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viernes, 24 de abril de 2026

Jorge (y el Tragón)

Vamos a ver si me explico.

Jorge (Georgius en latín, Γεώργιος en griego, ܓܝܘܪܓܝܣ en siríaco clásico), nació en Capadocia (parte de Anatolia, en la actual Turquía), hijo de Policromía, entre 275 y 281 (un parto tan duradero, seis años, justifica que su madre lo viera de todos los colores; no quiero imaginar su depresión post-partum).

Tras la muerte de su padre (Geroncio, oficial del ejército romano) su madre quiso trasladarse a su ciudad natal (Lydda, en Siria Palestina, el nombre que Adriano dio a la provincia romana de Judea; hoy es la actual Lod, en Israel, muy cerca de Tel Aviv) para educar a Jorge en la fe cristiana. Una vez alcanzada la mayoría de edad, Jorge se enroló en el ejército (romano) y, dadas su valentía y carisma, no tardó en ascender. Joven (tribuno y patricio al tiempo) fue reclamado para la guardia personal del emperador Diocleciano.

En esas estamos cuando el emperador dicta un Real Decreto (E-dicto, se le llamaba entonces), en el año 303 (capicúa) para que se persiguiera a los cristianos por todo el Imperio. Jorge, al que se ordenó participar en la persecución, confesó sus creencias y, Diocleciano (que, como todos los tiranos llevaba bastante mal que le desobedecieran) mandó torturarle, dando lugar a un diálogo que, más o menos, discurrió así:

-        Georgius, Quo Vadis?

-        In dubio pro reo.

Me sospecho que no todos domináis el latín clásico, así que traduciré:

-        Jorge, ¿qué haces?

-        Concédeme el don de la duda.

-        ¿Cómo osas responderme?

-        ...-

-        Y ahora, ¿por qué callas?

-        Para no turbarle más, Excelencia.

-        No lo estás consiguiendo, voto a bríos.

-        No es a posta, Reverendísimo. Fue un parto muy largo.

-        ¡Eso! ¡Apostata!

-        No. Vade retro.

-        ¡¡Apostata!!

-        No. Alea jacta est.

-        ¡¡¡Apostata!!!

-        Puedes apostar que no lo haré.

Excusamos a Jorge que, en momentos de tanta tensión, recurra a latinajos, pero la respuesta de Diocleciano fue la previsible: ordenó su ejecución (no se andaban con chiquitas de aquellas).

El resultado fue trágico: frente a las murallas de Nicomedia (el nombre aventuraba un final así), el 23 de abril de 303 (ayer se cumplieron [2026 menos 303 son mil setecientos, ochocientos, ...] un montón de años de tan fatídica fecha), le colgaron de los pies, lo izaron y, de un cimitarrazo (homenaje a su origen turco), le decapitaron y le tuvieron un par de días soltando sangre, de la que, poco después, brotó un rosal.

Tal acto fue considerado digno de veneración y en 494 (capicúa), 191 años después de su muerte, el papa Gelasio (todavía no era primero, pese a ser el primero, o precisamente por serlo), digo, Gelasio I (así evito dudas) consideró válida su inclusión en el catálogo de santos, por lo que se le empezó a conocer como San Jorge, mártir.

Se erigió una iglesia en el lugar de su tortura y muerte, que fue destruida, reconstruida, vuelta a derribar y que, hoy, sigue en pie (esperemos que los acontecimientos en Israel se resuelvan pronto).

La veneración a San Jorge se extendió desde Palestina hacia el resto del Imperio romano de Oriente. Y con las idas (y venidas) de los Cruzados, su veneración llegó también a Occidente. La Cruz de San Jorge es la bandera de Inglaterra, está en la Union Jack, en la de Georgia, en el escudo de Aragón, en la bandera de Barcelona y en una lista interminable de motivos que le recuerdan, urbe et orbi.

*****

En la Edad Media se desarrolló un mito que le vinculaba con un dragón, de origen difuso y manifestaciones muy extendidas y con ligeras variantes.

En lo básico, el dragón (que podría haberse gestado gracias a la sangre derramada por Jorge en su martirio), aparecía de improvisto y anidaba (¿un rasgo femenino?) en la fuente que proveía de agua una población. Dado que no tenía las dudas del asno de Buridán (y el suministro de agua estaba asegurado al tiempo que lo contingentaba a los aborígenes), reclamaba que se le facilitara alimento: empezó siendo un cordero al día, pero su apetito no se saciaba (y desarrollaba tolerancia; era claramente un tragón), por lo que su ración no dejaba de aumentar. Pasó a dos corderos, luego a cuatro, luego incluyó gallinas, cerdos, caballos, terneros; no le hacía ascos a nada. Cuando reclamó una doncella (además de todo lo que ya ingería), se le preguntó si debía ser guapa o fea y, el dragón alzó una ceja lo que, desconociendo el idioma en que pudieran comunicarse, podemos asumir que significaba “¿tomáisme el pelo?”, o su variante local.

En fin, que el ser quería princesa y princesa habría que darle.

¿O no?

