miércoles, 1 de abril de 2026

Marzo 2026

 


Cumplido ya el primer trimestre, metidos de lleno en Semana Santa, habiendo cumplido con la estación de penitencia de la Real Cofradía del Silencio y la Santa Cruz de Oviedo, llega el momento de asistir a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, un año más.
Una selección de música puede ayudar a la reflexión y el sosiego.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Maine (y un cuento para dormir)

El recorrido del taller de escritura creativa, Los Patricios, sigue su recorrido por los Estados USA. El pasado lunes hicimos una parada en Maine.

El Estado más grande y más al norte de Nueva Inglaterra. Frontera con New Brunswick y Québec (Canadá). Anexionado por Massachusetts, que lo transformó en el campo de batalla de la guerra contra los franceses. Plagado de bosques. Su capital es Augusta (por la hija de Henry Dearborn, general en la guerra de la Independencia). Es la tercera menos poblada, tras Montpelier (VT) y Pierre (SD). Otras ciudades relevantes: Portland, Lewiston, Bangor, Auburn, South Portland, Bar Harbor.

En 1820 se separa de Massachusetts.

La ciudad más poblada es Portland, al sur, con un encantador paseo marítimo, descrita por el poeta local Henry Wadsworth Longfellow como “una joya junto al mar”.

En The Kennebrunks, playas de arena blanca y grandes mansiones (Bush padre).

La costa de Maine es un espectáculo, con sus 61 faros todavía en funcionamiento.

El monte Katahdin (1.608 m.) es el extremo norte de la Senda de los Apalaches, un camino de 3.500 km. que tiene el extremo sur en el Monte Springer (Georgia) y atraviesa catorce estados (GA, NC, TN, VA, WV, MD, PA, NJ, NY, CT, MA, VT, NH, ME).

El Acadia National Park se estableció en terrenos donados por John Rockefeller. Es posible acceder a él y visitarlo desde Bar Harbor, otra deliciosa población costera.

Gente de Maine: Nelson Rockefeller, John Ford, Stephen King.

Libros

Sarah Orne Jewett: La tierra de los abetos puntiagudos (1896)

Sloan Wilson: A Summer Place (1958). Hay película

Stephen King: Carrie (1974). Hay películas

Don DeLillo: Jugadores (1977)

Stephen King: Rita Hayworth y la redención de Shawshank (1982). Hay película

Carolyn Chute: Los Bean de Egypt, Maine (1985). Hay película

John Irving: Las normas de la casa de la sidra (1985). Hay película

Laurel Thatcher Ulrich: El diario de una partera (1990) Pulitzer 1991

Richard Russo: Empire Falls (2001) Pulitzer 2002. Hay serie de TV

David Foster Wallace: Hablemos de langostas (2006)

Elizabeth Strout: Olive Kitteridge (2008) Pulitzer 2009. Hay serie de TV

Elizabeth Strout: Luz de febrero (2019)

Amanda Peters: Los Recolectores de Bayas (2024)

 

Series TV

Se ha escrito un crimen: (1984-1996). Con Angela Lansbury (Jessica Fletcher) en Cabot Cove

Empire Falls: (2005). Con Ed Harris, Philip Seymour Hoffman, Helen Hunt y Paul Newman

Olive Kitteridge: (2014). Con Frances McDormand y Richard Jenkins

 

Películas

Cómo casarse con un millonario — (1953). Con Marilyn Monroe, Lauren Bacall y Betty Grable.

Hijos de un dios menor — (Randa Haines, 1986). Con William Hurt y Marlee Matlin.

Cadena perpetua — (Frank Darabont, 1994). Con Tim Robbins y Morgan Freeman.

Las normas de la casa de la sidra — (Lasse Hallström, 1999). Con Tobey McGuire, Charlize Theron, Delroy Lindo, Paul Rudd y Michael Caine.

Vacationland — (Todd Verow, 2006).

Y el texto que debíamos preparar era un cuento para dormir. Acompaño el mío:

Érase una vez, hace muchos años, pero muchos, muchos, muchos años; tantos, que ningún necio había expresado reservas porque un príncipe (azul, o del color que fuera) rescatase a una joven de un letargo inducido por la envidia de quien, habiendo sido hermosa, empezaba a envejecer y notaba achaques y arrugas y pliegues y acúmulos y manchas (y tantas cosas) que avinagraban su carácter hasta llegar el punto en que el espejo (que debemos recordar que es un mero reflejo), no podía mentir y, cierto día tuvo que reconocer, a su pesar, que la que tenía enfrente ya no era la más hermosa del reino. La aceptación de la verdad, que carece de grados, presentada de forma tan abrupta, revuelve el interior de quien la recibe y, en nuestro caso, la reina (se trataba de una) no estaba educada para quedarse parada y dejar que las cosas pasaran, así que, taimada ella, se dispuso a tramar (en lo que ya se había mostrado como consumada maestra) y decidió convocar a los tres sabios más afamados del reino. Fue sencillo: una simple pregunta a su querido espejo (que se sorprendió de que no versara sobre ella) y tuvo una lista en un plis. Eran Saduceo, un químico de 60 años, Plinio, un pastor de 87, y Arsenio, un coach de 32.

