    1. El cambio es posible. Se habrá producido en mí una evolución. Sigo manteniendo mi identidad personal, pero he evolucionado para adaptarme a la situación. He buscado en mi interior la posibilidad de ajustarme a las condiciones presentes y ese cambio ha provocado que la situación deje de percibirse como negativa, desagradable o amenazante. Dejo, por tanto, de encontrarme frente a un problema. He provocado en mí un cambio que me ha hecho avanzar en mi desarrollo personal y me ha ayudado en mi búsqueda personal de la felicidad. ¡Bien!

    1. El cambio es imposible. He analizado la situación con detenimiento, he buscado en mi interior, pero no he encontrado la posibilidad de provocar que el cambio se produzca. ¿Qué hacer? Redefinición. No soy capaz de cambiar algo que está en mi interior (en mi comportamiento, en mi carácter, en mi conducta, en mi forma de actuar). Entiendo que me supone un problema en mi desempeño cotidiano, en mi búsqueda de la felicidad. Establezco que no soy capaz de cambiarlo. Afirmo que no puedo conseguirlo. Si todo es así, si de verdad es así, asumo que es “superior a mis fuerzas”. Estaré concluyendo entonces que es externo a mí.

Se establece como corolario, en este momento, que no existen problemas interiores que sean inalterables (en un caso el cambio sí es posible y se produce una evolución; en el otro, el cambio es imposible y se procede a una redefinición de la situación: se situaría entonces en el cuarto cuadrante, que se analiza a continuación).

  1. Ubicación externa, situación inalterable

El problema es externo a mí. La solución no depende de mí. ¿Qué hacer? He trabajado con detenimiento analizando las condiciones, profundizando en mi interior, pero he encontrado que no hay nada que, ni yo ni nadie, pueda hacer para cambiar las cosas.

Una innovadora aportación metodológica se apunta aquí: el conformismo útil. Cuando no depende de ti, ni hay nadie de quien dependa para que las cosas cambien, aprende a conformarte: te resultará útil.

Y, en cualquier caso, realiza pequeños cambios, si puedes, que te hagan relativamente más feliz. Si estás en casa y se pone a llover copiosamente, disfruta del placer de contemplar la lluvia cayendo, pero si vas a salir, mi recomendación es que cojas un paraguas.



Ubicación


INTERNA
EXTERNA
Cambios
MODIFICABLE
Iniciativa
con: Revolución
sin: Rebelión
INALTERABLE
posible: Evolución
Conformismo útil
imposible: Redefinición


Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...