No he conseguido averiguar si se le imploró o si apareció motu proprio, pero San Jorge se personó, montando un alazán blanco, con la cabeza repuesta en su sitio (aunque ver aparecer a Sleepy Hollow hubiera sido mucho más intimidatorio, estoy seguro) y, lidiando con la bestia, le retaría a una batalla de ingenio, en la que debería ingerir uno de los dos vasos en los que San Jorge había agregado una sustancia. El dragón fue más expedito que Vizzini (cómo no), pero el resultado fue, quizá, más fulminante, pues el brebaje era una mezcla de chiles extra picantes (Carolina Reaper) y alacranes de Durango, lo que, para alguien con sobrepeso y compulsión alimentaria, desconocedor de que la comida mexicna, pica y repica, le hizo soltarse un cuesco tan atronador como sorpresivo (por el sentido de su expulsión) que hizo que el bosque donde yacía ardiera y el dragón muriera calcinado, como Juana de Arco, en una versión prospectiva de los efectos de Cotton Mather en Salem, Massachusetts (no Portland), bastantes años más tarde.

Es posible que sea puesta en duda el final del dragón, tal y como lo acabo de relatar, pero a la vista de que, uno, se trataba de un dragón, dos, aparecía un muerto fallecido al menos doscientos años antes, tres, con la cabeza reimplantada, cuatro, montando un caballo blanco muy parecido al de Santiago Matamoros, cinco, sin constancia de que ambos jinetes coincidieran al mismo tiempo en el mismo lugar, seis, ¿no podría ser una muestra de que el milagroso era el equino, casi como Secretariat?

No quiero ser émulo de Calígula, El Cid, Bonaparte o Jesús Gil (rindiendo excesiva pleitesía a un cuadrúpedo), pero me gustaría argüir que puedo presentar pruebas documentales del padecimiento del ser volador (y flatu-lento).

La gesta de San Jorge, como yo la he descrito (o en variantes alternativas), tuvo mucha aceptación en la literatura de caballerías, porque, además, protegió a los Cruzados en la conquista de Jerusalén. Se convirtió en patrón de órdenes militares (templarios, entre otros).

Su intervención ayudó en la batalla de Alcoraz y la conquista de Huesca en 1096, lo que motiva que ayer los aragoneses tuvieran fiesta.

Y, también, se extiende a Cataluña, que, siendo (entonces) parte del Reino de Aragón, arrastra costumbres, pese a que crea muchas (la creatividad de los catalanes es admirable).

Y así, celebran Sant Jordi, cuando era costumbre que los enamorados se intercambiaran regalos. Ellas recibían rosas rojas (¿recuerdo del destino fatal de la muerte del santo?); ellos, libros. Tal costumbre es anacrónica y ahora todos se intercambian libros y rosas, con independencia de su sexo.

En todo caso, puesto que es seguro que Jorge no habría sabido leer, la Fiesta Internacional del Libro, así declarada por la UNESCO, conmemora la coincidencia del fallecimiento del Bardo de Avon y el Príncipe de los Ingenios y, es también la fecha en que se entrega el Premio Cervantes que, este años, recayó en el mexicano Gonzalo Celorio.

Su discurso de aceptación es verdaderamente interesante. Lo enlazo aquí, justo en el punto en que empieza a hablar, para que podáis ahorraros a Uve Palito, a Urdasun y a Gálvez.

Defiende la risa, la sonrisa y la carcajada en la obra de Cervantes, cita a Cortázar meritando el humor, a Vargas Llosa cuando afirma que “la libertad no es otra cosa que la soberanía del individuo frente a la autoridad”, sostiene que “la novela cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género” y, dice de sus novelas que, “liberado de las exigencias de la veracidad histórica, le di cabida a la imaginación literaria; modifiqué nombres, fechas, parentescos; suprimí de un plumazo personajes anodinos para la literatura, por más que hubieran sido relevantes para la vida familiar; de igual manera que engendré otros que se desplazaron por mis páginas con la misma naturalidad que si hubieran transitado por la historia. La escritura se pobló de hipérboles, falacias, invenciones, lo que, paradójicamente me permitió hacer calas más profundas en aquella historia original”.

No quiero yo compararme con el autor del Quijote, ni con Celorio (de quien me compré ayer su “Mentideros de la memoria”); pero reivindico mi fabulación anterior, sabedor de que todo fue escrito para divertirme (¡y bien que lo he hecho!), interrumpiendo en ocasiones mi tarea con el acceso sobrevenido de muchas sonrisas, bastantes risas y alguna que otra carcajada, pero conocedor que aunque el aliento del dragón puede ser pestilente, como al que hizo frente San Jorge, o tierno o estimulante (según a quien le preguntes), como el que evocan Peter Yarrow, Paul Stookey & Mary Travers, trío conocido por sus nombres propios, P, P and M.

Un final pausado, a estas horas de la madrugada en que termino mi tarea,


Peter, Paul and Mary — “Puff, the Magic Dragon”

Moving (1963)





que quizá tenga sentido desentrañar sus claves alucinógenas ocultas, como Ben Stiller hace con Robert De Niro antes de convertirse en su yerno, su pretensión.

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miércoles, 4 de marzo de 2026

Nina Lykke — No hemos venido a divertirnos

[Editorial Gatopardo, 2024] (Or. Vi er ikke her for å ha det morsomt, 2022)

Un escritor cincuentón se encuentra ante un bloqueo creativo que le impide volver a disfrutar del éxito de una de sus seis novelas, hace ya veinte años.

Está en la segunda división de la activa escena literaria noruega y, una sucesión de malentendidos, le lleva a compartir escenario en unos de los principales eventos del festival de Lillehammer, junto al nuevo marido de su primera mujer y a una fulgurante estrella de las letras noruegas que, aferrada a su defensa acérrima de la verdad que describe en sus libros, le acusa en el último (el mayor best-seller) de la temporada de haberle acosado en un acto público.