La propuesta de Saduceo: envenenar un huso y cuando la muchacha se pinchara en la rueca fue abandonada porque la muchacha no dejaba el TikTok ni queriendo; el plan B de que la reina se disfrazara de una bruja casi le costó la vida porque al percatarse de que el sabio de pacotilla pretendía que ella, motu proprio, se disfrazara para parecer más vieja y más fea (una bruja) era muestra palpable de que puede que hubiera sido sabio, pero ya se le había ido la chola. La lista corrió y se presentó el siguiente candidato: un pastor. Hemos de suponer que, puede que sea posible que el aislamiento hubiera mermado sus capacidades auditivas, o que su merma se debiera a su pertinaz manía de escuchar Carrusel Deportivo y El Chiringuito de Jugones, a todas horas, a todo volumen, con unos auriculares de resina que entraban en sus oídos y, haciendo ventosa le permitían seguir el vocerío atronador de la pléyade de invitados al programa de Pedrerol. O quizá le había alcanzado la insania que, no invalidando su sabiduría (el espejo real lo hubiera detectado), había mermado su presencia y su cognición y, es también factible, que no lograra comprender la verdadera naturaleza de la petición de su reina, o se liara, o el horror vacui le hiciera hablar sin sentido pero, todos los presentes (espejo y reina) se ruborizaron al escuchar que el pastor proponía a su sobrino de trece años para que matara un cordero, extrajera su corazón, todavía palpitante, para traerlo corriendo ante el espejo y mostrar el fatal destino de la moza. La reina despidió al pastor (pero tomó nota de la estratagema para ulteriores situaciones).

Así que el último recurso, el que debía solucionar el marrón, era Arsenio. Como muchos habían hecho antes y seguirán haciendo después, haciendo de la necesidad virtud (de la que la reina estaba tan escasa) hizo que sus principios se relajaran y regalara a Arsenio una ventaja adicional: le excusó de plantear sus propuestas. Si de la única herramienta de la que dispones es un martillo, es sabido que todo empieza a tomar forma de clavos. Y aunque el que más destaca, el que estorba, el que molesta, del que te quieres deshacer, esté ardiendo, la solución de agarrarte a él brota con tantas posibilidades como la de empezar a arrearle con el martillo. En fin: a la reina empezó a entrarle jaqueca, el espejo se hacía pasar por muerto, Arsenio se miraba los dedos de los pies, visibles cuando calzaba sus sandalias nazareno. La reina decidió retirarse a sus aposentos, como era su costumbre en situaciones comprometidas, pero percatándose de que ya estaba en ellos, decidió preguntar al tercero de los sabios:

     ¿Tienes claro lo que debes hacer?

     Sí –aplicando una estrategia que le enseñó un napolitano en un cruce de caminos: contestar “Sí” y “No” alternativamente y, si fuera necesario, contestar con un número las que hicieran múltiplo de 7.

     ¿Necesitas que se te facilite algo?

     No.

     ¿Puedes empezar ahora?

     Sí.

     Pues marcha y no vuelvas hasta que no hayas terminado con éxito la tarea que se te encomienda.

     No lo haré.

En los bosques de Maine todos conocían el paradero de la princesa. Arsenio estaba con ella al día siguiente. Le preguntó y ella le contó que, pese a que era capaz de quedarse dormida en cualquier momento del día, para pernoctar debía ingerir pastillas y, aun así, tampoco eran del todo efectivas. Le mandó sentarse y dijo:

Ponte cómoda. Cierra los ojos. Céntrate en tu respiración. Vas a fijarte en cómo inhalas el aire por la nariz, despacio, notas como se te hincha el diafragma o la barriga, vas a retener el aire un poco y ahora lo expulsas por la boca, tratando de que la mayor cantidad de aire salga, pero vamos despacio. Ahora nos iremos fijando en distintas partes del cuerpo, que notamos como parte nuestra, nos transmiten sus sensaciones. Empezamos por el pie izquierdo. Movemos los dedos. Hacemos puntera y talón y seguimos respirando. Despacio.

