viernes, 7 de julio de 2017

Sembrar, cultivar, cosechar

¿Debemos sembrar?
¿Se necesita cultivar?
¿Es importante cosechar?

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El otro día asistía a un círculo en el que se planteaba un debate en estos términos.
En síntesis, nos preguntábamos si el dicho "el que siembra, cosecha" tiene sentido hoy en día; si -escépticos y desencantados- no resultaba más sencillo abandonar un modelo finalista.


¿Es cierto que quien siembra, recoge?
Pues no SIEMPRE es cierto. No siempre se recoge, pese a haber sembrado.
Y tampoco es cierto que sólo recoja el que haya sembrado.
El azar y otras circunstancias pueden romper una cadena causal.
Reconocemos la trascendencia del cultivo, más decisivo para la cosecha que la siembra.

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Hacerse preguntas
Pararse y ponerse a pensar

¿Qué sentido tiene?

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Preguntamos como sembramos.
Y nos detenemos a pensar como una forma de cultivo.
Los frutos -las respuestas, la cosecha- no siempre surgen (o no siempre son válidas, o las respuestas muchas veces nos son impuestas).

Pero, para quien sabe lo que ocurre cuando cesan las preguntas, o se deja de cavilar, no existe argumento más poderoso que la percepción del peligro que nos amenaza.

Se precisa gente que (se) haga preguntas, que se detenga a dilucidar.
Se necesitan personas que siembren, personas que cultiven.

Nos tomaremos un Gin-Tonic con pepino casero


Nada prosperará sin su decisiva aportación.

1 comentario:

  1. Quizás lo normal es la contradicción, aunque sin exagerar, pero creo que ninguno somos total y absolutamente coherentes en nada.
    Realmente las preguntas importantes son pocas, por ejemplo: ¿qué hacemos aquí, en este mundo? ¿cuál es el sentido de nuestra vida?.
    El sábado escuché una respuesta que me gustó: el sentido de nuestra vida son los otros. Así de fácil.

    Bueno, feliz verano, tú que veraneas.

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