Todos los caminos se orientan hacía el festival en el que podrán saldarse cuentas.


Smerz
— “You got time and I got money”

Big city life (2025)

Oslo (Noruega)

Enlace

Henriette Motzfeldt & Catharina Stoltenberg

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jueves, 27 de abril de 2023

Cómo hacer para leer “Manifiesto redneck”, de Jim Goad, siendo autónomo en España, sin ponerte de una increíble mala leche

Jim Goad: Manifiesto redneck: De cómo los hillbillies, los hicks y la basura blanca se convirtieron en los chivos expiatorios de Estados Unidos (Dirty Works, 2017)

(Or. The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks, and White Trash Became America’s Scapegoats, 1997)

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Un ejemplo:

Y de regalo, porque sí.

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Cracker — “Trials And Tribulations”

Gentleman's Blues (1998)

Redlands, California (USA)

Enlace

David Lowery, Johnny Hickman & Bob Rupe

El título de la entrada es una pregunta

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Entrevista en Noche tras noche (RPA, 23/11/2020)

El pasado lunes fui entrevistado por Marcos Vega en el programa Noche tras noche, dentro del espacio “El Relevo”, que otorga protagonismo a ciertas iniciativas vinculadas a Asturias. En mi caso se trataba de la reciente publicación de Esa incierta edad. 443 paremias, algunas de las cuales ilustradas por Gemma Cantador, en edición de Libros Indie diseñada y maquetada por Olalla Pons, con la inestimable ayuda de Ricardo Villegas.

Una entrevista muy agradable, rodeado de amigos, Georgina Fernández, Manu Espiña, Edu Bueno, Fabián Solís, sorteando la “magia de la radio”, esa sensación que ningún otro medio de comunicación es capaz de transmitir de la misma forma.

Como las cosas se suceden, acompaño, con autorización expresa suya, el epigrama que me dedicó mi amigo Carlos Fernández-Vegue, lleno de afecto y cariño y, quizá, excesivo en su glosa, pero que acepto conocedor de sus nobles intenciones.

Con la firma de Cátulo, Carlos ha superado ya los 2500 epigramas, que comparte por las mañanas y que son, para mí, momento de gozo y alimento intelectual.

Gracias a todos.


martes, 24 de abril de 2018

Buffalo II, NY (50 Estados USA)

¿Existe mejor forma de celebrar el día del libro que leyendo?
¿O el día de las tiendas de música que escuchando música?

Una iniciativa, la Buffalo Reading Invasion, se venía celebrando. La convocatoria animaba a llevar un libro, una silla y un amigo y, en un parque o en algún otro lugar emblemático, disfrutar de una hora de lectura tranquila. Es una pena que la última concentración se produjera en agosto del año pasado, aunque es una idea que debería ser importada.

La lectura es más importante que los libros.


Así que hablamos de libros y recordamos el pasado para entender mejor el presente.

Sinclair Lewis: “Eso no puede pasar aquí” (1935).



El libro que predijo la aparición de Donald Trump es el que sirvió de inspiración a la serie “V” (1983).



sábado, 24 de septiembre de 2016

The Lighthouse and The Whaler — Pioneers

The Lighthouse and The Whaler
“Pioneers”
This Is an Adventure (2012)

El plan de estudios de los adolescentes americanos les invita a leer obras clásicas.
Crecen conociendo a Henry D. Thoreau, o a Herman Melville.
Leen el libro del primero, “Walden”, en el que narra su aventura personal, cuando decidió retirarse a los bosques de Walden, durante dos años, dos meses y dos días, tratando de encontrarse a sí mismo, superando las dificultades.
También leen al segundo, “Moby Dick”, con la búsqueda de una ballena blanca, por el obsesivo capitán Ahab, narrada por un marinero llamado Ishmael.

*****

Eso eran aventuras.

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Lo que hace el grupo de Cleveland, Ohio, El Faro y el Ballenero —deudores de sus lecturas— es también una aventura. Ponerse a tocar y grabar un disco es una verdadera aventura.



Pero no deberían engañarse: cruzar un bosque, subirse a un cerro o tirar piedras desde un acantilado no les convierte en pioneros, por mucho que su música suene bien.

Es un bagaje demasiado pequeño.
Y llegan muy tarde para serlo.

viernes, 13 de mayo de 2016

Librerías (y Bibliotecas) de cine


Todas estas.



84 Charing Cross Road (1987)
[Dirección — David Jones]
[Intérpretes — Anne Bancroft, Anthony Hopkins]
[Adaptación de la novela homónima (1970), de Helene Hanff]

The Big Sleep (1978)
[Dirección — Michael Winner]
[Intérpretes — Robert Mitchum, Sarah Miles]
[Adaptación de la novela homónima (1939), de Raymond Chandler]
[Una adaptación previa (1946) fue protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall, bajo la dirección de Howard Hawks]

You've got Mail (1998)
[Dirección — Nora Ephron]
[Intérpretes — Tom Hanks, Meg Ryan]
[Adaptación de la novela “Parfumerie” (1937), de Miklós László]

Dan in Real Life (2007)
[Dirección — Peter Hedges]
[Intérpretes — Steve Carell, Juliette Binoche]
[Música de Sondre Lerche]