Y, tras quedarse dormido, vienen los sueños. Adjunto una lista de Spotify con 12 canciones de Aretha Franklin, Cass McCombs, The Everly Brothers, J.S. Ondara, Mama Cass, Otis Redding, Patsy Cline, Roy Orbison, Stevie Wonder, Suzanne Vega, Teddy Swims y Tom Petty.

martes, 10 de marzo de 2026

Pennsylvania (capital Harrisburg)


En el taller de escritura creativo que coordino, Los Patricios, visitamos Pennsylvania, una de las trece colonias originales que proclamaron su independencia de Gran Bretaña, precisamente en Philadelphia, el 4 de julio de 1776.

La tarea consistía en escribir un texto ambientado en algún hecho ocurrido en el Estado.

Acompaño mi tarea.


Eran otros tiempos. Aún no habían llegado las revoluciones disgregadoras, las que lograrían que el Régimen se cuestionara su propia edad y la necesidad de adaptarse, la asimilación lampedusiana que todo debía cambiar para que todo siguiera siendo igual.

De hecho, ya todo había cambiado: ya no era un mundo de señores feudales que diezmaban las ganancias de los agricultores arrendados, ni exigían derechos de pernada sobre las doncellas más donosas de cada una de las familias. Ni siquiera se veía ya el mundo de una forma constreñida, porque las fronteras y los límites antiguos habían dejado de tener sentido. El descubrimiento de que Finisterre era una quimera trastocó todos los esquemas y la contención del empuje musulmán (expulsión de Córdoba, rendición de Bizancio) eran el impulso definitivo que necesitaba la monarquía, ese sistema basado en la construcción de castas (sagas, dinastías; como cada uno prefiera) que transmiten sus privilegios por herencia, otorgando prevalencia al mayor frente al pequeño —o al hombre frente a la mujer—, en lugar de hacerlo atendiendo a sus capacidades. Ítem más: la perpetuación endogámica (no abrir el círculo) se convierte en una ruleta rusa genética; la única en la que salen todos perjudicados, no sólo el que dispara.

En todo caso, una vez abierto el grifo Atlántico, todas las potencias europeas se dispusieron a extender sus redes allende su confín terrestre y, obviando portugueses, franceses, holandeses, belgas, alemanes o nórdicos (que tuvieron sus propias variedades y que olvidaremos aquí), se impusieron diferentes modelos que hoy sintetizaremos en dos: a la española y a la inglesa. Resumiendo mucho, el método inglés consiste en convencer a los nativos de la importancia de saber combinar la tónica, la imposibilidad de sobrevivir sin una provisión frecuente de nuevos ejemplares del Times y la necesidad de practicar deportes civilizados como el cricket. Todo ello redunda en esa sensación por la que el inglés siempre se encuentra como si estuviera en casa y convence a los aborígenes de ser extranjeros en su propio territorio. Queda muy pronto claro quiénes (y por qué) con ciudadanos de primera y sirvientes (prescindibles) de segunda.

Los españoles (por su carácter pasional) comprendieron pronto que el mestizaje privaba de la abstinencia. Su carnalidad les llevó a considerar a los indígenas como iguales. El componente ecuménico de su misión primaba sobre el económico (au contraire de los ingleses). El sistema de virreinatos difería del de las colonias, en el que el Rey inglés (con)cedía la explotación de un terreno en el Nuevo Mundo, con una cuota de autonomía que permitía el lucro del otorgante siempre que satisficiera los correspondientes impuestos. Se trataba de un régimen más cercano a los concesionarios que a los de los confesionarios (la religión queda en segundo plano).

El primer asentamiento inglés en lo que luego sería EE UU, Jamestown (donde se conocieron John Smith y Pocahontas) fue concedido por Charles I a George Calvert, Lord Baltimore, como parte de una colonia a la que le pondría el nombre de Maryland (la tierra de María), en homenaje y recuerdo a Henrietta Marie, esposa de Carlos I. Una buena estrategia. Poco después, Charles II concedió otra provincia a William Penn, como forma de saldar la deuda que el monarca había contraído con su padre. Como ya no había tanto que agradecer, Penn se dio homenaje a sí mismo y llamó a la colonia Pennsylvania (los bosques de Penn). La colonia se convirtió en lugar afecto a los cuáqueros y fundó Philadelphia (la ciudad del amor fraternal) ese mismo año.

