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| Foto: Al Fed |
Fue lo que hice al salir de la película.
En la parada había dos taxis. Los conductores estaban charlando. Pregunté cuál me correspondía y me lo indicaron. Me tocó un mercedes, tapicería de cuero, limpio, olía bien. El conductor, tras indicarle la dirección, preguntó si me molestaba la ventanilla que llevaba bajada. Le dije que no. Estaba profundamente emocionado por la experiencia reciente de la película y estaba dándole vueltas a mi cabeza. El conductor seleccionó en el reproductor de música y puso, para que sonara perfecto, la siguiente canción:
Me preguntó si molestaba la música en la parte de atrás. Le dije que no. Las emociones se agolpaban en mi cabeza. El recuerdo reciente de la película mezclándose con una de mis canciones favoritas, en un equipo que sonaba de fábula, de noche, con la calle desierta, sin prácticamente coches, con una conducción suave y el conductor en silencio. Todo encajaba. Mis ojos se anegaron de lágrimas.
Tuvimos tiempo para que, en el recorrido, seleccionara una segunda canción:
Entonces, al llegar a casa y finalizar el trayecto, le pedí una tarjeta.
Hoy tengo tres números de taxistas grabados en mi teléfono.
Actualización 17 de marzo de 2012.
Compruebo que la segunda canción, "Hurricane", de Bob Dylan está bloqueada por problemas de gestión de derechos, incluyo a continuación la versión que hizo Toli Morilla en bable. Nun ye lo mismu, pero casi.