Notting Hill (1999)
[Dirección — Roger Michell]
[Intérpretes — Julia Roberts, Hugh Grant]

The Ninth Gate (1999)
[Dirección — Roman Polanski]
[Intérpretes — Johnny Depp, Lena Olin]
[Adaptación de la novela “El club Dumas” (1993), de Arturo Pérez-Reverte]

Desperado (1995)
[Dirección — Robert Rodriguez]
[Intérpretes — Antonio Banderas, Salma Hayek]
[Música de Los Lobos]

Patriot Games (1992)
[Dirección — Phillip Noyce]
[Intérpretes — Harrison Ford, Anne Archer]
[Adaptación de la novela homónima (1987), de Tom Clancy]

Conte d’automne (1998)
[Dirección — Éric Rohmer]
[Intérpretes — Marie Rivière, Béatrice Romand]

Obvious Child (2014)
[Dirección — Gillian Robespierre]
[Intérpretes — Jenny Slate, Jake Lacy]

Hugo (2011)
[Dirección — Martin Scorsese]
[Intérpretes — Asa Butterfield, Ben Kingsley]
[Adaptación de la novela gráfica “The invention of Hugo Cabret” (2007), de Brian Selznick]

Funny Face (1957)
[Dirección — Stanley Donen]
[Intérpretes — Audrey Hepburn, Fred Astaire]

Rushmore (1998)
[Dirección — Wes Anderson]
[Intérpretes — Jason Schwartzman, Olivia Williams]

Beauty and the Beast (1999)
[Dirección — Gary Trousdale y Kirk Wise]
[Música de Alan Menken]
[Adaptación del cuento “La Belle et la Bête” (1756), de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont]

The NeverEnding Story (1984)
[Dirección — Wolfgang Petersen]
[Intérpretes — Barret Oliver, Noah Hathaway]
[Adaptación de la novela “Die unendliche Geschichte” (1979), de Michael Ende]

Matilda (1996)
[Dirección — Danny DeVito]
[Intérpretes — Mara Wilson, Embeth Davidtz]
[Adaptación de la novela homónima (1988), de Roald Dahl]

Liberal Arts (2012)
[Dirección — Josh Rador]
[Intérpretes — Josh Rador, Elizabeth Olsen]

When Harry Met Sally... (1989)
[Dirección — Rob Reiner]
[Intérpretes — Billy Crystal, Meg Ryan]

Crossing Delancey (1988)
[Dirección — Joan Micklin Silver]
[Intérpretes — Amy Irving, Peter Riegert]

Moonrise Kingdom (2012)
[Dirección — Wes Anderson]
[Intérpretes — Bruce Willis, Jared Gilman, Kara Hayward]

The Color of Pomegranates (1968)
[Dirección — Sergei Parajanov]
[Intérpretes — Sofiko Chiaureli, Melkon Aleksanyan]
[Adaptación de poemas de Sayat-Nova]

The Book Thief (2013)
[Dirección — Brian Percival]
[Intérpretes — Geoffrey Rush, Emily Watson]
[Adaptación de la novela homónima (2005), de Markus Zusak]

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Un estupendo trabajo de Luis Azevedo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Culpables

—Acabo de pasar un episodio de amnesia del reconocimiento.
—¿Qué?
—Ya sabes: la experiencia procognoscitiva descrita por Émile Boirac.
—¿Por quién?
—El difusor del esperanto, traductor de la “Monadología”, de Leibniz.
—¿Lo cuálo?
—Precursor de la metognimia, o percepción extrasensorial.
—¿Mande?
—El conocimiento adquirido sin el uso de los sentidos...
—El sinsentido.
—No, hombre. El afamado miembro de la Sociedad Magnetológica argentina, fundada por el psíquico paraguayo Ovidio Rebaudi, junto a Charles Richet, César de Vesme, Enrico Morselli y Théodore Flournoy, ya sabes.
—Sí. Me suena...
—El déjà vu.
—Lo sabía.


Es lo que ocurre cuando tienes memoria de pez; nunca sabes si ya has pasado antes por lo mismo.

*****

Unos amigos hablaban de los discos y de cómo era posible que se hicieran, sin poner ningún cuidado, y de por qué no se incluía en el CD un libreto con los créditos (compositores e intérpretes), letras de las canciones (una traducción al español podría considerarse un lujo, pero...), fotos de conciertos; y de que, en todo caso, teniendo en cuenta que había que desempolvar quince napos por unas canciones que era sencillo copiar, que alcanzaban siempre la docena aunque era posible que con una o dos hubiera sido suficiente, y que como eran tan pocos los clientes que compraban los CDs, si acaso no resultaba mejor prestar un poco de atención al detalle y hacer objetos, formato físico, de calidad —por descontado mis amigos obviaban la calidad de la música en general, porque ellos tienen un gusto refinado del que tengo a bien aprovecharme, y no se paraban en observar quiénes copan las listas de venta— y en ese momento más o menos decidí apearme de la conversación antes de que a alguien se le ocurriera echar las culpas a los que oímos música —a los clientes— porque somos piratas y nos bajamos música sin pagar por ella y somos responsables de que desaparezcan un mogollón de puestos de trabajo y de que en la industria discográfica haya unas pérdidas del carajo y ese discurso que, por conocido, no deja de ser pestilente.

*****

Los culpables soy yo.