Pero dado que ni padre ni hijo habían cruzado el charco (ningún monarca se enrolaría en una campaña tan arriesgada y privada de comodidades) y puesto que las mediciones no eran precisamente precisas, los Calvert y los Penn litigaban sobre uno de esos conceptos que dan de comer a los especialistas en leyes desde el principio de los tiempos: las lindes. Muchas reyertas locales han empezado por un quítame ese muro divisor, un el mojón lleva ahí desde toda la vida, o un la servidumbre de paso debe permitir unas dimensiones mínimas de tres onzas. Mutatis mutandi. Así que, a mediados del siglo XXVIII, un astrónomo y un agrimensor, Charles Mason y Jeremiah Dixon (nunca quedó muy claro quién era cuál), recibieron el encargo de poner fin al debate y trazar una línea que marcara los límites entre Pennsylvania y Maryland, además de Delaware, una línea que tendría unas implicaciones posteriores impredecibles en su momento, pues se tomó dicha línea como la que diferencia a los estados esclavistas (al Sur) de los abolicionistas (al Norte), lo que condicionó la aceptación de Nuevos Estados, una vez que la declaración de Independencia fuera efectiva el 4 de julio de 1776, el desarrollo de la guerra de Secesión y un montón de cosas más.

Tanto es así, que al sur se le conoce como Dixieland (la tierra del Dixie, en recuerdo de nuestro agrimensor Jeremiah) y la masonería tuvo su desarrollo en los Estados del Norte, los yankees, como influencia de Charles, nuestro astrónomo predilecto.

Cuanto me gustaría leer sobre le epopeya que debió ser trasladar al terreno los límites esbozados en un plano.


También tomamos nota de libros, series de TV y películas ambientadas en el Estado.

Libros

John Updike: Corre, Conejo (1960)

John Updike: El regreso de Conejo (1971)

John Updike: Conejo es rico (1981) Premio Pulitzer

John Updike: Conejo en paz (1990) Premio Pulitzer

Stephen Chbosky: Las ventajas de ser un marginado (1999)

 

Series TV

Colgados en Philadelphia: Diecisiete temporadas. (2005 – 2012)

 

Películas

Historias de Filadelfia — (George Cukor, 1940). Con Cary Grant y Katherine Hepburn.

Rocky — (1976). Con Sylvester Stallone y Talia Shire.

El Cazador — (Michael Cimino, 1978). Con Robert De Niro y Christopher Walken.

Flashdance — (Adrian, Lyne, 1983). Con Jennifer Beals.

Atrapado en el tiempo — (Harold Ramis, 1993). Con Bill Murray y Andie MacDowell.

Philadelphia — (Jonathan Demme, 1993). Con Tom Hanks y Denzel Washington.

Fallen — (1998). Con Denzel Washington.

El sexto sentido — (M. Night Shyamalan, 1999). Con Bruce Willis.


miércoles, 4 de marzo de 2026

Nina Lykke — No hemos venido a divertirnos

[Editorial Gatopardo, 2024] (Or. Vi er ikke her for å ha det morsomt, 2022)

Un escritor cincuentón se encuentra ante un bloqueo creativo que le impide volver a disfrutar del éxito de una de sus seis novelas, hace ya veinte años.

Está en la segunda división de la activa escena literaria noruega y, una sucesión de malentendidos, le lleva a compartir escenario en unos de los principales eventos del festival de Lillehammer, junto al nuevo marido de su primera mujer y a una fulgurante estrella de las letras noruegas que, aferrada a su defensa acérrima de la verdad que describe en sus libros, le acusa en el último (el mayor best-seller) de la temporada de haberle acosado en un acto público.

Todos los caminos se orientan hacía el festival en el que podrán saldarse cuentas.


Smerz
You got time and I got money

Big city life (2025)

Oslo (Noruega)

Enlace

Henriette Motzfeldt & Catharina Stoltenberg

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domingo, 1 de marzo de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Enero 2026

Cambio de mes y momento para mostrar una nueva selección de canciones.

Son muchas, variadas y sujetas al gusto personal del que escribe.

Espero que las disfrutes.

jueves, 1 de enero de 2026

Diciembre 2025

La lista de canciones seleccionadas este mes será monumental: la costumbre de preparar las listas de lo mejor del año antes de que el año termine, es un sinsentido, pero a los completistas nos da argumentos de sobra para este mes y un par más.

Así que la lista de canciones adjunta sirve de acompañamiento y es una forma de agradecer a mis proveedores: Bernardo de Andrés, JJJ y el equipo del Exile, Mr. Outside, Midas, josanpero, DETYS, FTR, IDHAS, Juanjo Frontera, Jordi Sallés, Ricardo Villegas y algunos más que mi memoria flaquea y me hace quedar mal.

Feliz Año para todos.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...