*****

Y entonces me fui a otro lugar, donde prefieren leer a escuchar música —porque hay quienes entienden que ambas actividades puedan ser excluyentes— y se quejaban de que las editoriales actuales no favorecían la explosión de creatividad de los jóvenes talentos que poblaban el territorio nacional y se quejaban de la falta de apoyo por parte de los grandes grupos que no apostaban por la innovación y, otros —o los mismos, no lo sé—, decían que publicar no era indicador de nada, porque ahora podías autoeditarte y tener en la calle un libro que podía ser malo como un truño, porque no había ningún criterio a la hora de seleccionar qué veía la luz y qué no y que, al menos, las cosas que se publicaban por los grandes —más si eran traducciones o adaptaciones— tendrían el sentido de la utilidad y podían ser cosas que la gente —otros— necesitara en su vida y les ayudara en su desempeño cotidiano y eso podía explicar el auge de los libros de autoayuda y de los que facilitaban alcanzar un mínimo bienestar y que, debido al pirateo, se perdían mogollón de puestos de trabajo y la industria editorial tenía un enorme agujero económico, traducido en pérdidas, porque era muy fácil copiar un fichero con un libro y hacerlo circular entre la gente —esa gentuza— y la culpa de todo ese descalabro la tenían los piratas.

*****

Así que, otra vez, los culpables soy yo.

*****


Porque las editoriales —Martínez Roca, del Grupo Planeta— se juegan su nombre y su prestigio en cada libro que editan.

Y una pasta —de papel, y económica— en cada libro que publican.

En los ePub, no se juegan pasta —de papel—; por eso son más económicos.

Sueltas 9.99 y en caso de emergencia sólo tiene un uso.
Un rollo: cinco euros (adicionales).

*****

Ya no voy al cine: las películas no representan el carácter asturiano. Espero una para la que he preparado una posible lista de apellidos: Zapico, Hevia, Vallina, Mier, Ovies, Areces, Llano, Cué.

*****

Sigo viendo, eso sí, series de TV con las que pueda identificarme: Breaking bad, The newsroom, The wire, The closer, The Big Bang theory, True detective, Blindspot, Mad men, The walking dead, Scandal, Boardwalk empire, House of cards, House, Homeless y tal.

Para ello dispongo de un portátil, con el que me bajo las temporadas y me las veo de una sentada, porque no me gusta perder el tiempo.
Me he ahorrado una pasta y me lo he comprado en China.
Con garantía, ojo.
Y, si se me estropea, puedo ir a la tienda de mi barrio para que me lo arreglen.

—Pero no lo has comprado aquí.
—Ya. Pero está en garantía.
—Garantía ... china.
—Entonces, ¿no lo reparas tú?
—¿Lo has comprado aquí?
—No. En China. Pero tiene garantía.
—Garantía china. En China. Mándalo a China.
—Pero eso me cuesta una pasta.
—Haberlo comprado aquí, con servicio técnico de aquí.
—Era más caro.
—Porque incluye garantía.
—El que yo compré, también.
—Pero en China. No aquí.

*****

Debo hacer un esfuerzo para entender que estoy encerrado en un círculo.
Vicioso.
Lo mire por donde lo mire:

Los culpables soy yo.

jueves, 25 de febrero de 2016

Alberto Royo — “Contra la nueva educación”

Conozco a Alberto Royo, al que sigo con interés en su blog personal, Profesor Atticus.

Allí libra una batalla, de forma amena y entusiasta.

Por eso, cuando anunció la publicación de su libro “Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento”, tenía ganas de leerlo, para diseccionarlo y, si fuera pertinente, realizar algunas anotaciones o comentarios.

Edita Plataforma Editorial.

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Umberto Eco, fallecido el pasado 19 de febrero, antes de ser novelista (“El nombre de la rosa”, 1980 o “El péndulo de Foucault”, 1988) era doctor en Filosofía y Letras, crítico literario y experto en semiótica y comunicación. Su ensayo “Apocalípticos e integrados”, publicado en italiano en 1964 y traducido al año siguiente en edición de Lumen, explica las posturas que, ya entonces, tomaban los teóricos de la comunicación frente a la expansión de los mass-media; ambas posiciones pueden entenderse como polos dialécticos, yendo de favorables (integrados) a desfavorables (apocalípticos), aplicables a cualquier proceso crítico.

Además, en 1977 publicó una obra esencial para cualquier estudiante de Humanidades, disponible en la edición de Gedisa, titulada “Cómo se hace una tesis”.

De allí se extrae esta síntesis:

"Hacer una tesis implica: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma orgánica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quería decir y pueda, si así lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta".

Mi amigo JL, con el que hablaba hace nada, me recordaba la elegancia de la terminología académica, cuando me explicaba que habían estado con su hijo, que tenía que defender su tesis.
Se trataba de una doctoral, pero la idea puede extenderse a otros ámbitos.

*****

Leo a Gustavo Bueno, profesor mío (condición que, otorgada por un alumno, no se extingue nunca), interesado como estoy por la actualidad política. Reviso “El mito de la izquierda” (Ediciones B, 2003) y, encuentro una de esas joyas que sus libros ofrecen en abundancia.

“Entendemos por ideología, como es habitual, un sistema de ideas socializadas cuya pretensión de verdad es mantenida en la medida en que representan o canalizan los intereses de un grupo social ‘en tanto éste se opone a otros grupos sociales’ [...]. Toda filosofía es una ideología, porque una concepción del mundo sólo puede estar formulada desde alguna parte; pero no toda ideología es filosofía. Las ideologías filosóficas deben mantener por lo menos la forma dialéctica, es decir, el reconocimiento, reexposición y crítica de las ideologías opuestas”.

*****

En 1890, Oscar Wilde publicó un ensayo, editado por Rey Lear (“La importancia de discutirlo todo”), del que extraigo tres perlas:

"Es la crítica la que, al no reconocer ninguna posición como definitiva y al rechazar los dogmas superficiales de cualquier secta o escuela, crea ese sereno ánimo filosófico que ama la verdad por la verdad, y no mengua su amor por saberla inalcanzable".

“¡Ah! No digas que estás de acuerdo conmigo. Cuando alguien se muestra de acuerdo conmigo tengo la sensación de estar por fuerza equivocado”.

“Nuestro sistema educativo pone toda la carga en la memoria, lastrándola con un montón de datos inconexos, y se esfuerza laboriosamente en impartir unos conocimientos laboriosamente adquiridos. Enseñamos a la gente a recordar, pero no la enseñamos a evolucionar. Nunca se nos ha ocurrido desarrollar esas cualidades intelectuales de comprensión y discernimiento, mucho más sutiles”.

*****

Y ya no puedo dilatarlo más, debo recordar que estoy afrontando el libro de Royo.

*****

Una buena forma de empezar es por el final.

El libro tiene uno magnífico.
Una verdadera declaración de intenciones, que me hubiera gustado firmar:

“A pesar de todos los pesares, tenemos que mantener una esperanza combativa, un entusiasmo racional y una actitud de vigilancia permanente y activa. Lo merece este oficio. Lo merecen nuestros alumnos y nuestros hijos. No construimos. No fabricamos. No generamos riqueza monetaria ni bienes materiales. No perseguimos la utilidad, la rentabilidad o el beneficio económico. Hacemos algo mucho más valioso: formamos personas”. (pp. 203 – 204)

Un planteamiento humanista de la educación (o de la formación, o de cualquier otra actividad en la que nos impliquemos) es imprescindible.

“Lo que hacemos es importante. Y todos, en algún momento, hemos sentido la satisfacción de comprobar que hemos ayudado a alguien, que hemos contribuido a que un alumno tome una buena decisión”. (p. 202)

El educador (profesor, maestro, formador; a veces los términos son intercambiables) no puede perder de vista para qué realiza su labor.
Es una tarea continuada, que deja huella, pese a que en ocasiones no llegue a ver los frutos.
En cierta medida, es desinteresada.
Y, siempre, a largo plazo.

“Uno enseña [...], influye [...], da ejemplo [...], con la intención de poner su granito de arena en relación con cada uno de los alumnos que pasan por sus manos, con el noble propósito de colaborar en el desarrollo de sus capacidades hasta lo máximo de lo que puedan y quieran dar, de sembrar en ellos la curiosidad por aprender y disfrutar de lo que uno aprende”. (p. 201)

Royo cree que puede contribuir, además de en su labor docente, defendiendo un modelo de educación consolidado en la experiencia, evitando las innovaciones innecesarias o carentes de una mínima cautela.

“Pretendo defender con argumentos y con innegable entusiasmo un modelo de instrucción pública serio, ilustrado, basado en el conocimiento y la exigencia, que ejerza su función de palanca de mejora social para las personas y se aleje de supercherías y propuestas excéntricas mejor o peor intencionadas”. (p. 25)

En su estrategia —el título así lo delata— ha preferido cargar contra aquellos a los que considera desacertados, por su metodología, su retórica, o sus objetivos.

“A cada ocurrencia educativa estrafalaria que conozco, a cada nueva manifestación del “reverso tenebroso”, salto raudo, movido por una especie de resorte que me impide asumir sin presentar batalla ante tanta propuesta grotesca”. (p. 84)

En su itinerario encuentra proyectos que trata de desarmar en el libro.
Son muchos. Y a ellos se dedica con empeño.
No queda muy claro cuál es el método seleccionado para elegir adversarios.
Transmite la sensación de que se los encuentra, porque ha coincidido con ellos, por leer una entrevista en el periódico o escuchar una charla radiofónica.
No parece que haya habido una búsqueda de aquellos autores de referencia, que resulten pertinentes y a los que se deba presentar batalla.
Como el manchego, se enfrenta a los molinos que va encontrando en su discurrir.
En todo caso, son muchos. Adjunto una relación alfabética de los autores a los que trata de desmontar.
Conozco a varios; a alguno de ellos, en persona.
Tienen un rango de solvencia dispar: algunos son unos “singermornings” (cantamañanas, en terminología royiana): pese a resultar peligrosos, no precisaban tanto detalle. Sus palabras hablan por ellos y les desenmascaran al instante. Según mi particular criterio, no merecían tanto esfuerzo.
Otros son interesantes; aportan ideas valiosas pese a que puedan (o deban) ser reformuladas. Ahora omito mencionar en quiénes pienso, dejando abierta la posibilidad de presentar argumentos, si se precisan.
Y algunos no pertenecen al ámbito educativo, pese a que hayan opinado, como podrían haberlo hecho sobre cualquier otro asunto. No merecía la pena detenerse en ellos. Tengo en la cabeza a Punset y Coelho.
En todo caso, la lista de aquellos contra los que arremete, es:

Acaso, María / Alberca, Fernando / Aren, Belén / Barajas, Sebastián / Bona, César / Coelho, Paulo / Daniels, Kristin / Figel’, Ján / García Pérez, José Blas / García-Rincón de Castro, César / Laporte, Joan-Ramon / Marina, José Antonio / Pedró, Francesc / Pérez-Orive Carceller, José Félix / Prensky, Marc / Punset, Eduard / R. / Rallo, Juan Ramón / Rodríguez, Germán / Rodríguez Hernández, Antonio / Robinson, Ken / Sáenz de Miera, Ana / Sánchez Bayo, Alberto / Server, Richard

Es cierto que presenta su crítica con gracia y saña.
No pasa nada.
Yo he hecho algo parecido alguna vez.

“No creo que haya en mis opiniones caricatura alguna, pues es imposible caricaturizar lo que ya de por sí es paródico [...]. Intento distinguir siempre a los pedagogos serios de los iluminados”. (p. 197)

Pero quizá resulta pobre comparar la lista de los que critica (“los iluminados”) con la de aquellos que elogia (“los serios”).

Enkvist, Inger / Fontanieu, Jérémie / Innerarity, Daniel / Luri, Gregorio / Moradiellos, Enrique / Moreno Castillo, Ricardo

Puede que sea el momento de concentrarse en la tarea; de presentar su(s) tesis; de explicar en qué consiste el modelo que defiende, relegado en la portada del libro a formar parte de la faja, dando forma a una especie de subtítulo, adecuado a la maquetación de la editorial.

“Convendría entonces no andarnos por las ramas. Todos estamos de acuerdo en que la educación es importante. Lo estamos también en que una sociedad con una adecuada educación pública tendrá mayor capacidad de progreso que la que no disponga de ella [...]. Entonces, ¿dónde está el problema? Quizás en la manera en que unos y otros entendemos que es posible conseguir el ideal de una sociedad instruida, formada humana y académicamente, crítica y con valores, en lo que entendemos que es principal para su consecución y en lo que entendemos que es accesorio, en la importancia que concedemos, por ejemplo, a la transmisión de conocimientos y en la que damos a otros objetivos más abstractos o más vistosos. Y ahí la pedagogía no termina de cumplir con su misión (que no es otra que la de ayudar a los profesores a conquistar esa meta) al enrocarse en una concepción fantasiosa de la enseñanza, como si la racionalidad fuera incompatible con la búsqueda de las estrategias didácticas más eficaces”. (p. 175)

Espero que Royo, profesor con experiencia (experto, pues), explique aquello de lo que sabe; que exponga sus conocimientos.

“Lo que me cuesta más comprender es cómo podemos profundizar en un tema si no es el profesor (el que sabe) el que se lo explica al alumno (el que no sabe)”. (p. 161)

¡Qué ganas!

“Debería propiciarse el aprendizaje de recursos y metodologías definidas, pero al mismo tiempo abiertas a ser adaptadas e incorporadas a las estrategias de cada profesor y siempre directamente relacionadas con su disciplina académica. Y todo ello sin olvidar que la metodología que a un docente le funciona no tiene  por qué ser eficaz para otro, como tampoco dos alumnos responden igual ante la misma estrategia didáctica.
[…] A veces nosotros mismos, los profesores que renegamos de la pedagogía, pecamos de poco hábiles, y nos situamos en la trinchera en lugar de desarrollar nuestro razonamiento, justificando que una cosa es la pedagogía (la didáctica) y otra muy distinta la pedagogía oficial, la del ‘establishment’ educativo”. (pp. 172 – 173)

¡Sí! Que nos explique su metodología didáctica. Si quiere pasar por encima de contenidos teóricos, que, al menos, llegue al fondo de su forma de trabajar, de la aplicación práctica de su desempeño cotidiano.
Que comparta con el lector la forma de afrontar la interacción con sus discentes.

“Clase de Música. 3º de ESO. Siglo XVIII. Estatus social del músico durante el Antiguo Régimen. Haydn en la Corte de los Esterházy:
En primer lugar, leemos algunas de las cláusulas del contrato de 1767 firmado por Franz Joseph Haydn al entrar a trabajar como maestro de capilla en la Corte de los Esterházy en 1761, entre los que podemos destacar la obligación de componer sólo para el príncipe, preguntarle cada día si deseaba o no audición, cuidar de los instrumentos y las partituras, no salir de Palacio sin permiso, resolver conflictos entre los músicos a su cargo o vestir con librea, distintivo que los nobles hacían llevar a sus criados.
En segundo lugar, los alumnos llevan a cabo una valoración personal del texto, explicando qué y por qué les ha llamado la atención, relacionándolo con la situación del músico en la actualidad, o con las obligaciones contractuales de otros profesionales y tratando de trabajar la reflexión crítica.
A continuación se celebra un debate a partir de las distintas intervenciones para generar un intercambio de pareceres sobre las diferencias entre la condición social del músico durante el siglo XVIII y la que tiene en el día de hoy.
Sigue al debate un resumen de las diferentes consideraciones y la explicación final del profesor.
Como actividad voluntaria, se propone la búsqueda de información sobre distintos tipos de contratos recientes (discográfico o de actuación musical, por ejemplo) y una reflexión individual al respecto.
Conclusión: resulta que llevo tiempo practicando la tertulia dialógica. Pero yo lo llamaba de otra forma: dar clase”. (pp. 157 – 158)

No es tan importante la forma de llamar a las cosas. Por eso resulta sorprendente el empeño de algunos en incorporar neologismos, los nuevos collares con los que llamar a los mismos perros de toda la vida. Pero, quizá, no tenga tanto sentido rechazar los términos nuevos, como traducirlos al lenguaje convencional, para hacerlos entendibles.
Recuerdo a Bueno: la dialéctica requiere el reconocimiento y reelaboración de los argumentos contrarios, para formular una crítica.
Ese esfuerzo nunca es baldío.

“Más de una vez me he preguntado [...] si merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en armar razonamientos para rebatir la vacuidad argumental del contrario”. (p. 196)

Quizá, siguiendo a Eco, sea importante tratar de reformular los planteamientos atendiendo a los argumentos, favorables o contrarios, que se hayan recogido. Incorporar ideas ajenas que permitan defender la(s) tesis propia(s).
La forma de presentar los argumentos es importante. En algunos momentos es esencial. “Verba volant, scripta manent”.
La liturgia del trabajo académico (de la escritura de un ensayo, si se quiere) es diferente a la exposición verbal.

“No basta con que el docente se limite a hablar de lo que sabe sin importar la manera en que lo haga, no se trata sólo de lo que exprese, sino de cómo lo exprese”. (p. 67)

La crítica es complicada. No reconoce posiciones definitivas. Wilde lo expresó con claridad.
Es complicada de aceptar, porque puede atentar contra las ideas y creencias personales; es sencillo llegar a entenderla en un plano personal, porque la línea que separa acciones e intenciones es estrecha y difusa.
Pero, siendo difícil de aceptar, es muy compleja de realizar. Para afirmar su consistencia debe huir de generalizaciones y prejuicios
Presentar puntualizaciones no implica que uno sea un apocalíptico, en la línea marcada por Eco; es una búsqueda de la verdad, de una pequeña parte al menos.

“Cualquier persona tolerante admite puntos de vista diferentes al propio [pero] debo replicar todas y cada una de [las respuestas] con el único propósito de que quien lea estas réplicas compruebe que hay otra forma de entender la enseñanza diametralmente opuesta”. (p. 103)

La estrecha relación entre maestro y discípulo se actualiza en ámbitos distintos de los talleres en que surgió, en la que un artesano enseñaba su oficio al aprendiz. Si el contexto es distinto y la persona que debe aprender necesita desarrollar habilidades (sociales), y no sólo adquirir conocimientos, el coaching (o el mentoring) puede resultar útil —por más que se prefiera el uso del término tutelaje, incorporado al lenguaje ordinario—.
La dramatización, con o sin asignación de papeles, es una forma excelente de poner en marcha habilidades sociales, de forma descontextualizada, medible y observable, que permite el entrenamiento mediante la repetición y que conduce a la interiorización de hábitos. El role playing no es una metodología chic; es una metodología eficaz.
Nada puede ser aprendido si no se experimenta. Ningún alumno de guitarra podrá aprender a tocarla si no la tiene en sus manos y, después de conocer, se pone a trastear con ella. El aprendizaje experiencial es indispensable. Insisto: nadie aprenderá las operaciones o relaciones que le resulte indispensable dominar, escuchando a otro disertar sobre ellas, o mirando a otro hacer lo que debería aprender a hacer por sí mismo.
La única forma de conocer los avances es recibiendo información ajena. La tutoría es una forma de feedback, como lo son las calificaciones o cualquier tipo de interacción entre docente y discente. Es ineludible.

[Hablando sobre el coaching] “...a partir de metodologías ‘chic’ como el ‘role playing’, el “aprendizaje experiencial” y el ‘feedback’”. (p. 81)

No pretendo mostrarme insensible; más bien, resulta al contrario.
Estoy sensibilizado con la educación.
Como ciudadano, como padre, como protagonista en la construcción social.

“Esto es lo que los visionarios de turno están intentando vender a las administraciones educativas: que aquellos que somos críticos es porque ni sentimos ni padecemos”. (p. 118)

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El libro, apasionado y divertido, peca de inconsistencia [RAE: Consistencia: “Trabazón, coherencia entre [...] los elementos de un conjunto”] en la tesis principal que defiende, al colocar el conocimiento en la base de la enseñanza, pero sin aclarar cómo actúa.
En el discurrir del libro, el conocimiento se transmite (p. 32), se construye (p. 38), se alcanza (p. 41) o se adquiere (p. 48).

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Al ocuparse de desarmar los argumentos de tantos sujetos que, en su mayoría, no son más que chisgarabís, Alberto emplea una estrategia que centra el foco en un lugar inapropiado.

Ilustración: Juan Ramón Carneros


Y lo digo con el mayor de los respetos, porque sé que Alberto podría detenerse en elaborar una metodología didáctica que, desde su experiencia docente, mostrara su utilidad para conseguir el noble propósito al que se dedica, el de formar personas.

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He reservado para el final tres verdaderos hallazgos:

“Entonces, ¿por qué no practicar mejor la música, la lectura, la escritura, el cálculo... que son, además, habilidades que adquirimos sólo mediante el aprendizaje y no son, por tanto, innatas?”. (p. 95)

“Todo docente expresa emociones mientras enseña (emociones que no encontraremos en las nuevas tecnologías)”. (p. 118)

“La pasión y la extravagancia son conceptos distintos”. (p. 110)

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Espero que esta reseña se interprete desde las intenciones con que fue escrita.
Gracias.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...